hormona de crecimiento

Vuelta a clases: el momento de hacer un chequeo pediátrico y evaluar el crecimiento

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El comienzo de un nuevo ciclo escolar suele estar marcado por rutinas renovadas, guardapolvos, uniformes, listas de útiles y ajustes en la dinámica familiar. Al mismo tiempo, representa una oportunidad estratégica para ponerse al día con los controles de salud de los más chicos. La consulta pediátrica anual es mucho más que una formalidad: es una herramienta fundamental para acompañar el crecimiento, prevenir enfermedades y actuar a tiempo ante cualquier señal de alerta.

Dentro de estos controles periódicos, una de las dimensiones más relevantes —y a veces subestimada— es la del crecimiento físico. La medición sistemática de la estatura y del peso, en relación con las curvas de crecimiento establecidas por organismos como la Organización Mundial de la Salud, permite a los pediatras y endocrinólogos detectar posibles desvíos que podrían estar vinculados a causas médicas subyacentes.

“El seguimiento de la talla es, en muchos casos, el primer signo visible de que algo en el organismo no está funcionando como debería”, señaló el doctor Javier Chiarpenello, médico endocrinólogo y jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Provincial del Centenario, en Rosario. “Cuando un niño no crece a un ritmo esperable según su edad, sexo y en relación con su talla medio-parental —es decir, su talla objetivo genética marcada por la talla de sus padres—, puede estar cursando un trastorno hormonal, nutricional, una enfermedad crónica o una condición genética que debe ser estudiada y tratada cuanto antes”.

Los expertos destacan que no siempre las familias logran advertir estos desajustes. La falta de controles sistemáticos puede dificultar la identificación de un enlentecimiento o estancamiento en el crecimiento. De ahí la importancia de realizar visitas periódicas al pediatra, idealmente dos a tres veces por año —dependiendo de la edad del niño— para control del crecimiento como motivo principal de la consulta, incluso cuando no presenta síntomas evidentes.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, un crecimiento lineal deficiente puede estar asociado con cuadros de déficits nutricionales, pero también con infecciones recurrentes, trastornos endocrinos y otras condiciones clínicas. Por eso, el control de la estatura debe entenderse como un marcador general del estado de salud infantil.

“Es fundamental que las familias comprendan que la talla baja es mucho más que un rasgo meramente estético y tiene consecuencias: puede condicionar el desarrollo físico, emocional y social del niño a lo largo de su vida”, advirtió Inés Castellano, presidenta de la Asociación Civil Creciendo, que brinda acompañamiento a familias de niños con problemas de crecimiento.

Entre los signos de alerta a los que madres, padres y cuidadores deberían prestar atención, Castellano mencionó: cuando un niño o niña es considerablemente más bajo o baja que sus compañeros de edad similar; si el crecimiento parece haberse enlentecido o estancado; si no hay necesidad de cambiar ropa o calzado durante períodos prolongados; si es superado en altura por un hermano menor; o si frecuentemente es confundido con alguien de menor edad.

La detección a tiempo de estos signos puede marcar una diferencia sustancial en la evolución del cuadro. De confirmarse un diagnóstico relacionado con el crecimiento, existen tratamientos específicos y eficaces que pueden mejorar considerablemente la estatura final y la calidad de vida del paciente.

“En aquellas situaciones donde se identifica un déficit de la hormona de crecimiento, por ejemplo, la terapia con hormona de crecimiento recombinante es el tratamiento de elección”, explicó el doctor Chiarpenello. “Consiste en la administración de una medicación que se aplica por vía subcutánea y cuya eficacia ha sido ampliamente demostrada. Lo más importante es comenzar cuanto antes y sostener el tratamiento de forma adecuada, ya que su cumplimiento juega un rol crucial en la talla final alcanzada”.

Esta medicación, que forma parte del vademécum de tratamientos cubiertos al ciento por ciento por el Plan Médico Obligatorio en Argentina, está indicada para casos como el déficit de hormona de crecimiento, el síndrome de Turner, la insuficiencia renal crónica y el retraso del crecimiento intrauterino con talla baja persistente, entre otros.

Sin embargo, los especialistas insisten en que no toda baja talla requiere tratamiento hormonal. “Es esencial realizar una evaluación completa. Muchas veces se trata de variantes normales del crecimiento, como la talla baja familiar o el retraso constitucional, que no implican enfermedades y solo necesitan seguimiento”, aclaró el doctor Chiarpenello.

En los casos en los que sí se indica la terapia con hormona de crecimiento, la adherencia al tratamiento es un factor determinante para alcanzar los objetivos. “Sabemos que, en especial en la adolescencia, puede haber dificultades para mantener el esquema de inyecciones. Por eso, hoy contamos con autoinyectores electrónicos que almacenan datos sobre el uso del dispositivo, lo cual nos ayuda a monitorear la constancia y adherencia del tratamiento y trabajar en conjunto con la familia para optimizar los resultados”, añadió el endocrinólogo.

Otra barrera frecuente es la interrupción del tratamiento. “Cada vez que un chico interrumpe la administración de la terapia, ya sea por decisión propia o por demoras en la provisión, el tratamiento pierde eficacia. Lamentablemente, esto sucede más seguido de lo que debería”, comentó Castellano. “Desde Creciendo orientamos a las familias para que puedan sortear estas barreras y las acompañamos en todo el proceso, guiándolos en la gestión administrativa, en los reclamos necesarios y brindando información sobre sus derechos”.

La Asociación Civil Creciendo, con sede en Buenos Aires y presencia nacional, ofrece acompañamiento integral y gratuito a familias que enfrentan un diagnóstico de trastorno del crecimiento. Allí se realiza asesoramiento integral, talleres mensuales, contención emocional y orientación y apoyo legal, buscando generar redes de apoyo entre quienes transitan situaciones similares.

“Muchas veces, cuando llega el diagnóstico, las familias no saben por dónde empezar. Desde Creciendo brindamos información clara y herramientas para gestionar la situación de la mejor manera posible”, expresó Castellano. Y subrayó: “también buscamos desmitificar muchas ideas que aún circulan sobre el crecimiento infantil. No se trata de esperar a que el niño ‘pegue el estirón’. No se trata solo de crecer, también es importante crecer bien, correctamente. Si hay una duda, es mejor consultar y no quedarnos con esa incertidumbre”.

La comunidad médica trabaja de manera constante para concientizar sobre la importancia del crecimiento como indicador de salud, aunque en algunos casos se registran demoras en la derivación oportuna. “Todavía hay colegas que derivan al especialista más tardíamente o que subestiman una talla baja sin profundizar la evaluación. Parte de nuestro trabajo es educar también dentro del sistema de salud”, concluyó Chiarpenello.

El regreso a la escuela, entonces, además de invitar a preparar mochilas y uniformes, también es una oportunidad para revisar la salud de cada niño y niña en forma integral. Actualizar el calendario de vacunas, controlar la vista y la audición y evaluar el crecimiento no deberían ser acciones aisladas, sino parte de un enfoque de cuidado que apueste a garantizar un desarrollo saludable.

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Inequidad de género en el acceso a los tratamientos con hormona de crecimiento en América Latina

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En el marco del Día Internacional de Concientización sobre el Crecimiento Infantil, que se conmemora cada 20 de septiembre, especialistas en endocrinología pediátrica destacaron la importancia de visibilizar a los niños y adolescentes que conviven en Argentina con trastornos del crecimiento que pueden afectar su salud física, emocional y social.

En paralelo, presentaron los resultados de un nuevo estudio difundido en el último Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Endocrinología Pediátrica, realizado en Panamá. La investigación puso en evidencia desigualdades preocupantes en el acceso al tratamiento más utilizado para los casos de deficiencia en la producción de hormona de crecimiento, retraso de crecimiento intrauterino y niños pequeños para la edad gestacional sin recuperación de talla, entre otras condiciones.

El tratamiento recomendado en estas situaciones es la administración de hormona de crecimiento recombinante humana, una terapia comprobada que mejora significativamente la estatura final cuando se aplica de forma temprana y sostenida.

El estudio analizó los datos de 7.770 pacientes menores de 18 años que recibieron esta terapia en 12 países de América Latina: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá y Perú.

Para ello, se utilizó una plataforma digital que permitió monitorear la adherencia al tratamiento y evaluar variables clínicas como la edad de inicio, el sexo y la indicación terapéutica.

Uno de los hallazgos centrales fue que, en 9 de los 12 países, la proporción de varones tratados fue igual o superior al 55%, a pesar de que la prevalencia del trastorno no muestra diferencias concluyentes entre niños y niñas.

En Costa Rica, por ejemplo, el 80% de los pacientes tratados fueron varones, mientras que en El Salvador la cifra alcanzó el 68%. Solo en Argentina se observó una distribución más equitativa. Esta brecha sugiere que factores no biológicos, como las percepciones sociales sobre la estatura masculina, influyen en las decisiones de derivación y tratamiento.

Los autores concluyeron que es indispensable avanzar en estrategias armonizadas y basadas en evidencia para garantizar una intervención oportuna en toda la región. Esto incluye mejorar los procesos de diagnóstico, reducir demoras administrativas y visibilizar el derecho de las niñas a acceder al mismo nivel de cuidado que los niños.

“Lamentablemente, en muchos contextos se sigue priorizando la altura como un atributo deseable en los varones, lo que puede llevar a una atención médica más rápida para ellos, mientras que las niñas enfrentan demoras o incluso falta de diagnóstico”, señaló la doctora Natalia García Basavilbaso, directora médica de Merck en Argentina y una de las autoras del trabajo.

El doctor Javier Chiarpenello, endocrinólogo y jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Provincial del Centenario de Rosario, agregó: “Prácticamente no existen investigaciones con un número de pacientes tan grande como el de este relevamiento. Esto fue posible gracias a un ecosistema que integra características epidemiológicas y niveles de adherencia de la población en tratamiento. También aporta datos de todas las aplicaciones diarias para medir la adherencia a la terapia, la edad de inicio del tratamiento, el porcentaje de varones y niñas tratados y las respuestas alcanzadas”.

Para Inés Castellano, presidenta de la Asociación Civil Creciendo, integrada por familias de niños con trastornos de crecimiento, “esta inequidad en el acceso a un tratamiento validado científicamente compromete la salud física de las niñas, pero también su autoestima y desarrollo integral”.

Otro aspecto relevante del estudio fue el retraso generalizado en el inicio de la terapia. La edad mediana de inicio del tratamiento con hormona de crecimiento fue de 10 años en Argentina y de hasta 11,3 años en países como Panamá y Costa Rica. Estas cifras son tardías si se comparan con las recomendaciones internacionales, que destacan la necesidad de intervenir lo antes posible para maximizar resultados.

“El no tratar con hormona de crecimiento, o hacerlo por períodos muy cortos, implica que estos niños a futuro experimentarán disminución de la masa ósea, con mayor predisposición a osteoporosis en la adultez joven, ya que la hormona es anabólica y contribuye a mejorar la calidad y densidad del hueso. Además, pueden desarrollar alteraciones en los lípidos”, explicó Chiarpenello.

El especialista añadió: “En numerosos estudios quedó demostrado que aquellos pacientes con adherencia al tratamiento superior al 85% logran sus objetivos y alcanzan la talla genética prevista. En cambio, quienes tienen una adherencia menor al 70% no llegan a la talla diana de sus padres. El hecho de no aplicar la hormona de crecimiento una vez por semana significa entre 3 y 5 centímetros menos de estatura final”.

En Argentina, la hormona de crecimiento recombinante está incluida en el Plan Médico Obligatorio en casos de deficiencia de hormona, insuficiencia renal crónica, síndrome de Turner y retraso de crecimiento intrauterino, entre otras condiciones. Sin embargo, muchas familias desconocen este derecho o enfrentan largas demoras para acceder a la medicación, lo que afecta la eficacia del tratamiento. A ello se suman los problemas de adherencia, en particular durante la adolescencia, cuando la automedicación requiere disciplina y compromiso.

Castellano advirtió que el desafío no es solo individual: “En muchas provincias argentinas los tratamientos se interrumpen por problemas de logística o trabas administrativas. Las demoras en la entrega de la medicación, la falta de claridad en los requisitos y el vencimiento de formularios son causas frecuentes de interrupción”.

Y concluyó: “El crecimiento no puede seguir siendo una carrera con ventajas para algunos y barreras para otros; cada centímetro cuenta y cada día de espera también”.

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