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El Brasil de Bolsonaro, contra los indígenas

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RÍO DE JANEIRO, New York Times. El presidente brasileño Jair Bolsonaro, quien comparó a las comunidades de aborígenes que viven en tierras protegidas con los animales de los zoológicos, dio un gran paso para socavar los derechos de los indígenas pocas horas después de su toma de posesión el martes.

El mandatario aprobó un decreto que asigna la responsabilidad de certificar la protección de los territorios indígenas al Ministerio de Agricultura, que tradicionalmente ha defendido los intereses de las industrias que quieren un mayor acceso a esas tierras. Anteriormente el proceso estaba a cargo de la Fundación Nacional del Indio, el organismo que se encarga de proteger los derechos y el bienestar de las comunidades indígenas.

Bolsonaro, exlegislador de extrema derecha y capitán retirado del Ejército, se presentó ante los electores como lo opuesto al Partido de los Trabajadores, la fuerza de izquierda que dominó la política brasileña entre 2003 y 2016 y que dejó el país con una crisis económica, un marcado aumento de la violencia y una clase política envuelta en escándalos de corrupción.

 

Durante su campaña, Bolsonaro atrajo a grupos conservadores —incluido el poderoso grupo de los empresarios agrícolas—, al Ejército y a las iglesias más retrógradas con promesas de impulsar el crecimiento económico mediante la reducción de las regulaciones y protecciones ambientales.

Esta coalición de movimientos de derecha lo ayudó a derrotar en las encuestas al Partido de los Trabajadores y lo obligó a cumplir con el cambio que prometió, además de transformar a su pequeño partido en el segundo grupo más grande en el Congreso.

Bolsonaro defendió la medida a través de un mensaje que publicó el miércoles en Twitter, donde argumentó que los grupos indígenas y las comunidades tradicionales descendían de esclavos, conocidos como quilombos, que conformaban una mínima parte de la población, y se les había dado el control de áreas que constituían más del quince por ciento del territorio del país.

“De hecho, menos de un millón de personas habitan en esas regiones aisladas de Brasil y organizaciones no gubernamentales las explotan y manipulan”, escribió. “Juntos, vamos a integrar a esos ciudadanos y a cuidar de todos los brasileños”.

El miércoles, el gobierno también anunció que va a desmantelar un área perteneciente al Ministerio de Educación que promovía los derechos humanos y buscaba expandir el acceso a la educación superior de las comunidades históricamente desfavorecidas, incluyendo a los brasileños negros.

Bolsonaro ha acusado a sus rivales políticos de izquierda de usar el sistema de educación pública para adoctrinar a los niños; una acusación que educadores y expertos consideran infundada.

“Una de nuestras estrategias para sacar a Brasil de los últimos lugares en educación es acabar de tajo con la basura marxista en nuestras escuelas”, escribió Bolsonaro en un tuit en inglés. “Conseguiremos la formación de ciudadanos, no de militantes políticos”.

La Constitución de Brasil de 1988, que se aprobó cuando el país salió de una dictadura militar que duró 21 años, establecía garantías sólidas para los grupos históricamente marginados, lo cual buscaba reparar el daño causado a lo largo de décadas de discriminación y brutalidad institucionalizadas.

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Un grupo de indígenas bailaba mientras esperaba para entregarle una carta a Jair Bolsonaro, en diciembre. CreditAdriano Machado/Reuters

Una de las medidas más concretas fue un proceso para reconocer el derecho de las comunidades indígenas a controlar las áreas que habían sido el hogar de sus ancestros.

La dictadura buscó integrar a las comunidades indígenas que vivían mayormente autónomas en regiones remotas, puesto que las consideraban un impedimento para el desarrollo de áreas ricas en minerales o que podían convertirse en terrenos de cultivo o ganadería.

Leila Sílvia Burger Sotto-Maior, antropóloga que trabajó en la Fundación Nacional del Indio, declaró que el nuevo decreto era “una clara afrenta a la Constitución”.

En los últimos ocho años, el gobierno brasileño ha ido despojando de protecciones a las comunidades indígenas mediante el recorte de financiamiento de programas y la priorización de los intereses de las industrias que quieren mayor acceso al Amazonas, explicó Burger.

Pero la nueva medida de Bolsonaro fue un golpe devastador para quienes han pasado sus carreras tratando de cumplir la visión de una Constitución que buscaba reparar el daño causado a los pueblos indígenas tras décadas de maltrato, comentó la exfuncionaria.

“Hay miedo; hay dolor”, dijo Burger en una entrevista, y contó que ella y varios de sus colegas se sentían angustiados. “Esto se siente como una derrota, un fracaso”.

El proceso normativo para reconocer el derecho de los pueblos indígenas a tener control absoluto sobre las tierras ancestrales ha avanzado con enorme dificultad en años recientes, debido a que los terratenientes rurales han ganado más influencia en la capital del país.

Existen 436 zonas designadas formalmente como territorios indígenas autónomos; en casi la mitad de ellos, el gobierno aún no concluye el proceso de expulsar a poblaciones que no son indígenas.

Más de 120 territorios que los grupos indígenas reclaman como suyos se encuentran bajo escrutinio. Cuando era candidato, Bolsonaro dijo que se aseguraría de que las comunidades indígenas no obtuvieran “ni un centímetro más” de reservas.

 

Dado que el gobierno ha disminuido las protecciones de los territorios indígenas en años recientes, los mineros, los agricultores y los ganaderos, así como los leñadores se han establecido en cientos de sitios, lo cual viola la ley.

Los líderes indígenas que se han opuesto a la presencia de esos grupos suelen ser amenazados.

Marina Silva, excandidata presidencial y exministra del Medioambiente a quien se alabó por implementar políticas que frenaban la tasa de deforestación en el Amazonas durante su permanencia en el cargo entre 2003 y 2008, dijo que la medida era una farsa.

“El gobierno de Bolsonaro le está dando a los abusadores la oportunidad de ser todavía más violentos con aquellos que, a lo largo de la historia, han sido sus principales víctimas”, escribió en un mensaje en Twitter.

Tereza Cristina Corrêa da Costa Dias, una legisladora federal que fue designada como ministra de Agricultura del gobierno de Bolsonaro, no dijo nada sobre las tierras indígenas en su discurso de toma de posesión el miércoles. Posteriormente, exhortó a los reporteros a no extraer conclusiones precipitadas y dijo: “No vamos a crear un problema donde no lo hay. Sencillamente se trata de un tema de organización”.

Corrêa está siendo investigada por haber aceptado para su campaña en 2014 un donativo de un terrateniente acusado de ordenar el asesinato de un líder indígena en 2003.

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En agosto se debatirá sobre el genocidio invisible de los pueblos indígenas en Argentina

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En Resistencia, los días 9 y 10 de agosto se realizará la segunda edición del Seminario de Reflexión sobre el Genocidio Indígena. A través de distintas líneas de estudio, investigadores del IIGHI, producen conocimiento junto con comunidades de la región.
“Los pueblos indígenas siguen sufriendo distintas formas de violencia que configuran un genocidio”, asegura Mariana Giordano, investigadora independiente del CONICET y directora del Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI, CONICET – UNNE). Desde hace casi 20 años, trabaja temáticas vinculadas a las comunidades del Gran Chaco Argentino, particularmente desde la historia del arte y los estudios visuales
Esta es sólo una de las líneas de estudio que se desarrollan sobre el tema en la ciudad de Resistencia, que durante el 9 y el 10 de agosto será sede de la segunda edición del Seminario de Reflexión sobre el Genocidio Indígena. El encuentro, que tuvo su debut en 2017 y es organizado de manera conjunta con la Fundación Napalpí, busca generar un espacio de debate intercultural, en el que los académicos y los miembros de las comunidades puedan analizar aspectos vinculados con las lenguas, la atención de la salud, la violencia de género y el rol de los medios hegemónicos, entre otros.
De acuerdo a los datos del último Censo Nacional, del año 2010, en Argentina hay más de 950 mil personas que se autorreconocen como indígenas o descendiente de pueblos originarios. La provincia del Chaco tiene una de las comunidades más grandes del país, con grupos étnicos Qom, Wichí y Moqoit.
“La relevancia que adquieren estos sectores en la región es muy importante, por eso es indispensable que tanto el CONICET como las universidades ejecuten proyectos de investigación vinculados con estas comunidades”, señala Giordano, quien desde los inicios de su formación trabajó estas cuestiones, con una tesis doctoral acerca del discurso de la imagen del indígena chaqueño. Sus estudios después se orientaron hacia la fotografía, con imágenes de miembros de comunidades del Gran Chaco obtenidas por emisores de grupos hegemónicos durante los Siglos XIX y XX, incluyendo también regiones adyacentes de Paraguay y Bolivia.
El carácter interdisciplinario de estos trabajos, que vinculan la historia del arte y la antropología, conectaron de manera directa a la investigadora con las comunidades. “Estos procesos cambiaron totalmente mis perspectivas y esa interacción me permitió un diálogo muy fructífero y una posición diferente. Comencé a ubicarme en un espacio en el que los saberes no sólo provenían de la academia, sino que eran co-construidos con las mismas comunidades”, resalta Giordano.
Entre esos vínculos, se destaca el que construyó con Juan Chico, un historiador qom con el que realizó varios trabajos conjuntos y que hasta la ayudó a interpretar fotografías del antropólogo alemán Roberto Lehmann Nitsche sobre la masacre de Napalpí. Los resultados de estos estudios de la imagen fueron tomados como prueba, en el marco de una causa que inició el fiscal federal de la ciudad de Resistencia, Diego Vigay, para declarar este hecho como crimen de lesa humanidad.
Estas colaboraciones fueron las que dieron origen al primer Seminario de Reflexión sobre el Genocidio Indígena, que se realizó en julio de 2017 y que convocó a referentes de la temática, provenientes de distintas instituciones, con los que se analizaron las masacres ocurridas en Argentina. El interés que despertó el encuentro del año pasado planteó la necesidad de ampliar la convocatoria en 2018, sumando nuevas perspectivas de análisis y contemplando el concepto de un genocidio que sigue latente en nuestro país.
“La lengua es otro de los mecanismos del genocidio indígena, tanto por la censura a la cual ha sido sometida como por el desplazamiento respecto de la lengua hegemónica, que en la Argentina es el español. Esos fenómenos no están anclados en el pasado, sino que continúan hasta el presente”, explica la investigadora asistente del CONICET en el IIGHI, Belén Carpio, quien hace más de una década estudia la morfosintaxis de lenguas en comunidades toba del oeste de Formosa y será otra de las participantes del seminario.
Durante su presentación, analizará las concepciones que, desde el sentido común y la academia, circulan acerca de qué son las lenguas indígenas y cómo muchas veces esa mirada las define más por sus carencias que por su valor. “Queremos plantear la reflexión de qué implican los procesos de estandarización, la escritura y las distintas situaciones que representan el desplazamiento lingüístico”, adelanta Carpio, que expondrá los resultados de sus investigaciones junto a Raúl González, investigador de la Universidad Nacional del Nordeste en el Núcleo de Estudios en Lenguas Minoritarias Americanas (NELMA) del IIGHI.
“Nuestro objetivo es hacer un aporte al reconocimiento de la diversidad lingüística. La importancia de mantener y desarrollar este tipo de trabajo de descripción de variedades tiene un alto valor en términos de la documentación lingüística y de valoración de la lengua para el propio pueblo. Hacer foco en una variedad y denominarla como los propios actores, da cuenta del respeto que como investigadores sociales debemos tener a la autoadscripción étnica”, resalta Carpio.
Otro de los aspectos desde los que se analizará el genocidio latente en los pueblos indígenas es el de la salud. “Comenzamos esta línea con el objetivo de reivindicar las cosmovisiones que tiene estas comunidades respecto a la salud y aportar elementos que permitan la formulación de políticas públicas que contemplen sus particularidades. Trabajamos con sus propias percepciones para atender esas necesidades”, explica Alejandra Fantín, investigadora independiente del CONICET en el IIGHI.
Después de haber realizado estudios en la frontera de Argentina y Paraguay y en circuitos del Gran Resistencia, sus trabajos como parte del Laboratorio de Tecnologías de la Información Geográfica se centraron en la atención primaria de la salud los barrios Mapic y Toba, en los que está nucleada la población indígena de la ciudad de Resistencia.
Durante el seminario, presentará un diagnóstico realizado en base a un estudio cualitativo, desarrollado en el marco de un proyecto de investigación con una cátedra universitaria, que permitió determinar el grado de satisfacción que tiene la población respecto a la atención de la salud. Estos elementos, que toman como base los datos de los censos nacionales, permiten determinar un índice de salud ambiental, que contempla distintas dimensiones. “Estos estudios nos dan herramientas para reivindicar sus visiones, después de tantos años en los que estos habitantes estuvieron oprimidos y no se los escuchó”, agrega.
Los interesados en participar del seminario podrán acceder aquí al programa completo y al formulario de inscripción.

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Fuerte defensa del Papa a los pueblos originarios de la Amazonía

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El papa Francisco mantuvo hoy, jueves 19 de enero, un encuentro con comunidades indígenas en el Coliseo Madre de Dios, de Puerto Maldonado, donde exhortó a defender la Amazonía “de los nuevos colonialismos” y advirtió que los pueblos originarios de esta región nunca han estado tan amenazados ¨como lo están ahora¨.
El papa Francisco mantuvo hoy, jueves 19 de enero, un encuentro con comunidades indígenas en el Coliseo Madre de Dios, de Puerto Maldonado, donde exhortó a defender la Amazonía “de los nuevos colonialismos” y advirtió que los pueblos originarios de esta región nunca han estado tan amenazados “como lo están ahora”.
“Probablemente los pueblos amazónicos originarios nunca hayan estado tan amenazados en sus territorios como lo están ahora”, aseveró ante unos 4.000 indígenas peruanos, brasileños y bolivianos.
El pontífice alertó que “la Amazonía es tierra disputada desde varios frentes: por una parte, el neo-extractivismo y la fuerte presión por grandes intereses económicos que dirigen su avidez sobre petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales”.
“La amenaza contra sus territorios también viene por la perversión de ciertas políticas que promueven la ‘conservación’ de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano”, expresó.
Asimismo, sostuvo que hay “movimientos que, en nombre de la conservación de la selva, acaparan grandes extensiones de bosques y negocian con ellas generando situaciones de opresión a los pueblos originarios”.
“Hemos de romper con el paradigma histórico que considera la Amazonia como una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes”, añadió, y afirmó que la situación actual “provoca asfixia a sus pueblos” y estimula la migración de los jóvenes por “falta de alternativas locales”.
“Ustedes son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común. La defensa de la tierra no tiene otra finalidad que no sea la defensa de la vida. Sabemos del sufrimiento que algunos de ustedes padecen por los derrames de hidrocarburos que amenazan seriamente la vida de sus familias y contaminan su medio natural”, manifestó el Santo Padre.
Francisco se refirió además a la otra “devastación”: el flagelo de la trata de personas, la mano de obra esclava o el abuso sexual. También mencionó a “los más vulnerables entre los vulnerables”, y recordó que “el reconocimiento de estos pueblos —que nunca pueden ser considerados una minoría, sino auténticos interlocutores— así como de todos los pueblos originarios nos recuerda que no somos los poseedores absolutos de la creación”.
El Papa alertó además sobre no dejarse atrapar por “colonialismos ideológicos disfrazados de progreso que poco a poco ingresan dilapidando identidades culturales y estableciendo un pensamiento uniforme, único… y débil”. Ante esa situación, llamó a escuchar a los ancianos y aprender de su sabiduría, porque “la desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal”, afirmó.
Dirigiéndose a los obispos, hizo un llamado a que se sigan impulsando espacios de educación intercultural y bilingüe en las escuelas y en los institutos pedagógicos y universidades, considerando que “la escuela y la educación de los pueblos originarios debe ser una prioridad y compromiso del Estado”.
Los indígenas pidieron al Papa que defienda su territorio
Representantes de comunidades indígenas de la Amazonía pidieron al Papa que defienda ese territorio de las “muchas crueldades e injusticias” que sufren de parte de grupos económicos foráneos.
“Los pueblos de la Amazonía queremos decir a la humanidad, que nosotros también estamos preocupados porque la tierra se esté malogrando; los animales se están reduciendo, los árboles desapareciendo, el agua dulce se va agotando”, alertó
“Nuestros hermanos indígenas de varias regiones de la Amazonía sufren por las explotaciones de nuestros recursos naturales. En la actualidad muchos foráneos invaden nuestros territorios: los cortadores de árboles, los buscadores de oro, las compañías petroleras”, alertó un representante del pueblo Harakbut.
“Entran a nuestros territorios sin consultarnos y nosotros sufriremos mucho y moriremos cuando los foráneos perforen la tierra para sacar el agua negra metalizada, sufriremos cuando envenenen y malogren nuestros ríos convertidos en aguas negras de la muerte”, agregó.
Tras insistir en pedirle al Papa que los defienda, expresó su miedo porque los que son de otros lugares y nunca han vivido aquí quieren “hacerles desaparecer”.
“Los pueblos de la Amazonia queremos decir a la humanidad, que nosotros también estamos preocupados porque la tierra se esté malogrando; los animales se están reduciendo, los árboles desapareciendo, el agua dulce se va agotando”, sostuvo, y añadió: “Por todo esto, el cielo está muy molesto y llora porque estamos destruyendo nuestro planeta. Si no tenemos alimento, moriremos de hambre”.
En tanto, otra representante comunidades aborígenes leyendo párrafo de la encíclica Laudato si’, del pontífice, en español y en la lengua originaria, y se escuchó el testimonio de una indígena awajún.
“Que las autoridades ayuden a conservar los bosques, para mantener nuestro ambiente limpio y respirar aire puro, como cuando yo era pequeña”, reclamó María Luzmila Bermeo, de 64 años.
Francisco llevó a Puerto Maldonado y se dirigió al Coliseo Madre de Dios, donde fue recibido con un abrazo por el obispo local, el dominico español David Martínez, y un grupo de niños.
En el interior del Coliseo, cerca de 4.000 indígenas, con sus ropas típicas, se ubicaron para encontrarse con Francisco, quien reconoció que quiso empezar allí su visita a Perú.

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