Industria Nacional

El acero cerró 2025 en alza por Vaca Muerta, pero la presión importadora enciende alertas

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La industria siderúrgica argentina finaliza 2025 con un balance mixto. La producción de acero crudo mostró una recuperación interanual sólida, motorizada principalmente por la demanda del sector energético vinculada a Vaca Muerta, aunque el escenario general sigue atravesado por señales de alerta: debilidad en la construcción y la industria automotriz, sobreoferta en consumo masivo y una creciente presión importadora que amenaza la provisión local de insumos de acero. Así lo advirtió la Cámara de la Industria del Acero en su último informe sectorial.

El desempeño del sector adquiere relevancia económica e institucional por su rol estratégico como proveedor transversal de la actividad productiva, en un contexto donde la apertura comercial y la normalización macroeconómica redefinen las condiciones de competencia para la industria nacional.

Producción siderúrgica: suba interanual del acero crudo y señales dispares en laminados

De acuerdo con los datos oficiales de la Cámara de la Industria del Acero, en noviembre de 2025 la producción de acero crudo alcanzó las 374.900 toneladas, lo que representó un incremento del 0,4% respecto de octubre y una suba del 10,7% interanual, frente a las 338.500 toneladas registradas en igual mes de 2024. Este desempeño confirma una mejora sostenida en el tramo final del año, asociada principalmente a la demanda energética.

En contraste, la producción de laminados terminados en caliente —que incluye planos y no planos— fue de 334.300 toneladas, con una caída del 1,1% mensual frente a octubre, aunque con un avance interanual del 0,7%. El comportamiento heterogéneo refleja la dispar dinámica de los sectores demandantes de acero.

En el caso del hierro primario, la producción de noviembre se ubicó en 214.900 toneladas, apenas 0,2% por encima de octubre, pero con una fuerte caída del 21,6% interanual, lo que marca un retroceso significativo frente a noviembre de 2024, cuando se habían producido 274.200 toneladas.

Por su parte, los planos laminados en frío mostraron uno de los retrocesos más pronunciados: en noviembre se produjeron 82.800 toneladas, un 30,9% menos que en octubre y una baja interanual del 10,6%, reflejando la debilidad de los sectores vinculados al consumo y a la industria manufacturera.

Sectores demandantes: energía en alza, construcción y autos en retroceso

El informe sectorial expone con claridad el contraste entre los distintos motores de demanda de acero. La construcción continúa sin mostrar una recuperación sostenida, con fuertes oscilaciones mensuales. En noviembre, los despachos de cemento cayeron 13,7% respecto de octubre y 4,2% interanual, lo que limita el arrastre positivo sobre la siderurgia.

En el sector automotor, la situación es aún más contractiva. La producción de noviembre registró una baja del 19,6% mensual y un descenso del 29,3% interanual. En el acumulado de los primeros once meses de 2025, la producción mostró una caída del 0,9% frente a 2024, consolidando un escenario de menor utilización de insumos siderúrgicos.

El segmento de maquinaria e implementos agrícolas cerró el año con una tendencia a la desaceleración, aunque el balance anual resulta ligeramente superior al de 2024. Para 2026, las expectativas del sector se apoyan en un escenario de mayor estabilidad económica y en el impacto de una buena cosecha, factores que podrían recomponer la demanda de acero.

En contraste, el sector energético se consolidó como el principal sostén de la actividad siderúrgica. La demanda de acero creció en las áreas vinculadas a Vaca Muerta, impulsada por la entrada en operación de proyectos de transporte de hidrocarburos que permitieron resolver los “cuellos de botella” del sistema. Este proceso explica buena parte de la mejora interanual del acero crudo durante el último tramo de 2025.

Consumo masivo, sobreoferta y presión importadora: el principal foco de alerta

Uno de los puntos más sensibles del informe es la situación de los sectores vinculados al consumo masivo, en particular el de línea blanca. La cámara siderúrgica advirtió que el rubro finaliza 2025 en un momento crítico, caracterizado por fuerte caída de volúmenes, sobreoferta y presión importadora, un combo que impacta de manera directa sobre la producción local de acero.

La posibilidad de una recuperación en 2026 aparece condicionada casi exclusivamente a la normalización del crédito y a una mejora del ingreso real, variables clave para recomponer la demanda interna de bienes durables.

En el frente energético, si bien las perspectivas son positivas por la expectativa de nuevos proyectos en 2026, la Cámara alertó que la presión importadora podría impactar fuertemente en la provisión local de insumos de acero, poniendo en tensión la capacidad de la industria nacional para capturar plenamente el efecto multiplicador de Vaca Muerta.

Un cierre de año con señales de crecimiento y riesgos estructurales

El balance de la siderurgia en 2025 muestra una recuperación parcial, apalancada por la energía, pero todavía limitada por la debilidad de sectores clave como la construcción, el automotor y el consumo masivo. La advertencia sobre las importaciones se inscribe en un debate más amplio sobre competitividad, integración al comercio internacional y sostenibilidad de la industria local.

En ese marco, el desempeño del acero vuelve a funcionar como termómetro de la economía real: crece donde hay inversión en infraestructura energética, pero sufre donde la demanda interna no logra recomponerse y la competencia externa gana terreno.

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Importaciones de consumo superan los USD 8.300 millones y desplazan a la industria nacional

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Récord histórico de importaciones de bienes de consumo, Argentina superó los USD 8.300 millones entre enero y septiembre

Las importaciones de bienes de consumo alcanzaron los USD 8.376 millones en los primeros nueve meses de 2025, el nivel más alto desde que existen registros, según un informe del Centro CEPA. El monto supera en USD 1.693 millones el récord previo de 2018 y consolida una dinámica que combina apertura importadora, aumento de empresas que compran en el exterior y retrocesos en la producción industrial nacional

Un salto del 25,3% y mayor peso en el total importado

Entre enero y septiembre de 2025, las importaciones de bienes de consumo crecieron 25,3% respecto del máximo de 2018. Solo en septiembre, el monto importado fue de USD 1.157 millones.

En términos relativos, estos bienes representaron el 14,6% del total importado, lo que implica un incremento de 4,1 puntos porcentuales frente al mismo período de 2023. Esta proporción confirma una tendencia de mayor peso de productos terminados en la estructura de importaciones nacionales.

El informe del Centro CEPA no solo cuantifica el aumento histórico, sino que también analiza la composición sectorial, el comportamiento empresarial y el efecto sobre la matriz productiva local.

Sectores con mayor crecimiento: electrodomésticos, transporte liviano, indumentaria y alimentos

El rubro Electrodomésticos, baterías y lámparas lideró la expansión con un aumento del 217,7% frente a 2023, representando 8,4% del total importado.
Le siguió Motos, bicicletas y otros equipos de transporte, con un alza del 69,3% y participación del 8,4%.

Otros sectores que acompañaron el salto importador: Prendas de vestir: +99,2% vs 2023 (participación del 6,3%). Productos alimenticios: +49,4% vs 2023 (16,4% del total, el más alto del conjunto). Marroquinería: +21,3% vs 2023.

Esta dinámica supone una recomposición de los canales de abastecimiento del mercado interno, con mayor peso de productos terminados importados en rubros tradicionalmente abastecidos por la industria nacional.

Explosión de empresas importadoras y reconfiguración del mercado

Entre enero y septiembre de 2025 se sumaron 9.235 nuevas empresas importadoras, un crecimiento del 70% respecto de 2023.

Los sectores con mayores incrementos de firmas fueron: Productos de caucho y plástico: +2.490 nuevas empresas. Marroquinería: +1.524 nuevas firmas. Prendas de vestir: +1.391 empresas. Electrodomésticos, baterías y lámparas: +1.069 nuevas importadoras.

Este aumento masivo de empresas operando en comercio exterior revela un cambio profundo en la estructura competitiva y anticipa una mayor presión sobre la industria local, que enfrenta importaciones más numerosas y diversificadas.

Quiénes lideran las importaciones de cada sector

El informe identifica a las compañías que concentran los mayores volúmenes:

Electrodomésticos, baterías y lámparas. PILISAR S.A. (Bosch): 14% del total importado, con crecimiento del 395% vs 2023. VISUAR S.A.. FRÁVEGA: 6% del total, con un incremento del 3.162% vs 2023. WHIRLPOOL: 6%.

Motos, bicicletas y equipos de transporte. Honda Motor: 18% del total, con un crecimiento del 43% vs 2023.

Prendas de vestir. TAC Argentina S.A. (Zara): 10%. Adidas Argentina S.A.: 10%. Puma Sports Argentina S.A.: 4%.

Productos alimenticios. Nestlé Argentina S.A.: 7% del total.

Marroquinería. Adidas Argentina S.A.: 15% del total, con una suba del 392% vs 2023.

Estos datos exhiben la concentración sectorial y la creciente participación de grandes multinacionales en la provisión de bienes importados al mercado doméstico.

Industria nacional en retroceso: sectores claves muestran caídas mientras importaciones se disparan

El informe advierte que el aumento récord de importaciones coincide con un deterioro de la producción local en varios segmentos. Mientras las importaciones de electrodomésticos crecieron 217,7%, la producción nacional de aparatos de informática, televisión y comunicaciones cayó 25,7%. Las importaciones de prendas de vestir subieron 61,8%, mientras que la producción de productos textiles se contrajo 18,9%. En alimentos y bebidas, la producción local cayó 0,2%, frente al auge importador del 49,4%. La producción de marroquinería se retrajo 26,8%, mientras sus importaciones crecieron 21,3%.

El contraste entre importaciones y producción local refleja un proceso de desplazamiento del producto nacional, con impacto directo en empleo, capacidad instalada y estructura industrial.

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La CNCE descartó daño y el Gobierno dio por terminadas las medidas antidumping contra calderas importadas

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Economía cerró el examen y dio por terminadas las medidas antidumping contra las calderas italianas, no se acreditó daño a la industria local

El Ministerio de Economía resolvió cerrar el examen por expiración y cambio de circunstancias sobre las medidas antidumping aplicadas a las calderas para calefacción central originarias de Italia, sin prorrogar los derechos vigentes desde 2020. La decisión se basa en el dictamen técnico de la Comisión Nacional de Comercio Exterior, que concluyó que no se verifica la “proporción importante de la rama de producción nacional” requerida por el Acuerdo Antidumping de la OMC.

Fin de un régimen antidumping vigente desde 2020

La Resolución 1840/2025, firmada el 18 de noviembre de 2025, cierra de manera definitiva el examen iniciado sobre las medidas antidumping que regían desde la Resolución 122/2020 para las importaciones de calderas para calefacción central (NCM 8403.10.10) provenientes de la República Italiana, excluyendo las calderas eléctricas y las de pellets.

En 2020 se habían fijado derechos ad valorem definitivos de: 57% sobre los valores FOB para el origen Italia, 24% para el origen República Eslovaca. Ambas medidas tenían una vigencia de cinco años.

Al acercarse su vencimiento, las empresas Acquaterm SRL y Pei SA solicitaron la apertura del examen por expiración del plazo, lo que derivó en la Resolución 284/2025, mediante la cual Economía habilitó el proceso sin mantener vigentes las medidas mientras se analizaba el caso.

Determinación técnica: riesgo de dumping, pero sin acreditación de daño

La Subsecretaría de Comercio Exterior elaboró el 29 de septiembre de 2025 el Informe de Determinación Final del Margen de Dumping. Allí concluyó que existiría “probabilidad de recurrencia” si la medida se levantaba.

Entre los datos centrales del análisis se destacan: Margen de dumping promedio ponderado para Italia:
480,08%. Margen de recurrencia sobre exportaciones hacia Chile (tercer mercado):
533,07%

Sin embargo, la decisión final dependía del análisis de daño a la industria local, responsabilidad de la Comisión Nacional de Comercio Exterior (CNCE).

En el Acta de Directorio N° 2609 del 20 de octubre de 2025, la CNCE concluyó que no se cumple el requisito esencial de “proporción importante de la rama de producción nacional”, exigido por el Artículo 4.1 del Acuerdo Antidumping, incorporado al derecho argentino por la Ley 24.425.

En consecuencia, la CNCE sostuvo que: “no es posible (…) analizar la probabilidad de repetición o continuación del daño”, “no se encuentran reunidos los presupuestos técnicos para la prórroga de la medida antidumping”, no corresponde expedirse sobre cambios de circunstancias.

Siguiendo ese criterio, la Subsecretaría de Comercio Exterior recomendó cerrar el procedimiento sin mantener vigente la medida.

Qué implica el levantamiento

La resolución ordena: el cierre del examen por expiración, la finalización del derecho antidumping, la comunicación formal a la Dirección General de Aduanas de ARCA, la realización de las notificaciones correspondientes ante la OMC conforme a la Ley 24.425 y el Decreto 33/2025.

La decisión elimina una protección vigente desde 2020, dejando sin efecto un arancel que encarecía significativamente las importaciones del producto. La medida tendrá impactos principalmente en: importadores, que recuperan condiciones previas al régimen antidumping; usuarios industriales y residenciales que dependen de este tipo de calderas; proveedores locales, cuya incidencia en la rama de producción —según dictaminó la CNCE— no alcanza niveles suficientes para justificar la continuidad del régimen.

En términos institucionales, el caso muestra la aplicación estricta del Acuerdo Antidumping, incluso en escenarios donde se verifican márgenes elevados de dumping, pero sin evidencia concluyente de daño a la industria doméstica.

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La textil Tipoití atraviesa una fuerte retracción industrial y suspende trabajadores en sus plantas correntinas

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Crisis textil, Tipoití mantiene suspensiones en Corrientes y alerta por la caída del sector industrial. La emblemática empresa correntina atraviesa un escenario crítico desde agosto con personal suspendido y una marcada reducción de la producción en varias de sus plantas. El panorama refleja la profunda recesión que golpea al entramado industrial argentino bajo el actual esquema económico.

La histórica textil Tipoití, una de las firmas más importantes del sector manufacturero en Corrientes, mantiene suspensiones de trabajadores desde agosto de 2025 y enfrenta una fuerte caída en su nivel de actividad. La compañía, con plantas en Goya, Bella Vista y Esquina, redujo jornadas y mantiene parte del personal sin tareas efectivas ante la baja en la demanda y el encarecimiento de los costos de producción.

Según confirmaron fuentes gremiales y trabajadores, 20 operarios continúan suspendidos, mientras que otros ocho fueron reincorporados en septiembre. “Estamos muy mal en todo el país y todos los días no sabés qué va a pasar al siguiente”, resumió un delegado de la firma, reflejando el nivel de incertidumbre que domina al sector textil argentino.

Producción reducida y suspensiones escalonadas en el interior correntino

Las plantas de Bella Vista y Esquina presentan realidades dispares pero igualmente complicadas. En la primera, durante septiembre se llegó a suspender a la totalidad del personal, mientras que en Esquina se trabaja cinco días menos por mes, lo que evidencia un esquema de producción fuertemente ajustado.

La planta de Goya, la más emblemática del grupo, es por ahora la única que se mantiene operativa de forma continua, aunque también con turnos reducidos y un ritmo de fabricación menor al habitual. La decisión sobre la continuidad o no de las suspensiones vigentes se definirá en los próximos días, pero en el entorno fabril admiten que la caída del consumo interno y la retracción de pedidos mayoristas ponen en riesgo la estabilidad laboral en el corto plazo.

Fuentes allegadas a la empresa explican que la combinación de altos costos energéticos, insumos importados dolarizados y la contracción de la demanda nacional configura un escenario de inviabilidad operativa para buena parte de la industria textil, especialmente para las pymes y plantas del interior.

Impacto sectorial: caída del consumo, importaciones y recesión industrial

El caso de Tipoití se enmarca en un contexto más amplio de profunda crisis industrial, con caídas sostenidas en la producción textil y de confecciones en todo el país. Las suspensiones y cierres parciales de plantas se repiten en distintos polos fabriles, especialmente en el NEA, NOA y la región centro.

El impacto de la política económica —caracterizada por una recesión prolongada, la apertura importadora y el enfriamiento del mercado interno— golpea con especial dureza a sectores intensivos en empleo como el textil, el calzado y la indumentaria.

De acuerdo con informes recientes de cámaras empresariales del rubro, el consumo de indumentaria cayó entre un 30% y un 40% interanual, mientras que la capacidad instalada de las fábricas opera por debajo del 50%. En paralelo, la suba de tarifas y la falta de crédito productivo reducen los márgenes de rentabilidad y dificultan la sostenibilidad del empleo formal.

En Corrientes, donde Tipoití representa uno de los principales empleadores industriales, el deterioro de la actividad impacta directamente en la economía local, afectando tanto a los trabajadores como a las cadenas de proveedores, talleres y transportistas vinculados al sector textil.

Un emblema en crisis: el desafío de sostener la producción nacional

Fundada hace más de medio siglo, Tipoití S.A. ha sido históricamente un símbolo del desarrollo industrial correntino, combinando producción local con estándares de exportación. Sin embargo, el actual contexto macroeconómico pone en riesgo su continuidad plena.

En un escenario de caída del poder adquisitivo, retracción de ventas y competencia externa creciente, la empresa intenta mantener operativas sus líneas de producción mediante esquemas de suspensiones rotativas, una estrategia de supervivencia que hoy es moneda corriente en la industria nacional.

La situación de Tipoití refleja la fragilidad del entramado productivo regional ante políticas de apertura y ajuste que, según alertan los sindicatos y cámaras empresarias, podrían profundizar el proceso de desindustrialización en provincias del norte argentino.

Mientras tanto, los trabajadores esperan definiciones en los próximos días, con la esperanza de recuperar la estabilidad laboral y sostener una industria que durante décadas fue sinónimo de empleo y progreso en Corrientes.

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Unimog, caso testigo del desguace nacional

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La anunciada pero poco publicitada importación de un supuestamente importante lote de camiones livianos de uso militar Unimog (nombre específico de vehículos todo terreno de la marca Mercedes Benz), es sin duda un muy claro caso testigo de la involución forzosa a la cual nos empujan los grupos del poder, que descaradamente buscan el desguace nacional, provocando intencionalmente una brutal política de industricidio masivo, dentro de un conjunto de medidas que ponen en serio y creciente riesgo de disolución nacional a nuestra querida República Argentina.

El desprecio total a nuestra soberanía y la carencia de elementales criterios de Geopolítica aplicada a la defensa de los Intereses Nacionales, es desvergonzadamente expuesto y aplicado, tanto por los neoliberales, como por su versión recargada, que es el “libertarismo”, en este último caso explícitamente, pues el verborrágico presidente de soez vocabulario, dijo claramente ser el topo que vino a destruir al Estado.

Evidencia contundente de la muy pobre formación impartida a los uniformados (con carencias similares en no pocos civiles, en particular los dedicados a la política), son los densos silencios cómplices, ante esa confesa actitud de traición a la Patria Argentina, por parte del presidente y sus secuaces que accionan en consecuencia, pues es de elemental razonamiento entender que SIN ESTADO NO HAY NACIÓN, y SIN NACIÓN NO HAY PATRIA. O sea, que Milei busca, con avieso y perverso regodeo, ante cada aplicación de su infame “motosierra”, destruir la Patria Argentina.

Las serias carencias del más elemental patriotismo, se evidencian en amplios sectores del arco político, y muy acentuadamente entre los uniformados, estos últimos en grados muy confusos, adoleciendo más de 70 años de inoculación forzosa de ideología cruda e irracionalmente liberal (antinacional por definición), tal como lo impuso el partido militar liberal; este último manejando en forma cerradamente excluyente la orientación político – económica que se imparte en los institutos militares, desde 1955, y muy acentuadamente desde 1976.

Ese liberalismo recargado es totalmente funcional a los sectores más reaccionarios de Argentina, como la Sociedad Rural, otros entes empresariales, fundaciones y similares instituciones del establishment, consustanciados visceralmente con esa ideología, operando incluso en contra de sus propios intereses sectoriales, y por supuesto de los Intereses Nacionales… claro que para este último tema, hace falta tener y defender como prioritario, el sano patriotismo…pero el concreto, no el mero patrioterismo de bandera, como inculcan y practican, irracionalmente, entre los uniformados, ignorantes en grado sumo en disciplinas esenciales, como Geopolítica, Economía e Historia.

Yendo al meollo del tema planteado, parece haber pasado desapercibido que se haya dejado totalmente de lado, la importancia esencial, de promover la producción nacional de los diversos bienes de importancia estratégica, como lo son, entre otros, los vehículos todo terreno de uso y aptitudes militares.

A mediados de los años ’60 (o sea hace 6 décadas), en el gobierno de la autodenominada Revolución Argentina (1966-1973) se puso en marcha el “Plan Europa” para el reequipamiento de las FFAA y FFSS, buscándose prioritariamente impulsar la fabricación nacional de armamentos y de bienes estratégicos vinculados a la Defensa Nacional. A los países de Europa Occidental, se les solicitó
asistencia tecnológica para la producción local de distintos bienes vinculados con la Defensa, y en casos puntuales, se compraron bienes de avanzadas tecnologías que no se podía producir acá en el corto/mediano plazo.

A excepción del golpe de Estado claramente nacionalista de 1943, todas las siguientes asonadas del siglo XX devenidas en asaltos al Poder Formal, tuvieron fuertes influencias del establishment liberal, (el cual es opuesto al desarrollo industrial y tecnológico nacional, pues su vetusto objetivo es reeditar aquella Argentina feudal de economía primaria, de las épocas del 1900, con la SRA como ariete principal), pero el golpe de Estado de 1966, inicialmente liderado por Onganía, tuvo caracteres diferentes.

Si bien la economía de esos años estuvo en manos de personeros del liberalismo (como Adalbert Krieger Vasena), hubo influencias fuertemente nacionales en el mismo gobierno, con posturas claramente favorables al desarrollo tecnológico e industrial, siendo posiblemente descollantes al efecto las fuertes y claras personalidades del economista Aldo Ferrer (que entre otros aspectos, influyó favorablemente en el vasto plan de obras públicas, y en medidas industrialistas como el Compre Nacional, y el apoyo a la industria automotriz), y el gran experto en Geopolítica General Juan Enrique Guglialmelli.

Argentina necesitaba reequipar y modernizar a sus FFAA y FFSS, pero EEUU se negaba a suministrar equipos importados y tecnologías para la producción nacional. En épocas de la Guerra Fría, era complicado pretender adquirir armamentos al bloque soviético, por lo que la alternativa factible era encarar el suministro de origen europeo. Así nació el Plan Europa, de vastos alcances, que tuvo influencias decisivas en diversas iniciativas para el equipamiento nacional. 

Se fabricó en cantidades importantes, e incluso se exportó, el IA58 Pucará, avión de ataque a tierra, dotado de motores turbo hélices Turbomeca franceses.
   A Alemania se le compró la asistencia tecnológica para producir varios submarinos convencionales (a propulsión Diesel), proyecto que quedó parcialmente trunco, ante las presiones de sectores internos ultraconservadores, de los cuales fue vocero Bernardo Neustadt, feroz atacante mediático de la antiindustria.

Se diseñó y produjo en TAM en dos versiones, como tanque de ataque y como transporte de tropas. 

La producción del fusil FAL, con tecnología belga, había comenzado antes de 1966, y posiblemente se incrementó con el Plan Europa, así como se produjo la versión pesada, el FAP. 

Los cañones de 105 mm sin retroceso, y de 155 mm, ambos que serían de diseños nacionales, se produjeron e incluso algunas unidades se habrían exportado. El de 105 mm era apto para ser transportado e incluso disparado desde la plataforma de carga del Unimog.   

Se adquirieron cazas supersónicos Mirage, los que en esos años eran de avanzada tecnología.

Con elemental criterio de desarrollo estratégico, en el período 1966-1973, se fomentó la producción nacional de camiones pesados, que hasta entonces no se fabricaban en Argentina. Inicialmente se produjeron camiones Fiat y Deutz, sumándose poco después Scania.

Entre otros equipamientos que modernizaron a las FFAA y FFSS, se contrataron con las empresas radicadas en Argentina Mercedes Benz y Fiat, las producciones nacionales de vehículos todo terreno, con dos o tres ejes motrices y otras capacidades especiales.

Mercedes Benz produjo, además de dos versiones del Unimog, el camión mediano todo terreno derivado del conocido 1114; mientras Fiat fabricó camiones pesados de tres ejes y tracción múltiple.

Algunas unidades de esos equipamientos se utilizaron en el conflicto de Malvinas. Y aún hoy, a sesenta años, de sus producciones masivas nacionales, siguen utilizándose en unidades de las FFAA y FFSS.

En el período 2003 – 2015, habiéndose implementado fuertes políticas de industrialización y de desarrollo tecnológico, se optó por importar algunas unidades similares a los Unimog, pero de marca IVECO, que son las que equipan a la OTAN. IVECO es la redenominación de Fiat para la producción de vehículos de carga. O sea, que los “todo terreno” IVECO pudieron producirse en Argentina, en la planta industrial existente en nuestro país, pero parecería que ciertos criterios de antimilitarismo visceral, del que suelen adolecer ciertas “progresías”, pudieron impedir ese tipo de iniciativas industriales para el necesario equipamiento y modernización de las FFAA y FFSS.

Un factor adicional muy negativo, que no favorece en nada la producción nacional de insumos estratégicos, es el antiindustrialismo exacerbado, que en algunos casos es simple omisión total del tema, del que no se toma conciencia en absoluto, del cual no se cuestiona que nada del equipamiento sea de industria argentina, que lamentablemente se inculcó en las FFAA y FFSS, que en no pocos casos llega al desprecio visceral de todo lo que pueda ser producido en nuestro país.

Esa visión de desprecio por la industria nacional es acorde a la mentalidad de excluyente economía primarizada, que proponen y promueven los sectores ultra conservadores, con la SRA como uno de los arietes principales con los que atacan toda iniciativa de industrialización.

Ese menoscabo explícito por la industria, es patente en muchas nada “intelectuales” opiniones que se pueden leer en las redes sociales, claramente provenientes de uniformados, que incluso, en un tono pretendidamente contundente, llegan a afirmar que “en Argentina no se puede fabricar ni un tornillo”, negándose a todo razonamiento lógico y bien fundamentado.

Son los mismos uniformados que repiten, con palmaria ignorancia histórica, la supuesta “grandeza nacional” de la Argentina del Centenario, aquella de economía primaria excluyente, contexto socio – político semi feudal, pseudo democracia con elecciones amañadas y violencias políticas de tipo mafioso, y una vergonzosa subordinación explícita al Reino Unido, burlándose de la soberanía nacional.

En la misma ausencia de toda valorización de la producción nacional, puede resultar tarea muy complicada hacer entender la importancia estratégica de la industria argentina, como por caso mostraron su “orgullo” por recibir un lote de Hummer (todo terreno muy costoso, con el que EEUU equipa a sus tropas), argumentando que “solo algunos ejércitos del mundo lo tienen. Y ni pensar en tratar de hacerles razonar que si bien los “todo terreno” Agrale, de industria brasileña, son modestos en comparación con los enormes y ostentosos“Humvee”, son totalmente preferibles para Brasil, justamente por ser producidos en ese país.

Siguiendo las comparaciones con los distintos enfoques de las FFAA de Argentina y Brasil, en relación a valorizar las producciones nacionales, cabe hacer notar que en el vecino país se producen blindados, en la planta local de IVECO, mientras que el gobierno libertario acordó comprar blindados usados de EEUU, los que no habrían tenido buen desempeño en Ucrania, de pobres rendimientos frente a la artillería antitanque rusa, según algunos trascendidos.

En síntesis, Brasil sigue su marcha industrialista, de desarrollo. En contraposición burda, Argentina destruye la industria, expulsando empresas, como Mercedes Benz (que fue la primera inversión de esa empresa, fuera de Alemania), involucionando de producir Unimog de industria argentina, al rol de mero país importador.

Entre el desguace socio económico general que perpetra día a día el antinacional gobierno libertario, con sus secuaces neoliberales, este tema pasó totalmente desapercibido.

Lo lamentablemente es que ni las dirigencias políticas que dicen estar consustanciadas con Lo Nacional, ni los uniformados, de enrevesado patriotismo meramente declamativo (con algunas pocas honrosas excepciones), parecen darle al tema, ninguna importancia, pese a que la tiene, y mucha.

Abreviaturas: FFAA = Fuerzas Armadas // FFSS = Fuerzas de Seguridad

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