La disputa por el poder informativo ya no ocurre en la pantalla: ocurre en el feed
Argentina atraviesa una mutación profunda en su ecosistema de medios. Lo que antes era una competencia entre señales de TV, radios y diarios impresos es hoy una batalla diaria -y cada vez más feroz- por los segundos iniciales del scroll. Así lo describe con precisión el informe “Medios de Comunicación y Noticias en Argentina – Noviembre 2025”, dirigido por Gustavo Córdoba y Ana Paola Zuban, con investigación y analítica desarrollada por Camilo A. López, Guido E. Zaina y Emmanuel Zarzosa para GoodPublics, un estudio que pone números concretos al nuevo mapa del poder informativo.
Los resultados muestran un desplazamiento estructural: el 64,8% de los argentinos prefiere informarse a través de medios digitales -portales, redes sociales, streaming- mientras que apenas el 34,3% sigue optando por medios tradicionales. La brecha generacional confirma el cambio de época: entre los jóvenes de 16 a 30 años, el consumo digital asciende a un impresionante 93,3%, y aun entre los mayores de 60 años más de la mitad (55,2%) ya migró al ecosistema online. Este corrimiento no es solo cuantitativo: es cultural. La audiencia dejó atrás la lógica del “horario central” y se informatiza en un flujo continuo durante todo el día.
En este contexto, Instagram (22,8%), Facebook (22,4%) y YouTube (21,2%) se consolidan como las plataformas centrales para acceder a noticias. X (Twitter) y TikTok, aunque influyentes en nichos militantes o altamente politizados, no logran romper el triángulo dominante de Meta y Google en el público general. El informe revela además un patrón de consumo diferenciado según voto político: los simpatizantes de La Libertad Avanza privilegian Facebook e Instagram; los de Fuerza Patria, principalmente Instagram y Facebook; los frentes provinciales también se inclinan por Instagram, mientras que la izquierda muestra una preferencia marcada por YouTube y, en paralelo, un alto porcentaje de usuarios que declara no usar redes para informarse, reflejo de una desconfianza estructural hacia los medios.
El declive de la televisión abierta como organizadora del sentido común es uno de los puntos más contundentes del estudio. El 60,1% de los argentinos afirma informarse antes por redes que por TV, una tendencia que alcanza su mayor intensidad entre los adultos de 31 a 45 años, donde casi tres de cada cuatro lo expresan abiertamente. La agenda pública ya no se define a las 21 horas, sino en un mosaico permanente de publicaciones de 10 o 15 segundos, algoritmos personalizados y contenidos que compiten por la atención en los primeros dos segundos de exposición.
La magnitud del fenómeno se vuelve evidente al observar la estructura del día digital: los usuarios argentinos dedican 11 horas y 15 minutos por semana exclusivamente al uso de redes sociales, un registro que los ubica entre los cinco mayores consumidores del mundo. A esto se suman 8 horas y 8 minutos semanales de visualización de videos cortos y 9 horas y 39 minutos de música en streaming. Es un ecosistema donde la conexión es permanente y donde las audiencias distribuyen su atención de manera fragmentada, emocional y veloz.
La jerarquía de sitios más visitados refuerza el giro audiovisual: YouTube lidera con 50,3 mil millones de sesiones, seguido por Google (40,8 mil millones), Instagram (27,8), WhatsApp (25,7) y X (19,5). El dominio de YouTube transforma la lógica tradicional de los medios: la plataforma es hoy la mayor vidriera de contenido informativo del país y el espacio donde muchos actores políticos y mediáticos reconstruyen su identidad narrativa.
La disputa por la atención no se libra únicamente en el contenido orgánico. Entre agosto y noviembre de 2025, el relevamiento de la Biblioteca de Anuncios de Meta y del Centro de Transparencia de Google muestra que los principales medios también compiten intensamente mediante pauta digital segmentada en temas sociales, culturales y políticos. El ranking coloca arriba a Diario Democracia ($3,4 millones), seguido por TN ($2,2 millones) y La Nación ($1,3 millones). Más atrás aparece Infobae, con alrededor de $32.300, mientras que C5N y Página/12 no registran pauta en ese período. La inversión en anuncios se convierte así en una herramienta estratégica para amplificar coberturas o instalar interpretaciones, reforzando un ecosistema cada vez más algorítmico.
El comportamiento conversacional también exhibe fuertes asimetrías. Un solo medio concentra 48% de todas las menciones en redes sociales, mientras que los dos siguientes reúnen cerca del 20% y 15% respectivamente. El resto de los actores queda en niveles de un solo dígito. Esto sugiere que algunos medios no solo son consumidos, sino que logran activar comunidades que comentan, discuten y comparten su contenido, un factor clave para la construcción de influencia. Sin embargo, el análisis de sentimentalidad revela que la mayoría de las menciones tienen un tono más negativo que positivo, lo cual coincide con la lógica emocional dominante en los entornos digitales: la polémica amplifica más que la adhesión.
El mapa de influencia diseñado por GoodPublics cruza múltiples variables —tamaño de comunidad, vistas, volumen de publicaciones, likes, comentarios y engagement— y muestra que solo un grupo reducido de medios consigue una presencia integral en todas las etapas del recorrido del usuario. Otros actores se destacan por alcance, pero no por interacción; o por producción, pero no por capacidad de fidelización. En un entorno donde la audiencia es volátil, la influencia depende menos del tamaño y más de la densidad del vínculo.
El capítulo final del informe marca un quiebre decisivo: la irrupción de los buscadores basados en inteligencia artificial como ChatGPT, Gemini o Perplexity. Según el análisis, más de 1.000 millones de personas utilizan IA generativa cada mes, y estos sistemas ya concentran entre 5% y 6% del tráfico de búsquedas, con picos que llegan al 40% entre usuarios tempranos. GoodPublics elaboró un Score LLM que mide la visibilidad de los medios en las respuestas de estos modelos -frecuencia de citas, presencia temática y diversidad de consultas- y detectó dos grupos claramente diferenciados: los early adopters, que ya muestran estrategias orientadas a este nuevo ecosistema, y un amplio conjunto de medios que aún no ha comenzado a trabajar en su posicionamiento dentro de los buscadores de IA. La conclusión es contundente: no alcanza con optimización SEO; la próxima frontera es la optimización para modelos de lenguaje.
