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Industria: febrero dejó una caída profunda y generalizada en la producción manufacturera

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La industria manufacturera tuvo en febrero uno de sus peores registros recientes. El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) mostró una contracción de 8,7% interanual, mientras que el acumulado del primer bimestre cayó 6,0% frente al mismo período de 2025. En la serie desestacionalizada, el descenso fue de 4,0% respecto de enero, aunque la tendencia-ciclo marcó una leve mejora de 0,2%, un dato que atenúa apenas la magnitud del retroceso, pero no cambia el diagnóstico general: la industria abrió 2026 en terreno claramente recesivo.

El deterioro fue además muy extendido. En febrero, 14 de las 16 divisiones manufactureras registraron caídas interanuales. Por incidencia en el índice general, retrocedieron alimentos y bebidas (-6,9%), maquinaria y equipo (-29,4%), vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes (-24,6%), otros equipos, aparatos e instrumentos (-24,6%), prendas de vestir, cuero y calzado (-18,2%), productos de caucho y plástico (-15,7%), industrias metálicas básicas (-12,5%), productos textiles (-33,2%), muebles y otras manufactureras (-12,3%), productos minerales no metálicos (-7,2%), productos de metal (-5,7%), tabaco (-14,9%), otro equipo de transporte (-19,8%) y madera, papel, edición e impresión (-1,5%). Solo mostraron incidencias positivas refinación del petróleo, coque y combustible nuclear (19,7%) y sustancias y productos químicos (3,7%).

Dentro del bloque de alimentos y bebidas —el de mayor peso dentro de la estructura industrial— también predominó la caída. Bajaron carne vacuna (-8,2%), carne aviar (-7,4%), fiambres y embutidos (-9,0%), molienda de oleaginosas (-21,9%), molienda de cereales (-5,2%), galletitas, panadería y pastas (-6,3%), azúcar, confitería y chocolate (-9,3%), gaseosas, aguas, sodas, cervezas, jugos, sidras y bebidas espirituosas (-8,6%), vino (-2,0%) y otros productos alimenticios (-9,9%). Entre las pocas excepciones, productos lácteos subió 8,1%, mientras que el agregado de yerba mate, té y café mostró una variación de -0,6% interanual, aunque en el acumulado del bimestre exhibió una mejora de 13,3%.

Uno de los focos más delicados estuvo en los sectores de bienes durables. Maquinaria y equipo se desplomó 29,4%, con una caída de 37,7% en maquinaria agropecuaria, de 38,0% en aparatos de uso doméstico y de 16,8% en maquinaria de uso general. Es un dato sensible porque golpea un núcleo estrechamente vinculado con inversión productiva, renovación tecnológica y demanda de sectores como el agro y la construcción.

El informe sectorial del INDEC aporta además pistas sobre las causas de ese retroceso. En textiles, donde la baja fue una de las más severas, la producción de tejidos y acabado cayó 47,0% y la de hilados de algodón 30,7%; según las empresas relevadas, pesaron la menor demanda interna y una mayor competencia de importados. En caucho y plástico, la caída se asoció a una menor demanda de envases plásticos para determinados segmentos de alimentos y bebidas y de insumos para el sector eléctrico.

Con este cuadro, febrero no dejó una simple corrección mensual sino una señal más profunda: la industria sigue sin encontrar un piso firme y el retroceso abarca tanto ramas ligadas al consumo masivo como segmentos asociados a la inversión. La leve mejora de la tendencia-ciclo todavía es demasiado tenue frente a una caída generalizada, de dos dígitos en varios rubros clave y con escasos sectores capaces de compensar el descenso del resto.

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La industria argentina arranca 2026 con el peor nivel de actividad en más de dos décadas

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La industria manufacturera argentina comenzó 2026 con una señal clara de enfriamiento. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la utilización de la capacidad instalada se ubicó en enero en apenas 53,6%, un nivel inferior al registrado en el mismo mes de 2025, cuando había alcanzado el 55%. El dato no solo confirma una caída interanual, sino que además representa el peor inicio de año para la actividad industrial desde la crisis económica de 2002.

El indicador mide qué proporción de la capacidad productiva instalada en las fábricas está efectivamente en uso. Cuando ese porcentaje desciende, significa que las plantas industriales trabajan por debajo de su potencial, ya sea por caída de la demanda, aumento de importaciones o dificultades macroeconómicas que afectan la producción.

El informe del organismo estadístico muestra una industria con fuertes contrastes sectoriales. Algunos rubros mantienen niveles de actividad relativamente altos, mientras otros atraviesan un deterioro marcado.

Entre los sectores que operan por encima del promedio general se destacan la refinación de petróleo, que alcanza un 86,8% de utilización de capacidad instalada, las industrias metálicas básicas con 67,6%, las sustancias y productos químicos con 64,8%, el papel y cartón con 61,7%, los productos alimenticios y bebidas con 60,2% y el sector de edición e impresión con 54%.

Estos rubros logran sostener un mayor nivel de actividad porque están vinculados a cadenas industriales estratégicas o a actividades con demanda más estable, como la energía, los insumos industriales o los alimentos.

En el otro extremo aparecen los sectores más golpeados por la caída de la demanda y el cambio en el escenario comercial. La industria automotriz operó en enero con apenas el 24% de su capacidad instalada, mientras que los productos textiles utilizaron solo el 23,7%. La metalmecánica -excluyendo automotores- registró un nivel del 31,4%, el sector de caucho y plástico 36,1% y los productos minerales no metálicos 45,5%.

La caída más marcada se observa en la metalmecánica, donde el uso de capacidad instalada descendió desde el 38,1% de enero de 2025 hasta el 31,4% en el inicio de 2026. El informe vincula este retroceso principalmente con la fuerte reducción en la fabricación de maquinaria agrícola y de electrodomésticos, dos segmentos que experimentaron una contracción significativa de la producción.

La industria automotriz también refleja un deterioro considerable. Con apenas el 24% de su capacidad en uso, el sector registra una caída significativa frente al 34,8% del mismo mes del año pasado. La producción de vehículos retrocedió más de 30% interanual, lo que explica buena parte del menor dinamismo industrial.

Algo similar ocurre con el sector textil, que en enero utilizó apenas el 23,7% de su capacidad instalada. La caída responde principalmente a la disminución en la producción de tejidos y de hilados de algodón, que registraron retrocesos superiores al 30% interanual.

En paralelo, el informe señala que el sector de caucho y plástico también operó con niveles inferiores a los del año pasado. En este caso, la caída se explica por la menor producción de manufacturas plásticas y neumáticos.

En ese sentido, dos bloques sectoriales relevantes para la provincia aparecen entre los que operan por encima del promedio industrial. El primero es el de alimentos y bebidas, que en enero registró una utilización de capacidad instalada del 60,2%. Dentro de este conjunto se ubican actividades clave para la economía misionera, como la industria yerbatera, la producción de té y otros alimentos procesados.

La importancia de este sector radica en que buena parte de su producción está orientada al comercio exterior, lo que le permite sostener niveles de actividad relativamente estables incluso cuando el mercado interno se debilita.

Otro sector relevante es el de papel y cartón, que alcanzó un nivel de utilización de capacidad instalada del 61,7%. Este bloque está vinculado a la cadena forestoindustrial, una actividad en la que Misiones posee uno de los polos productivos más importantes del país, junto con Corrientes.

También las sustancias y productos químicos, que operaron con un 64,8% de capacidad instalada, forman parte de cadenas industriales asociadas a la agroindustria y al procesamiento de materias primas forestales.

En conjunto, estos sectores muestran que las actividades vinculadas a recursos naturales y exportaciones tienden a presentar mayor resiliencia frente a los ciclos económicos, en contraste con industrias más dependientes del consumo interno.

Aun así, el dato general sigue siendo preocupante. El 53,6% de utilización de capacidad instalada registrado en enero refleja que casi la mitad de la capacidad productiva del sector industrial permanece ociosa.

La serie histórica que presenta el informe muestra que para encontrar un inicio de año con un nivel inferior hay que remontarse a enero de 2002, en pleno colapso económico de la Argentina, cuando la industria utilizaba apenas el 48,2% de su capacidad productiva.

El panorama industrial argentino, por lo tanto, arranca el año con señales mixtas. Mientras algunos sectores logran sostener actividad gracias a la exportación o a la demanda estructural de insumos industriales, otros enfrentan un escenario más complejo marcado por la caída del consumo, el aumento de las importaciones y la reorganización de la producción.

Para las economías regionales como la de Misiones, donde el peso de la agroindustria y la forestoindustria es significativo, el desafío será seguir fortaleciendo la inserción internacional y agregar valor industrial a sus cadenas productivas, en un contexto nacional donde la industria todavía opera muy por debajo de su potencial.

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