Trump amenaza con arrasar infraestructura iraní y escala la tensión global por el precio del petróleo
La crisis en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo de máxima tensión tras las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien advirtió que podría ordenar ataques contra infraestructura clave de Irán —incluyendo puentes y centrales eléctricas— si no se reabre el estrecho de Ormuz en las próximas horas. La advertencia, con un tono inusualmente directo, eleva el riesgo de una escalada mayor en un conflicto que ya impacta sobre los mercados energéticos globales.
Durante una conferencia de prensa, Trump sostuvo que “el país entero podría ser eliminado en una noche” si no hay un acuerdo inmediato, al tiempo que fijó un ultimátum para garantizar el libre tránsito de petróleo por uno de los corredores marítimos más estratégicos del mundo.
El estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, concentra cerca del 20% del comercio mundial de crudo. Su bloqueo parcial en las últimas semanas —en el marco del conflicto con Estados Unidos e Israel— ya generó disrupciones en la logística global y una suba en los precios internacionales de la energía.
Desde Teherán, la respuesta no tardó en llegar. Autoridades iraníes advirtieron que cualquier ataque contra objetivos civiles derivará en represalias “mucho más devastadoras y generalizadas”. Además, condicionaron la reapertura del estrecho a una compensación económica por los daños sufridos durante la guerra, lo que introduce un nuevo factor de negociación en el conflicto.
En paralelo, el Parlamento iraní analiza la implementación de un sistema de peajes para las embarcaciones que crucen la vía marítima, en lo que sería un cambio estructural en la gobernanza del comercio energético global. Actualmente, el país ya cobra tarifas a ciertos buques, pero la nueva iniciativa apunta a formalizar un esquema más amplio de recaudación.
Mientras tanto, la situación operativa en la zona sigue deteriorándose. Se reportan al menos 26 incidentes contra embarcaciones en el estrecho y áreas cercanas, con unos 2.000 buques varados o evitando la ruta por temor a ataques. La actividad marítima permanece prácticamente paralizada, afectando cadenas de suministro a escala global.
El impacto ya se refleja en los mercados: el precio del petróleo superó los 100 dólares por barril, impulsado por la incertidumbre sobre la continuidad del flujo energético. Este escenario reintroduce presiones inflacionarias a nivel global, en un contexto donde la energía vuelve a ser un factor central de riesgo económico.
En el plano diplomático, actores clave como Rusia y China pidieron desescalar el conflicto y retomar las negociaciones. Sin embargo, la dinámica actual muestra un endurecimiento de las posiciones, con plazos cada vez más cortos y amenazas más explícitas.
Así, el estrecho de Ormuz se consolida como el epicentro de una crisis con implicancias que trascienden lo militar: comercio global, inflación, energía y estabilidad financiera quedan ahora atados a una negociación de alto riesgo.
