JORGE ASÍS

El sopapo electoral de la realidad

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Se vino el Peronazo que se merecían.

Desde el frasco

Se vino, nomás, el peronazo. Lo merecían.
¿Y qué esperaban? Vivían, pontificaban, sobraban desde un frasco.
Convencidos de la superioridad moral sobre sus adversarios “que se habían robado un PBI”.
Fortalecidos por la sabiduría imbatible de la “big data”. Por la eficiencia inapelable de las segmentaciones.
Se compraron los espejitos brillantes que vendían, hasta agotarlos.
Se dieron la suficiente manija como para creer que de verdad combatían a las mafias, que le ganaban el combate al narcotráfico.
Que por la admirable recepción que tuvo Mauricio, El Ángel Exterminador, en el escenario mundial, se habían integrado.
Nos tenían en cuenta, sonreía Merkel cuando se fotografiaba con el Ángel y Macron lo invitaba a comer.
Lo probaba el auxilio irresponsable del Fondo Monetario Internacional.
Fue más a un gobierno (que dilapidaba los fondos) que a un país. Al que se ayudaba a enterrar.

Carolina Mantegari

El sopapo electoral de la realidad

La realidad acaba de estamparles un sopapo electoral.

Los patrióticos muchachos nucleados en el Colectivo Cambiemos, hoy Juntos por el Cambio, sostuvieron la pausa histórica del Tercer Gobierno Radical, que aún preside Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.

Tenían intenciones fundacionales de “dejar al pasado atrás”. Al contrario, con la insustancial y catastrófica vulgaridad del presente que proponían, lograron que aquel pasado se mitificara.

Que comparativamente fuera un pasado ideal, casi feliz. Con dignidad moral y calorías, con mejor calidad de vida y con una incierta noción de la equidad.

Con el derecho al esparcimiento y a los viajes, en el marco de una Revolución Imaginaria que aún asusta a los incautos que suponen controlar la ficción de “los mercados”.

Geopolítica del seguidismo

El sopapo electoral de la realidad

El sopapo electoral de la realidad es también para los improvisados que presiden estados vecinos.

Como Chile, o el inagotable Brasil. Ambos manejados por estadistas a la bartola que cultivan la geopolítica del seguidismo a los Estados Unidos.

Momios brutales que desconocen hasta el arte de hacer un buen golpe de estado.

Bocetos de jerarcas que se inmiscuyeron, sin la diplomacia elemental, en los asuntos internos del país vecino. La Argentina que no terminan de entender.

Son estados que se merecen, en cierto modo, la exportación ideológica del peronismo, considerado erróneamente un mal.

Un fenómeno pragmático que es algo más que un movimiento político o una cultura. Para Argentina es un destino.

Legitimado por todos los antiperonistas categóricos que se cargan de previsible rencor al leer esta teoría.

Ellos, los momios, son los que facilitan la re-significación, y la vigencia estratégica, de esa cultura-destino.

Para completar el breviario del texto, el sopapo es también para los incompetentes que deciden en los grandes medios de comunicación.

Los que se dedicaron pacientemente al horror del periodismo de combate. Militancia del peor estilo destructor.

Sin caer en el efectismo de la exageración, se los puede calificar como los “6,7,8 del macrismo”.

Prestigiosos columnistas banalizaron sus admirables trayectorias en la destrucción del peronismo que hoy les vuelve a ganar.

Se les brinda la penúltima lección. Por haber orientado tan mal a la sociedad que imperdonablemente subestimaron.

Y por suplir, con sus textos, las argumentaciones que no sabían recitar los políticos cargados de slogans que apoyaban.

Tenía razón el poderoso ejecutivo de medios cuando le dijo a una figura principal del TGR: “A ver si se ponen las pilas, si se les ocurre alguna idea porque la campaña, hasta aquí, la hacemos nosotros”.

La ejemplaridad del frasco

El sopapo electoral de la realidad

“Si perdemos por más de 5 puntos -dijo la Garganta- a Marcos Peña tendremos que fusilarlo”.

Cuando Marcos Peña, El Pibe de Oro, concedió, y aceptó que debía abandonarse el aislamiento de la ejemplaridad, ya era tarde.

Había fulminado, inútilmente, a Emilio Monzó, El Diseñador, que tenía en el horizonte la nimiedad de una embajada.

Y hasta lo habían vaciado de contenido a Rogelio Frigerio, El Tapir, que calculaba las horas para aliviarse en un carguito de Washington.

Pero Mauricio se hundía en la ciénaga de las encuestas.

Desde el malditismo del “círculo rojo” reclamaban, a los gritos, que lo instalaran en cuarteles de invierno. Que lo suplieran, en la candidatura, por la señora María Eugenia, Sor Vidal, La Chica de Flores de Girondo.

Si continuaban con la ejemplaridad del frasco podían sepultarse solos.
Debían entonces ser escuchados aquellos que se evitaba. Por ser «portadores de malas ondas».

A los que Mauricio, de entrada, les decía: “Si venís a criticarme a Marcos por favor callate, no digas nada”.

Los portadores de malas ondas prefirieron, entonces, convencerlo a Marcos, que en la marea baja se atrevía a escuchar.

“No podemos pelearnos al mismo tiempo con el peronismo, con los sindicatos, con los empresarios, con la Iglesia”.

Aún era probable que los tres (Mauricio, Sor Vidal y Horacio, El Geniol) reeligieran. Pero debían reaccionar, negociar con los factores de poder y convertirlos en aliados.

“No podemos valer sólo porque la alternativa es peor, así no vamos a ganarle a nadie”.

Pero ya era tarde. Respiraron un poco con la llegada de Pichetto, El Lepenito, que les trajo versos, y peronistas audaces de la tercera edad.

Pero el boleto estaba picado. Se les venía la noche y no se daban cuenta. Aguardaban la infalibilidad de Marcos y de Jaime Durán Barba, El Equeco.
Cambiar, tal vez, era más riesgoso que continuar en la ejemplaridad del frasco.

Con actos emotivos entre funcionarios, con un Mauricio entonado que los arengaba.

Entre ellos se daban ánimo. Como los trotskistas de Posadas. Eran 200 pero bien sectarios, se suponían en las puertas de la revolución proletaria.

Permanece firme, hasta hoy, en el Ángel, el mérito de ser el único presidente no peronista que termina en democracia su mandato.

Es el único mérito, en realidad. Hay que ayudarlo, desde hoy, para alcanzar la epopeya de concretarlo.

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Fin de ciclo en Cambiemos

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Emilio Monzó abandona el Tercer Gobierno Radical.
Emilio Monzó, El Diseñador, Presidente de la Cámara de Diputados, decide alejarse del “espacio Cambiemos”.
Significa que ya no pertenece a la coalición de referencia.
Epílogo previsible de la relación incómoda, signada por los cortocircuitos entre quienes no podían entenderse. Ni soportarse.
Los altibajos -acercamientos y distanciamientos-, bordearon el conflicto. Por diferencias metodológicas y culturales con los polos de poder estable del Tercer Gobierno Radical.
Debe aceptarse que Monzó fue parte importante del diseño nacional que condujo, en 2015, al triunfo de Mauricio Macri, el Ángel Exterminador.
Fue un gestor pasablemente positivo de los acuerdos parlamentarios, que -pese a ser minoría estructural- lograron la aprobación de las leyes encargadas.
En cuanto trascienda el alejamiento podrá registrarse cierta soberbia perplejidad en el Colectivo Cambiemos.
Y un activo entusiasmo entre las diversas vertientes del peronismo que espera. Carolina Mantegari
Intendente de Carlos Tejedor. Ministro de Asuntos Agrarios de Scioli, en la inviable Buenos Aires. Después Ministro de Gobierno de Macri, en el Maxi Quiosco Autónomo. Con el objetivo de convertirlo en presidente de la república. Cuando Mauricio medía cuatro, cinco centímetros.
Para diseñarlo, Monzó le comprometió al alcalde Macri parte de su tiempo. Entre los jueves por la mañana y los sábados por la tarde. Dos días en que el próximo Ángel Exterminador se ponía a disposición de quien lo diseñaba.
Fin de ciclo en CambiemosY Macri, como excelente producto, se dejó diseñar. Lo hacía “caminar” las provincias. Juntos construían el proyecto nacional mientras se consolidaba el afecto recíproco.
Pero existía, en la congregación, otra manera antagónica de interpretar la política. Era la dominante y para colmo exitosa. Invencible en el imaginario.
La representaba Marcos Peña, El Pibe de Oro, fiel traductor, adaptador, espejo y sucesor oficial de Mauricio. Y el reconocido pensador Jaime Durán Barba, El Equeco, con su patrulla modernista de encuestas y focus, que les proporcionaban brillos a la majestuosa obviedad.
Eran los días sublimes del macricaputismo (ironía que Humberto Schiavoni, El Misionero, prefería denominar caputismo macrista).
Nadie se sorprendía cuando Monzó socializaba con Nicolás Caputo, El Co. Tenía mejor onda que con la dupla que privatizaba la “nueva política”.
Aquel Caputo concreto podía entender que Monzó lo trajinara a Macri entre innumerables reuniones con radicales.
Una pérdida de tiempo, para la dupla, que desvalorizaba la ilusión territorial, concepto superado. Museología política que los innovadores pretendían erradicar.
En Monzó, la identidad peronista se encontraba atenuada por los inicios adolescentes en el presentable liberalismo.
De la mano, Monzó lo conducía a Macri para acordar con los radicales. Cuando Macri suponía que solo podía ser elegido presidente en un frente con los peronistas. Como se lo reclamaba Ramón Puerta, el primer amigo que lo tentó con la idea de encarar la epopeya política.
El agotamiento del peronismo, en su versión kirchnerista, facilitaba la toma de distancia. El salto radical.
De pronto los radicales se disputaban a cuchillo. En duelos borgeanos.
Fin de ciclo en CambiemosSe desató la competencia sutil por el favor de los radicales. Entre Macri-Monzó, por una parte, contra Sergio, Titular de la Franja de Massa. El renovador comprendía también, repentinamente, el súbito valor radical.
La competencia abierta por el amor se definió en la Convención de Gualeguaychú. En un juego de kermesse donde se impuso Macri.
Signó la perentoria consagración de Ernesto Sanz, Eterna Esperanza Blanca. Y el declive inesperado de Cleto Cobos, El No Positivo, que jugaba por la Franja.
Aquí Massa debió haber comprendido que naufragaba, en Gualeguaychú, el proyecto presidencial de 2015, que iba a postergar -con insistencia- en 2019.

Motivo de discordia

Sergio fue el motivo principal de la discordia. Entre Monzó y los cultores de la modernidad, los que ganaban siempre.
En la historia ingresa la primera actriz fundamental, la señora María Eugenia Vidal, La Chica de Flores de Girondo.
La dama había aceptado inmolarse en la causa perdida que no aceptó, en su momento, la señora Gabriela Michetti, La Novicia Rebelde.
Consistía en ir al matadero como candidata a la gobernación de (la inviable) Buenos Aires.
Es cuando Monzó intenta reeditar el acuerdo Massa/Macri, que ya había funcionado en 2013. Cuando ambos decidieron acabar con el reinado de La Doctora, que aspiraba a prolongarse.
En 2015 Monzó proponía a Massa para la gobernación y a Macri para la presidencia.
Lo reclamaba, a los gritos, el vaporoso “círculo rojo”. Deseaba acabar con el cristinismo que asustaba “con los pibes para la Liberación”. Mientras boicoteaban, extrañamente, a su candidato, Daniel Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol.
Fin de ciclo en CambiemosLa dupla Peña-Durán Barba no quiso saber nada con Massa. Prefirió mantener a La Chica de Flores, que con su astucia angelical iba a vencer a Aníbal Fernández, previamente “morsificado” por el máximo Grupo mediático, protegido por el poder de la impunidad. Como diría el pensador Alfredo Yabrán.
El triunfo de Vidal funcionaría, en adelante, como la frontera de acotación para Monzó. Al extremo de inhabilitarlo hasta para politiquear en su distrito, Buenos Aires. Donde no podía asomarse, ni opinar.

Límite personal

La dupla dominante se dedicaba a desbaratar cualquier idea que surgiera de Monzó. Como la de ampliar la base de sustentación del Tercer Gobierno Radical, que se consumía entre la activa mala praxis y la liviandad teórica. Proponía incorporaciones selectivas para oxigenar el esquema que conducía hacia el fracaso inapelable.
Cansado, aburrido de los retrocesos, de las “mesas” inútiles donde nada se resolvía pero se multiplicaban, Monzó estuvo a punto de largar Diputados para irse de embajador. Pero cuando se entusiasmaba con la parsimonia diplomática de alguna capital europea ocurrió el inicio de la cuesta abajo del Ángel Exterminador. La pendiente era desastrosa. Por mera solidaridad Monzó no podía irse.
Pero los desencuentros prosiguieron. Los ninguneos gestaban pacientemente el hartazgo.
Fin de ciclo en CambiemosDe pronto dejó racionalmente de tomarlos en serio. Para comportarse como un profesional, y dedicarse a su exclusivo trabajo en la Cámara. Pudo haberse fijado el último límite personal.
“Hasta que salga el presupuesto”, confirma la Garganta.
La Ley de Presupuesto ya pasó por Diputados. Con algo de bochorno, pero salió.
Hubo tiempo para la celebración. En una parrilla, almuerzo de viernes, con su amigo Rogelio Frigerio, El Tapir (al que desde aquí se sugiere cuidarlo más), y con Nicolás Massot, Rubio Guapo del Arrabal (idem).
El festejo transcurrió con la tonalidad gris de la despedida.
Final de ciclo en Cambiemos. El “espacio” quedaba invariablemente atrás.

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“Destape” S.O.S.

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orge Asis Digital le encargó a Oberdán Rocamora algunas reflexiones sobre el caso político que consume al PRO, el ala dominante de la alianza Cambiemos: ¿la gobernadora María Eugenia Vidal fue víctima de ‘fuego amigo’ o sólo fue impericia bien investigada por los enemigos externos pero aprovechada por sus adversarios internos?
El Ángel tenía el Gobierno tomado.
“Ellos no generaron la denuncia de El Destape”, confirma la Garganta. “Sólo supieron aprovecharla”.
Para Mao Tse Tung el poder nacía “en la punta del fusil” (sentencia que emocionaba a los violentos románticos de la lucha armada).
Para la vulgaridad del presente sin utopías, el poder nace de la punta de una encuesta.
Precisamente el favoritismo en las encuestas signó la suerte de la gobernadora de Buenos Aires, la señora María Eugenia Vidal, La Chica de Flores de Girondo.
Entre la debacle del Tercer Gobierno Radical que volcaba, la dama se permitía la insolencia imperdonable de expandirse y crecer. Se destacaba en una estructura que descendía, doblegada por la culpa y la insustancialidad.
La muchacha era la alternativa providencial que podía reconducir la deriva del Colectivo Cambiemos.
La “excepción Vidal que irrita” (cliquear), cada día irritaba más. Con su presencia positiva, despojada de imposturas y de gorilismos.
Incitaba, por comparación, a la preferencia. Mantenía la fuerza angelical del carisma mientras se descascaraba el Ángel.
La Chica de Flores debía desalentar a los movilizados de su equipo. El vidalismo se daba cuerda con la posibilidad de que la muchacha fuera próximamente presidente. En 2019. No en 2023.
Trascendía su reticencia a encarar la reelección. Una receta ajena que la acotaba. Tres años más, en la provincia inviable, podían consumirle hasta el último resabio de energía.
Destape S.O.S.La teoría de ser vicepresidenta de Mauricio podía ser viable. Repetir, en la Nación, la fórmula del Artificio Autónomo, en 2011. Cuando Horacio Rodríguez Larreta, Geniol, administraba el Maxi Quiosco. La teoría tenía un sólo punto vulnerable. Mauricio prefería plancharla en La Plata.

Noción excesiva de democracia

Instalado que la Chica de Flores estimulaba la ambición presidencial.
Pero la declinación abrupta de Mauricio aceleraba los tiempos. La dama lo apreciaba, le debía una franca lealtad. Salía a defender la manteca del proyecto (que no existía). Con estricta inocencia, creía acaso que el Ángel Exterminador nunca iba a exterminarla. Aunque se diferenciara de Marcos Peña, El Pibe de Oro, el preferido de Macri para la sucesión. Con quien La Chica de Flores (como Horacio) mantenía una competencia potencial, amablemente inofensiva, casi solidaria. Sin que influyera, en contrario, el antecedente furtivo de la señora Gabriela Michetti, La Novicia rebelde.
Juntos, el Ángel y El Pibe de Oro, la habían debilitado a Michetti, hasta vaciarla. Pero con María Eugenia nunca podía repetirse la ceremonia.
Cualquiera que atraviese, en Argentina, una instancia de elevación, sabe que tiene que cuidarse. Estar alerta. Desde algún lado siempre apuntan para lanzar la perdigonada volteadora.
En principio fue una investigación periodística, en un ascendente medio artesanal, digital, “El Destape”.
Destape S.O.S.Aludía a los aportantes falsos para la campaña legislativa de 2017. Cuando Cambiemos proponía, para senador, a Esteban Bullrich, El Lopezmurphista, acompañada de la señora Gladys González, La Mosca. Y para diputados a la cristalina señora Graciela Ocaña, La Reina del Dengue y la Gripe Aviar, asistida por Toty Flores, El Pobre Permitido.
Sin reacción, La Chica de Flores no supo manejar la adversidad repentina. Tal vez creyó que bastaba con el silencio siempre alquilado de los grandes medios amigos, para diluir el efecto lacerante de las denuncias. Para encerrarlas, descalificarlas por la procedencia tendenciosa del “kirchnerismo”. El mal oficial.
Pero los aportantes falsos se multiplicaban en todas las secciones electorales. La investigación era profesionalmente impecable, y para colmo se les agregaban candidatos del propio Cambiemos. Ingratos que aclaraban que tampoco habían puesto una moneda.
Se asistía a la conjunción de dos calamidades. La usurpación de identidades, y el lavado del dinero espumoso.
De pronto, Cambiemos lavaba más blanco.
Es donde Vidal debió haberse dado exactamente cuenta que la virulencia de la perdigonada podía voltearla. Por lo menos herirla, sacarla de su eje triunfal.
Paralizada por la impotencia, nadie le alcanzaba una idea. Lejos de disolverse, el tema se multiplicaba hasta llegar a los medios amigos. Cuando ya no podían callar.
De pronto, sin nada para anunciar, Mauricio convocó con anticipación a una llamativa conferencia de prensa. Aquí La Chica de Flores debió haber comprendido que venían, con crueldad, por ella.
Entre los diez “medios periodísticos” habilitados para formular preguntas, en una excesiva noción de la democracia, se encontraba -oh casualidad-, el sitio web. “El Destape”. Destape S.O.S.El medio que se extendía a partir de las denuncias que estaban ya plácidamente en el primer plano. Exploraban un inesperado Watergate.
A su turno, el joven periodista de Destape le preguntó, al Señor Presidente, por los aportantes del escándalo.
El Ángel aprovechó para despegarse. Para aludir genéricamente a la acción (más genérica aún) de la justicia.
El objetivo de la conferencia (sin nada para decir) consistía en dejar ostensiblemente abrochada a la Gobernadora.
La dama había creído ganar migajas de tiempo al desembarazarse de su amiga, la contadora. Pero el dilema distaba de ser contable. Era político.
Por la falta de respeto a la política de sus subordinados. Por accionar políticamente sin creer en la política. Sin tener un cristiano para avisarle telefónicamente, por ejemplo al alcalde Arroyo, el regalito del Momo.
“Te puse con 50”.

Gestionar en paz

Ahora, con La Chica de Flores golpeada, malherida, Mauricio podrá gestionar en paz. Con mayor tranquilidad puede timonear la catástrofe del Tercer Gobierno Radical. Sin tener el aliento solidario, en la nuca, de la dama ejemplar.
Ante la incertidumbre, María Eugenia, junto a Horacio, se habían calzado el gobierno al hombro. Al extremo de proponer cambios.
Mientras La Chica de Flores se dedicaba a organizar reuniones, con instrucciones de Mauricio, y ahora de Nicolás Caputo, El Co, que volvía en su condición de bombero voluntario. Acercaba elementos indeseables que tenían el acceso vedado, a la mesa presunta de las decisiones.
Destape S.O.S.La Chica de Flores rehabilitó a Emilio Monzó, El Diseñador. Para que volviera a fotografiarse con Marquitos, que debía asumir el repliegue simulado y aceptar fotografiarse, con una sonrisa mansa, con Rogelio Frigerio, El Tapirito, al que no logra soportar. Y hasta con Ernesto Sanz, La Eterna Esperanza Blanca, ídem.
Sanz volvía a tallar en representación del radicalismo que presidía el gobernador Cornejo, Cornejito, “un tipo jodido”.
No había otra alternativa que asumir la ficticia amplitud. De manera que debieron agregar al coalicionismo cívico de la señora Carrió, La Demoledora. Se acercó entonces otra silla para Fernando Sánchez, El Penúltimo Lilito. Incorporaciones que quebraban, en la práctica, el circuito cerrado de poder. Que imponía Peña con las dos Luces de Ojos, Lopetegui y Quintana, para el estilo de conducción que lo hacía sentir cómodo a Mauricio.
Pero el gobierno estaba tomado. Era la vuelta del alicaído macricaputismo. Nicolás Caputo, con la enorme manguera, apagaba los fuegos generados por la mala praxis. El TGR se había estrellado contra las rocas de la realidad y naufragaron, en el entrevero, dos ministros. Mientras retrocedía, el Ángel pudo evitar que en la ofensiva le plantaran a Horacio como nuevo Premier.
Es donde El Destape, sin quererlo, le arroja a Mauricio el S.O.S. El salvavidas de la investigación.
Quien había avanzado, en nombre de la ejemplaridad, ahora debía dar explicaciones. Resolver sus problemas. El bochorno le despojaba la legitimidad de la aureola de transparencia.
Perfectamente El Ángel podía decirle a la exterminada:
Destape S.O.S.“Dedicate a los truchos tuyos, que de los truchos míos me ocupo yo”.
Después que el bombero voluntario atenuara la intensidad del fuego, cuando ya cualquier locutor pontificaba sobre el regreso del “hermano de la vida”, Mauricio palmeó fraternalmente el hombro del gran amigo para decirle:
“Gracias, Nicky, pero no vengas más”.

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El paredón de la inviable Buenos Aires

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Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas), quiere aparecer en la estampita. Recurre a Roberto Lavagna, La Esfinge. Elogio de la madurez.
La Esfinge funciona como un Konrad Adenauer argentino. Ideal para elevar al país desde la actualidad del subsuelo.
En la ilusión inofensiva, Lavagna viene acompañado por el senador Miguel Pichetto, Humprey Bogart, que funciona como la carta comodín del chin chon.
Emerge además José Manuel De la Sota, Hugo Boss. Como dato favorable, aclara que quiere presidir durante un sólo periodo. En caso de resultar electo, no va a optar por la permanencia.
Ventajas, nada menores, del almanaque que canta la madurez. Antes de partir, para dictar cátedras extrañas en las universidades del verano europeo, Hugo Boss peregrinó entre diversas minigobernaciones del conurbano bonaerense. También se entrevistó con ciertos sindicalistas notables, poco predispuestos aún a la generosidad de los monederos.
Pero asoman dos sub 50. Sergio, Titular de la Franja de Massa, y Juan Manuel Urtubey, El Hermoso Brumel, que pretenden también encabezar la fórmula. O conformar una entre ellos.
Otro hombre de arrojo es Felipe Solá, Máximo Dirigente Felipista, que se arroja y también puede ir acompañado por el comodín Pichetto.
Como en el tango Corrientes y Esmeralda, “cualquier cacatúa sueña con” llevarlo a Pichetto de dos.
Pero ocurre que El Comodín, en el entrevero, se atreve a querer ser el Uno. Acompañado por Felipe o por Sergio. Por prepotencia de distrito, la inviable Buenos Aires, Felipe y Sergio pueden figurar como fichas en todos los mecanos.
Aunque Pichetto puede ser también el vice de Sergio Uñac, otro sub 50, El Blanco Presentable.
El paredón de la inviable Buenos AiresPero justamente Uñac prefiere consolidarse primero en San Juan, su territorio. Para relegarlo a José Luis Gioja, El Güevón, a la planta permanente del Parlamento.
En el casting luce además el paisano Juan Luis Manzur, el Menemcito, el sub 50 que busca hacerse fuerte en Tucumán, pese a los sistemáticos empujones de José Alperovich, El Domador de Camellos.
Sin embargo nadie tiene el derecho de extirpar del bolillero la bolilla de Juan Schiaretti, Vuelve Juan, aunque no pueda, a su vez, distraerse de Córdoba, donde acecha el radical Mestre, detestado por el presidente del Tercer Gobierno Radical. El Ángel Exterminador.
Menos aún se puede descartar la bolilla de Omar Perotti, El Reutemann Sagaz, que puede llegar acompañado de cualquiera de los citados en el elenco estable. Aunque Perotti, por sagaz, sospeche que quieren promoverlo para la la presidencia apenas para quitarlo de la carrera de la gobernación de Santa Fe. O sea, enviarlo a pelear por la Casa Rosada para expulsarlo de la puerta de la Casa Gris.

Paredón

El Peronismo Perdonable despacha series de tickets presidenciales. Gran subasta de proyectos eventuales que se estrellan, infortunadamente, contra el paredón de la provincia (inviable) de Buenos Aires.
Con el primer interrogante que carece de la respuesta clara.
¿Qué va a hacer La Doctora con la centralidad?
El paredón de la inviable Buenos AiresMarca impuesta. La preferida por el adversario, Macri, El Ángel. Cumplen rigurosamente con el acuerdo tácito de elegirse recíprocamente como oponentes.
Como una carmelita, La Doctora se enclaustra en el silencio estratégico. Mientras tanto admite -y confidencialmente promueve- lanzamientos a canilla libre. Dependen exclusivamente de su voluntad.
El primero es Agustín Rossi, Ex Chivo, con sus discursos que encienden a las masas del Parlamento. Lo sigue Axel Kicillof, El Gótico, con su audacia infinita. Y se destaca ampliamente Alberto Rodríguez Saa, El Colibrí, gobernador del Estado Libre Asociado de San Luis, que mantiene un litigio ficticio, inexplorado mediáticamente, con su hermano Adolfo, El Alma de la Puntanidad.
¿Qué le conviene a La Doctora?
Con dinero ajeno, con el cuerpo ajeno, se juegan interpretaciones por doquier.
Postularse para la presidencia. Aceptar el juego que le propone el Ángel. Con la rutina cotidiana clavada en el edificio deplorable de Comodoro Py.
Es donde El Ángel la necesita. Para asustar a los talladores de la desastrosa economía. A los empresarios pudorosos que le temen, por las manos llagadas de tanto aplaudirla. Que se abstienen de invertir si ella, la malvada, se fortalece. Artesanos de las finanzas atormentados por su crecimiento probable, paralelo a la decepción que genera el Angelito.
Tal vez deban cuidarse de la preferencia. ¿Y si La Doctora les hace el juego y les gana?
Ya no tienen el ánimo predispuesto para aplaudirla otra vez.

Más allá del segundo cordón

Salvo Sergio -con Felipe prendido- ninguno de los innumerables postulantes puede treparse al paredón de la inviable Buenos Aires.
El paredón de la inviable Buenos AiresConsta que los minigobernadores ofrecen turnos. All inclusive. Con asado y cabalgata. Para pasear por los suburbios, sin embarrarse.
Ciertos postulantes ni se arriesgan más allá del segundo cordón, donde prospera el padecimiento y se multiplican los merenderos.
Es donde se desmorona, para ser exactos, la estrategia triunfal que diseña el pensador Jaime Durán Barba, El Equeco, y que plantea con excelencia en las tertulias.
“Donde más crecemos es en los sectores pobres del conurbano”, suele decir don Jaime, mientras Marquitos y Gerardo se contemplan, dos románticos emocionados y con los ojos rutilantes.
Por lo tanto la reelección de Macri se consolida. La paz social se adquiere con los planes. Sólo hay que evitar la caída de algunas obras de PPP y la provincia inviable queda perforada por el taladro de Cambiemos.
Para que las afectadas capas medias vuelvan a apoyar al Ángel, basta con exhibir, en los medios adictos, el rostro de Hugo Moyano, El Charol. E insistir con las proezas unificadas de Lázaro y de Cristóbal, y describir el riesgo de que La Doctora pueda salvarse de la cárcel y apostar por la presidencia.
Y socialmente más arriba, entre los talladores, pese a la gestión catastrófica, o a la sublime inoperancia, los votarán igual. Adquieren relevancia superior sólo por compararse con el miedo al fatal regreso de La Doctora, que se viene, ahora sí, “por todo”.

Desdoble

Con sus 13 o 14 millones de votantes, el paredón de la inviable Buenos Aires es la frontera de acotación de las ensoñaciones del Peronismo Perdonable (para Macri “Racional”).
Después de los réditos del silencio, La Doctora, probablemente, va a intentar la epopeya que planifica, 24 sobre 24.
“Aunque las sociedades no vuelven atrás”, insiste Durán.
El paredón de la inviable Buenos AiresY los minigobernadores la van a acompañar de nuevo. Sin tentarse con acompañar a otro peronista.
Como sostiene el pensador Vernet:
“Perder el territorio equivale a arriesgarse a perder la libertad”.
Desde la Franja de Massa avanza el proyecto de desdoblar las elecciones. Separar las comunales de las provinciales. Elegir al mini-gobernador separadamente de la elección de Gobernador, que va junto a la presidencial.
Al cierre del despacho en las minigobernaciones se discute al respecto. También se discute entre las desconfianzas del Colectivo Cambiemos.
Según Joaquín de la Torre, El Ancho de San Miguel, ministro de gobierno de la señora María Eugenia Vidal, con el esquema desdoblado La Chica de Flores arrasa.
Pero Vidal se permite la licencia de dudar. Supone que Sergio, buen jugador, va a canjearle el apoyo al presupuesto, que ella necesita, por el apoyo oficial a las elecciones diferenciadas.
Aunque lo calle, la Gobernadora no está segura de presentarse a la reelección. Tres años más en el paredón de la provincia inviable puede consumir sus energías. Hasta el agotamiento.
Hoy La Chica de Flores se desgasta por la sorpresiva proliferación de aportantes truchos en su escuadra. La usanza tradicional que espanta a los profanos, pero que conocen de memoria los que saben de qué se trata. Brotan sospechas. Se alude con discreción a los rencores internos. A las fragilidades que salieron desde adentro. Al fuego amigo.
El problema es que Cambiemos puso inútilmente alta la vara de la transparencia. Tan alta que, de pronto, se les voló. Para sumergirse en el vicio que teóricamente vinieron para desterrar.
A pesar de ellos, y para concluir, dos Perdonables presidenciables, Sergio y Felipe, integran igualmente el bolillero de la gobernación.
El paredón de la inviable Buenos AiresPara competir con Vidal, o quizás con Cristian Ritondo, El Potro (de superior aprobación entre los cinco medidos), se apuntan dos minigobernaciones.
Acaso para constar en actas, amaga otra vez Martín Insaurralde, El Jésico, minigobernador de Lomas de Zamora. Pero quien se planta, sin amagues, es la señora Verónica Magario, La Clyde, minigobernadora del Sigmaringen de La Matanza

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Perdonables entre La Doctora y el Ángel

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En su altiva declinación, el Tercer Gobierno Radical necesita acordar con el Peronismo Perdonable, vacilante y disperso.
Pero ya no sólo por el presupuesto de 2019. “Hace falta un acuerdo amplio, superador”.
Lo confirma Rogelio Frigerio, El Tapirito, Ministro del Interior, felizmente aceptado en la mesa relativa de las decisiones.
Pero persiste una extraña reciprocidad. La desconfianza mutua ante la palabra empeñada.
La de los Perdonables, que tienen una pluralidad de jefes fragmentarios (o sea no tienen jefe).
O la palabra de los macristas, que procuran embocarlos.
La Fábula del Acuerdo le sirve a Mauricio Macri, El Ángel Exterminador -presidente del TGR-, para compartir, con los Perdonables, la grandeza del fracaso perceptible de su administración.
Sin transmitirlo en público, lo sostienen algunos resignados Perdonables que se predisponen al riesgo de ayudar. Para salvar la ropa propia. El territorio.
Tanto legisladores de medialuna enarbolada, que procuran permanecer o ascender, como gobernadores con o sin ambiciones protagónicas, tratan de evitar la caída en la trampera.
Las opciones son igualmente perjudiciales.
Si se acuerda, se asocian mecánicamente a las políticas innovadoras que acabaron en el vejestorio del Fondo Monetario Internacional.
“Llegaron con el cuento del cambio para suplicar por la bacinilla del Fondo”.
Perdonables entre La Doctora y el ÁngelSi no se acuerda, son incorporados, sin anestesia, al kirchnerismo funcional que supieron servir, y que hoy adopta la categoría del agravio.
Cuesta asumir la historia que los estrategas astutos del TGR saben manipular.
Quedan como obstaculizadores especulativos que aguardan el reposo terminal de lo que está en el piso.
“El peronismo sabe que hizo mucho daño en el último gobierno, y que ya no hay más lugar para la demagogia”.
Así martilla el Ángel desde la prensa. Arbitra entre las diferentes posiciones de los privilegiados de “la mesa chica número dos”.
La mesa que contiene a María Eugenia, La Chica de Flores de Girondo, y a Horacio, El Geniol. Los adictos a las negociaciones sociales con los Perdonables. Hasta en un restaurante de San Isidro, que funciona como un espejismo para las capas medias.
Gastronomía que espanta a Marcos, El Pibe de Oro. Como al convaleciente don Jaime, El Equeco, pensador que brilla en la “mundanité” porteña. Aunque aturda en sus monólogos con la problemática de Méjico, para no referirse a la Argentina.
“¿Para qué arreglar con los peronistas, si te van a c…? Nunca cumplen. Aunque sean más divertidos que los radicales”.

Hombre con suerte

¿Es Macri, todavía, un hombre con suerte?
Perdonables entre La Doctora y el ÁngelEs el mito que confirman sus amigos históricos. Ponen -como Angelici, El Tano- el ajado ejemplo del paso por Boca Juniors, donde arrancó mal.
“Pero después acomodó el barco y se ganó todo”. Claro que lo tuvo a Carlos Bianchi.
O recurren al paso por la Jefatura del Maxi Quiosco de la Capital, donde empezó también mal. Hasta acomodar el barco y quedar como un gestor aceptable.
“Todo por la tontería de la «vía rápida»”.
Pero lo tuvo a Rodríguez Larreta.
En cambio, para timonear la barcaza del país hay que estar “muy preparado”, como confirma el pensador Jorge Giaccobe, El Versallesco.
Con el manto perversamente cruel de las verdades, la realidad lo supera. Dista de ajustarse a la comodidad de los slogans que le elaboran Marquitos y don Jaime.
La barcaza ya la chocó y ahora enfrenta el peligro de hundirse. De todos modos aspira a ofrecer a los Perdonables camarotes en su Titanic.
El Ángel presenta síntomas justificados de decepción súbita. Suele amargarse con la monotonía de las quejas. Despotrica contra los peronistas reversibles.
Los lleva de paseo. Los varea. Les muestra a los gobernadores y/o legisladores ciertos rincones privilegiados del poder, donde se florea con los grandes líderes. Para comprometerlos como activos sostenes del arreglo con el Fondo. Pero al regresar, para los medios, los audaces dicen todo lo contrario.
Las palabras pronunciadas en los ámbitos externos parecen no servir para las tensiones del consumo interno.
Perdonables entre La Doctora y el ÁngelPero se enoja también con los sindicalistas reversibles. Tampoco le cumplen -protesta- con lo que le prometen en privado. En Olivos o en La Rosada.
Sabe que a los políticos los regula la implacable frialdad de La Doctora, de la que pretenden despegarse.
Si se le acercan demasiado a Macri, como dadores voluntarios de gobernabilidad, La Doctora los fulmina. Con el desdén o con el silencio.
Sabe además el Ángel que a los sindicalistas, quien les pone la varilla de aceite, para medirlos, y regularlos, es Moyano, El Charol.
Terminan con el planteo de un paro que invalida los abundantes diálogos previos.
“Lo hacen quedar a Jorgito y a Quintana, como dos… distraídos, digamos”.
Para volver al día siguiente, a la franela cotidiana del teléfono.
Al final los políticos y los sindicalistas del peronismo son tan “garcas” como los empresarios que le reclaman, con fervor, que ajuste.
Pero cuando se decide a ajustar, después de las vacilaciones y con el pretexto del FMI, los empresarios comienzan a tomar distancias. A expresar preocupación. A permitirse criticarlo, en voz baja, mientras desfilan las componendas que trascienden y perforan la Fábula de la Transparencia.

La rotonda

Es factible que emerjan los esquemas plácidos.
“El peronista que no quiera acordar se queda pegado al kirchnerismo”.
La Garganta es partidaria de fundir las identidades en una sola. “En el fondo son lo mismo. Peronistas”.
La deducción entonces es tan obvia como la declinación. Enigma sólo para chiquilines.
Aquel peronista que acuerde se va a quedar pegado a la caída de Macri. Y con el Fondo.
En la rotonda, se le abren a los Perdonables dos caminos principales. No existe ninguna “ancha avenida del medio”.
En la permanente campaña electoral, con el marco divisorio del aborto (el balazo que el macrismo se tiró en el pie) los fragmentos del Peronismo Perdonable deben resolver si se asocian al Ángel, o lo dejan estrellarse solo.
Que se haga cargo de los errores encadenados de la historia. Se suman a los propios.
“Cuando las encuestas los favorecían, nos orinaban desde el estrado, nos marcaban la superioridad con globos”, confirma otra Garganta.
“En la lona, con los números en contra, ahora quieren acordar”.
Para embocarlos, en la práctica, con el fango de las pérdidas. Para arrastrarlos hacia la utopía del ajuste.
Extirpar el 1,3 del PBI, recortar 7.500 mil millones de dólares. Para la artesanía del presupuesto comprometido con Madame Lagarde.
Si le quitan la nalga a la jeringa del acuerdo, si lo resisten, le ponen al TGR severos “miguelitos” en el camino.
Aunque queden embocados en el fango fundamental de La Doctora.

El consuelo espiritual

Al cierre del despacho, el TGR ensaya el consuelo espiritual de encontrarle causas externas a la formidable cuesta abajo que mandó el país a la B.
Conste que no se pusieron el país de sombrero por haber sido ineptos, improvisados, insustanciales.
Fue porque Estados Unidos, al subir la tasa de interés, clausuró para la Argentina el generoso despliegue del crédito externo. Para mandarlo a Caputo, El Toto, nuestro Gordon Gekko, a rapiñar dinero en el FMI. Decisión estratégicamente medular que se tomó en media hora.
Aparte, a los macristas duros del “campo”, no se les puede manotear ninguna otra moneda. Si hasta debieron recular con el manoteo a las retenciones. Los pobres chacareros padecen el coctel virtual de sequía e inundaciones. Por la cosecha triste se perdieron diez mil millones. Lo mismo que, por la mala praxis, dilapidaron para contener, sin conseguirlo, la vorágine del dólar. Entre el delicioso conjunto de atorrantes que se autodenomina “el mercado”. A merced de los discípulos de Michael Douglas (cliquear).
Consta en actas también el aumento del petróleo. Sin restar importancia a la desgracia de los niños futbolistas en la cueva de Tailandia. A la guerra comercial entre el delirante Trump y China. O el triunfo en Italia de la xenofobia de Mateo Salvini. O del Duque de Colombia que despoja al Ángel, injustamente, de la centralidad en el sur del continente. Por situarse, el Duque invasor, más a la derecha aún que Macri, y por ser -imperdonablemente- casi 20 años más joven.

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