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El dólar frenó su escalada y el riesgo país cayó a mínimos de la era Milei

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La estabilidad financiera volvió a ocupar el centro de la escena este jueves. Mientras el dólar oficial registró su primera baja de la semana y el riesgo país se acercó al nivel más bajo desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, los mercados interpretaron las señales como una consolidación del proceso de normalización macroeconómica impulsado por el Gobierno.

La divisa estadounidense retrocedió tanto en el segmento minorista como en el mayorista. En el Banco Nación, el dólar para la venta cerró en 1.455 pesos, cinco pesos por debajo de la jornada anterior, mientras que en el mercado mayorista la cotización descendió hasta los 1.436,50 pesos. Se trata del primer retroceso semanal luego de varias ruedas de presión alcista que habían puesto a prueba el nuevo esquema de bandas cambiarias implementado por el Gobierno.

Aun con la baja, el tipo de cambio oficial continúa lejos del techo de la banda de flotación, ubicado actualmente en 1.767,17 pesos. La distancia superior al 23% refleja que el mercado continúa operando con margen dentro del esquema diseñado por el Ministerio de Economía y el Banco Central.

El dato más relevante de la jornada fue la confirmación de que el Banco Central logró cumplir en apenas poco más de cinco meses la meta anual de acumulación de reservas prevista para este año. El cumplimiento anticipado de ese objetivo constituye una señal observada con atención tanto por los inversores como por los organismos internacionales, especialmente en un contexto donde la consolidación de reservas sigue siendo uno de los principales indicadores de fortaleza financiera del país.

La actividad cambiaria mostró además un importante nivel de operaciones. El volumen negociado en el segmento de contado superó los 597 millones de dólares y el total operado durante la jornada alcanzó aproximadamente los 1.229 millones de dólares, reflejando una elevada liquidez del mercado.

Los mercados comienzan a descontar estabilidad cambiaria

Las expectativas también se reflejaron en el mercado de futuros, donde predominó una tendencia bajista en los contratos correspondientes a 2026 y 2027. La lectura implícita es que los operadores anticipan una menor presión cambiaria para los próximos meses.

Las proyecciones privadas ubican al dólar mayorista en torno a los 1.454 pesos para fines de junio y cerca de los 1.632 pesos para diciembre, cifras que sugieren un sendero de depreciación más moderado respecto de los escenarios que se manejaban meses atrás.

Mientras tanto, los dólares financieros mostraron movimientos acotados. El contado con liquidación operó en torno a los 1.513 pesos y el dólar MEP cerca de los 1.457 pesos. La brecha cambiaria entre el CCL y el dólar oficial mayorista se redujo al 5,2%, uno de los niveles más bajos de los últimos años y un dato que fortalece la narrativa oficial sobre la convergencia de los distintos mercados cambiarios.

El riesgo país perfora los 500 puntos y apunta a nuevos mínimos

La mejora de las expectativas también se trasladó al mercado de deuda. El riesgo país, medido por el JP Morgan, cayó hasta los 486 puntos básicos, una reducción del 1,2% respecto de la rueda anterior y apenas cinco puntos por encima del mínimo registrado durante la administración Milei.

El indicador acumula seis jornadas consecutivas por debajo de los 500 puntos, una barrera simbólica para los mercados porque refleja una disminución significativa en la percepción del riesgo argentino frente a los inversores internacionales.

La baja estuvo impulsada por una nueva recuperación de los bonos soberanos. Tanto los títulos bajo legislación local como los emitidos bajo ley extranjera registraron subas que alcanzaron hasta el 1%, consolidando una tendencia positiva que comenzó luego del acuerdo financiero y las señales de ordenamiento fiscal exhibidas por el Gobierno.

Aunque Argentina continúa lejos de los niveles de riesgo que exhiben economías emergentes con acceso pleno al financiamiento internacional, la trayectoria descendente del indicador fortalece las expectativas de una eventual reapertura gradual del crédito externo en el mediano plazo.

Las acciones acompañan el optimismo

La Bolsa también reflejó el mejor humor de los inversores. En Wall Street, los ADR argentinos mostraron mayoría de alzas encabezadas por IRSA, que avanzó 3,5%, seguida por Cresud con una mejora del 1,7%.

La tendencia se replicó en el mercado local, donde IRSA lideró las ganancias con una suba de 3,8%, seguida por Ternium con 2,6% y Transener con 2,1%.

Detrás de estos movimientos aparece una lectura común de los operadores: la combinación de equilibrio fiscal, acumulación de reservas, menor incertidumbre cambiaria y descenso del riesgo país comienza a generar un entorno financiero más previsible.

Qué implica para Misiones y las economías regionales

Para provincias exportadoras como Misiones, la estabilización cambiaria representa un escenario de doble lectura. Por un lado, reduce la incertidumbre macroeconómica y mejora las condiciones para planificar inversiones. Por otro, obliga a sectores exportadores como la yerba mate, la forestoindustria, el té y el tabaco a ganar competitividad vía productividad y eficiencia, en un contexto donde el tipo de cambio deja de funcionar como principal mecanismo de compensación.

La caída del riesgo país también tiene impacto indirecto sobre las economías regionales. Una mejora en el acceso al financiamiento soberano suele traducirse, con rezago, en mejores condiciones para el crédito privado, infraestructura y proyectos productivos de largo plazo.

Por ahora, el mercado parece respaldar la estrategia económica del Gobierno. La incógnita continúa siendo si estas mejoras financieras podrán sostenerse en el tiempo y traducirse en una recuperación más amplia de la actividad económica, el empleo y el consumo. Ese será el verdadero examen para una administración que logró estabilizar variables clave, pero que aún enfrenta el desafío de consolidar el crecimiento.

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Riesgo país debajo de 500: el mercado apuesta a la estabilidad financiera

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La baja del riesgo país por debajo de los 500 puntos volvió a encender el optimismo financiero sobre la Argentina. El indicador de JP Morgan cerró en 494 unidades, su nivel más bajo en años, mientras las acciones y bonos argentinos extendieron la racha alcista tanto en Buenos Aires como en Wall Street. La mejora llega acompañada por un dato que el Gobierno considera central: las reservas del Banco Central superaron los USD 48.500 millones, el mayor nivel desde septiembre de 2019.

El movimiento tiene impacto político y económico. Para el mercado, el descenso del riesgo país implica una menor percepción de default y reabre expectativas de financiamiento externo para empresas y eventualmente para el propio Estado. Pero para Misiones y el NEA, la lectura es más compleja: el clima financiero mejora en Buenos Aires mientras el interior productivo sigue condicionado por el costo del crédito, la presión fiscal y un consumo todavía débil.

El mercado consolida el “trade Argentina”

La rueda dejó una postal que hace meses parecía improbable: activos argentinos desacoplándose parcialmente de la volatilidad regional y acompañando el rally de Wall Street.

El S&P Merval ganó 0,7%, hasta los 3.089.497 puntos, acumulando en mayo una suba cercana al 10% tanto en pesos como en dólares. En Nueva York, los ADR argentinos mostraron mayoría de alzas, con destaque para Banco Macro y Globant.

Los bonos soberanos en dólares también avanzaron, aunque con selectividad. El resultado alcanzó para que el riesgo país perforara nuevamente el umbral psicológico de los 500 puntos, una barrera que el mercado sigue utilizando como referencia de “normalización financiera”.

Detrás de esa mejora aparecen tres factores: fuerte compra de reservas del Banco Central; rollover positivo del Tesoro en la licitación de deuda; expectativa de desaceleración inflacionaria.

Luis Caputo alimentó ese escenario al anticipar que la inflación de mayo sería inferior a la de abril y al insistir en que el programa económico atraviesa una etapa de consolidación.

Reservas récord y dólar quieto: el ancla que observa el NEA

El Banco Central compró USD 447 millones en la jornada y acumula adquisiciones por casi USD 9.700 millones en 2026. Las reservas brutas alcanzaron USD 48.511 millones, un nivel que el mercado interpreta como señal de fortalecimiento del balance monetario.

En paralelo, el dólar mayorista cerró en $1.410, mientras que el minorista y el blue terminaron alineados en torno a los $1.430.

Para Misiones, la estabilidad cambiaria tiene una importancia estratégica distinta a la del centro financiero porteño. La provincia convive con una economía fronteriza altamente sensible al diferencial de precios con Brasil y Paraguay. Cuando el dólar se acelera, aparecen distorsiones comerciales inmediatas; cuando se estabiliza, el comercio local recupera algo de previsibilidad.

Sin embargo, el nuevo escenario también tiene un efecto dual: mejora la capacidad de planificación para importadores y comercios; pero encarece en dólares costos internos que afectan competitividad regional.

Sectores como madera, yerba, té y turismo siguen mirando con atención el tipo de cambio real. Un peso apreciado favorece la desaceleración inflacionaria, pero reduce márgenes exportadores en economías regionales que ya vienen operando con rentabilidad comprimida.

Bancos y energía lideran el apetito inversor

El rally volvió a concentrarse principalmente en acciones bancarias. Banco Macro encabezó las ganancias tanto en Buenos Aires como en Wall Street.

El dato no es casual. El mercado está anticipando un escenario donde: baja el riesgo soberano, cae la inflación, mejora el crédito, y se normaliza progresivamente el sistema financiero.

Ese movimiento tiene implicancias concretas para provincias como Misiones, donde el acceso al financiamiento productivo sigue siendo uno de los principales cuellos de botella.

Hoy muchas pymes forestales, yerbateras y comerciales continúan trabajando con tasas reales todavía elevadas, pese a la desaceleración inflacionaria. La mejora financiera nacional todavía no se traduce plenamente en crédito accesible para el interior productivo.

Wall Street ayuda, pero el petróleo sigue condicionando

El contexto internacional también colaboró. Wall Street cerró nuevamente en máximos históricos tras datos de inflación estadounidense levemente mejores a lo esperado.

El índice PCE —la medición favorita de la Reserva Federal— mostró un incremento mensual de 0,4%, moderando temores sobre nuevas subas agresivas de tasas.

Además, el mercado siguió de cerca las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. La posibilidad de avances diplomáticos redujo parcialmente la tensión sobre el petróleo: el Brent cayó 0,5%; mientras el WTI subió 0,3%.

Para Argentina, un petróleo más estable implica menor presión sobre costos energéticos y combustibles. Para Misiones, donde el transporte explica buena parte de la estructura de costos logísticos, cualquier moderación energética tiene impacto directo sobre precios y competitividad.

El dato silencioso: el Tesoro volvió a financiarse sin sobresaltos

Otro punto clave de la jornada fue la última licitación del Tesoro. El Gobierno consiguió un rollover del 114%, captando $12,6 billones frente a vencimientos por $11 billones. La señal fue leída positivamente porque reduce presión monetaria y evita expansión adicional de pesos.

La demanda se concentró principalmente en instrumentos de corto plazo y tasa fija, reflejando que el mercado empieza a extender duración, aunque todavía mantiene cautela sobre horizontes más largos.

El éxito financiero le da oxígeno político al Gobierno en momentos donde busca consolidar el proceso de desinflación antes de las elecciones legislativas.

El entusiasmo financiero convive con una economía real que todavía muestra heterogeneidad. En Misiones, el consumo continúa lejos de los niveles previos al ajuste de 2024. La recuperación aparece fragmentada: mejoran algunos segmentos vinculados a turismo y comercio fronterizo; persisten dificultades en industria y producción primaria; el crédito productivo aún no acompaña la baja del riesgo financiero.

El desafío para el Gobierno será transformar el “momentum” de mercado en mejora concreta de actividad y empleo fuera del AMBA.

Porque mientras el riesgo país perfora los 500 puntos y Wall Street vuelve a premiar activos argentinos, en el interior productivo todavía persiste una pregunta más terrenal: cuándo esa estabilidad financiera llegará efectivamente al bolsillo, al consumo y a la inversión regional.

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Dimon advierte sobre el crédito privado y anticipa tensiones en el sistema financiero global

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El CEO de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, encendió una señal de alerta sobre el sistema financiero al advertir que el mercado de crédito privado podría enfrentar una desaceleración “peor de lo esperado”. La advertencia llega en un contexto de endurecimiento de las condiciones globales, con tasas más altas y menor liquidez.

El dato central: el segmento bajo observación mueve alrededor de US$1,8 billones y se consolidó como una fuente alternativa de financiamiento para empresas fuera del circuito bancario tradicional. Hoy, ese mismo crecimiento expone vulnerabilidades.

Marco financiero: del auge del crédito a la presión por tasas

El endurecimiento de las condiciones financieras globales vuelve a encender la alerta en uno de los segmentos más dinámicos del sistema: el crédito. En este contexto, Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, advirtió nuevamente sobre los riesgos asociados a una eventual caída del mercado crediticio, en particular del crédito privado, que en los últimos años mostró un crecimiento acelerado.

Según publicó Bloomberg Línea, el ejecutivo señaló que hay una desaceleración en este segmento que podría ser “peor de lo esperado”, incluso en un escenario donde los balances bancarios tradicionales se mantienen relativamente sólidos.

La advertencia se da en medio de un contexto en el que el crédito privado —estimado en torno a US$1,8 billones— ha ganado protagonismo como alternativa de financiamiento para empresas fuera del circuito bancario tradicional.

Dimon señaló que, si bien este mercado no necesariamente representa un riesgo sistémico inmediato, sí existen vulnerabilidades relevantes. Entre ellas, destacó la proliferación de más de mil firmas operando en el sector, lo que sugiere que no todos los actores podrán resistir un cambio en el ciclo económico.¿Cómo se llegó a este punto con el crédito?

El crecimiento del crédito privado estuvo impulsado por años de tasas relativamente bajas y una fuerte demanda de financiamiento corporativo. Sin embargo, el actual escenario de tasas elevadas y condiciones financieras más restrictivas comienza a poner presión sobre la calidad de esos préstamos.

En ese sentido, Dimon remarcó que una corrección podría traducirse en pérdidas significativas para algunos inversores y tensiones en determinados segmentos del mercado.

El diagnóstico del CEO de JPMorgan se alinea con otras advertencias recientes dentro de la industria financiera. Distintos analistas vienen señalando que el relajamiento en los estándares de otorgamiento de crédito, sumado a la competencia entre fondos y prestamistas no bancarios, incrementó el riesgo en las carteras.

Este fenómeno recuerda, en cierta medida, dinámicas observadas antes de crisis financieras previas, aunque en un contexto regulatorio diferente.

Dimon alerta sobre episodios de estrés en el sistema

A pesar de estas preocupaciones, Dimon evitó calificar al crédito privado como una amenaza sistémica comparable a la crisis subprime de 2008. No obstante, insistió en que el mercado podría enfrentar episodios de estrés relevantes si la economía global se desacelera o si se materializan riesgos adicionales, como tensiones geopolíticas o cambios abruptos en las condiciones de liquidez.

El trasfondo macroeconómico refuerza estas inquietudes. Persisten factores de incertidumbre como la inflación, los conflictos internacionales y la evolución de las tasas de interés, todos elementos que pueden impactar directamente en la capacidad de repago de empresas altamente apalancadas. En este marco, el crédito se convierte en un canal clave de transmisión de riesgos hacia el sistema financiero más amplio.

Para los inversores, el rendimiento adicional que ofrece el crédito privado frente a otros activos viene acompañado de mayores riesgos, especialmente en un entorno menos favorable. La selectividad y el análisis de calidad crediticia se vuelven, así, factores determinantes.

Las advertencias de Dimon reflejan una preocupación creciente en Wall Street sobre la sostenibilidad del actual ciclo crediticio. Si bien no se anticipa una crisis inminente, el consenso empieza a inclinarse hacia un escenario de mayor volatilidad y posibles correcciones, en el que no todos los participantes del mercado lograrán sortear con éxito el cambio de condiciones.

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El CEO de JP Morgan elogió a Milei y destacó el giro económico de Argentina ante banqueros internacionales

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El presidente Javier Milei sumó este martes un respaldo relevante del sistema financiero internacional. Durante un encuentro con banqueros, el CEO de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, elogió la orientación económica del Gobierno argentino y afirmó que el mandatario tiene “convicciones muy sólidas sobre cómo arreglar un país”.

El pronunciamiento no fue un comentario menor. Dimon habló ante ejecutivos del sistema financiero global en un contexto en el que la administración libertaria busca consolidar confianza externa y atraer capitales. Desde esa tribuna, el banquero presentó a Argentina como un caso potencial de transformación económica, destacando la reducción de la inflación, el ajuste fiscal y la apertura de los mercados de capitales.

El respaldo se inscribe en un momento político en el que el Gobierno intenta consolidar su programa de reformas mientras mantiene una narrativa de cambio estructural del modelo económico. Y plantea una pregunta implícita: ¿hasta qué punto el apoyo del sistema financiero internacional puede traducirse en inversiones concretas y sostener el programa económico del oficialismo?

La mirada del sistema financiero sobre el giro económico argentino

En su intervención, Dimon trazó un contraste histórico para explicar la situación argentina. Recordó que en 1917 el país tenía un producto per cápita comparable al de Francia y destacó que contaba con recursos naturales abundantes, capacidad agrícola, minerales, petróleo y una población educada con universidades y escuelas de prestigio.

Sin embargo, señaló que hoy el ingreso per cápita argentino representa aproximadamente una décima parte del francés. Ese diagnóstico sirvió como punto de partida para destacar el cambio de rumbo que, según el ejecutivo, impulsa el actual gobierno.

Dimon enumeró varios factores que, desde la perspectiva de los mercados financieros, explican ese giro. Mencionó la claridad regulatoria introducida por la administración de Milei, la apertura de los mercados de capitales y el control del Banco Central de la República Argentina.

También destacó la desaceleración de la inflación, que —según su exposición— pasó de niveles cercanos al 2% diario, equivalentes a más de 200% anual, a un ritmo cercano al 2% mensual. Para el banquero, ese proceso constituye un “milagro” en términos de estabilización macroeconómica.

En la misma línea, señaló que el Gobierno dejó de monetizar deuda pública, redujo el déficit fiscal a niveles cercanos a cero y comenzó a recuperar el balance de reservas internacionales.

Capitales, recursos y el interés de las empresas

El CEO de JPMorgan también planteó que existe un creciente interés empresarial por invertir en Argentina. Según sostuvo, varias compañías evalúan oportunidades en el país a partir de sus recursos naturales, su potencial energético y la disponibilidad de mano de obra calificada.

Para el banquero, ese escenario configura lo que definió como “un giro asombroso”, difícil de imaginar apenas cuatro o cinco años atrás.

En su exposición señaló que el crecimiento económico cercano al 5% registrado el año pasado fue “casi inaudito” para los analistas que observaban la economía argentina desde el exterior. Ese desempeño, dijo, se vincula con una agenda pro mercado basada en reformas estructurales, incluyendo cambios laborales y regulatorios.

Dimon incluso proyectó que el caso argentino podría convertirse en una referencia internacional sobre cómo revertir crisis económicas profundas. En ese marco, mencionó que el país podría transformarse en un ejemplo para otros gobiernos que busquen aplicar reformas orientadas al mercado.

Un vínculo financiero que ya tiene antecedentes

El ejecutivo también recordó la presencia histórica de JPMorgan Chase en el país y destacó el centro de servicios que la entidad mantiene en Argentina, con aproximadamente 5.000 empleados.

Durante su intervención valoró además el trabajo de Facundo Gómez Minujín, quien encabeza la filial local del banco.

El directivo mencionó asimismo operaciones financieras recientes realizadas por la entidad para asistir al Estado argentino, incluyendo acuerdos de financiamiento tipo repo por alrededor de 2.000 millones de dólares.

El vínculo entre el banco y el Gobierno ya había tenido un episodio visible meses atrás, cuando Dimon visitó Buenos Aires en octubre para participar de un evento global organizado por la entidad y mantener una reunión con el presidente Milei.

El peso político de un respaldo externo

Las declaraciones de Dimon tienen una dimensión que excede lo financiero. En la lógica política del Gobierno, el reconocimiento de figuras centrales del sistema financiero global funciona como validación internacional de su programa económico.

Ese respaldo resulta particularmente relevante en un momento en el que el oficialismo intenta sostener reformas estructurales en medio de tensiones políticas internas y debates legislativos sobre cambios regulatorios.

Al mismo tiempo, el reconocimiento de Wall Street alimenta la narrativa oficial sobre un cambio de ciclo económico en Argentina, donde la estabilización macroeconómica sería el paso previo a una etapa de crecimiento sostenido basado en inversiones.

Un proceso en construcción

El elogio del principal ejecutivo de JPMorgan ofrece una señal de confianza hacia el rumbo económico del Gobierno. Pero también expone la dimensión de expectativa que hoy rodea al caso argentino en los mercados internacionales.

El interrogante de fondo sigue siendo si ese respaldo financiero y discursivo se traducirá en un flujo sostenido de capitales y en proyectos de inversión concretos.

En la economía argentina, la diferencia entre expectativas y resultados suele medirse con el paso del tiempo. Y ese proceso, por ahora, todavía está en desarrollo.

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La Bolsa porteña cae por quinta rueda y el riesgo país roza los 600 puntos en medio de la guerra en Medio Oriente

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La Bolsa porteña cae por quinta rueda y el riesgo país sube a 598 puntos tras la escalada bélica iniciada por Estados Unidos e Israel en Medio Oriente, tras los ataques a Irán.

La escalada bélica en Medio Oriente volvió a golpear a los mercados y la Argentina quedó atrapada en la ola vendedora. Este martes, la Bolsa porteña encadenó su quinta caída consecutiva: el índice S&P Merval retrocede 3% en pesos y 3,7% en dólares, hasta los 2.552.000 puntos, su nivel más bajo desde el 27 de octubre, inmediatamente después de las elecciones legislativas.

En paralelo, los bonos soberanos en dólares —Bonares y Globales— ceden en promedio 2%, mientras el riesgo país elaborado por JP Morgan sube 32 unidades y alcanza los 598 puntos básicos, el valor más alto desde el 12 de diciembre.

El dato es más que financiero. En un contexto internacional convulsionado por la guerra aérea entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el mercado argentino vuelve a exhibir su vulnerabilidad estructural. La tensión externa acelera las dudas internas.

Shock global y energía en el centro del tablero

Las explosiones en Teherán y Beirut, junto con la expansión del conflicto hacia El Líbano, dispararon ventas masivas en los principales mercados del mundo. Los índices de Wall Street registran pérdidas de hasta 2%, mientras el precio del crudo salta alrededor de 8%.

El Brent del Mar del Norte se ubica cerca de los USD 84 por barril, su máximo desde julio de 2024. La suba responde a la interrupción del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo mundial, y a la ofensiva aérea que ya provocó la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei.

Irán calificó la ofensiva como un ataque no provocado y respondió con misiles y drones contra países árabes vecinos, además de restringir la navegación en la zona. Estados Unidos ordenó evacuar personal no esencial de varios países del Golfo y cerró misiones diplomáticas tras ataques con drones.

La dimensión energética del conflicto altera expectativas de inflación global y endurece las condiciones financieras para economías emergentes como la Argentina.

Mercado local bajo presión y señales de fragilidad

En ese marco, la plaza local profundiza su corrección. El retroceso del S&P Merval lo devuelve a niveles previos al rebote poslegislativo, borrando buena parte del impulso político que siguió a la última votación.

Los bonos soberanos acompañan la caída y el riesgo país se acerca a los 600 puntos. Ese umbral no es simbólico: marca una brecha de tasas que encarece cualquier intento de financiamiento externo y condiciona la estrategia fiscal y monetaria.

La correlación es directa. A mayor tensión global y suba del petróleo, mayor presión sobre activos de riesgo. En el caso argentino, esa sensibilidad se amplifica por la dependencia del crédito y la necesidad de sostener expectativas de estabilidad.

Volatilidad, liderazgo y margen de maniobra

La guerra agrega un factor que ningún programa económico controla: la duración del conflicto. Una fuente citada por Reuters indicó que la campaña israelí fue planificada para dos semanas y que avanzaba más rápido de lo previsto, con el objetivo de derrocar al sistema gobernante iraní.

Si el conflicto se extiende o compromete de forma sostenida el suministro energético, la volatilidad podría profundizarse. Para la Argentina, el escenario combina tres variables críticas: precios internacionales en alza, presión financiera externa y sensibilidad política doméstica.

El mercado ya dio una señal. La pregunta es cuánto margen conserva el frente económico para absorber un shock externo prolongado sin que la tensión financiera se traslade a otras variables.

Por ahora, la Bolsa cae, el riesgo país escala y el petróleo se mantiene en máximos. El tablero global se mueve con velocidad y los activos locales reflejan, una vez más, que la estabilidad interna depende también de factores que se deciden lejos de Buenos Aires.

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