Lácteos: menos consumo real y señales de agotamiento del mercado
Las ventas de productos lácteos en supermercados durante noviembre de 2025 alcanzaron los $246.502 millones, pero el dato, lejos de mostrar una recuperación sólida, vuelve a encender luces de alerta sobre el estado real del consumo. En términos mensuales, la facturación cayó 3,7% respecto de octubre y 0,5% en el promedio diario, mientras que en la comparación interanual creció 19,5%, un ritmo inferior al aumento de precios del rubro, que según el Índice de Precios al Consumidor de Productos Lácteos del INDEC (incluyendo huevos) fue del 20,1%.
Esa brecha, aunque acotada, es clave: indica que las ventas no lograron acompañar siquiera la inflación sectorial, lo que permite inferir una leve pero persistente caída en el volumen físico vendido. En otras palabras, se factura más pesos, pero se venden menos litros, kilos o unidades.
El deterioro se vuelve más evidente cuando las ventas se analizan en moneda constante. En el acumulado de enero a noviembre de 2025, las ventas de lácteos muestran una caída real del 5% interanual, pese a un crecimiento nominal del 35,5%. La contracción también se refleja en la comparación estrictamente interanual de noviembre, con un retroceso del 9% en términos reales.
Paradójicamente, los lácteos ganaron participación en el ticket total del supermercado. En noviembre de 2025 representaron el 11,1% de las ventas totales, levemente por encima del promedio histórico de los últimos trece noviembres (10,8%). Sin embargo, este mayor peso relativo no implica un mejor desempeño, sino que refleja que otros rubros del consumo masivo están aún más deprimidos.
De hecho, los datos de largo plazo refuerzan una tendencia preocupante: el valor real de las ventas de lácteos en supermercados muestra una trayectoria descendente en los últimos nueve años, aun ajustado por inflación. Tanto la tendencia general como los promedios móviles confirman que el sector vende cada vez menos en términos reales, incluso en períodos de recuperación parcial del consumo.
Uno de los rasgos más claros del escenario actual es que la recuperación en volumen no se traduce en recuperación en valor. La sobreoferta de productos lácteos ha contenido los precios, que vienen creciendo por debajo del IPC general, erosionando los márgenes de la cadena.
Esto beneficia parcialmente al consumidor, pero tensiona a la industria y a los productores, que enfrentan costos crecientes con precios finales que no logran acompañarlos. El fenómeno, lejos de ser coyuntural, empieza a consolidarse como una restricción estructural del negocio.
Cambio profundo en los medios de pago
Otro dato que refleja el cambio en los hábitos de consumo es el predominio de la tarjeta de crédito como principal medio de pago, muy por encima del débito y del efectivo. Hace apenas cinco o seis años, esas tres modalidades se repartían casi en partes iguales.
La expansión del crédito -y el fuerte crecimiento interanual de los “otros medios de pago”, con un salto del 52%– sugiere que el consumo de alimentos básicos también se financia, una señal elocuente del deterioro del poder adquisitivo de los hogares.
En los autoservicios mayoristas, el desempeño fue distinto. Las ventas totales crecieron 8,2% interanual, pero los lácteos sumaron $16.081,8 millones sobre un total de $356.323,1 millones, con una participación de apenas 4,5%. El dato confirma que el canal mayorista no logra absorber la debilidad del consumo, y que los lácteos siguen siendo un rubro de peso secundario en ese segmento.
El balance general es claro: tras el derrumbe de 2024, 2025 muestra una recuperación parcial, pero insuficiente. El consumo de lácteos sigue sin recomponerse plenamente, las ventas reales continúan en terreno negativo y el negocio opera bajo una presión creciente de precios contenidos, costos altos y consumidores cada vez más limitados.
