Del vivero al papel y las bolsas de exportación: 50 años de Papel Misionero
Papel Misionero es un emblema. Medio siglo de producción forestal desde Misiones al mundo, con plantines seleccionados, papel de alta calidad y una nueva línea de bolsas industriales que llegan a 40 destinos de exportación. Desde su génesis, se convirtió en un motor económico de Puerto Leoni, Puerto Rico y Capioví: hoy hay cerca de 350 jóvenes de la zona trabajando en las fábricas que combinan experiencia con lo más moderno del mercado. Muchos entraron sin experiencia previa, otros tanto, gracias a los vínculos educativos que se tejieron desde que Arcor se hizo cargo de la firma.

Queda poco de aquellos años iniciales. Camilo Paniego, gerente técnico de la planta, es uno de ellos. Cuarenta y siete años y medio de experiencia en la fábrica, a la que entró siendo apenas un adolescente. Historia viva de la planta que comenzó siendo del Estado, se privatizó y luego cambió de manos. Cuenta cada etapa con orgullo sincero. Y hay mucho para contar. Hoy Papel Misionero es carbono positivo, con diez mil toneladas de carbono captadas más de la que emiten, según las certificaciones de FSC y PEFC. Con residuos forestales, la planta se autoabastece de energía con un ahorro de 20 mil toneladas de fuel oil al año. Esos logros se traducen en la emisión de 355 mil bonos de carbono colocados en el mercado.
Guillermo Muller, Gerente General de Packaging del Grupo Arcor, repasó el presente de la planta, su impacto económico regional y la importancia de sostener una mirada estratégica de largo plazo.
Papel Misionero comenzó trabajando con el raleo de la producción forestal local y hoy es un actor relevante en la producción de papeles kraft y sack kraft. ¿Qué representa este recorrido de 50 años?
Es un recorrido muy significativo. Haber transitado 50 años en una industria como esta no es un dato menor. Papel Misionero pasó de ser una empresa vinculada al aprovechamiento del raleo forestal a convertirse en un jugador importante en la producción de papeles kraft y sack kraft. Creo sinceramente que es un orgullo para la Argentina contar con una empresa de estas características, con esta trayectoria y con este nivel de desarrollo industrial.

¿Cómo describiría hoy a la planta en términos de empleo y capacidad productiva?
La planta, junto con la planta de bolsas industriales, genera de manera directa más de 350 empleos. Pero cuando uno analiza el impacto real, hay que sumar todo el empleo indirecto, que tranquilamente multiplica ese número por más de cinco. Desde el punto de vista económico, esto tiene un efecto muy significativo en la región. Además, hay un aspecto clave: transformar los activos forestales de la provincia en valor agregado industrial. Ahí hay un eje central del aporte de Papel Misionero.
Más allá del empleo directo, ¿cómo se mide el aporte económico de Papel Misionero a la provincia?
Es difícil cuantificar con precisión, porque Papel Misionero tiene un impacto económico muy amplio. No se trata solo de la venta de papel o de bolsas. Hay que considerar a los servicios forestales, el transporte, los proveedores, los servicios de mantenimiento y todo el ecosistema que permite que la industria funcione. En una parada de planta, por ejemplo, directa e indirectamente trabajan más de mil personas.
Durante los períodos de parada, la capacidad hotelera se ocupa de manera muy significativa y eso derrama sobre las localidades cercanas, que experimentan un aumento general de la actividad. Es un impacto concreto y visible en la economía regional.
En materia de exportaciones, ¿a cuántos mercados llega hoy Papel Misionero?
Actualmente estamos llegando a 40 países. Exportamos a todos los continentes: Asia, África, Europa, muchos países de América. Es el resultado de un camino de 50 años. En los últimos tiempos, además, empezamos a trabajar con mayor foco en generar más valor agregado, exportando bolsas, lo que nos permitió ingresar a mercados muy sofisticados y abrir oportunidades aún mayores.
¿Qué implica competir en esos mercados internacionales?
Implica una visión de largo plazo. Somos parte del país y como tal tenemos que adaptarnos a distintas circunstancias, pero no se puede pensar solo en el corto plazo. Ganar un mercado externo lleva mucho tiempo y mucho esfuerzo. Tomar la decisión de salir por una cuestión circunstancial es muy costoso y, en muchos casos, volver es imposible. Por eso, si hay algo que caracterizó a Papel Misionero a lo largo del tiempo es la continuidad en apostar a políticas de mediano y largo plazo.
¿Qué rol juegan las políticas públicas en ese proceso?
Todo lo que sea financiamiento para nuevas inversiones, promoción de exportaciones y el trabajo de la Cancillería para facilitar el acceso a mercados internacionales es clave. Pero no beneficia solo a Papel Misionero: juega a favor de toda la industria y, en definitiva, de todo el país.




Papel Misionero, empresa líder en la producción de papel Kraft (papel marrón de alta resistencia utilizado para embalajes, bolsas y cajas) y de bolsas industriales, es la única planta integrada del país que abarca todo el proceso productivo: forestación, producción de celulosa, fabricación de papel (Kraft Linerboard y Sack Kraft) y desarrollo de bolsas industriales. Es el único productor de papel Kraft elaborado 100% con fibra virgen de pino.
Tiene un enorme impacto económico en toda la zona, ya que solo el 40 por ciento de la demanda de madera se cubre con producción propia, mientras que el resto proviene de productores locales.
Desde su incorporación a Grupo Arcor en 2017, la compañía ha mantenido un desarrollo continuo, acompañado por un proceso de inversión y diversificación que reforzó su competitividad. Entre sus inversiones recientes, en 2021 la compañía destinó 20 millones de dólares a la construcción de una nueva planta de bolsas industriales con una capacidad productiva de más de 80 millones de bolsas por año, que además de abastecer el mercado interno, se exportan a Estados Unidos, Paraguay, Colombia, Chile y Bolivia.




A su vez, el papel Kraft de Papel Misionero ha llegado históricamente a más de 40 países de América, Europa, África y Asia, consolidando su presencia internacional en los principales mercados del mundo.
En materia de sustentabilidad, la compañía cuenta con certificación de carbono positivo; es decir, absorbe más carbono del que emite, gracias a una gestión forestal responsable y a la conservación activa de la biodiversidad, también avalada por la certificación PEFC.
El complejo de Papel Misionero abarca más de 22 mil hectáreas, donde se encuentra la Reserva Natural y Cultural Papel Misionero, que se extiende por 10.300 hectáreas y alberga familias de la comunidad Mbya guaraní con las que se realizan proyectos de desarrollo productivo y educativo, y especies de fauna en peligro de extinción. En este espacio, y también en las zonas productivas, la empresa realiza tareas de regeneración ambiental, reforestación y monitoreo de fauna. En la reserva, ubicada en El Soberbio, se encontraron 29 tipos de animales, el 75 por ciento de las especies esperables.
De forma complementaria, mantiene un vivero forestal que produce plantines de más de 30 especies nativas, destinados a proyectos de recuperación ambiental y forestación, contribuyendo así a la preservación activa del entorno natural, explicó Andrés Garde, gerente industrial Papel Misionero del del Grupo Arcor, aunque con pasado como gerente de la planta de Puerto Leoni.

El vivero de pino produce 700 mil plantas, suficientes para cubrir 500 hectáreas de plantación por año. En total, Papel Misionero tiene siete mil hectáreas forestadas propias.
La planta consume mil toneladas diarias de madera y cuenta con reservas para 30 o 40 días. Por día entran a la planta un centenar de camiones.




Además, Papel Misionero consolidó un modelo productivo circular que aprovecha los subproductos del proceso industrial para generar energía renovable a través de una caldera de biomasa. Este mecanismo permitió reemplazar el uso de combustibles fósiles y reducir 20.000 toneladas de consumo anual de fuel oil, y contribuyó a la obtención de más de 355 mil bonos de carbono.
La caldera genera 110 toneladas de vapor por hora, suficientes para generar 8 megas de energía. Por cada tonelada de papel se utilizan actualmente 100 m3 de agua. Hace unos años se usaban 120. El objetivo es bajar a 80 m3.
El vínculo con la comunidad es otro pilar fundamental de su gestión. La empresa sostiene alianzas con instituciones educativas, como la Tecnicatura en Celulosa y Papel, impulsada junto a la Universidad Nacional de Misiones y la Municipalidad de Puerto Rico. Estas iniciativas alcanzan a más de 400 estudiantes por año y promueven la formación técnica y profesional favoreciendo la empleabilidad de los jóvenes. Hoy el 45 por ciento del personal de planta es femenino, con un 22 por ciento de mujeres en roles jerárquicos, contó Rocío Pérez, gerente de Recursos Humanos, quien se sumó al grupo Arcor hace once años.
Al mismo tiempo, Papel Misionero brinda un horizonte laboral real para muchos de ellos, permitiendo que jóvenes misioneros puedan crecer profesionalmente y proyectar su futuro en su lugar de origen.

Del mismo modo, la empresa acompaña el desarrollo del entramado productivo a través de iniciativas que buscan fortalecer a toda la cadena forestal. En este marco, trabaja junto al INTA para obtener árboles con mayor rendimiento y mejor calidad de fibra que se traducirán en un papel con los más elevados estándares de calidad. Los resultados de esta alianza beneficiarán a toda la cadena forestal, ya que las nuevas variedades podrán ponerse a disposición de productores locales, favoreciendo un abastecimiento más eficiente, sustentable y competitivo. Esta alianza fortalece el ecosistema forestal regional, ayudando a elevar la productividad de los bosques que abastecen a la industria del papel.
Muller marca que “estos 50 años reflejan el esfuerzo y la evolución de una industria que hoy es sinónimo de innovación y calidad. Nuestra mirada está puesta en el futuro: seguir modernizando procesos, ampliando mercados y reafirmando nuestro compromiso con el crecimiento de Misiones. Argentina tiene una gran oportunidad de seguir desarrollando la industria celulósica papelera, dado que tiene las condiciones de competitividad a nivel mundial”.
