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Mercado cambiario: el “techo de Quirno” frente a la prueba electoral del 7 de septiembre

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El Gobierno de Milei rompe con la promesa de flotación pura y habilita ventas del Tesoro para contener la volatilidad en plena recta final electoral.

El secretario de Finanzas, Pablo Quirno, confirmó esta semana que el Tesoro Nacional interviene en el mercado cambiario, aun dentro de las bandas de flotación, lo que supone un giro relevante respecto de la promesa inicial de “dólar libre”. Con ventas acumuladas por u$s352 millones desde mediados de agosto y un “techo implícito” en $1.362, el Gobierno busca evitar que episodios de iliquidez generen saltos bruscos del tipo de cambio en los días previos a las elecciones legislativas del 7 de septiembre.

La estrategia, diseñada por el ministro de Economía Luis Caputo, apunta a garantizar liquidez y sostener la calma financiera en medio de la incertidumbre electoral. Sin embargo, el poder de fuego disponible —reservas del Tesoro por unos u$s1.700 millones— genera dudas sobre su sostenibilidad en un mercado que negocia más de u$s500 millones diarios.

Del dólar flotante a la intervención quirúrgica

La decisión se oficializó tras un episodio puntual: el lunes 1° de septiembre, un banco de capitales chinos (ICBC) intentó subir el precio del dólar mayorista $40 con apenas u$s30 millones, lo que encendió las alarmas oficiales. Según Quirno, “seguimos con el mismo programa, pero intervenimos para prevenir episodios de iliquidez”.

El Tesoro ya había vendido u$s120 millones el martes y u$s50 millones el miércoles, operaciones que —según aclaró el funcionario— no involucran fondos del Banco Central ni del FMI, sino superávit fiscal.

La jugada marca un contraste con la Comunicación “A” 8311 del BCRA, que había restringido la operatoria de bancos a fin de mes, generando tensión en el mercado spot. El martes, tras el anuncio de intervención, el dólar mayorista corrigió 0,8% y cerró en $1.361, estabilizándose en torno al nuevo “techo de Quirno”.


Tensiones con el mercado: expectativas vs. anclas oficiales

El dólar mayorista cerró en $1.362,5, mientras que el minorista se ubicó en $1.382,69 y el blue subió a $1.365. En paralelo, el MEP y el CCL avanzaron 0,6%, quedando en $1.377,95 y $1.379,51, respectivamente.

En los contratos de futuros, el mercado descuenta un dólar de $1.406 en septiembre y $1.557 en diciembre, lo que supera el techo de la banda cambiaria de $1.526. Ese descalce refleja la tensión entre la estrategia oficial de anclaje electoral y las expectativas de devaluación.

El riesgo país saltó 140 puntos básicos en la semana, en paralelo a un aumento de los rendimientos de las Lecaps del 49% al 60%, para luego estabilizarse en torno al 50%.

El rol del FMI y la City

Quirno insistió en que el esquema cuenta con aval del Fondo Monetario Internacional: “Estas operaciones fueron consultadas y aprobadas. No hay forma de que nos volteen, tenemos fundamentos macro sólidos”, dijo en una entrevista televisiva.

Los bancos de inversión, sin embargo, advierten riesgos. J.P. Morgan calificó las elecciones bonaerenses como “evento de riesgo clave” y alertó sobre la baja liquidez, mientras que el Citi señaló que una victoria opositora amplia podría erosionar la disciplina fiscal y forzar nuevas medidas de contención.

El “techo de Quirno” en $1.362 aparece como un dique de contención temporal frente a la volatilidad preelectoral. En la Casa Rosada confían en que un resultado ajustado con el kirchnerismo será interpretado como triunfo político y permitirá descomprimir tensiones cambiarias.

Sin embargo, en la City porteña señalan que, a este ritmo de intervención, las municiones del Tesoro podrían agotarse en menos de dos semanas. El lunes posterior a los comicios será clave para medir la efectividad del esquema y la reacción del mercado.

El economista Federico Glustein anticipa que el Gobierno mantendrá esta estrategia “al menos hasta las elecciones legislativas de octubre, con el objetivo de sostener un dólar por debajo de $1.400”. Pero advierte: “Si el resultado electoral difiere de lo esperado, podría haber un nuevo episodio de tensión cambiaria que obligue a reforzar la intervención”.

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Dólar: el oficial cerró a $1.360 y el blue quedó en $1.345, con reservas en caída

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El mercado cambiario cerró el mes con tensiones renovadas. A pesar de las medidas regulatorias y la intervención del Banco Central, el dólar oficial finalizó agosto en $1.360 en Banco Nación, marcando una suba de $15 en la última jornada. El movimiento refleja el delicado equilibrio entre política monetaria, expectativas electorales y la presión de los mercados paralelos.

La rueda del viernes mostró oscilaciones significativas. El dólar minorista en Banco Nación arrancó en baja —tocando un mínimo de $1.335 en la mañana—, pero luego se recuperó y terminó en $1.360 para la venta y $1.320 para la compra. El promedio en bancos se ubicó en $1.341, mientras que el dólar mayorista cerró en $1.343, acumulando en agosto una baja del 2,2%.

En el segmento financiero, el dólar MEP avanzó 0,5% hasta $1.351,07 y el contado con liquidación (CCL) subió 0,6% a $1.356,06. Por su parte, el dólar blue retrocedió levemente y se mantuvo en torno a los $1.345, prácticamente en línea con el oficial .

La evolución se dio en paralelo con una nueva caída de reservas: el Banco Central perdió casi USD 300 millones, quedando con un stock de USD 40.961 millones. Este dato alimentó la incertidumbre respecto de la capacidad de intervención oficial en el mercado cambiario durante el tramo final del año.

Impacto en bonos, acciones y riesgo país

La tensión cambiaria repercutió sobre los activos financieros. El índice S&P Merval retrocedió 1,4% en la última rueda de la semana, revirtiendo parte de la recuperación parcial que había mostrado el día anterior. En lo que va del año, el panel líder acumula una pérdida superior al 22% medida en pesos, reflejando la desconfianza inversora en un contexto electoral incierto.

En el mercado de deuda, los bonos soberanos se mantuvieron sin repuntes relevantes, en línea con la cautela generalizada. El riesgo país se estabilizó en torno a los 850 puntos básicos, un nivel elevado que muestra el escepticismo del mercado sobre la sostenibilidad de la deuda argentina .

Al mismo tiempo, las acciones argentinas que cotizan en Wall Street registraron subas de hasta 6,3%, evidenciando cierta diferenciación entre inversores externos e internos respecto a la dinámica del mercado local.

Expectativas políticas y desafíos hacia adelante

La inestabilidad del dólar coincidió con una semana marcada por denuncias políticas y la cercanía de las elecciones legislativas de septiembre. Analistas sostienen que el tipo de cambio se convirtió en un termómetro de la confianza en la capacidad del Gobierno para sostener su programa económico.

“El Banco Central está interviniendo de manera quirúrgica para evitar saltos bruscos, pero el margen se reduce ante la caída de reservas y el aumento de la dolarización preelectoral”, señaló un operador del mercado consultado.

El ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del BCRA, Santiago Bausili, buscan transmitir calma con un esquema de tipo de cambio administrado. Sin embargo, la brecha reducida entre el oficial y el blue sugiere que los mecanismos de control cambiario podrían enfrentar nuevas presiones si se intensifica la demanda de divisas.

Con el cierre de agosto, el mercado anticipa un septiembre de alta sensibilidad. La estabilidad del dólar oficial dependerá de la capacidad del Gobierno para sostener las intervenciones, controlar la emisión monetaria y, sobre todo, anclar expectativas en medio del calendario electoral.

El escenario plantea un dilema: si bien el oficialismo logró mantener una brecha cambiaria relativamente contenida, la pérdida de reservas y el aumento de la volatilidad financiera dejan abierta la posibilidad de un reacomodamiento más brusco en caso de que la incertidumbre política se profundice.

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El largo y sinuoso camino hacia un mercado cambiario normal

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El acuerdo con el FMI es necesario para continuar normalizando el mercado cambiario. Sin embargo, la falta de precisiones sobre el contenido de este acuerdo genera incertidumbre que se traduce en pérdida de reservas y aumento de la brecha cambiaria.

El 10 de diciembre de 2023 el mercado cambiario estaba bajo un fuerte stress: el dólar oficial atrasado, la brecha por las nubes y las reservas netas en casi US$ 12.000 millones negativas. El gobierno decidió devaluar el dólar oficial y mantener las restricciones que regían hasta ese momento. Así se inició la primer etapa, que consistió en demorar pagos de importaciones, medida heterodoxa pero que permitió, junto con la devaluación, mejorar la posición neta de reservas del BCRA.

Era evidente que un programa económico pro-mercado no podía mantener esas restricciones por tiempo indefinido.

Se decidió, entonces, aliviar la deuda pasada, que era totalmente ilíquida, dándole a las empresas la oportunidad de adquirir bonos del BCRA (Bopreal) que podían cambiar por divisas. Luego se redujo el plazo de pago para las importaciones, acercándolo a una situación más normal.

Apareció luego la segunda etapa, que fue el blanqueo de capitales. Los individuos tuvieron la opción de evitar multas si depositaban los dólares en una entidad financiera local. Así, éstas pudieron aumentar sus préstamos en dólares y quienes los recibieron, los vendieron al BCRA para hacerse de pesos. Pero esta etapa está próxima a agotarse, ya que el stock de préstamos en dólares se acerca a los máximos alcanzados en 2018 al mismo tiempo que se redujeron algo los depósitos privados expresados en esa moneda.

La tercera etapa es el acuerdo con el FMI que, tarde o temprano, tenía que ocurrir porque a partir del año 2026 (y, sobre todo, desde 2027 en adelante) la Argentina debía empezar a pagar el capital adeudado, sin que hubiera certeza de que se podrían obtener fondos adicionales del mercado además de los que son necesarios para renovar la deuda con privados.

Luego de ese acuerdo, los siguientes pasos hacia la normalización requieren acceder al mercado de capitales para, al menos, renovar el capital que vence de los bonos restructurados en 2020 y levantar la mayoría, sino todas, las restricciones cambiarias que todavía subsisten (pago de la mayoría de importaciones a 30 días, imposibilidad de pagar dividendos al exterior en forma normal, restricciones a la dolarización de portafolios que se concretan a través del límite mensual de US$ 200 para personas y las
restricciones cruzadas que postergan por 90 días el acceso al mercado oficial de cambios a la empresa que opera en el mercado libre).

La falta de precisiones sobre el contenido del acuerdo entre la Argentina y el FMI generó una incertidumbre que se tradujo en pérdida de reservas y un aumento en la brecha cambiaria. Hay tres puntos que son relevantes: a) la magnitud de los fondos frescos que desembolsará el FMI, b) el timing de esos desembolsos, y c) cuáles serían los cambios en la política cambiaria oficial de depreciación al 1% mensual anunciada hace pocas semanas.

La Argentina tiene vencimientos de capital con el FMI por alrededor de US$ 14.000 millones entre 2026 y mediados de 2029. El gobierno ha anunciado que el acuerdo es por US$ 20.000 millones, pero no se sabe si eso incluye a los US$ 14.000 millones o si todo (o buena parte) son fondos adicionales que pueden mejorar la posición de reservas.

Nótese que una posibilidad es que el desembolso inicial sea cercano a los US$ 20.000 millones, lo cual le daría tiempo a la Argentina hasta 2026 para reunir los US$ 1.100 millones de capital que vencen ese año y luego US$ 4.300 millones en 2027 y más de US$ 6.000 millones por año, pero recién en 2028 y 2029.

Una solución en ese sentido le daría mucha liquidez al BCRA y, probablemente, le permitiría mantener la política cambiaria sin grandes cambios o con cambios menores como sería una banda estrecha dentro de la cual flotaría el peso, al menos hasta que haya cedido la tensión que generan las elecciones de medio término.

Fondos iniciales muy acotados mantendrían o incluso agravarían la incertidumbre, probablemente forzando a una depreciación más fuerte del tipo de cambio. Aún en este caso, es poco probable que haya un evento disruptivo como los vividos en el pasado por varias razones: la mejora en la posición fiscal reduce la vulnerabilidad, la cuenta corriente del balance de pagos devengada es positiva, aun cuando la de caja se haya convertido en negativa, ya se están materializando shocks positivos a las exportaciones
en energía y estaría cercana la fase de desembolsos de capital de algunos proyectos mineros.

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