mercado cambiario

La Bolsa de Rosario recorta la proyección de ingreso de divisas del agro a US$ 34.900 millones

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La capacidad del complejo agroexportador para aportar divisas a la economía argentina volverá a estar condicionada este año por un factor que escapa al control local: la evolución de los precios internacionales. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) redujo su proyección de liquidación de divisas para 2026 hasta los US$ 34.897 millones, unos US$ 1.200 millones menos que la estimación realizada en mayo, como consecuencia del deterioro registrado en las cotizaciones internacionales de los principales productos agrícolas.

El nuevo cálculo mantiene sin cambios las previsiones de producción y de volúmenes exportables, pero refleja un escenario menos favorable en materia de precios, lo que reduce el valor esperado de las exportaciones y, por ende, el ingreso de dólares que recibirá la economía argentina durante el año.

La actualización recorta la proyección de ingreso de divisas en unos US$ 1.200 millones respecto de mayo, producto de menores precios de exportación proyectados.

Con hojas de balance de los granos y derivados que no presentan modificaciones en sus volúmenes a exportar respecto de lo previsto hace un mes, la caída en los precios internacionales de los productos de exportación del agro decanta en un ajuste a la baja en la proyección de ingreso de dólares del sector para este año.

De esta manera, la actualización recorta la estimación de liquidación de divisas del agro hasta los US$ 34.897 millones para 2026, unos US$ 1.200 millones por debajo de lo previsto en mayo. El nuevo monto se ubica levemente por debajo de los US$ 36.164 millones liquidados en 2025 contemplando tanto lo liquidado en el MLC como lo canalizado a través del mercado de Contado con Liquidación. 

En el acumulado hasta junio, el agro liquidó un estimado de US$ 15.768 millones, por debajo de los US$ 18.303 millones del mismo período de 2025, lo que representa una caída cercana al 14% interanual. Esta merma en la comparación con el año pasado responde a dos factores vinculados a los esquemas de derechos de exportación vigentes a lo largo de 2025. 

En primer lugar, durante el primer semestre de 2025 estuvo vigente una reducción temporaria de los derechos de exportación que incentivó la comercialización por parte del productor y elevó el ingreso de divisas en aquel período. Esto configuró una base de comparación exigente para el acumulado del corriente año. 

En segundo lugar, en septiembre de 2025 rigió la eliminación temporaria de retenciones, que adelantó el ingreso de divisas en ese mes, pero redujo el monto liquidado en los meses subsiguientes. Este efecto se sintió con particular intensidad en el último tramo de 2025, con liquidaciones por debajo del promedio en el trimestre octubre-diciembre, y se prolongó hacia los primeros meses de 2026. 

No obstante, entre abril y mayo de 2026 esta situación se habría normalizado. En efecto, el sector agroexportador acumuló ocho meses consecutivos de disminución de la deuda comercial por anticipos y prefinanciaciones de exportaciones, tal como publica el BCRA en su informe mensual del mercado de cambios, lo que sugiere que el efecto de adelantamiento derivado del régimen de septiembre ya se habría diluido. 
De esta manera, el flujo de divisas de la cosecha 2025/26 al MLC se mantiene firme y se prevé que se sostenga por encima del promedio del último lustro para lo que resta del año. 

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El Banco Central logró cumplir la meta de acumulación de reservas con el FMI

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El Banco Central logró por primera vez cumplir la meta de acumulación de reservas internacionales netas acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el programa firmado en abril de 2025, uno de los compromisos centrales del plan económico. 

Este viernes compró otros USD 100 millones y las reservas avanzaron a los US$ 48.237 millones.

Según estimaciones privadas realizadas tras el cierre de junio, el Banco Central acumuló alrededor de US$ 6.300 millones bajo la metodología utilizada por el organismo multilateral, muy por encima de los US$ 3.500 millones comprometidos para la primera revisión semestral.

El resultado contrasta con lo ocurrido el año pasado. 

En la segunda revisión del programa, publicada en mayo, el staff del FMI recordó que la Argentina había incumplido la meta de acumulación de reservas de fines de 2025 por unos US$ 10.000 millones. 

El organismo atribuyó ese desvío principalmente a la dolarización de carteras en la antesala de las elecciones legislativas de octubre, que derivó en fuertes salidas de capitales privados y obligó al Banco Central y al Tesoro a vender divisas para contener la presión cambiaria. 

A raíz de ese incumplimiento, el Gobierno solicitó un waiver (dispensa) y una recalibración a la baja de las metas para 2026.

Este cumplimiento marcó un cambio respecto de 2025, cuando la acumulación de divisas aparecía como uno de los principales interrogantes del programa económico. 

Además, deja al Banco Central muy cerca de alcanzar el objetivo previsto para todo 2026, fijado en US$ 8.000 millones. 

Así, el desafío para el segundo semestre ya no pasa tanto por cumplir con el FMI como por seguir fortaleciendo las reservas de cara a un 2027 que combinará fuertes vencimientos de deuda -que el ministro Luis Caputo trata de cumplir sin sobresaltos- con el calendario electoral.

De acuerdo con cálculos de Equilibra, el BCRA acumuló US$ 6.278 millones de reservas internacionales netas a precios constantes del 30 de diciembre de 2025, casi el doble de la exigencia establecida para junio. 

En consecuencia, restarían solo US$ 1.700 millones para alcanzar el objetivo de fin de año.

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El Banco Central refinanció US$6.000 millones con bancos internacionales y despejó vencimientos hasta 2028

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) dio un nuevo paso en su estrategia de fortalecimiento del balance al refinanciar la totalidad de sus operaciones de pase pasivo (REPO) con bancos internacionales por US$6.000 millones. La operación no incrementa el endeudamiento de la entidad, pero sí modifica sustancialmente el perfil de vencimientos, al trasladar los compromisos previstos para 2026 y 2027 hacia septiembre de 2028, un horizonte que deja las obligaciones fuera del calendario electoral nacional.

La decisión oficializada este viernes constituye una señal relevante para los mercados financieros porque mejora la liquidez en moneda extranjera del Banco Central y reduce las necesidades de refinanciamiento durante los próximos dos años, un período que coincide con el proceso electoral que culminará con la elección presidencial de 2027.

Según informó la autoridad monetaria, el nuevo acuerdo fue suscripto con diez bancos internacionales de primera línea, ampliando la cantidad de entidades participantes respecto de operaciones anteriores y obteniendo, además, una reducción en el costo de financiamiento.

La refinanciación se instrumentó mediante la utilización de títulos BONAR que integran la cartera del BCRA como garantía de la operación. El nuevo préstamo tendrá vencimiento en septiembre de 2028 y devengará una tasa equivalente a la SOFR en dólares más un spread de 4%, nivel que el organismo destacó como una mejora respecto de colocaciones previas.

Más liquidez y menor presión sobre el calendario financiero

Desde la entidad presidida por Santiago Bausili explicaron que la operación permite eliminar completamente los vencimientos de REPO previstos para 2026 y 2027, fortaleciendo la posición de liquidez en divisas y otorgando mayor previsibilidad al flujo de dólares del Banco Central.

El objetivo es reducir la presión financiera sobre el organismo en un período considerado clave para la estabilidad macroeconómica, otorgándole mayor capacidad de intervención ante eventuales tensiones cambiarias y consolidando el proceso de saneamiento de su balance.

La autoridad monetaria sostuvo además que el resultado de la licitación confirmó el interés de los mercados internacionales por los activos argentinos. En la subasta realizada el 30 de junio recibió ofertas por US$8.250 millones, cifra que superó ampliamente el monto finalmente adjudicado de US$6.000 millones.

Para el Gobierno, esa sobredemanda constituye una señal de confianza de las entidades financieras internacionales en el programa económico y en la evolución del balance del Banco Central, uno de los principales objetivos de la actual política monetaria.

Una estrategia para mejorar el perfil de deuda

Los préstamos REPO funcionan como financiamiento garantizado mediante títulos públicos. En este caso, el Banco Central canceló íntegramente las operaciones vigentes y tomó un nuevo crédito por el mismo monto, sin incrementar el stock de deuda, pero extendiendo considerablemente los plazos de repago.

La maniobra permite aliviar el cronograma financiero de corto y mediano plazo y evita que el organismo deba enfrentar importantes vencimientos durante los próximos dos años, cuando también se concentrarán compromisos del Tesoro Nacional y un escenario político atravesado por el proceso electoral.

Desde el BCRA remarcaron que la operación forma parte de una estrategia más amplia orientada a fortalecer el equilibrio macroeconómico, mejorar la calidad del balance de la institución y consolidar un marco de estabilidad financiera.

En ese contexto, la entidad ratificó que continuará implementando medidas destinadas a reforzar su posición patrimonial, administrar con mayor previsibilidad sus necesidades de divisas y contribuir al funcionamiento ordenado del mercado cambiario.

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El dólar superó los $1.500 por tercera jornada consecutiva y el Banco Central intensifica su intervención

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El mercado cambiario volvió a enviar una señal de tensión al Gobierno. Por tercera rueda consecutiva, el dólar oficial registró una suba y consolidó su cotización por encima de los $1.500, mientras el Banco Central reforzó su estrategia de intervención indirecta mediante ventas de contratos de dólar futuro y títulos dollar-linked para evitar que el movimiento derive en una mayor volatilidad y, eventualmente, en un traslado a los precios.

La cotización minorista del Banco Nación cerró en $1.510 para la venta, con un incremento diario de $10, mientras que el dólar mayorista avanzó hasta los $1.489, apenas tres pesos por debajo del máximo nominal alcanzado el 24 de octubre pasado. El dólar blue también acompañó la tendencia y finalizó en $1.525, mientras que el contado con liquidación se ubicó en torno a los $1.577, su valor más elevado desde fines de octubre.

El movimiento estuvo acompañado por un elevado volumen de operaciones. En el mercado mayorista se negociaron más de USD 820 millones, confirmando una demanda sostenida de divisas que comenzó a intensificarse en las últimas jornadas y que coincide con una menor oferta proveniente del sector exportador.

Aunque el tipo de cambio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Gobierno —que actualmente supera los $1.800—, la velocidad del ajuste comenzó a generar inquietud en el equipo económico, que busca preservar el proceso de desaceleración inflacionaria.

El Banco Central intervino con futuros y bonos atados al dólar

A diferencia de otros episodios de tensión cambiaria, la autoridad monetaria evitó vender reservas de manera directa en el mercado spot. En cambio, desplegó una estrategia basada en instrumentos financieros para moderar las expectativas de devaluación.

Operadores del mercado señalaron que el Banco Central incrementó significativamente la venta de contratos de dólar futuro, principalmente en los vencimientos de julio, al tiempo que ofreció importantes cantidades de letras dollar-linked, títulos emitidos por el Tesoro que ajustan según la evolución del tipo de cambio oficial.

La operatoria alcanzó volúmenes inusuales. Solo en el mercado de futuros se negociaron contratos equivalentes a unos USD 1.700 millones, mientras que las operaciones con instrumentos atados al dólar superaron los USD 500 millones diarios, muy por encima del promedio habitual.

La lógica detrás de esta estrategia consiste en ofrecer cobertura cambiaria sin necesidad de desprenderse de reservas internacionales, retirando al mismo tiempo pesos del mercado y reduciendo la presión sobre la demanda de dólares.

Analistas coinciden en que el objetivo oficial no es defender un valor específico del tipo de cambio, sino evitar movimientos bruscos que puedan alterar las expectativas inflacionarias.

Menor liquidación del agro y mayor demanda privada

La suba del dólar encuentra explicación en una combinación de factores estacionales y financieros.

Por un lado, comenzó a reducirse la liquidación de divisas del complejo agroexportador luego del pico registrado durante la cosecha gruesa. Si bien durante junio las cerealeras liquidaron más de USD 3.000 millones, esa cifra representó una caída del 18% respecto del mismo mes del año anterior.

Además, distintos informes privados detectaron una mayor retención de granos por parte de los productores, que esperan mejores condiciones de precios antes de desprenderse de sus exportaciones.

Al mismo tiempo, la demanda privada de divisas ganó protagonismo. Portfolio Personal Inversiones (PPI) sostuvo que el agro mantuvo prácticamente estable su ritmo de liquidación diaria respecto de mayo, por lo que la menor capacidad compradora del Banco Central obedeció principalmente a un incremento en la demanda de dólares por parte de empresas, bancos e inversores.

También influyeron mayores giros de utilidades al exterior y una menor oferta proveniente de la cuenta financiera, luego del fuerte ingreso de capitales registrado durante mayo.

En paralelo, operadores detectaron un cambio en la estrategia de los bancos comerciales. Varias entidades pasaron de mantener posiciones vendidas en dólares a incrementar sus compras para abastecer una mayor demanda minorista, impulsada en parte por el cobro del medio aguinaldo.

Reservas arriba de los USD 47.000 millones, pero con compras moderadas

En ese contexto, el Banco Central volvió a comprar divisas, aunque en un volumen considerablemente inferior al observado durante abril y mayo.

La autoridad monetaria adquirió apenas USD 25 millones durante la primera rueda de julio, equivalente a cerca del 3% del volumen total operado en el mercado oficial.

Pese a ello, las reservas internacionales brutas mostraron una fuerte recuperación y cerraron por encima de los USD 47.000 millones, tras aumentar más de USD 2.180 millones.

El rebote respondió, fundamentalmente, a la reversión de movimientos contables y de encajes registrados en el cierre de junio, por lo que los analistas no interpretan la mejora como un cambio estructural en la capacidad de acumulación de reservas.

Las compras netas del Banco Central durante 2026 ya superan los USD 11.000 millones, aunque el ritmo de incorporación de divisas comenzó a desacelerarse desde junio.

El mercado descarta una devaluación abrupta

Pese al repunte del dólar, el consenso entre economistas y operadores continúa descartando un salto discreto del tipo de cambio.

La expectativa predominante es la de un proceso de depreciación gradual, acompañado por una menor oferta de divisas estacional y por un escenario internacional menos favorable para los mercados emergentes.

Sin embargo, la preocupación comenzó a trasladarse hacia otro frente: el posible impacto que esta aceleración del dólar pueda tener sobre la inflación durante el segundo semestre.

Ese riesgo también explica el fuerte protagonismo del Banco Central en los mercados de futuros y de deuda indexada al tipo de cambio. El Gobierno procura evitar que un movimiento más acelerado del dólar termine alterando las expectativas de precios y reduzca uno de los principales activos políticos de la administración de Javier Milei: la desaceleración de la inflación.

Mientras tanto, el mercado seguirá observando dos variables centrales durante julio: la capacidad del Banco Central para recomponer reservas sin aumentar significativamente su intervención y la evolución de la demanda privada de divisas, que comenzó a convertirse en el principal factor de presión sobre el mercado cambiario.

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El dólar oficial cerró junio en $1.500 y superó ampliamente a la inflación

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El dólar oficial cerró junio con una fuerte recuperación y alcanzó los $1.500 para la venta en el Banco Nación, luego de registrar una suba mensual del 5%, muy por encima de la inflación estimada para el período, que las consultoras privadas ubican por debajo del 2%. El movimiento marcó un cambio de tendencia en el mercado cambiario y volvió a instalar el debate sobre las estrategias de cobertura para el segundo semestre del año.

La cotización oficial avanzó cinco pesos en la última rueda del mes, mientras que el tipo de cambio mayorista finalizó en $1.481,50, con un incremento mensual del 5,2%. Aun así, el precio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Banco Central, actualmente ubicado en $1.806,92, lo que mantiene un amplio margen dentro del esquema de flotación administrada.

La aceleración del tipo de cambio terminó por borrar las ganancias obtenidas durante los últimos meses por las estrategias de carry trade. Quienes apostaron por inversiones en pesos para luego dolarizar sus posiciones registraron pérdidas cercanas al 2,5%, en un contexto donde la apreciación del dólar superó ampliamente el rendimiento obtenido por varios instrumentos financieros de corto plazo.

Detrás de la suba confluyeron diversos factores. La menor liquidación de divisas por parte del complejo agroexportador, la reducción de emisiones de obligaciones negociables en moneda extranjera y un incremento de la demanda de cobertura presionaron sobre el mercado durante todo junio. A ello se sumó la estacionalidad propia del inicio del segundo semestre, cuando disminuye el ingreso de dólares provenientes de la cosecha gruesa y aumenta la incertidumbre financiera.

Los dólares financieros también acompañaron la tendencia alcista. El dólar MEP finalizó el mes en $1.512,05, con un incremento mensual del 5,4%, mientras que el contado con liquidación cerró en $1.561,52, tras avanzar 5% durante junio. En paralelo, el dólar informal concluyó en $1.515, acumulando un aumento cercano al 6%, prácticamente el triple de la inflación esperada para el mes.

En materia cambiaria, el Banco Central moderó el ritmo de intervención. Durante junio compró alrededor de USD 1.371 millones, el volumen mensual más bajo del año, reflejando una menor oferta de divisas en el mercado oficial. Según los datos diarios de la autoridad monetaria, las reservas internacionales se ubicaban en USD 44.873 millones al cierre del 30 de junio, mientras que ese día adquirió otros USD 47 millones en el mercado de cambios.

El fortalecimiento del dólar también se explicó por el reacomodamiento de carteras financieras. La proximidad de importantes vencimientos de deuda en pesos, como el bono CER TZJ26, incentivó el desarme de posiciones en moneda local y elevó la demanda de activos dolarizados. A ello se agregaron factores internacionales, como la apreciación global del dólar frente a otras monedas, fenómeno que también impactó sobre las economías emergentes.

Pese al reciente movimiento, el balance del primer semestre todavía muestra una apreciación relativamente moderada del tipo de cambio oficial, con una suba cercana al 2% desde enero. Durante ese período, las tasas en pesos ofrecieron rendimientos mensuales del orden del 2%, lo que permitió que las colocaciones en moneda local resultaran más rentables que la dolarización. Sin embargo, la recuperación del dólar durante junio modificó parcialmente ese escenario.

Las opiniones entre los analistas continúan divididas respecto de la estrategia más conveniente para los próximos meses. Gustavo Ber considera que el contexto favorece una mayor dolarización de los portafolios ante una esperada reducción de la oferta de divisas. Gustavo Quintana, en cambio, sostiene que la demanda actual responde principalmente a factores estacionales y recomienda prudencia antes de tomar posiciones.

Francisco Díaz Mayer entiende que los actuales niveles no resultan atractivos para comprar dólares con una visión de corto plazo, aunque considera razonable el precio desde una perspectiva de largo plazo. Federico Domínguez mantiene una visión favorable a los instrumentos en pesos, apoyado en el superávit fiscal, el orden monetario y el fortalecimiento del sector exportador.

Desde Cocos Gold, Ian Colombo plantea que la decisión dependerá de la evolución de las tasas de interés. Si los rendimientos en pesos permanecen por encima del 20% anual, el carry trade podría seguir ofreciendo ventajas. En cambio, una reducción adicional de las tasas volvería más atractiva la cobertura cambiaria, especialmente cuando el mercado proyecta un dólar entre $1.630 y $1.650 hacia fin de año.

Otros especialistas, como Juan Pazos, consideran que el segundo semestre podría presentar una dinámica cambiaria relativamente estable gracias a una mayor oferta de granos y una demanda moderada de importaciones. Matías Fernández, de Aurum Valores, señala que el actual nivel del dólar luce elevado en términos reales respecto de meses anteriores, aunque no observa riesgos significativos para la estabilidad cambiaria. En la vereda opuesta, Juan Manuel Truffa, de Outlier, interpreta que el mercado atraviesa un pico estacional y espera una corrección bajista durante las próximas semanas.

Con un riesgo país estabilizado en torno a los 426 puntos básicos y una economía que comienza a transitar un semestre tradicionalmente menos favorable en materia de ingreso de divisas, el mercado seguirá monitoreando la evolución de las reservas, las tasas de interés y la liquidación del sector exportador. La interacción entre esas variables definirá si la reciente suba del dólar representa apenas una corrección transitoria o el inicio de una nueva etapa de mayor volatilidad cambiaria.

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