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El Banco Central profundiza la contracción monetaria: cae la base y el dinero en circulación mientras crecen reservas y crédito hipotecario

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La política monetaria del Banco Central de la República Argentina volvió a mostrar en febrero una señal clara de endurecimiento: menos pesos en la economía, compras de dólares que fortalecen reservas y un crédito que empieza a mostrar comportamientos divergentes según el sector. El Informe Monetario Mensual de febrero de 2026, cuyo cierre estadístico fue el 6 de marzo, revela que la base monetaria cayó 0,8% en términos reales y que el agregado monetario amplio M3 privado se contrajo 1,1%, reflejando una menor demanda de dinero y una estrategia de absorción de liquidez.

Al mismo tiempo, la autoridad monetaria compró USD 1.557 millones en el mes y acumuló USD 2.715 millones en el primer bimestre, lo que impulsó el crecimiento de reservas internacionales hasta USD 45.566 millones. En paralelo, el crédito al sector privado dejó de expandirse en términos reales después de dos meses de crecimiento.

El cuadro general plantea una pregunta relevante para la economía argentina: si la estrategia de contracción monetaria puede sostener la estabilidad financiera sin frenar la incipiente recuperación del crédito y la actividad.

Menos pesos en la economía: el Banco Central mantiene el sesgo contractivo

El informe confirma que la política monetaria mantiene un sesgo restrictivo. Durante febrero, la Base Monetaria se redujo en $1,8 billones entre fines de enero y fines de febrero, acumulando seis meses consecutivos de contracción real.

El principal factor detrás de esta dinámica fue el impacto de las operaciones fiscales. En particular, el Tesoro depositó en su cuenta del Banco Central recursos obtenidos en licitaciones de deuda, lo que absorbió liquidez del sistema financiero. Además, la autoridad monetaria realizó operaciones en el mercado secundario que reforzaron ese efecto contractivo.

Aunque el Banco Central compró divisas al sector privado —una operación que normalmente expande la cantidad de dinero— ese impacto quedó neutralizado por las operaciones fiscales y financieras. El resultado fue una reducción del dinero disponible en términos reales.

Esta estrategia se reflejó también en los agregados monetarios. El M3 privado, que incluye circulante y depósitos del sector privado, cayó 1,1% real en febrero y se ubicó en 12,6% del PIB, un nivel apenas superior al mínimo observado en abril de 2024.

La contracción se concentró en los medios de pago —especialmente depósitos transaccionales— mientras que los depósitos a plazo y las colocaciones remuneradas mostraron variaciones marginales.

Reservas en alza y depósitos en dólares en máximos

Mientras el dinero en pesos se contrae, el balance en moneda extranjera del sistema financiero muestra una tendencia opuesta.

Las reservas internacionales cerraron febrero en USD 45.566 millones, con un incremento mensual de USD 1.062 millones. El principal factor fue la compra de divisas del Banco Central en el mercado, aunque también contribuyó la suba del precio del oro.

El informe también muestra un crecimiento sostenido del ahorro en dólares dentro del sistema financiero: Los depósitos en dólares del sector privado alcanzaron USD 38.367 millones, un máximo histórico reciente, con una suba interanual del 24%. Los préstamos en dólares al sector privado crecieron 50% interanual, hasta USD 20.245 millones.

Este comportamiento refleja un sistema financiero con mayor profundidad en moneda extranjera, un fenómeno que convive con la contracción monetaria en pesos.

Crédito: estabilidad general y divergencias entre sectores

El crédito en pesos al sector privado se mantuvo estable en términos reales durante febrero, luego de dos meses de expansión. En términos interanuales, sin embargo, el financiamiento muestra una recuperación significativa: creció 19,8% real y representa 8,9% del PIB.

El informe identifica dinámicas distintas según el tipo de financiamiento:

Crédito comercial: Creció 1,3% real mensual, con impulso de los documentos para capital de trabajo.

Crédito hipotecario: Continúa la tendencia expansiva con 1,4% de crecimiento real mensual. En términos interanuales se disparó 141,2%, impulsado principalmente por préstamos ajustados por UVA.

Crédito al consumo: Cayó 0,6% real en febrero, debido a bajas en préstamos personales y financiamiento con tarjetas.

El contraste sugiere que el crédito vinculado a inversión o vivienda muestra mayor resiliencia que el consumo financiado, un patrón habitual en etapas de política monetaria restrictiva.

Tipo de cambio y tasas: señales de estabilidad monetaria

El informe también señala que el tipo de cambio nominal cerró febrero en $1.409 por dólar, ubicándose por debajo del límite superior de la banda de flotación cambiaria.

En paralelo, las tasas de interés de corto plazo mostraron cierta volatilidad durante el mes, con un aumento a mediados de febrero que luego se revirtió. La tasa mayorista TAMAR para depósitos a plazo fijo se ubicó en torno al 31,1% nominal anual al cierre del período.

Este comportamiento sugiere que el mercado monetario mantiene niveles de liquidez relativamente controlados.

La estrategia monetaria en perspectiva

Los datos de febrero muestran un esquema monetario que combina tres pilares: Contracción real del dinero en circulación para sostener la estabilidad nominal. Acumulación de reservas mediante compras de divisas. Y recuperación gradual del crédito, aunque con diferencias entre segmentos.

    La señal institucional es clara: el Banco Central busca consolidar un régimen de disciplina monetaria mientras intenta sostener el funcionamiento del sistema financiero.

    Sin embargo, el verdadero test de la estrategia no está en las estadísticas mensuales sino en la dinámica de los próximos meses. La evolución del crédito, la estabilidad del mercado cambiario y la capacidad de mantener reservas en crecimiento marcarán si el actual equilibrio monetario logra sostenerse sin frenar la actividad económica.

    Informe Monetario Mensual Febrero de 2026 by CristianMilciades

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    El Gobierno baja tasas y aumenta la intervención cambiaria para contener al dólar en el inicio de marzo

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    El inicio de marzo expone un nuevo movimiento táctico en la política económica: el Gobierno redujo las tasas de interés en pesos y al mismo tiempo intensificó su intervención cambiaria para contener la presión sobre el dólar. El tipo de cambio oficial cerró la semana en $1.416, con una suba de 1,4% semanal, mientras el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y el Tesoro volvieron a operar activamente en distintos segmentos del mercado.

    El diagnóstico, elaborado por la consultora Ecolatina, muestra una dinámica que empieza a definir el tono del frente monetario: menor tasa en pesos, mayor liquidez y presencia oficial en los mercados para evitar un salto cambiario. La pregunta que sobrevuela la estrategia es si el equipo económico podrá sostener ese equilibrio en un contexto de demanda de dinero debilitada y actividad interna aún incierta.

    Baja la tasa y sube la intervención

    Inicia un marzo con una serie de movimientos en el plano cambiario-monetario. El tipo de cambio de cambio se estabilizó por encima de los $1.400 que registró la semana previa, cerrando en la jornada de hoy en $1.416 (+1,4% semanal).

    El reciente cambio de estrategia que motivó una baja de las tasas de interés en pesos y un aumento del dólar produjo una intervención de las autoridades económicas. El Tesoro reapareció en el mercado de cambios vendiendo divisas y el BCRA volvió a intervenir en el dollar linked. De todas formas, las operaciones por el momento no afectaron una liquidez bancaria que luce holgada y las tasas se mantienen en torno al 20% TNA. En otro orden, con datos por febrero cerrado la Base Monetaria volvió a caer nominalmente, producto de una esterilización de las compras de dólares vía BCRA (Pases y mercado secundario) y el Tesoro (licitaciones y superávit fiscal). En este sentido, la compra de divisas está siendo contra mayor deuda pública. Esto ocurre porque la demanda de dinero nominal y real no logra recuperarse.

    Para que el programa de compras prosiga sin sobresaltos, será fundamental mantener las expectativas de devaluación a raya, máxime en un año donde los drivers de la actividad interna (y la demanda de dinero que tiene como contrapartida) cada vez están menos claros. Asimismo, para que esta estrategia sea más sostenible en el tiempo será clave retornar a los mercados internacionales de deuda para despejar el perfil de vencimientos en moneda dura y robustecer las perspectivas de Reservas del BCRA. 

    Inicia un marzo con una serie de movimientos en el plano cambiario-monetario. El tipo de cambio se estabilizó por encima de los $1.400 que registró la semana previa, cerrando en la jornada de hoy en $1.416 (+1,4% semanal). No obstante, con un techo de la banda aumentando el ritmo de deslizamiento (ajusta a la inflación de 2,9% de enero) la distancia a la banda superior se mantiene en torno al 15% que viene oscilando desde finales de febrero.

    Detrás de esta suba, se evidenciaron movimientos en tándem del BCRA y el Tesoro. Mencionábamos la semana pasada que desde mediados de febrero se notó un cambio en la estrategia monetaria, con las autoridades inyectando con mayor determinación liquidez en el mercado (vía licitación de Finanzas y operaciones del BCRA) para contener una tasa en pesos que se posicionó por encima del 40% TNA (hoy en 20% TNA) a costa de un aumento del tipo de cambio.

    Respecto al aumento del dólar, se superpuso a esta recalibración monetaria un mayor ruido externo tras los episodios y la escalada bélica de medio oriente, que repercutió en la cotización de las divisas. En concreto, el dólar actuó como refugió global y subió 1,6% en términos nominales en la semana, revirtiendo la tendencia que venían presentando las monedas emergentes. Por caso, Brasil se depreció nominalmente 2,4% desde la irrupción del conflicto, corrigiendo parcialmente la apreciación que venía presentando a lo largo del 2026 (+7%).

    En este contexto, el Tesoro reapareció en el mercado de cambios. El pasado 23 de febrero los depósitos del Tesoro en dólares subieron USD 119 M, al tiempo que los depósitos en pesos (expresados en dólares) bajaron USD 132 M, por lo que estimamos que las compras fueron por al menos USD 126 M. Sin vencimientos relevantes por delante, lo importante ocurrió luego: durante las tres ruedas posteriores, el Tesoro se desprendió de la misma cifra en el mercado cambiario, justo en momento donde el dólar (producto de la recalibración mencionada) acumuló un alza del 2,7%.

    Por estas razones, estimamos que la estrategia fue contener la presión alcista de la divisa en un contexto donde el equipo económico apostó por lanzar más liquidez al mercado. Y decimos esto porque, a pesar de que por esas fechas se producían vencimientos de deuda en dólares provinciales (puntualmente Buenos Aires por poco más de USD 350 M), no se registraron movimientos inusuales en los depósitos en dólares del sector público. Por el contrario, a finales de febrero se redujeron USD 355 M, indicando que los mencionados vencimientos se cancelaron con depósitos prexistentes (es decir, las provincias no salieron “a demandar”).

    En cuanto al BCRA, habría vuelto a ofrecer cobertura cambiaria en el mercado. En una semana atravesada por el ruido externo, se registraron operaciones inusualmente elevadas en la curva de dólar linked (en especial en el instrumento con vencimiento a abril), lo que indicaría que la autoridad monetaria optó por contener el alza en el dólar oficial y por retirar parcialmente la liquidez inyectada a finales de febrero.

    Más allá de ello, hasta el momento las operaciones no fueron de una magnitud suficiente para afectar a las tasas en pesos, que se mantuvieron en el orden del 20% TNA. De hecho, el colchón de liquidez luce lo suficientemente “holgado” para que los bancos puedan administrar con comodidad las obligaciones de encajes en pesos. Visto en números, luego de que los Pases que tienen las entidades con el Central se ubicaran al cierre de febrero en $2,6 bn (día donde el Tesoro inyectaba los $0,5 bn correspondientes a la subasta), el stock por dichas operaciones se redujo hasta los $0,98 bn al 4 de marzo (último dato disponible). En contraposición, la obligación de integración en pesos en el BCRA subió en la misma cuantía durante el mismo lapso. Por lo tanto, los bancos cuentan con una liquidez suficiente para rotar desde Pases a encajes y cumplimentar las obligaciones, y un colchón de liquidez cercano al $1 bn (más del doble de lo que exhibieron en gran parte de febrero).

    En otro orden, con datos monetarios cerrados por febrero podemos confirmar que la estrategia de compra de divisas del Central a cambio de deuda pública se mantuvo firme. De hecho, lejos de ello la estrategia se profundizó. Yendo al detalle, la Base Monetaria cayó $1,8 bn en términos corrientes durante el segundo mes del año, producto principalmente de una mayor esterilización del BCRA mediante la rueda de simultáneas (-$3,5 bn) de los pesos emitidos por las compras de divisas (+$2,2 bn) y en menor medida del rollover obtenido por Finanzas (-$1,2 bn).

    El cambio respecto a enero es que la inyección de liquidez de mediados de febrero implicó que la autoridad monetaria tenga una postura expansiva en el mercado secundario (al menos +$0,5 bn) y, por lo tanto, las compras en el MULC no tuvieron como contrapartida la cobertura cambiaria ofrecida en aquel entonces. Respecto a esto, habrá que ver si la reciente nueva intervención en dollar linked se convierte en una postura sistemática u obedece a factores puntuales debido a la coyuntura internacional.

    Parte de esta estrategia obedece a una demanda de dinero que no termina de aparecer. Los diferentes agregados monetarios (proxy de la demanda dinero) cayeron en mayor medida durante el mes pasado. El M2 Privado Transaccional (circulante + depósitos no remunerados) cayó a 0,2% mensual sin estacionalidad y el M3 Privado (M2 + plazos fijos) descendió 1,1% s.e., mientras que el M2 Privado (circulante + depósitos sin excluir remunerados) fue el único en subir (+0,7% s.e.).

    El punto está en que sin una recuperación de la actividad interna y el consumo no habrá demanda que compense la emisión de Base. Los indicadores de consumo (autos, escrituras, etc.) no terminan de despegar y el panorama del crédito no luce alentador (moras históricamente elevadas), sumado a una actividad anclada principalmente en actividades primarias que no dan espacio a que emerja una demanda de dinero por motivos transaccionales en el corto plazo. Incluso, el leve “oxígeno” para actividades domésticas que puede implicar la reciente suba del tipo de cambio no tuvo como contrapartida una depreciación real. De hecho, se apreció, fruto de la aceleración de la inflación y una depreciación nominal que estuvo por debajo de los socios comerciales (nos apreciamos 2% con Brasil desde el conflicto en medio oriente).

    Para peor, la demanda nominal de dinero no tiene una recuperación clara. El M2 Privado transaccional y el M2 Privado acumulan una baja del 2,0% y 4,7% en lo que va de 2026, respectivamente, mientras que el M3 fue el único que creció (+1,6%) fruto del comportamiento de los plazos fijos (+9,9%) que fueron constituidos a una tasa de interés real en terreno positivo. Es decir, la demanda de pesos no está apareciendo ni siquiera para convalidar un contexto de mayores precios (necesito más $ para comprar la misma cantidad), algo que está detrás del cálculo de las compras por USD 10.000 M que estimó el BCRA en el relanzamiento del programa.

    En suma, la política monetaria es contractiva. La inyección de pesos por compra de divisas se las esteriliza en mayor cuantía mediante las operaciones del Central (Pases + mercado secundario) y el Tesoro (licitaciones y superávit fiscal). Para que el programa de compras prosiga sin sobresaltos, será fundamental mantener las expectativas de devaluación a raya, máxime en un año donde los drivers de la actividad interna (y la demanda de dinero que tiene como contrapartida) cada vez están menos claros. Asimismo, para que esta estrategia sea más sostenible en el tiempo será clave retornar a los mercados internacionales de deuda para despejar el perfil de vencimientos en moneda dura y robustecer las perspectivas de Reservas del BCRA.  

    Sube del dólar oficial

    El tipo de cambio spot finalizó en $1.416 (+1,4% semanal). Por otro lado, el BCRA compró USD 291 M en la semana y las Reservas Netas (Brutas – Swap CH y USA – Encajes – REPOs – SEDESA) se ubicarían en terreno negativo por USD 500 M.

    La brecha cambiaria se estabiliza

    Los dólares alternativos finalizaron mixtos: el dólar minorista subió 0,7% ($1.436) respecto al viernes de la semana anterior, el dólar CCL operado con CEDEARs ascendió 1,3% ($1.479) y, por el contrario, el dólar MEP operado con AL30 se redujo 0,4% ($1.431) y el blue bajó 0,7% ($1.415). De esta forma, la brecha promedio finalizó en la zona del 2%.

    Los futuros de dólar suben

    Los contratos a futuro del dólar acompañaron al movimiento del spot. En detalle, los contratos con vencimiento entre marzo a mayo subieron 0,5% y aquellos con vencimiento desde junio 2026 aumentaron 0,7%. Respecto a las devaluaciones implícitas, el mercado cerró con una devaluación del +1,7%, +4,0% y +6,3% para marzo, abril y mayo, respectivamente.

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    El Banco Central suma US$124 millones y consolida la mayor racha compradora

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    La entidad acumula 41 ruedas consecutivas de compras en el mercado oficial y casi US$3.000 millones en 2026. La dinámica fortalece la estrategia cambiaria del Gobierno, aunque las reservas volvieron a caer por factores externos.

    Un Banco Central comprador en un contexto global adverso

    El Banco Central aceleró este jueves su intervención en el mercado de cambios y compró US$124 millones, en una jornada que extendió la racha compradora a 41 ruedas consecutivas, la más larga desde 2012. La operación consolidó un saldo positivo cercano a US$3.000 millones en lo que va de 2026, en un contexto internacional más volátil por el conflicto en Medio Oriente y el fortalecimiento global del dólar.

    El dato no pasó desapercibido en la City. El inicio de marzo suele estar marcado por una mayor demanda minorista de divisas y pagos vinculados a consumos en el exterior, un escenario que habitualmente presiona al mercado cambiario. Sin embargo, la autoridad monetaria logró sostener compras netas y mantener estabilidad relativa en el tipo de cambio, con el dólar minorista promedio vendedor en $1.425,473.

    La pregunta que empieza a circular entre analistas es si esta dinámica representa una señal de fortaleza estructural del esquema cambiario del Gobierno o si se trata de una ventana transitoria sostenida por condiciones específicas del mercado.

    La dinámica del mercado oficial y el rol central del BCRA

    Según el seguimiento de la consultora Facimex, en las primeras tres ruedas de marzo el Banco Central acumuló compras por US$127 millones en el mercado de cambios, distribuidas en US$70 millones el lunes, US$17 millones el martes y US$40 millones el miércoles.

    La secuencia se amplió con la intervención de este jueves, que elevó la magnitud de las compras diarias y reforzó una tendencia que el mercado evalúa en dos dimensiones: persistencia y volumen. La continuidad de las intervenciones es clave para medir si el proceso de acumulación de reservas responde a una estrategia sostenida o a condiciones circunstanciales.

    En ese sentido, el actual ciclo de 41 ruedas consecutivas de compras en el mercado oficial se convirtió en un indicador político y económico relevante. La última vez que el Banco Central registró una racha comparable fue en 2012, cuando alcanzó 52 jornadas consecutivas.

    La comparación adquiere mayor peso porque, al observar la intervención cambiaria en dólares constantes durante las primeras ruedas de cada año, 2026 se ubica entre los tres mejores registros de la última década. El acumulado de US$2.800 millones queda solo por detrás de 2025 (US$3.700 millones) y 2024 (US$6.400 millones).

    Los tres registros corresponden al actual ciclo de política económica, un dato que el mercado utiliza para evaluar consistencia y sostenibilidad del esquema cambiario.

    Reservas en retroceso y señales mixtas

    Pese a las compras, las reservas brutas cayeron US$383 millones y cerraron en US$45.825 millones, perforando nuevamente el umbral de los US$46.000 millones.

    La baja respondió principalmente a factores de valuación y compromisos externos. La caída del precio del oro, que retrocedió 1,4%, generó una pérdida cercana a US$200 millones, mientras que los pagos a organismos internacionales sumaron alrededor de US$30 millones.

    Este contraste entre compras sostenidas en el mercado oficial y retrocesos en el stock de reservas ilustra una de las tensiones estructurales del frente cambiario: acumular divisas no siempre se traduce de forma inmediata en mayor nivel de reservas, especialmente cuando intervienen factores financieros globales.

    Tipo de cambio y tasas: el equilibrio que busca el Gobierno

    El tablero cambiario mostró movimientos moderados en las distintas cotizaciones.

    El dólar mayorista subió $6,50 y cerró en $1.407, consolidándose por encima de los $1.400, mientras que el dólar minorista en el Banco Nación avanzó 0,4% hasta $1.425. En paralelo, el dólar blue retrocedió a $1.400, con una baja diaria de $15.

    En los segmentos financieros, el contado con liquidación (CCL) se ubicó en $1.474,93 y el MEP en $1.432,10, mientras que el dólar tarjeta alcanzó $1.852,50.

    Las tasas también forman parte del esquema de estabilización. La TAMAR de bancos privados se ubicó en 31,00% nominal anual y la BADLAR en 28,44%, niveles que el sistema financiero utiliza como referencia para sostener el atractivo relativo de los instrumentos en pesos frente a la dolarización.

    Un peso fortalecido y un Tesoro con bajo protagonismo

    Otro dato relevante del reporte es el rol limitado del Tesoro en el mercado de cambios. Facimex registró ventas por US$265 millones en enero y estima que en febrero el resultado fue prácticamente neutro.

    Según esa reconstrucción, el Tesoro realizó una compra de US$132 millones el 23 de febrero y ventas por US$118 millones entre el 24 y el 26, lo que confirma un protagonismo acotado frente a la intervención del Banco Central.

    En ese marco, el peso mostró una fortaleza inusual: las compras de divisas no generaron presiones cambiarias y el tipo de cambio se mantuvo lejos del techo de la banda. Durante el primer bimestre del año la moneda argentina se apreció 3,5%, y en el inicio de marzo sumó 0,5% adicional, convirtiéndose en la moneda emergente con mejor desempeño relativo, incluso en un contexto global de fortalecimiento del dólar.

    Un frente cambiario que sigue bajo observación

    La dinámica actual ofrece al Gobierno un margen de estabilidad en uno de los frentes más sensibles de la economía. La continuidad de compras del Banco Central, combinada con un tipo de cambio contenido y tasas en niveles positivos, refuerza la narrativa oficial de un esquema cambiario ordenado.

    Sin embargo, el escenario externo introduce un elemento de incertidumbre. La guerra en Medio Oriente elevó la aversión al riesgo global y fortaleció al dólar frente a otras monedas, una tendencia que podría trasladar presión a los mercados emergentes.

    En ese contexto, la clave para las próximas semanas será observar si la racha compradora del Banco Central logra sostenerse cuando aumenten las tensiones financieras externas o si el actual equilibrio responde a condiciones transitorias del mercado.

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    El Banco Central lleva 41 ruedas consecutivas de compras y supera los USD 2.800 millones en 2026

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    El Banco Central de la República Argentina acumuló más de USD 2.800 millones en compras de divisas en lo que va de 2026 y encadenó 41 jornadas consecutivas con saldo comprador. Este miércoles sumó otros USD 40 millones en el mercado cambiario, en una rueda con bajo volumen, y llevó el total anual a USD 2.839 millones desde el inicio de la fase 4 del programa monetario en enero.

    El dato no es menor: representa cerca del 28% del objetivo oficial para el año y se produce en un escenario de dólar mayorista en baja —cerró en $1.400,50, con retroceso del 1%— y reservas internacionales en USD 46.208 millones. La pregunta que empieza a circular en el mercado es si el ritmo actual consolida un nuevo piso de estabilidad o si depende en exceso de factores estacionales y financieros.

    Fase 4, emisión y absorción: el engranaje del esquema monetario

    Desde enero, cuando comenzó la cuarta etapa del programa monetario, la autoridad monetaria compró USD 2.839 millones. Solo en febrero acumuló USD 1.555 millones, un salto significativo en la estrategia de acumulación.

    Para sostener esas compras, el Central emitió pesos sin esterilizar en el momento de adquirir los dólares. Luego, el Tesoro absorbió parte del excedente a través de colocaciones de deuda en el mercado local. En las últimas licitaciones evitó expandir en exceso la base monetaria para no trasladar presión a los precios.

    El presidente del organismo, Santiago Bausili, explicó que la acumulación dependerá de la demanda de pesos y del flujo de dólares hacia el sistema. La meta oficial para 2026 oscila entre USD 10.000 y USD 17.000 millones, según estimaciones oficiales. El margen es amplio y deja claro que el Gobierno condiciona el objetivo a la dinámica de confianza en la moneda local.

    El esquema operativo incluye un tope diario de compra equivalente al 5% de las operaciones en el Mercado Libre de Cambios. Además, habilita adquisiciones fuera del mercado mayorista mediante acuerdos directos con compañías e instituciones, con el objetivo de reducir presión sobre la cotización.

    Deuda, exportaciones y financiamiento: las fuentes de los dólares

    La disponibilidad de divisas provino principalmente de la liquidación de exportaciones del sector agroindustrial y de emisiones de deuda corporativa y subsoberana. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, empresas y provincias colocaron alrededor de USD 11.000 millones en obligaciones negociables y bonos.

    Ese flujo fortaleció la oferta en el mercado y permitió al Banco Central intervenir sin forzar la cotización. En paralelo, el Tesoro compró dólares a la autoridad monetaria para afrontar compromisos externos, lo que moderó el impacto neto sobre las reservas.

    A comienzos de semana, el Central pagó USD 1.004 millones correspondientes a los Bonos para la Reconstrucción de la Argentina Libre (Bopreal), un instrumento diseñado para que empresas con deudas comerciales externas regularicen compromisos con proveedores. El pago tensionó el stock, pero no alteró la tendencia general de acumulación.

    A fines de febrero, las reservas habían alcanzado USD 46.905 millones, el nivel más alto desde el inicio del gobierno de Javier Milei y el mayor en más de seis años.

    Tipo de cambio y banda: margen de maniobra

    El dólar mayorista cerró este miércoles en $1.400,50, 214,02 pesos por debajo del techo de la banda cambiaria fijado en $1.614,52. Es decir, el tipo de cambio oficial se ubica 15,2% debajo del límite superior del esquema.

    El volumen operado en contado fue de USD 331,5 millones, inferior al promedio reciente. La combinación de menor demanda y oferta sostenida permitió sostener el sendero descendente sin intervención agresiva. Para fin de mes, el techo de la banda se proyecta en torno a los $1.654.

    El Gobierno observa esa brecha como un colchón de credibilidad: mientras el dólar se mantenga lejos del límite, el esquema luce administrable. Pero ese margen también depende del ingreso de divisas y del apetito por instrumentos en pesos.

    Correlación económica y agenda política

    En términos políticos, la acumulación de reservas fortalece al equipo económico. Mejora la capacidad de pago de deuda, reduce vulnerabilidad externa y otorga margen frente a eventuales shocks. También consolida la narrativa oficial de estabilización tras la volatilidad inicial del programa.

    Sin embargo, el mecanismo no es neutro. La emisión para comprar dólares requiere coordinación fina con el Tesoro para evitar que el excedente presione la inflación. La estrategia descansa en un delicado equilibrio entre absorción monetaria, financiamiento en pesos y confianza cambiaria.

    La acumulación ya superó un cuarto de la meta anual. El desafío será sostener el ritmo cuando la estacionalidad de exportaciones pierda fuerza y cuando el calendario de deuda exija nuevas salidas de divisas.

    Por ahora, el Banco Central compra, el dólar retrocede y las reservas crecen. El mercado observa si la secuencia responde a un ciclo virtuoso consolidado o a una ventana favorable que aún debe atravesar pruebas más exigentes.

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    El dólar retrocede en el arranque de marzo y el BCRA sostiene la pulseada cambiaria con compras récord

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    El dólar bajó en el mercado de cambios, la oferta se impuso en la primera rueda del mes, mientras el Banco Central consolida 39 jornadas consecutivas de intervención compradora. ¿Se afianza la estabilidad o es una tregua táctica?

    Un inicio de mes con señal política

    El dólar arrancó marzo con una baja que excede lo estrictamente financiero. En la primera rueda del mes, el tipo de cambio minorista cerró en $1.415 para la venta en el Banco Nación, cinco pesos por debajo del viernes, luego de haber tocado un máximo intradiario de $1.435. En el segmento mayorista, la divisa terminó en $1.395, con un retroceso marginal de dos pesos o 0,1%, pese a haber operado buena parte del día por encima de los $1.400.

    El dato no es menor en el actual escenario económico: el Banco Central encadena 39 jornadas consecutivas de compras en el mercado de cambios y cerró su primer mes completo de 2026 con saldo positivo diario. En un contexto de tensiones externas vinculadas al conflicto en Oriente Medio y con proyecciones de inflación en revisión, la estabilidad cambiaria vuelve a funcionar como termómetro político. La pregunta es si el Gobierno consolida un ancla de expectativas o si apenas administra un equilibrio delicado.

    Intervención sostenida y metas ambiciosas

    La jornada mostró volatilidad, pero con bajo volumen: en el segmento de contado se negociaron USD 366,1 millones. Aun así, la oferta alcanzó para inclinar la balanza a la baja. El techo de la banda cambiaria fue fijado por el Banco Central en $1.611,54, lo que dejó al tipo de cambio oficial a $216,54 —o 15,6%— de ese límite.

    Detrás de la dinámica diaria asoma una estrategia más amplia. El programa anunciado a mediados de diciembre proyecta una acumulación anual de reservas de entre USD 10.000 y USD 17.000 millones, con el objetivo de sanear el balance del Banco Central y facilitar la remonetización de la economía. En esa línea se inscriben las compras sostenidas y el canal de refinanciamiento al Tesoro vinculado a la demanda del Bonar 2027.

    El propio Banco Central informó que en enero la demanda neta de moneda extranjera alcanzó USD 2.730 millones. De ese total, USD 2.203 millones correspondieron a compras netas realizadas por 1,6 millones de ahorristas individuales, una cifra cercana al récord de 1,8 millones de compradores registrado en septiembre pasado. El dato confirma que el frente cambiario no descansa solo en decisiones de política monetaria, sino también en el comportamiento social frente a la incertidumbre.

    Correlación de fuerzas y señales al mercado

    El retroceso del dólar —incluido el segmento informal, que cedió cinco pesos hasta $1.420 vendedor— refuerza momentáneamente la narrativa oficial de control sobre el mercado cambiario. La continuidad de compras por parte del Banco Central fortalece su posición institucional y mejora su capacidad de negociación frente a eventuales tensiones financieras.

    Sin embargo, el equilibrio no depende solo de la intervención. El mercado ajustó al alza las proyecciones de inflación de febrero, anticipando un número similar al de enero, y observa de cerca la recaudación tributaria, el Relevamiento de Expectativas de Mercado y los indicadores de actividad de enero en sectores como industria y construcción. La estabilidad cambiaria necesita respaldo en el “mundo pesos” y en la economía real, donde todavía se identifican puntos de fragilidad.

    La acumulación de reservas, en ese marco, no es solo una meta técnica. Incide sobre la gobernabilidad económica y condiciona la agenda de reformas estructurales que el Ejecutivo impulsa con la vista puesta en 2027, un año que se perfila como desafío político y financiero.

    Un equilibrio en construcción

    El inicio de marzo ofrece una foto de calma relativa: dólar contenido, compras oficiales sostenidas y metas explícitas de fortalecimiento del balance del Banco Central. Pero la estabilidad se apoya en varios pilares simultáneos: liquidez en pesos, tasas en proceso de normalización, disciplina fiscal y expectativas de inflación bajo control.

    En las próximas semanas, el mercado pondrá a prueba si el tipo de cambio logra sostenerse con compras oficiales constantes y tasas más bajas. También se evaluará si la acumulación de reservas avanza al ritmo prometido o si la demanda privada vuelve a tensionar la plaza.

    Por ahora, el Gobierno consigue que el dólar retroceda en el arranque de marzo. Si se trata de un punto de inflexión o de una pausa táctica dependerá de variables que todavía están en movimiento.

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