Ministerio de Seguridad

El Gobierno lanza un plan federal contra el fraude digital y busca coordinar a todo el sistema de seguridad

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El Gobierno nacional formalizó la creación del Plan Federal de Lucha contra el Fraude Ciberasistido (2026-2027), una estrategia orientada a enfrentar el crecimiento de los delitos informáticos mediante una coordinación más amplia entre el Estado nacional, las fuerzas federales y las jurisdicciones provinciales. La medida fue establecida por la Resolución 231/2026 del Ministerio de Seguridad Nacional, firmada el 11 de marzo y publicada el 16 de marzo en el Boletín Oficial.

El eje de la iniciativa apunta a organizar una respuesta estatal frente a una modalidad delictiva que se multiplicó con la digitalización de las transacciones económicas y el uso masivo de internet. En ese contexto, la cartera de Seguridad dispuso que la Dirección de Ciberdelito y Asuntos Cibernéticos coordine la implementación transversal del plan dentro del ministerio y entre las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales.

La decisión instala una señal política clara: el Gobierno busca consolidar una arquitectura institucional específica para el combate del delito digital, un terreno donde la capacidad del Estado suele fragmentarse entre jurisdicciones, organismos y marcos regulatorios distintos. La pregunta de fondo es si esta nueva estructura logrará articular ese entramado o si quedará limitada a un esquema programático dentro de la burocracia de seguridad.

El marco institucional detrás del plan

El plan se inscribe dentro de la estructura normativa que regula la política criminal del Estado. La Ley de Ministerios (22.520) asigna al Ministerio de Seguridad la responsabilidad de diseñar programas de prevención del delito y coordinar el esfuerzo policial a nivel nacional, mientras que la Ley de Seguridad Interior (24.059) establece el marco jurídico del sistema de seguridad pública.

Sobre esa base, el ministerio fue desarrollando durante los últimos años una serie de instrumentos orientados a fortalecer la respuesta frente a la ciberdelincuencia.

En 2024 se aprobaron pautas para las tareas preventivas que realizan las fuerzas federales en entornos digitales. Ese mismo año se creó el Centro de Sinergia Cibernética de las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales (CS5), orientado a analizar e investigar delitos vinculados con el uso de tecnologías.

Posteriormente, en 2025 se puso en marcha el Programa de Fortalecimiento en Ciberseguridad e Investigación del Ciberdelito (ForCIC), destinado a mejorar las capacidades de detección y respuesta ante incidentes informáticos.

El nuevo plan aprobado ahora se articula con ese conjunto de herramientas institucionales y también con el Plan Federal de Prevención de Ciberdelitos y Gestión Estratégica de la Ciberseguridad (2025-2027), que estableció lineamientos generales para el uso seguro del ciberespacio.

La resolución publicada en el Boletín Oficial busca, en ese contexto, ordenar esas iniciativas bajo un esquema específico orientado al fraude digital.

Qué busca el nuevo plan contra el fraude digital

El Plan Federal de Lucha contra el Fraude Ciberasistido (2026-2027) plantea un abordaje integral del fenómeno, combinando prevención, detección y respuesta frente a distintas modalidades delictivas que utilizan herramientas digitales.

Entre las líneas de acción previstas aparecen: campañas de concientización y educación sobre fraudes digitales, desarrollo de marcos normativos específicos, coordinación con organismos reguladores, detección anticipada de fraudes masivos y esquemas piramidales, canalización y gestión de denuncias, análisis estadístico de incidentes, detección proactiva de fraudes digitales, y capacitación de las fuerzas federales.

El plan también prevé articulación con el sector privado, un punto sensible en el ecosistema digital donde bancos, plataformas tecnológicas y empresas de servicios financieros suelen ser actores clave en la detección de fraudes.

En términos operativos, la Dirección de Ciberdelito y Asuntos Cibernéticos tendrá la responsabilidad de coordinar las acciones dentro del ministerio y de articular con las áreas especializadas de las fuerzas federales.

Un esquema federal que depende de la adhesión de las provincias

La resolución introduce además una dimensión política relevante: el plan fue concebido como un esquema federal de cooperación, por lo que invita a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir a la iniciativa.

Ese punto revela una de las tensiones estructurales del sistema de seguridad argentino. Si bien el Estado nacional puede diseñar políticas y coordinar a las fuerzas federales, gran parte de la investigación criminal y de la prevención del delito recae en las policías provinciales.

La adhesión de las jurisdicciones subnacionales será, por lo tanto, un elemento clave para determinar el alcance real del plan.

En la práctica, el objetivo es fortalecer el intercambio de información entre autoridades federales, provinciales y municipales, así como con organismos internacionales que trabajan en la lucha contra el ciberdelito.

Un delito en expansión que desafía a las estructuras tradicionales

El documento oficial que fundamenta la medida advierte que el crecimiento del uso de tecnologías digitales y de internet generó nuevas formas de criminalidad, entre ellas diversas modalidades de fraude ciberasistido que han aumentado en frecuencia y sofisticación.

Ese fenómeno incluye desde estafas digitales tradicionales hasta operaciones más complejas que combinan ingeniería social, plataformas tecnológicas y circuitos financieros.

La expansión de estas prácticas expone una debilidad estructural del sistema de seguridad: las instituciones diseñadas para enfrentar delitos físicos deben adaptarse a un entorno digital donde los delitos pueden cruzar jurisdicciones en segundos.

El plan busca responder a ese desafío mediante una estrategia coordinada y de largo plazo.

Un movimiento dentro de la estrategia de seguridad del Gobierno

La resolución aclara que la implementación del plan no implica erogaciones presupuestarias adicionales, lo que sugiere que el ministerio apuesta a reorganizar capacidades ya existentes dentro del sistema de seguridad.

La decisión se suma a otras iniciativas impulsadas en los últimos años para fortalecer las áreas especializadas en ciberdelito dentro de las fuerzas federales.

Sin embargo, la efectividad del plan dependerá de variables que exceden la resolución administrativa: la capacidad de coordinación entre organismos, la adhesión de las provincias y la articulación con el sector privado.

En un terreno donde la tecnología evoluciona más rápido que la regulación, el desafío no es solo diseñar planes sino construir estructuras operativas que puedan adaptarse a un delito en permanente mutación.

El nuevo esquema federal busca avanzar en esa dirección. Pero su impacto real empezará a medirse recién cuando las distintas jurisdicciones y organismos comiencen a desplegarlo en la práctica.

Un campo donde la política pública todavía está en construcción

El fraude digital se convirtió en uno de los delitos con mayor expansión en el ecosistema digital global. Frente a ese escenario, los Estados intentan construir herramientas institucionales que muchas veces quedan a mitad de camino entre la prevención tecnológica, la política criminal y la regulación económica.

La creación del plan federal marca un intento de ordenar esa respuesta desde el Ministerio de Seguridad.

El resultado dependerá de algo que ninguna resolución puede garantizar por sí sola: la coordinación real entre las distintas capas del sistema de seguridad y su capacidad para operar en un entorno digital cada vez más complejo.

El diseño institucional ya está sobre la mesa. Lo que ocurra en los próximos meses mostrará si se trata de una herramienta operativa efectiva o de un nuevo capítulo en la construcción —todavía incompleta— de la política de ciberseguridad argentina.

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Milei eleva a “ALTO” el nivel de seguridad nacional por la situación en Oriente Medio

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El presidente Javier Milei dispuso elevar a “ALTO” el nivel de seguridad en todo el territorio nacional a partir del 28 de febrero de 2026, según un comunicado oficial difundido desde la Oficina del Presidente de la República Argentina. La decisión responde a los acontecimientos de público conocimiento ocurridos ese mismo día en Medio Oriente y activa un esquema preventivo que incluye refuerzo de custodia en objetivos sensibles, monitoreo permanente del Sistema de Inteligencia Nacional y mayores controles en fronteras.

La medida no es solo operativa. También es una señal política. En un contexto internacional de alta tensión, el Gobierno busca mostrar capacidad de reacción inmediata y coordinación institucional. La pregunta que se abre es cómo impacta este endurecimiento del esquema de seguridad en la actividad económica, la logística y el clima de inversión.

Refuerzo preventivo y coordinación institucional

El comunicado establece que se fortalecerán los dispositivos de protección sobre objetivos sensibles civiles e infraestructura crítica. Esto incluye el refuerzo de la custodia en representaciones diplomáticas extranjeras en el país.

Además, el Sistema de Inteligencia Nacional monitorea de manera permanente la evolución de los acontecimientos en cooperación con agencias internacionales, con el objetivo de detectar riesgos o amenazas contra la seguridad nacional.

En paralelo, se activó el protocolo de alerta en fronteras. La medida implica reforzar los controles de ingreso y egreso del país y aumentar la trazabilidad de movimientos transfronterizos y la revisión de alertas tempranas en zonas consideradas sensibles. El esquema articula a la Secretaría de Inteligencia de Estado, el Ministerio de Seguridad Nacional —a través de la Dirección Nacional de Migraciones— y las Fuerzas Federales de Seguridad.

En términos institucionales, se trata de una activación preventiva dentro de las facultades del Poder Ejecutivo para resguardar la seguridad interior. No se anunció un estado de excepción ni se mencionaron restricciones extraordinarias, pero el salto en el nivel de alerta modifica la dinámica operativa de varios organismos.

Impacto económico: logística, comercio y percepción de riesgo

Aunque el comunicado no detalla efectos regulatorios adicionales, el endurecimiento de controles fronterizos puede tener implicancias en tiempos de tránsito y en la operatoria logística, especialmente en comercio exterior y transporte internacional. Un mayor nivel de trazabilidad y revisión suele traducirse en procesos más estrictos, con posibles demoras administrativas.

Para el mercado, el dato central es la estabilidad. Las decisiones en materia de seguridad influyen en la percepción de riesgo país y en el análisis que realizan inversores y compañías multinacionales sobre continuidad operativa. El refuerzo de custodia en representaciones diplomáticas y en infraestructura crítica apunta, justamente, a preservar esa normalidad.

En sectores como energía, transporte, telecomunicaciones y servicios estratégicos, el concepto de “infraestructura crítica” adquiere peso específico. La protección reforzada busca evitar interrupciones que impacten en producción, abastecimiento o precios. En un escenario internacional volátil, la anticipación es parte del mensaje.

Señal política en un escenario global incierto

El Gobierno reafirmó su compromiso con la defensa de la vida, la libertad y el orden constitucional. La elevación del nivel de seguridad se inscribe en una lógica de prevención antes que de reacción. No corrige una política previa, sino que profundiza un enfoque de alineamiento con estándares de monitoreo y cooperación internacional ante eventos externos.

Hacia adentro, la medida también ordena a la estructura estatal bajo un esquema de coordinación más intenso. Hacia afuera, comunica que Argentina busca blindar su territorio ante eventuales externalidades del conflicto internacional.

El efecto económico dependerá de la duración del nivel de alerta y de la evolución del contexto global. Por ahora, el Ejecutivo optó por anticiparse y marcar presencia institucional. En un mundo donde la seguridad y la estabilidad influyen directamente sobre mercados y flujos de inversión, esa decisión adquiere un significado que excede lo estrictamente operativo.

Cancillería expresó su respaldo a la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán

La Cancillería expresó este sábado su apoyo a la ofensiva militar impulsada conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán y consideró que “las medidas adoptadas contribuirán a fortalecer el régimen internacional de no proliferación nuclear”.

Conforme al comunicado oficial con estas acciones “se consolidará un marco de paz y seguridad duradera”.

“El Gobierno de la República Argentina valora y apoya las acciones conjuntas realizadas por los Estados Unidos de América y el Estado de Israel destinadas a neutralizar la amenaza que el régimen de la República Islámica de Irán representa para la estabilidad internacional a largo plazo y la seguridad en la región”, inició el escrito.

En este sentido, enfatiza que “pese a los reiterados esfuerzos diplomáticos de la comunidad internacional, Irán no desmanteló completamente su programa nuclear, no cesó sus actividades sensibles de enriquecimiento ni ha puesto fin al apoyo que brinda a actores armados no estatales que operan de manera desestabilizadora en distintos países de la región”, motivo por el que “se constituye una amenaza persistente a la paz y la seguridad internacionales”.

El canciller Pablo Quirno manifestó que “la Argentina condena enérgicamente los ataques” cometidos por Irán contra “naciones como Israel, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Reino Unido, Arabia Saudita, Kuwait, así como “instalaciones y personal de EEUU en la región”.

Sin embargo, el Gobierno expresó su solidaridad con el pueblo iraní que durante estos años reclamó “con valentía su aspiración a vivir en libertad”, a la vez que el atentado terrorista perpetrado por Hezbolá contra la AMIA en 1994.

La cartera informó que “coordina con la red consular”, que “permanece en contacto con los connacionales a fin de asistirlos ante cualquier eventualidad”.

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Monteoliva impulsa un sistema unificado de información para medir la gestión en seguridad

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El Ministerio de Seguridad avanzó en la creación de un nuevo sistema de información que amplía las responsabilidades operativas de las fuerzas federales más allá del combate directo contra el delito. A partir de la Resolución 108/2026, publicada en el Boletín Oficial, cada fuerza policial y de seguridad deberá relevar, clasificar y cargar datos de su gestión en siete categorías obligatorias, que luego serán procesadas con fines estadísticos. La medida apunta a unificar criterios, mejorar la comparabilidad de la información y fortalecer la toma de decisiones, aunque también incorpora nuevas cargas administrativas para el personal operativo.

Un sistema estadístico centralizado para la gestión de la seguridad

La resolución firmada por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, crea el Sistema de Información Estadística de las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales (SIEFFSS), que funcionará en la órbita de la Dirección Nacional de Estadística Criminal. El objetivo formal es ordenar y sistematizar la información vinculada a la gestión de la seguridad en distintos niveles, ante la falta de estándares comunes que caracterizaba hasta ahora a la provisión de datos por parte de las fuerzas.

Según se establece en la norma, el SIEFFSS deberá contener al menos siete componentes de información, cuya carga quedará a cargo de las distintas reparticiones de las fuerzas federales. Entre ellos se incluyen las intervenciones ordinarias y extraordinarias realizadas en tareas de prevención del delito, respuesta ante hechos delictivos, mantenimiento del orden público y acciones de contención o rescate. En la práctica, esto implica que cada procedimiento ejecutado por personal de seguridad federal deberá ser informado y clasificado dentro del sistema.

A ese núcleo operativo se suman otros ejes relevantes: recursos humanos disponibles y su condición actual, cantidad y tipo de incautaciones, capacidades logísticas y materiales, agentes fallecidos o heridos en servicio y cantidad de civiles abatidos y terceros damnificados en procedimientos. La amplitud de las categorías refleja un enfoque integral de la gestión, que excede la estadística criminal tradicional y abarca dimensiones operativas, humanas y materiales.

Más responsabilidades sin costo fiscal y con exigencias de resguardo

La resolución aclara que la creación del SIEFFSS no implica erogaciones para el Estado Nacional, ya que la implementación recae exclusivamente sobre las propias fuerzas de seguridad. En ese marco, cada organismo deberá adecuar sus procedimientos y normativas internas y designar un área de referencia única encargada de poner en funcionamiento el sistema.

El esquema incorpora obligaciones concretas para el personal: resguardar la información por un plazo mínimo de 20 años, establecer procedimientos específicos para la obtención y carga de datos, monitorear desvíos o errores en la información registrada y garantizar la disponibilidad periódica y oportuna de los datos. De este modo, a las tareas operativas habituales se suma una capa administrativa y técnica que busca sostener la calidad y consistencia de la información.

Hasta ahora, el Ministerio de Seguridad recibía datos producidos bajo criterios clasificatorios heterogéneos, lo que dificultaba su agregación y comparación. Ese diagnóstico quedó explicitado en la resolución, donde se señala que “el relevamiento de dicha información presenta criterios clasificatorios heterogéneos, lo cual dificulta su agregación y comparabilidad”, fundamento central para avanzar hacia un sistema unificado.

En cuanto al acceso, la norma establece que la información será confidencial y de manejo interno, aunque podrá utilizarse para presentaciones estadísticas que disponga la propia gestión, dejando en manos del Ministerio la decisión sobre su eventual difusión pública.

Seguridad, datos y territorio: el respaldo político al Plan Bandera

La creación del SIEFFSS se inscribe en un contexto de fuerte énfasis del Gobierno nacional en la gestión de la seguridad, con foco territorial en zonas críticas. En ese marco, Monteoliva mantuvo una reciente visita a Rosario, uno de los principales ejes de la estrategia libertaria en la materia, donde participó de un acto encabezado por el gobernador Maximiliano Pullaro y acompañó la entrega de nuevos vehículos a las fuerzas en el marco del Plan Bandera.

Durante esa actividad, la ministra remarcó que “Rosario y Santa Fe siguen siendo una prioridad” y sostuvo que “enero fue el mes menos violento desde la implementación del Plan Bandera”, atribuyendo los resultados a la intensificación de los operativos y a una mayor coordinación entre Nación y provincia.

En ese sentido, el nuevo sistema estadístico aparece como una herramienta complementaria: ordenar datos, medir resultados y sostener con información la narrativa de gestión en un área políticamente sensible. Al mismo tiempo, abre interrogantes sobre el impacto operativo de sumar tareas de carga y control de información a fuerzas que ya enfrentan una alta demanda en el territorio.

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Incautan más de 100 kilos de marihuana en Bernardo de Irigoyen

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Agentes del servicio aduanero detectaron en horas de la madrugada un vehículo que ingresaba a la República Argentina proveniente de la ciudad de Dionisio Cerqueira, República Federativa del Brasil.


Ante las consultas habituales efectuadas por el personal aduanero surgen inconsistencias en lo declarado por ambos ocupantes de un vehículo marcha Chevrolet modelo Spin, habida cuenta que ante la consulta de donde provenian y adonde se dirigían, respondieron provenir desde Foz de Iguazú y con destino a la ciudad de Camboriú, razón por la cual y ante el accionar del personal de la Dirección General de Aduanas apostado en el paso fronterizo se procedió a un control exhaustivo del vehículo requiriendo primeramente la documentación del rodado y las personas, a lo cual ambos individuos descienden del vehículo, entregan la cédula verde del rodado y en forma inmediata emprenden una fuga mediante la frontera seca hacia el país vecino, lo que activó en forma inmediata un protocolo para dar con las personas fugadas.


Efectuada la requisa del vehículo, se produjo el hallazgo de 188 panes de una sustancia vegetal que sometida al narcotest arrojó resultado positivo para el estupefaciente conocido comúnmente como marihuana.


Interviene el Juzgado Federal de Eldorado

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Reforma del Código Penal: el Gobierno endurece penas y el 82% de los delitos será de cumplimiento efectivo

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El Gobierno impulsa una reforma integral del Código Penal, subirán penas en casi 20 delitos y el 82% tendrá cumplimiento efectivo

El Gobierno presentó este lunes una reforma estructural del Código Penal que endurece las penas en casi veinte delitos, elimina la prescripción para crímenes considerados de alta gravedad y establece que el 82% de los delitos deberán cumplirse de manera efectiva. La iniciativa, anunciada por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, redefine el régimen penal argentino con impacto directo en el funcionamiento judicial, el sistema penitenciario y la política criminal del Estado.

Endurecimiento de penas y ampliación de figuras agravadas

Según explicaron Adorni y Bullrich, el proyecto eleva de forma significativa los mínimos y máximos de una amplia gama de delitos, comenzando por el homicidio simple, cuya escala pasará de los actuales 8 a 25 años a 10 a 30 años. Para el homicidio agravado, que ya contempla la prisión perpetua, se sumarán nuevos supuestos, incluyendo: víctimas que sean Presidente, Jefe de Gabinete o ministros, personal educativo asesinado por su condición de tal, víctimas menores de 16 años o mayores de 65, hechos cometidos en lugares de concurrencia masiva o con armas aptas para causar muertes múltiples, crímenes perpetrados por miembros de organizaciones criminales o dentro de centros de detención.

La reforma también modifica delitos de alta incidencia cotidiana. Lesiones leves: de 1 mes–1 año a 1–3 años. Lesiones por conducción imprudente: la figura simple será de 2–6 años y la agravada de 3–6 años. Abuso de armas: máximo de 6 años. Omisión de auxilio: pasa de multa a 1–6 años, con agravante de 2–8 años si la víctima es menor de 13 o mayor de 65. Hurto: se eleva a 3 años. Robo: nuevas escalas diferenciadas y figuras específicas para modalidades como “motochorros”, “viudas negras” y robos en lugares de concurrencia masiva. El robo simple será de 3–8 años con fuerza en las cosas y de 3–10 años cuando haya violencia.

En delitos vinculados a integridad sexual y menores, la reforma endurece significativamente las penas. Pornografía infantil: de 3–6 años a 3–12 años. Posesión con fines de distribución: pasa de 6 meses–2 años a 4–12 años. Trata de personas: límite máximo de 10 años en la figura básica y 15 años en la agravada.

Para delitos contra la administración pública, se intensifica el castigo por cohecho, que será de 3–10 años, con un tercio adicional en contrataciones públicas. Cuando el autor sea Presidente, Vicepresidente o Jefe de Gabinete, la escala sube a 5–15 años.

La usurpación, delito de alto impacto territorial, tendrá una pena de 10 años en su figura simple y 12 años en la agravada, además de multas.

Imprescriptibilidad, fin de la excarcelación automática y nuevas reglas para la ejecución de condenas

El proyecto incorpora cambios profundos en materia de prescripción. Según el Gobierno, existen delitos cuya gravedad “no puede verse condicionada por el tiempo”. Por ello, se declara imprescriptible una amplia lista de conductas, entre ellas: homicidio agravado, abuso sexual y grooming, producción y distribución de material de abuso sexual infantil, corrupción de menores, trata de personas, secuestro extorsivo, terrorismo y su financiamiento, tráfico y contrabando de estupefacientes, procesos contra organizaciones criminales, atentados al orden constitucional.

La reforma también suma nuevos actos que interrumpen el plazo de prescripción, como la orden de captura o el pedido de extradición.

En cuanto al cumplimiento efectivo de las penas, el proyecto elimina la posibilidad de ejecución condicional en un conjunto amplio de delitos. Según la presentación oficial, el sistema actual habilita la “puerta giratoria”, ya que condenas menores a tres años pueden cumplirse en libertad. Con los nuevos mínimos más altos, el 82% de los delitos deberá cumplirse efectivamente.

Entre los delitos que ya no permitirán excarcelación condicional se encuentran: estragos agravados, robos especialmente agravados, tenencia de arma de guerra sin autorización, portación ilegal de armas de fuego de uso civil.

También se modifican las reglas de libertad anticipada, excluyendo: homicidio, robo seguido de muerte, robo con armas, delitos dolosos cometidos por funcionarios en ejercicio.

Respecto de la ejecución de condenas, se establece que comenzarán a cumplirse cuando el tribunal rechace el recurso extraordinario federal, sin esperar indefinidamente la intervención de la Corte Suprema.

La reforma incluye dos medidas de alto impacto institucional. La pérdida de la jubilación de privilegio para funcionarios públicos condenados por cualquier delito. Y la confirmación de que la prisión perpetua “implicará para siempre”.

El proyecto también fortalece el marco de la legítima defensa, introduciendo una presunción favorable a quien responde ante un ataque.

Impacto institucional y reacciones esperadas

El Gobierno presenta la reforma como un salto cualitativo en política criminal, enfocado en la prevención, la disuasión y el castigo efectivo. La ministra Patricia Bullrich ubicó los cambios dentro de una estrategia de “tolerancia cero” frente al delito, mientras que Adorni enmarcó el proyecto como parte de un rediseño normativo integral.

El nuevo esquema tendrá consecuencias directas en: el sistema penitenciario, que deberá albergar más condenados y por plazos más extensos; la Justicia penal, que incorporará nuevas figuras, escalas y causales de interrupción de prescripción; la función pública, dado el impacto de la pérdida de jubilaciones de privilegio; la sociedad civil y las víctimas, que adquieren nuevas instancias de participación en decisiones vinculadas con beneficios penitenciarios.

También se prevé una reconfiguración del mapa delictivo, especialmente en delitos urbanos como robo, hurto y abuso de armas, y en delitos federales como narcotráfico y trata.

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