MONSEÑOR

Petición a María de Itatí

Compartí esta noticia !

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 16° domingo durante el año [22 de julio de 2018]
El 16 de julio se ha celebrado la coronación de la imagen de «Nuestra Señora de Itatí». En 1615 fue Fray Luis Bolaños quien trajo la imagen de la Pura y limpia Concepción a Itatí y desde allí María, la Virgen, acompaña al nordeste argentino. Durante varios días previos al 16 de julio y desde las distintas provincias de la región se acercan en peregrinación a ese pequeño pueblo de Itatí, a visitar a su Madre en la Basílica. El 9 de julio pasado hemos celebrado, en su día, una Misa solemne en nuestra Catedral «San José», ya que María de Itatí es la Patrona de nuestra Diócesis. En ese contexto hemos rezado también el «Te Deum», pidiendo a Dios especialmente
por nuestra Patria y nuestra Provincia.
En realidad, María siempre acompañó a la Iglesia. Desde su mismo nacimiento, en la mañana de Pentecostés. Ella estuvo junto a los Apóstoles: «todos ellos (los Apóstoles), íntimamente unidos se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús…»
(Hch 1, 14). Desde los primeros siglos los cristianos veneraban a María con diversas advocaciones ligadas a temas teológicos, como «María, Madre de Dios», proclamada en los primeros siglos, o bien a lugares donde la Iglesia evangelizaba. En América latina, desde que la fe cristiana llegó a nuestras tierras, María nuestra Madre siempre estuvo presente. Guadalupe en México, Caacupé en Paraguay, Luján en Argentina y en nuestro nordeste, «la de Itatí».
A ella, a María de Itatí que siempre nos acompaña, le hemos pedido en nuestra fiesta Patria para que interceda ante nuestro Padre Dios por todos los argentinos. Especialmente hemos pedido para que en nuestros senadores esté presente que toda Vida vale. Que por ley se pueda eliminar la vida del niño por nacer sería violentar la dignidad humana. También le pedimos que posamos evangelizar y humanizar nuestra cultura.
El texto del Evangelio de este domingo (Mc 6, 30-34) nos muestra al Señor en plena misión, junto a los Apóstoles, y nos señala: «Pues los que iban y venían eran muchos y no les quedaba tiempo ni para comer» (31b) El texto indica un hecho que pasó pero que tiene vigencia y reclama hoy que profundicemos nuestra condición de «discípulos y misioneros». «Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas» (34).
En este tiempo experimentamos que el Espíritu Santo impulsa especialmente en América latina y el Caribe, y por lo tanto en nuestra Diócesis, el llamado gozoso de anunciar la Buena Nueva que hemos conocido, a tantos hermanos que necesitan profundizar el encuentro con Jesucristo y asumir los valores que nos enseña el Evangelio.
Nuestro Primer Sínodo Diocesano, asumiendo el Documento de Aparecida nos impulsa a revisarnos y revisar nuestras Parroquias, movimientos, institutos educativos y sectores pastorales, para llegar a tantos que están «como ovejas sin pastor».
El documento de Aparecida señala que en nuestra misión no partimos de cero, sino de un trabajo que, aún con límites, la Iglesia viene realizando en nuestro continente: «Agradecemos a Dios como discípulos y misioneros porque la mayoría de los latinoamericanos y caribeños están bautizados. La providencia de Dios nos ha confiado el precioso patrimonio de la pertenencia a la Iglesia por el don del bautismo que nos ha hecho miembros del Cuerpo de Cristo, pueblo de Dios peregrino en tierras americanas, desde hace más de quinientos años. Alienta nuestra esperanza la multitud de nuestros niños, los ideales de nuestros jóvenes y el heroísmo de muchas de nuestras familias que, a pesar de las crecientes dificultades, siguen siendo fieles al amor.
Agradecemos a Dios la religiosidad de nuestros pueblos que resplandece en la devoción al Cristo sufriente y a su Madre bendita, en la veneración a los Santos con sus fiestas patronales, en el amor al Papa y a los demás pastores, en el amor a la Iglesia universal como gran familia de Dios que nunca puede ni debe dejar solos o en la miseria a sus propios hijos». (DA 127).
A nuestra Madre de Itatí, encomendamos nuestra Patria y Provincia, así como el aporte que podamos realizar desde la evangelización y humanización de nuestra cultura.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

Compartí esta noticia !

La Pascua y los jóvenes

Compartí esta noticia !

Durante varias semanas estaremos celebrando el tiempo pascual. Es un tiempo para animarnos en la esperanza, porque Cristo resucitó y la vida triunfó sobre la muerte. Esta es la experiencia gozosa de los Apóstoles que nos presenta el Evangelio de este domingo (Jn. 20,19-31). Ellos estaban reunidos en un lugar de Jerusalén y llenos de temor. No era para menos, habían matado a quien ellos seguían y no sabían qué podía pasarles. El texto bíblico nos dice: «Jesús poniéndose en medio de ellos, les dijo ¡la paz esté con ustedes!… Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» (Jn. 20,19-20). Esta experiencia de fe era fundamental para que los Apóstoles reciban el mandato de evangelizar
Quizá nos venga bien repensar estos textos pascuales, para redescubrir cuál es el aporte que nuestro tiempo necesita de los cristianos. Este encuentro pascual fue fundamental para que los Apóstoles sobrelleven las dificultades de su tiempo. Nosotros también necesitamos de esta experiencia de fe Pascual y de una espiritualidad más profunda, para ser testigos en medio de tantos problemas y desafíos en este inicio del siglo XXI.
Lamentablemente es común escuchar situaciones gravísimas que expresan la violencia que se experimenta sobre todo en ámbitos juveniles. Muertes y asesinatos, tanto a nivel nacional, como provincial.
En nuestro tiempo no analizamos las causas profundas de los problemas y por eso no generamos las soluciones adecuadas. ¿Por qué se encuentran tantos cargamentos de diversos tipos de droga y nunca nos enteramos quienes son los «capos» que manipulan ese comercio mortal para nuestros jóvenes? ¿Hay miedos, protecciones…? ¿Por qué nos escandalizamos de las crecientes crisis familiares y después potenciamos todo tipo de películas y novelas, que presentan como normal madres alcohólicas y prostituidas, parejas enredadas en infidelidades y traiciones de todo tipo? Es más, si una familia se presenta como fiel y con hijos, los mismos medios en vez de elogiarla la rotulan como «conservadora» y «tradicionalista». ¿Qué poder protege y promueve el mercado del alcoholismo y de la droga?
¿Qué poder protege y promueve el consumo de la violencia y la crisis familiar? ¿Por qué esta hipocresía de escandalizarnos por lo que pasa con la violencia juvenil y después avalar este poder consumista que daña mortalmente a nuestros jóvenes? Es cierto que en la realidad se dan estas situaciones, y queremos acompañarlas con misericordia y verdad, pero también se dan de las otras, donde hay jóvenes responsables, que trabajan, que estudian, que son sanos. Familias que luchan, con problemas, pero creen en el amor comprometido, se alegran y construyen silenciosamente una cultura con valores.
Hay muchas situaciones que podemos señalar que son buenas noticias de nuestros jóvenes. El pasado viernes 6 fue ordenado diácono el seminarista Jorge Luis Benchaski en la catedral, experimentando el llamado de Dios al sacerdocio y respondiendo a su llamado de entregar la vida en bien de sus hermanos.
He señalado muchas veces la necesidad de plantearnos qué imagen de hombre, o sea de varón y mujer, queremos sustentar. En una visión materialista donde el hombre no tiene capacidad de trascendencia, (los judeo-cristianos diríamos, donde el hombre no tiene la
dignidad de ser «imagen y semejanza de Dios») las consecuencias serán el consumo indiscriminado tan promovido por el vigente capitalismo salvaje y, por lo tanto, sus lógicas consecuencias de violencia y corrupción.
Vuelvo a la Pascua. Hoy especialmente necesitamos de Dios, de tener experiencia del Cristo resucitado, de buscar una espiritualidad más profunda, que nos humanice. No dudo que como se dio en el encuentro de Jesucristo resucitado con los Apóstoles en el relato del Evangelio de San Juan de este domingo, su presencia en nuestro encuentro personal, familiar y social nos aportará su saludo tan significativo: ¡La paz esté con ustedes!
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!  Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin