Mountainhead

Mountainhead y la IA: un arma de poder

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Por Matías Nahón, Gerente General de Analityx. La película “Mountainhead” (HBO, 2025) no es una distopía exagerada. Es un espejo apenas deformado de un presente donde la inteligencia artificial, en manos de actores sin escrúpulos ni regulación, ya produce daños reales: deepfakes que alteran procesos electorales, estafas millonarias, manipulación de información, erosión de la confianza social. La película incomoda de principio a fin porque muestra lo que muchos aún prefieren negar: la Inteligencia Artificial (IA) no es sólo una herramienta. Es un arma de poder.

La sátira dirigida por Jesse Armstrong sigue a cuatro magnates tecnológicos que usan la IA generativa para provocar el caos global y obtener ganancias. Lo hacen sin frenos éticos ni límites institucionales. Deepfakes masivos, campañas de desinformación, colapsos financieros inducidos. El guión parece ficción, pero se basa en hechos verificables. En 2024, una llamada falsa por Zoom permitió una transferencia ilegal de 25 millones de dólares en Hong Kong.

En Estados Unidos, deepfakes de voces de candidatos presidenciales circularon días antes de las elecciones. En Reino Unido, una imagen falsa generada por IA provocó la caída de un banco. En Alemania, la BKA detectó una red de manipulación informativa con contenidos deepfake dirigidas a interferir en la opinión pública. Todo eso ocurrió antes de que se aprobara una legislación básica en la mayoría de los países.

Hoy, en junio de 2025, Estados Unidos —donde operan las principales plataformas de IA generativa— sigue sin una ley federal que regula el uso de estas tecnologías. Las big tech avanzan sin restricciones, capturando gobiernos, marcando agenda, y ensayando formas nuevas de dominio simbólico y económico. Y lo hacen con algoritmos opacos, sin supervisión, sin responsabilidad.

El poder de la IA no es técnico: es político. Lo que “Mountainhead” revela con crudeza es que los nuevos centros de decisión no están en los parlamentos ni en los tribunales, sino en salas de servidores donde un puñado de ejecutivos deciden cómo procesar, filtrar o alterar la percepción global. No hay ficción ahí. Hay un riesgo estratégico: la desinformación automatizada, combinada con concentración tecnológica, es hoy la forma más eficaz de intervención en los asuntos internos de cualquier país.

Ya no se trata de especular con escenarios apocalípticos. Se trata de entender que el descontrol de la IA ya genera pérdidas, vulnerabilidades y fracturas sociales. El problema no es el futuro. El problema es la inacción presente.

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Mountainhead: sátira tecnocrática y la Argentina como tablero de juego global

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En Mountainhead, Jesse Armstrong -creador de Succession– debuta como director con una sátira feroz sobre el poder desmedido de los magnates tecnológicos. La película, ambientada en una lujosa mansión en las montañas de Utah, reúne a cuatro multimillonarios del sector tech en un retiro que rápidamente se convierte en una parodia distópica de la geopolítica contemporánea.

El elenco, encabezado por Jason Schwartzman (Hugo “Souper” Van Yalk), Steve Carell (Randall), Cory Michael Smith (Venis) y Ramy Youssef (Jeff), encarna a personajes que oscilan entre la caricatura y la inquietante verosimilitud. Souper, con una fortuna de “apenas” 521 millones de dólares, es el anfitrión del encuentro y blanco de las burlas de sus colegas billonarios. Venis, dueño de la red social Traam, ha desatado el caos global al liberar una herramienta de deepfakes incontrolables. Randall, un veterano inversor con cáncer terminal, busca la inmortalidad digital. Jeff, por su parte, representa una voz crítica dentro del grupo, aunque no exenta de contradicciones.

La película destaca por su aguda crítica a la desconexión de la élite tecnológica respecto a las consecuencias de sus acciones. En este contexto, Argentina emerge como un símbolo de las ambiciones desmedidas de estos personajes. Ante el colapso de su gobierno, los protagonistas consideran intervenir en el país como si se tratara de una ficha más en su juego de poder. Souper, en tono irónico, se plantea liderar la nación: “No sé si quiero manejar Argentina solo… no con este proyecto de construcción encima”.

Esta representación de Argentina como territorio disponible para la experimentación tecnocrática no es casual. La película sugiere una crítica a la forma en que ciertos sectores del poder económico global perciben a países en crisis: no como comunidades con historia y cultura, sino como oportunidades para implementar modelos de gobernanza alternativos sin considerar las implicancias humanas.

Desde una perspectiva económica, Mountainhead ofrece una reflexión sobre la concentración de poder en manos de un reducido grupo de individuos y la falta de mecanismos efectivos para regular su influencia. La película plantea interrogantes sobre la ética de las decisiones tomadas por estas élites y las consecuencias de su accionar en un mundo interconectado y vulnerable.

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