Muyahidines del Pueblo

Quiénes son los grupos opositores en Irán y qué cambios reclaman

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Irán atraviesa la mayor ola de protestas antigubernamentales desde la Revolución Islámica de 1979, impulsada por el deterioro económico, la fuerte depreciación de la moneda y el empeoramiento de las condiciones de vida. Las manifestaciones, que se extendieron a todas las provincias del país, expusieron la debilidad social del régimen teocrático, pero también la profunda fragmentación de la oposición política, tanto dentro como fuera del país.

Según estimaciones de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, más de 3.000 manifestantes han muerto como consecuencia de la represión estatal. En paralelo, un funcionario iraní declaró a Reuters que al menos 2.000 personas fallecieron, atribuyendo los hechos a la acción de “terroristas”. La respuesta gubernamental ha sido calificada por expertos como una represión sin precedentes.

Un régimen teocrático bajo presión económica y social

Desde 1979, Irán funciona como una teocracia, donde la máxima autoridad política y religiosa recae en el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, por encima del presidente. El sistema controla de manera estricta la actividad política, los medios de comunicación y las libertades civiles.

Las protestas actuales se originaron en un contexto económico crítico: la inflación alcanza el 50%, mientras que la moneda iraní se depreció un 68% en lo que va del año en el mercado paralelo. A esto se suman cortes de electricidad, escasez de agua y una pérdida generalizada del poder adquisitivo que afecta a todas las clases sociales.

Pese a la magnitud de las movilizaciones, los analistas coinciden en que no se observan fracturas internas en el poder político ni militar. Apenas se registró un llamado del presidente Masud Pezeshkian a “escuchar a los manifestantes”, sin cambios estructurales posteriores.

“Las protestas no tienen un liderazgo reconocible. Los principales disidentes dentro de Irán han sido ampliamente perseguidos, encarcelados y silenciados”, explicó Juan Moscoso del Prado, investigador del Centro de Economía y Geopolítica Global de Esade (EsadeGeo). En ese sentido, advirtió que no existen hoy “fuerzas alternativas de gobierno claras”.

Reza Pahlavi y la oposición monárquica en el exilio

Uno de los rostros más visibles de la oposición externa es Reza Pahlavi, hijo del último sha de Persia, derrocado en 1979. Exiliado en Estados Unidos, Pahlavi volvió a posicionarse como alternativa ante un eventual cambio de régimen, en un contexto en el que los cánticos a su favor se multiplicaron durante las protestas.

En 2018, un grupo de 40 activistas iraníes en el exilio fundó un partido de oposición que lo respalda y que apoyó la política de “máxima presión” impulsada por la administración de Donald Trump contra Irán. En 2022, Pahlavi presentó un plan de 100 días para un gobierno interino, aclarando que “no se trata de restaurar el pasado”, sino de “garantizar un futuro democrático”.

Nacido en Teherán, Pahlavi se ha consolidado como uno de los críticos más visibles del ayatolá Jamenei y promueve una transición hacia un Estado secular y democrático.

MKO y el peso controversial de los Muyahidines del Pueblo

Otro actor relevante en el exilio es el grupo Muyahidines del Pueblo de Irán (MKO), considerado uno de los movimientos opositores más grandes y con mayores recursos. Sin embargo, su legitimidad dentro del país es cuestionada.

Según explicó Ali Dashti, del servicio persa de la BBC, el grupo “tiene dinero e influencia”, pero es ampliamente rechazado por sectores de la sociedad iraní debido a su papel durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), cuando combatieron del lado iraquí.

Tras la Revolución Islámica, el MKO se enfrentó al nuevo régimen luego de que su líder Masud Rayaví fuera impedido de competir electoralmente. Desde entonces, el movimiento impulsó una lucha armada para derrocar al gobierno. Rayaví no aparece en público desde hace años, y sus seguidores reconocen a Mariam Rayaví como “la presidenta de Irán en el exilio”.

Pese a su fuerte red de contactos internacionales, el grupo enfrenta una profunda resistencia social dentro del país.

Reformistas y el límite del cambio desde dentro

En el interior de Irán, uno de los sectores opositores más tradicionales es el de los reformistas, integrado por exfuncionarios, clérigos críticos y dirigentes políticos que históricamente promovieron cambios graduales dentro del sistema.

Con el tiempo, este espacio se fracturó entre quienes consideran agotada la vía reformista y quienes aún creen posible una transformación parcial. Entre los dirigentes que endurecieron su postura se destacan Mir-Hosein Musaví, ex primer ministro, bajo arresto domiciliario desde 2011, y Mehdí Karrubí, expresidente del Parlamento, detenido ese mismo año y liberado en 2025.

También adquirió protagonismo Mostafa Tajzadeh, exviceministro del Interior durante la presidencia de Mohamed Jatamí, con críticas directas al líder supremo. En paralelo, figuras como Hasan Rohani, Mohamed Jatamí, Mohammad Fazeli y Abbas Abdi representan una corriente que aún apuesta a reformas parciales.

“Mujer, Vida y Libertad”: el motor generacional de la protesta

El movimiento “Mujer, Vida y Libertad” emergió tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, mientras se encontraba bajo custodia policial por no llevar correctamente el velo. Ese episodio marcó un punto de inflexión y dio origen a un movimiento espontáneo, descentralizado y transversal.

Integrado por mujeres, jóvenes, minorías étnicas y asociaciones feministas, el movimiento reúne también a partidos kurdos y baluches, que reclaman mayor autonomía sin plantear necesariamente la secesión. Su base ideológica es diversa, con un fuerte componente progresista y de izquierda.

Según Moscoso del Prado, quienes hoy lideran las manifestaciones dentro del país son jóvenes menores de 30 años, que representan aproximadamente la mitad de la población iraní, con alto nivel educativo y una marcada distancia respecto de los valores ideológicos de la República Islámica.

Un escenario abierto y sin liderazgo unificado

Con una oposición atomizada, dispersa geográficamente y sin conducción central, los escenarios de cambio político en Irán aparecen como complejos e inciertos. No obstante, las demandas de transformación continúan expresándose tanto dentro como fuera del país, impulsadas por una crisis económica persistente y una represión que no logra sofocar el descontento social.

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