PANTALLAS

El tiempo frente a la pantalla de los niños y sus efectos: Un análisis profundo

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Aumentan los reclamos de padres preocupados por el mal uso de la tecnología y las redes sociales. ¿Qué sucede en la era digital?

En la era digital actual, los teléfonos inteligentes y las redes sociales se han convertido en elementos omnipresentes en la vida de los niños. Si bien ofrecen oportunidades de conexión, entretenimiento y aprendizaje, también existe una creciente preocupación por los efectos negativos del tiempo excesivo frente a la pantalla en la salud mental de los jóvenes.

El reconocido medio británico The Economist, ofrece un interesante artículo llamado ¿Qué les está haciendo el tiempo frente a la pantalla a los niños? El cual explora en profundidad esta compleja relación entre la salud mental y el uso de las pantallas, examinando la evidencia disponible, debatiendo posibles soluciones y considerando diferentes perspectivas para abordar esta situación donde los niños necesitan aprender a utilizar la tecnología que tienen disponible.

Aumento del uso de dispositivos y redes sociales:

El rápido aumento del uso de dispositivos y redes sociales entre los niños, es cada vez más vertiginoso. Según las investigaciones, casi todos los niños tienen un teléfono a la edad de 12 años, y las redes sociales se convierten en su principal actividad en línea. Los adolescentes estadounidenses pasan un promedio de casi cinco horas al día en aplicaciones sociales, principalmente YouTube, TikTok e Instagram.

Preocupaciones sobre la salud mental:

Paralelamente a este aumento en el uso de tecnología, se ha observado un deterioro de la salud mental entre los jóvenes en muchos países desarrollados. Las tasas de depresión, ansiedad y suicidio entre adolescentes y mujeres jóvenes han aumentado significativamente en los últimos años.

“La proporción de adolescentes estadounidenses que reportan al menos un “episodio depresivo mayor” en el último año ha aumentado en más de un 150% desde 2010. Quizás esos términos simplemente se hayan vuelto menos tabú, sugieren los escépticos. Pero es más que hablar. En 17 países, en su mayoría ricos, ha habido un fuerte aumento del suicidio entre las adolescentes y las mujeres jóvenes”, sostiene The Economist.

Evidencia sobre la causalidad:

La relación entre el tiempo frente a la pantalla y la salud mental es compleja y aún se está investigando. “¿Están relacionados los fenómenos? El momento es sugerente: la salud mental comenzó a decaer justo cuando los teléfonos inteligentes y las aplicaciones sociales despegaron, en la década de 2010. Algunos estudios también sugieren que los niños que pasan más tiempo en las redes sociales tienen una peor salud mental que los que las usan menos”, afirma el medio, pero la discusión no termina ahí.

Si bien algunos estudios sugieren esta correlación entre ambos, no prueban causalidad. Es posible que otros factores, como la predisposición explique la asociación observada, como por ejemplo sugiere el medio: “los niños deprimidos o solitarios opten por pasar más tiempo leyendo a pesimistas que a aquellos que están felices”.

Estudios experimentales:

Se han realizado algunos estudios experimentales aleatorios para evaluar la causalidad. En uno de ellos, del año 2017, realizado por Roberto Mosquera, de la Universidad de las Américas y un grupo de colaboradores, lograron que los participantes dejaran de usar Facebook durante una semana. Los que se abstuvieron del uso de esta red social informaron sentirse menos deprimidos y participaron en actividades más variadas. Otro estudio similar, realizado en 2018, con participación de investigadores de Stanford y la Universidad de Nueva York, donde se encontró que los usuarios de Facebook que se tomaron un descanso de un mes experimentaron mejoras en su bienestar mental. Pasaron más tiempo con sus familiares que en línea, estaban menos polarizados políticamente. Pero ambos estudios son considerados modestos para un tema por demás complejo.

Limitaciones de la evidencia:

Las limitaciones que se observan en estos estudios, tienen que ver con que se han realizado principalmente con adultos y en los Estados Unidos, utilizan la plataforma de Facebook y no abarcan la amplia gama de redes sociales y plataformas que utilizan los adolescentes en todo el mundo. Además, el impacto en la salud mental puede variar según el individuo y el uso específico de la tecnología.

Sin embargo, Matthew Gentzkow, de la Universidad de Stanford, uno de los autores del estudio de 2018, sostiene que la mayoría apunta en la misma dirección que la evidencia circunstancial sobre el mejor momento. “Si se junta todo eso, creo que es suficiente para decir que existe una probabilidad sustancial de que estos daños sean grandes y reales”.

Complejidad de la relación:

La relación entre las redes sociales y la salud mental no es unidireccional. Las personas que ya experimentan dificultades emocionales pueden ser más propensas a buscar refugio o validación en línea, lo que podría empeorar sus síntomas. Por otro lado, las redes sociales también pueden ofrecer apoyo social, conexión y oportunidades para la expresión creativa.

El artículo plantea preguntas clave que aún no tienen respuestas definitivas: ¿Por qué algunos niños prosperan en línea mientras que otros luchan? ¿Cómo podemos fomentar el uso positivo de la tecnología y minimizar los riesgos? ¿Deberían implementarse restricciones de edad o prohibiciones para el uso de redes sociales?

Sugerencias para los padres:

En lugar de prohibiciones generales, el artículo sugiere enfoques más matizados como:

  • Educación y empoderamiento: Brindar a los niños y adolescentes las herramientas y habilidades para navegar de manera segura y responsable en el mundo digital.
  • Control parental: Implementar controles parentales y establecer límites razonables para el tiempo frente a la pantalla.
  • Promoción del uso positivo: Fomentar el uso de la tecnología para actividades creativas, educativas y de conexión social positiva.
  • Investigación continua: Realizar más investigaciones para comprender mejor la relación entre el tiempo frente a la pantalla y la salud mental en diferentes contextos y grupos demográficos.

Adaptación de los usuarios:

El artículo también destaca la tendencia de los propios usuarios a descubrir formas de reducir el uso excesivo o dañino de las redes sociales. Esto se evidencia en la disminución de las publicaciones públicas y el cambio hacia chats privados.

El artículo concluye que la relación entre el tiempo frente a la pantalla y la salud mental de los niños es compleja y multifacética. Es crucial fomentar el uso responsable y positivo de la tecnología, al mismo tiempo que se protege el bienestar mental y emocional de las generaciones futuras. Pero hay una esperanza que remarca este abordaje, que mientras las personas de mediana edad reconocen los problemas de las redes sociales con las que crecieron, es posible que estén avanzando contra ello, por eso la necesidad de fomentar un uso sano de las mismas.

Fuente: The Economist

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Uno de cada tres adolescentes argentinos tendrán miopía para 2020 por abusar del celular

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Surge de un estudio del Colegios de Ópticos. El abuso de las pantallas genera cansancio y sequedad en los ojos y afecta el desarrollo del globo ocular.
Lo dice el director del Instituto de la Visión de Buenos Aires, Omar López Mato y aviva el debate -con una nueva arista médica y no pedagógica- sobre un tema instaladísimo en los grupos de WhatsApp de padres y madres: cuánto tiempo está bien o está mal que los chicos usen el celular.
El dato lo obtuvo de un informe del Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), que dice que “el 33% de los adolescentes tendrán miopía para 2020 como consecuencia de la utilización inadecuada de dispositivos móviles”.
“Antes, los niños estaban expuestos únicamente a la luz azul producida por el televisor, pero ahora están enfrentados a un mundo multipantalla. Los ojos tienen una exigencia para la queno están preparados, porque los usuarios alternan entre la computadora, el celular y la tablet”, dijo López Mato.
¿Qué es la miopía? Se trata de una anomalía del ojo que produce una visión borrosa o poco clara de los objetos lejanos, causada por un alargamiento del globo ocular o una falla en el cristalino.
Fernando Giusio, especialista en “ojo seco” del Hospital Italiano, también hace foco en que no es lo mismo una pantalla que otra. Pero, a la vez, resalta que aún no fue comprobado que el problema sea la luz.
Miramos el celular entre 80 y 110 veces por día, ¿es verdad que a un nene o nena le afecta más en los ojos el uso del celular que a un mayor? “Lo que produce el uso del smartphone es que se estémucho más tiempo con los ojos abiertos, que no se parpadee lo necesario y lleva a la astenopía (cansancio visual) y al ojo seco, el principal síndrome del mal uso del celular. Tiene que ver con lo postural más que con los ‘rayos’ de luz. Que los chicos tengan los ojos más débiles a esa luz es un mito”, explica a Clarín.
Pero Oscar Ghilino, médico especialista en oftalmología y director de Oftalmos, sí resalta que es mucho peor en un niño.
“La ciencia está comprobando que existe una relación directa entre el desarrollo del globo ocular y el tipo de uso que los chicos le dan a los celulares. Todos los chicos son hipermétropes: el ojo es más corto que el de un adulto, tiene que crecer. Los estímulos que reciba o no ese ojos van a influir en ese crecimiento. Los que están todo el día encerrados con la tecnología y no tienen actividad al aire libre tienen toda la propensión a desarrollar miopía. Tienen que alternar porque sino sus ojos van a tender a ver de cerca”.
López Mato precisa en que “un aumento del reflejo de acomodación facilita el alargamiento del globo ocular y, por lo tanto, de la miopía”.
“Al mirar el celular se utiliza la acomodación, se contrae el músculo ciliar, unido al cristalino, y permite que las distancias lejanas se enfoquen de cerca. El ser humano no está preparado para estar todo el día ‘acomodando’ o mirando de cerca. Cuando miramos de lejos, relajamos la vista”, detalla Giusio.
Pese a que el 60% de los chicos que tienen ‘ojo seco’ no pasa por un consultorio porque, dice Giusio, “los mayores van a la farmacia y los automedican con colirio, que no se debe hacer”, el aumento de los que llegan a él por este tema es “exponencial“.
Cuando habla de “posturas” y “acomodación” no se refiere al cuello o la columna -a los problemas cervicales y lumbares de estar mirando para abajo, a la altura de la mano, el celular-, se refiere a lo que pasa en los ojos cuando los chicos están muchas horas frente a esa pantalla.
“Es una posición anómala, están semiagachados, con los ojos abiertos, parpadean lo menos posible porque están muy atentos a lo que ven. Es un dispositivo cercano, no es como la tele, que la ven a cierta distancia, al celu lo tienen pegado y, cuando les compran el primer celular, lo tienen todo el día”, agrega.
Lo que no es un mito es que ciertos mecanismos cerebrales de autocontrol en los niños aún no están maduros, lo que los hace más vulnerables al desarrollo de adicciones. La Universidad de Córdoba detectó que 1 de cada 4 usuarios de tecnología realiza un uso abusivo. Según López Mato, “estamos criando individuos acostumbrados a la gratificación inmediata con sólo apretar un botón”.
En el Instituto de la Visión de Buenos Aires se reciben cada año más consultas de padres y madres “preocupados” por alumnos de primaria y adolescentes tienen molestias y problemas “directamente relacionados a la exposición a pantallas.
José Gonzalez Del Cerro, especialista en oftalmología pediátrica del Hospital de Ojos Santa Lucía, también habla de esa “plasticidad” del ojo. “Desde que nacen hasta los 6-8 años, los ojos se pueden ver afectados por esta ‘visión cercana’. Eso impacta más que la luz azul, que no induce la miopía. Los chicos necesitan la ‘visión lejana’ porque eso produce el desarrollo ideal de su visión. Y esto se da con la vuelta a los juegos en el mundo real, al aire libre”.
Lo que aún se debe comprobar sobre la luz azul del celular es la teoría de que produciría un estímulo de “células amácrinas en el ojo que alteraría el ritmo circadiano, lo que produciría una alteraciones en el natural ‘día y noche’ de los chicos”.
A su vez, concuerda con el notable aumento de “padres y madres preocupados” y dice que “antes preguntaban ¿mi hijo tiene miopía?” y que “ahora preguntan ¿tiene miopía porque usa mucho el celular”. Dice que el tema está generando conciencia desde los medios para que “dejen de calmar a los chicos con la tecnología y los hagan salir al mundo”.
 
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