El crecimiento de Vaca Muertay la minería permitió que ambos sectores aportaran durante el primer cuatrimestre del año una cantidad de divisas similar a la generada por el complejo agroexportador, en una señal del cambio que comienza a mostrar la matriz exportadora argentina.
Según datos difundidos por la consultora 1816 en base a datos del Banco Central (BCRA), las exportaciones vinculadas al petróleo, gas y minería alcanzaron niveles récord y se acercaron al aporte realizado por el agro, históricamente principal generador de dólares del país, en cifras que rondan los USD 8.150 millones.
El fenómeno está impulsado principalmente por el fuerte aumento de la producción en Vaca Muerta, que permitió incrementar las ventas externas de petróleo, y por el avance de proyectos mineros vinculados al litio, el cobre y otros minerales estratégicos.
Los especialistas destacan que la combinación entre energía y minería se consolida como uno de los principales motores del ingreso de divisas para la economía argentina.
No obstante, el complejo agroindustrial continúa liderando las exportaciones nacionales y mantiene un peso determinante en la generación de dólares, especialmente a través de la soja, el maíz y otros productos derivados.
Analistas del sector consideran que la tendencia podría profundizarse en los próximos años a medida que entren en producción nuevos proyectos energéticos y mineros y se amplíe la infraestructura para exportar petróleo, gas y minerales.
En ese contexto, Vaca Muerta aparece como uno de los principales activos estratégicos del país y las proyecciones oficiales y privadas anticipan que su aporte de divisas continuará creciendo.
EFE – El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, afirmó este lunes que las «posiciones contradictorias» de Estados Unidos están alargando las negociaciones para poner fin a la guerra, que se producen en medio de “una profunda sospecha y desconfianza”.
“Las posiciones contradictorias de los estadounidenses son la razón de la prolongación del proceso de negociación”, dijo Bagaei en una rueda de prensa en Teherán.
Además, el diplomático indicó que las negociaciones se producen “en medio de una profunda sospecha y desconfianza, y el intercambio de mensajes también se desarrolla en este clima”.
Los ataques en Líbano y el bloqueo de puertos
Bagaei insistió en que el alto el fuego en Líbano es «parte inseparable de cualquier tregua o acuerdo final para poner fin a la guerra», una afirmación que llega en medio de nuevos ataques de Israel contra los alrededores de Beirut.
También el presidente del Parlamento y negociador jefe iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, ha acusado hoy a Estados Unidos de estár incumpliendo el alto el fuego con el bloqueo naval sobre los buques del país persa y al tolerar los ataques israelíes contra el Líbano.
“El bloqueo naval y la escalada de crímenes de guerra en el Líbano por parte del régimen sionista genocida son una clara prueba del incumplimiento del alto el fuego por parte de Estados Unidos”, dijo en X el ex general de la Guardia Revolucionaria.
Qalibaf, quien está al frente del equipo iraní que negocia Estados Unidos, advirtió de que el país norteamericano pagará por lo que Teherán considera el incumplimiento del alto el fuego en vigor desde el 8 de abril.
“Toda decisión tiene un precio, y llega el momento de pagar la factura”, aseguró.
Reticencias de Trump
Irán y Estados Unidos negocian un acuerdo para poner fin a la guerra que comenzó hace más de tres meses y reabrir completamente el estrecho de Ormuz.
Estados Unidos mantiene un cerco a los buques y puertos iraníes en represalia por el bloqueo de la República Islámica del estrecho, vía vital para la economía mundial.
A finales de la semana pasada se informó de que Teherán y Washington habían alcanzado un preacuerdo, solo pendiente de la aprobación del presidente estadounidense Donald Trump, pero medios estadounidenses afirmaron más tarde que el mandatario pidió enmendar algunas disposiciones del borrador, relativos al programa nuclear de Teherán y a la reapertura de Ormuz.
Según fuentes citadas por el medio digital Axios, en el apartado nuclear Trump habría pedido detalles más concretos sobre cuándo y cómo Washington se haría con el control de las reservas iraníes de uranio enriquecido.
En medio de estas negociaciones, Irán y Estados Unidos volvieron a intercambiar ataques esta madrugada, con el bombardeo estadounidense a Goruk y la isla de Qeshm y la respuesta iraní contra la base desde la que procedió el ataque.
Por Dariel Pradas / IPS Noticias – El gobierno de Cuba aprobó nuevas normas para incentivar el desarrollo de las fuentes de energía renovable, mientras desregula los precios de venta del combustible en su red de servicentros estatales, en un intento de paliar la crisis energética causada por el bloqueo petrolero de Estados Unidos a la isla desde enero.
Por cada kilovatio (kW), el Estado pagará 90 pesos o unos 0,18 dólares, según la tasa de cambio oficial, poco menor que la informal.
Asimismo, se exonera del pago del impuesto sobre los servicios por los ingresos provenientes de estas operaciones, tanto a los productores del sector no residencial como del residencial.
Diego Vázquez, un abogado de 43 años residente en La Habana, instaló un kit de paneles solares en la azotea de su casa cuando los apagones eléctricos empezaron a volverse insostenibles a mediados de 2025, lo que se transformó en colapso este año.
Sus paneles producen electricidad suficiente para llenar su batería de respaldo energético y dejar un sobrante inutilizado, pero nunca se había planteado hasta ahora vender al Estado los excedentes de su generación. Simplemente, hizo la instalación de los paneles para tener autonomía y no para integrarse a la red eléctrica.
“Tendré que hacer los cálculos y ver qué tan grande es mi excedente energético. Hay tantos apagones que no sé si vale la pena empezar a vender electricidad y todo el proceso burocrático que viene con eso”, dijo Vázquez a IPS.
Para poder suministrar electricidad a la red eléctrica, Vázquez tendría que realizar varias readecuaciones técnicas, como conectar a tierra la instalación, no muy común en los sistemas eléctricos residenciales. También debería solicitar un contador eléctrico “bidireccional”, que no solo haga lecturas del consumo, sino de la electricidad que se entrega al sistema.
Vender energía al estado ya era permitido desde hace años, pero no resultaba rentable.
El Ministerio de Finanzas y Precios emitió en 2021 la Resolución 359, que fijaba el precio de venta del kW en tres pesos o unos 0,025 dólares, según el cambio oficial de entonces. En octubre de 2023, la Resolución 238 duplicó ese monto.
Ninguna de las medidas fue popular, porque en ambos casos el coste de pagar la electricidad a la red, siguió siendo ínfimamente menor que el de importar o comprar en divisas los paneles solares.
El coste de la electricidad en Cuba para el sector residencial funciona con una tarifa progresiva que, tras superar los 450 KWh de consumo acumulado, empieza a valer más de seis pesos cada KWh, hasta alcanzar los 20 pesos el KWh (unos 0,04 dólares).
Mientras, en los mercados minoristas de la comercializadora estatal Copextel o de varios negocios privados, un módulo básico de paneles solares, de generación de un kilovatio aproximadamente, cuesta alrededor de 2500 dólares, inaccesible para los 13,5 dólares que representa el salario medio mensual en Cuba, según la tasa oficial de cambio.
Ante tan bajos incentivos, el mayor motivo por el que los cubanos invertían en paneles solares se debía a conseguir una autonomía en medio de los prologados apagones, que empeoraron tras el cerco petrolero causado por Estados Unidos desde finales de enero.
Con la nueva norma, el gobierno quiere aprovechar esas infraestructuras ya establecidas y sumar los kilovatios excedentes a una red eléctrica con déficits cada vez mayores.
Una estación de servicio de La Habana exhibe los nuevos precios “flotantes” en dólares para los combustibles. Estos precios oscilarán según “el proveedor, el costo de los fletes, la ruta del suministro, los seguros, los riesgos y la fluctuación del mercado internacional”, estableció el gobierno cubano. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS
El 12 de mayo, las autoridades cubanas anunciaron que, a partir del 15 de mayo, “los precios de venta en divisas de los combustibles se actualizarán, hacia el alza o la baja, de acuerdo con los costos reales de cada operación específica”.
Desde entonces, coexistirían diferentes precios minoristas de combustibles publicados en las estaciones de servicio, en los que influirá “el proveedor, el costo de los fletes, la ruta del suministro, los seguros, los riesgos y la fluctuación del mercado internacional.”
El Ministerio de Finanzas y Precios añadió que ante el férreo bloqueo petrolero de Estados Unidos desde fines de enero, “los escasos combustibles llegan a altos costos, por lo que no es posible mantener un precio único y fijo para la venta en dólares en todo el país”.
Si bien el gobierno protegía con subsidios la volatilidad de los precios oficiales del combustible, la realidad desde febrero es que solo la gasolina —no el diésel— se estuvo vendiendo entre 1,1 y 1,3 dólares el litro, apenas 20 litros por vehículo y con una frecuencia muy limitada, por lo que el precio del litro en el mercado negro ha oscilado entre 6 y 10 dólares.
Para disponer de esos 20 litros, un usuario debe registrarse en la plataforma cubana Ticket y solicitar un turno en un servicentro determinado. Normalmente, las filas de cada servicentro superan los 20 000 usuarios mientras apenas atienden entre 40 y 100 clientes diarios en La Habana.
El 15 de mayo, los servicentros empezaron a anunciar aumentos de entre 50 % y 100 % en el precio de venta de la gasolina, según el establecimiento.
La medida llega cuando las empresas privadas llevan meses importando tanto diésel como combustible, desde que el 6 de febrero el gobierno autorizó la importación de combustible por empresas privadas, cuando antes solo se podía hacer desde la administración central del Estado.
Pasajeros viajan en triciclos eléctricos gestionados por conductores privados en La Habana. Los altos precios cubanos del combustible en el mercado informal han obligado a muchos conductores a sumarse a una transición energética en el transporte. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS
Importación de combustibles en marcha
“Es un proceso en marcha. Hay importaciones de combustible de algunos empresarios privados, que traen al país para sus negocios y, una parte, para ser comercializado. Pero las cantidades que hasta ahora se importan son mínimas”, dijo Argelio Abad, viceministro primero de Energía y Minas, en una conferencia de prensa el 20 de marzo.
En febrero, la Oficina de Industria y Seguridad de Estados Unidos emitió una guía autorizando exportaciones y reexportaciones de productos de gas y petróleo estadounidenses a entidades elegibles del sector privado cubano.
Según datos de Reuters, entre febrero y marzo, el sector privado cubano ha importado de Estados Unidos unos 30 000 barriles (de 159 litros, traducibles en unos 4,8 millones de litros) de diésel fundamentalmente, del cual solo un 1 % fue de gasolina.
Eric Almeida, presidente de la empresa privada Quota, que asesora y brinda servicios profesionales a otras empresas nacionales e internaciones desde 2022, dijo a IPS que, desde abril, más empresas privadas empezaron a importar gasolina y a distribuirse en varios servicentros.
De acuerdo a Almeida, traer un tanque de 25 000 litros al Puerto del Mariel —a 50 kilómetros al oeste de La Habana—, cuesta entre 45 000 y 50 000 dólares.
Esa cifra aumenta 13 % entre las comisiones a una importadora estatal y por los servicios de manipulación del combustible de la Unión Cuba-Petróleo, la única empresa estatal en Cuba autorizada para ello.
Los tanques se almacenan en la refinería Ñico Lopez en La Habana, y luego se va surtiendo poco a poco en servicentros que se han dispuestos exclusivamente para atender a las empresas privadas que importaron su propio combustible.
En general, las licencias para importar combustible tienen como objetivo cubrir el gasto de carburantes de los propios negocios, por lo que revender ese combustible en teoría no se debería hacer o, al menos, conlleva grandes limitaciones, coincidieron varios empresarios entrevistados por IPS, interesados en esas operaciones.
Un trabajador de uno de esos servicentros especializados en la capital, quien pidió mantener su anonimato, dijo a IPS que su tarea es solo descontar la cantidad de combustible que los vehículos de las empresas van extrayendo del establecimiento.
En la práctica, él no lleva mucho control del proceso, pues un representante de las empresas es quien maneja la tarjeta con el combustible asignado, y la lista de los automóviles o camiones que tienen permitido llenar sus tanques.
“Nosotros no nos metemos en la lista de ellos. De haber una comercialización, una venta por la izquierda (informal), no tengo manera de controlarlo”, dijo.
Para entender lo que realmente está en juego con Vaca Muerta, primero tenemos que hacer un pequeño esfuerzo didáctico porque la categoría central de este problema no es el barril que se extrae sino el barril que sobra. Imaginemos por un momento a un agricultor que cada mañana debe caminar hasta un pozo para traer agua para sus cultivos. Si el pozo está a diez metros de distancia, camina veinte metros entre ida y vuelta, llena su balde de diez litros y vuelve. Por cada diez litros que trae, invierte energía para mover veinte metros. Ese gasto es pequeño, casi despreciable, y el excedente de energía que le queda para sembrar, cosechar, regar más superficie o simplemente descansar es enorme. Pero si el pozo está a quinientos metros, entonces cada balde de diez litros le exige caminar un kilómetro entero. El esfuerzo físico que invierte para conseguir el mismo volumen de agua es abrumadoramente mayor. Al final del día, quizás ambos agricultores hayan traído la misma cantidad total de agua, pero el segundo llegará a la noche tan agotado que no le quedará energía para hacer otra cosa que no sea prepararse para repetir la misma agotadora caminata al día siguiente. Eso que acabamos de describir, con la sencillez de una metáfora campesina, es exactamente lo que los ingenieros y los físicos llaman retorno energético, o tasa de retorno energético, o más sencillamente: cuánta energía te sobra después de pagar el costo de obtenerla.
El petróleo convencional del Golfo San Jorge en sus mejores épocas, allá por los años cincuenta del siglo pasado, funcionaba como el pozo de agua a diez metros. Los datos documentados a nivel mundial para el petróleo fácil de aquella época indican tasas de retorno energético que oscilaban entre 70 a 1 y 100 a 1. Eso significa que por cada barril de energía que la industria invertía en buscar, extraer, refinar y transportar el petróleo, obtenía entre setenta y cien barriles. El excedente neto que quedaba disponible para el resto de la sociedad era de entre sesenta y nueve y noventa y nueve barriles por cada barril invertido. Ese excedente colosal es lo que permitió construir carreteras, escuelas, hospitales, industrias, sistemas de transporte público y también, por supuesto, la agricultura industrial moderna con sus fertilizantes sintéticos y sus tractores y sus cosechadoras. Vaca Muerta, en cambio, es el pozo de agua a quinientos metros. La mejor documentación disponible para el fracking en formaciones no convencionales indica tasas de retorno energético que rondan entre 5 a 1 y 8 a 1 como máximo. Por cada barril de energía invertido, se obtienen entre cinco y ocho barriles. El excedente neto que le queda a la sociedad es de entre cuatro y siete barriles por cada barril invertido. La diferencia no es marginal ni técnica ni académica: es abismal. Estamos hablando de que la eficiencia energética de nuestro sistema extractivo se desplomó entre diez y veinte veces comparada con la del petróleo convencional. Y ese desplome no es un dato curioso para especialistas: es el destino concreto del país.
Por eso el gobierno celebra récords de extracción en Vaca Muerta como si fueran sinónimo de progreso, pero lo que no dice es que esos récords son récords de cantidad bruta, no de excedente neto. Es como si el agricultor del pozo lejano celebrara que logró traer cien baldes de agua en un día sin mencionar que para lograrlo caminó cien kilómetros, llegó al borde del colapso físico, y no le quedó energía ni para cocinar su propia comida. La trampa comunicacional es gigantesca porque nuestra sociedad no está entrenada para medir categorías como retorno energético. Estamos entrenados para medir plata, y en plata Vaca Muerta puede dar números muy vistosos, especialmente cuando el precio internacional del petróleo es alto. Pero la plata es un truco contable mientras la energía es una realidad física. Se puede imprimir plata, se puede pedir prestada plata, se puede redistribuir plata. La energía que sobra después de pagar el costo de extraer la siguiente energía no se imprime, no se pide prestada, no se redistribuye: es el margen real que tiene una sociedad para hacer cualquier cosa que no sea extraer energía. Y ese margen, con Vaca Muerta, se redujo drásticamente respecto a lo que teníamos con el petróleo convencional. Por eso es completamente en vano esperar que de los récords de Vaca Muerta broten como por arte de magia nuevas escuelas, nuevas fábricas, nuevas rutas o nuevos hospitales. La energía que se lleva el fracking para seguir funcionando no es una inversión que luego retorna en forma de desarrollo. Es un costo energético que se quema en el proceso, que se disipa en forma de calor, presión, fricción y gasoil consumido por motores gigantescos. Lo que le queda al país después de ese enorme gasto es tan pequeño, tan magro, que difícilmente pueda financiar otra cosa que no sea el propio sistema extractivo y quizás algún que otro subsidio para mantener la paz social. La época en que el petróleo construía escuelas fue la época del petróleo barato y abundante. La época del fracking es la época del petróleo caro y escaso en términos netos, aunque los titulares digan lo contrario.
Ahora bien, esa reducción del excedente energético neto no queda encerrada en los pozos petroleros. Se derrama, o mejor dicho se filtra, hacia toda la economía y hacia el campo argentino en particular. El fertilizante nitrogenado que necesita la agricultura industrial para alcanzar los rindes actuales se fabrica íntegramente a partir de gas natural, el mismo gas natural que se extrae en Vaca Muerta con ese retorno energético tan bajo. Los agroquímicos, los herbicidas, los insecticidas, los fungicidas, todos son derivados del petróleo o del gas. El gasoil que mueve los tractores, las cosechadoras, los camiones que llevan el grano al puerto, todo sale de la misma cadena extractiva cuya eficiencia energética se derrumbó. Cuando el retorno energético del sistema petrolero cae de 70 a 1 a 5 a 1, el costo energético de producir una tonelada de maíz o de soja se multiplica inevitablemente. No porque los productores se vuelvan ineficientes, sino porque el insumo energético base con el que se fabrican todos los demás insumos se volvió mucho más caro en términos energéticos, es decir en el único término que importa cuando hablamos de la realidad física del planeta. La consecuencia de esto no es un aumento lineal de precios que todos sufren por igual, sino una profunda reconfiguración de quién puede producir y quién termina vendiendo su tierra. Porque el pequeño productor agropecuario, el que trabaja con márgenes ajustados, con pocas hectáreas, con maquinaria más vieja y menos capacidad de acceso al crédito, es el primero que no puede absorber el encarecimiento relativo de los insumos energéticos. Si el fertilizante cuesta el doble en términos de lo que el pequeño productor puede pagar, simplemente compra la mitad y sus rindes caen. Si el gasoil para sembrar y cosechar se lleva un porcentaje cada vez mayor de lo que espera cobrar por su cosecha, el margen se vuelve negativo. El grande, en cambio, el pool de siembra, la empresa agroindustrial, puede negociar precios por volumen, puede invertir en maquinaria de mayor eficiencia, puede acceder a coberturas financieras y puede también, y esto es lo crucial, comprar la tierra del pequeño productor cuando este no puede seguir. No por maldad, insistamos, sino por física. El pequeño productor es expulsado del sistema no por una ley malvada sino porque la ecuación energética del sistema agroindustrial moderno, construido sobre la base de petróleo barato con altísimo retorno energético, se rompió. Y lo que estamos viendo en las últimas décadas, esa concentración sostenida de la tierra en menos manos, no es un fenómeno puramente político o económico. Es también, y quizás fundamentalmente, un fenómeno energético.
Frente a este diagnóstico, la agroecología en minifundios y agricultura familiar no puede ser presentada como una vuelta romántica al pasado ni como una concesión estética a los movimientos ambientalistas. Es, en rigor, la única alternativa civilizatoria que está a la altura de la nueva realidad energética. Un sistema agroecológico diversificado, con rotación de cultivos, integración de animales, reciclaje de nutrientes, abonos verdes y control biológico de plagas, tiene una dependencia mucho menor de los insumos sintéticos fabricados con gas y petróleo. No necesita el fertilizante nitrogenado que se hace con gas de Vaca Muerta porque fija nitrógeno mediante leguminosas y recicla materia orgánica. No necesita los herbicidas derivados del petróleo porque maneja las malezas con prácticas culturales y coberturas. Su rendimiento por hectárea de un cultivo específico puede ser menor al de la agricultura industrial en un año de precios altos, pero su rendimiento energético neto por hectárea, es decir cuánta energía alimentaria obtiene en relación a la energía fósil que invierte, es abrumadoramente superior. En un mundo de petróleo barato con retorno energético altísimo, ese diferencial no importaba porque la energía fósil sobraba. En un mundo de fracking con retorno energético de 5 a 1, ese diferencial se vuelve la línea que separa la viabilidad del colapso. Por eso discutir la tierra en tiempo de fracking no puede reducirse a la vieja discusión entre latifundio y minifundio, ni a la discusión sobre derechos de propiedad, ni a la discusión sobre precios relativos y subsidios. Es una discusión mucho más profunda. Es la discusión sobre cuánta energía neta le va a quedar a este país después de pagar el costo energético de extraer la energía que necesita para funcionar. Y esa energía neta, cada vez más escasa, es la única que puede destinarse a sostener un sistema alimentario. Si seguimos insistiendo en un modelo agrícola que requiere grandes cantidades de insumos sintéticos fabricados con energía de bajo retorno, lo único que lograremos es acelerar la concentración de la tierra y la desaparición del pequeño productor, porque ese modelo solo es viable con energía baratísima y abundantísima que ya no existe. La agroecología en manos de la agricultura familiar no es una opción entre otras. Es el único camino que no requiere hipotecar el futuro energético del país para alimentar a su población. Una tierra en pocas manos, alimentada con energía ineficiente extraída a través del fracking, no es soberanía. Es una factura que estamos pasando sin querer ver, y que alguien va a tener que pagar. Y mientras tanto, los récords de Vaca Muerta seguirán sonando en los titulares, pero las escuelas seguirán sin construirse, las fábricas seguirán sin abrir sus puertas, las rutas seguirán llenas de baches, y la promesa de que el petróleo trae desarrollo quedará expuesta como lo que siempre fue en esta nueva era: un espejismo que se desvanece en cuanto uno intenta agarrarlo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió este lunes que si Irán ataca algún barco estadounidense en las cercanías del estrecho de Ormuz, será “borrado de la faz de la Tierra”, en referencia al Proyecto Libertad.
“Irán ha recibido solo 24 horas. Después de eso, el mundo podría presenciar uno de los ataques aéreos más devastadores jamás vistos”, sostuvo el mandatario norteamericano en declaraciones a la cadena Fox News.
Trump anunció el domingo el inicio del Proyecto Libertad, una operación mediante la cual el ejército estadounidense “guiará” a los barcos que llevan semanas varados en el Golfo Pérsico hacia su salida a través del Estrecho de Ormuz.
Irán advirtió el lunes que cualquier embarcación que intentara transitar por la vía marítima sería atacada.
Según un comunicado del Comando Central de Estados Unidos, el Proyecto Libertad cuenta con destructores de misiles guiados, más de 100 aeronaves terrestres y marítimas, plataformas no tripuladas multidominio y 15.000 efectivos.
Trump también anunció que el Jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ofrecerán una rueda de prensa el martes por la mañana.
“Tenemos más armas y municiones de mucha mayor calidad que antes”, dijo Trump. “Tenemos el mejor equipo. Tenemos material por todo el mundo. Tenemos bases por todo el mundo. Todas están bien abastecidas de equipo. Podemos usar todo eso, y lo haremos, si es necesario”.
Afirmó también en Truth Social que Irán “ha atacado a naciones ajenas a Irán”, incluyendo un buque de carga surcoreano, pero que ningún otro barco ha sufrido daños. Según informes, Irán también lanzó misiles contra los Emiratos Árabes Unidos hoy.
“¡Quizás sea hora de que Corea del Sur se una a la misión!”, dijo Trump y añadió que Estados Unidos ha destruido siete lanchas rápidas iraníes.