POLÍTICAS

Coordinación de políticas en tiempos convulsos

Compartí esta noticia !

Escriben Giancarlo Corsetti y Leonardo Melosi / F&D FMI – Las economías avanzadas se enfrentan a una perniciosa combinación de deuda pública cada vez más elevada e inflación persistente. La solución clásica para este doble desafío es una combinación de las políticas monetaria y fiscal: el compromiso del banco central de reducir la inflación, respaldado por un ajuste fiscal creíble para estabilizar la deuda. Pero la fragmentación geopolítica actual augura un mundo en el que el aumento de los riesgos provenientes de las disrupciones en las cadenas de suministro amenaza con presiones estanflacionarias y las exigencias en materia de política fiscal acentúan los desequilibrios existentes. El nuevo equilibrio mundial está aún por definirse, pero la sostenibilidad fiscal y la estabilidad macroeconómica durante una transición compleja probablemente requerirán que las autoridades de las economías avanzadas y de mercados emergentes acepten, por un cierto tiempo, una inflación moderada pero superior al nivel fijado como meta.

Tras la crisis financiera mundial, la combinación de las políticas monetaria y fiscal fue clave para evitar una recesión más grave y persistente. Dos factores determinaron su éxito. En primer lugar, ambas políticas perseguían los mismos objetivos: estimular la demanda agregada sin desestabilizar las perspectivas fiscales y al tiempo contrarrestar la presión deflacionaria. En segundo lugar, las relaciones internacionales seguían reflejando en gran medida la cooperación de posguerra de Bretton Woods. Pero puede que esto ya no sea así (Corsetti, 2025). En la actualidad, el modelo de combinación de políticas ya no resulta tan eficaz dadas las frecuentes y graves disrupciones en las cadenas de suministro, que surgen o se amplifican por medidas de política económica y comercial que intensifican la fragmentación comercial y los desequilibrios geopolíticos, y que ponen en cuestión el orden económico y monetario mundial de posguerra.

En este contexto, la coordinación monetaria y fiscal puede debilitar la independencia de los bancos centrales y, por ende, amenazar la estabilidad macroeconómica. Para contrarrestar este riesgo es necesario que la estabilidad geopolítica esté respaldada por una mayor cooperación internacional, una adhesión generalizada a las normas jurídicas aceptadas y unas instituciones internacionales eficaces. Un marco integrado de políticas, capaz de contener las disrupciones derivadas de la fragmentación económica y el aumento de la tensión geopolítica, sentará las bases de la sostenibilidad fiscal, a lo que se suma un control estable de las fluctuaciones de la inflación. Cuando las tensiones geopolíticas se intensifican sin mecanismos de contención, las interrupciones en el suministro y los shocks de oferta adversos generan un conflicto entre la política fiscal y la monetaria.

Sostenibilidad fiscal

¿Por qué cabe esperar que la inflación desempeñe un papel destacado en la sostenibilidad fiscal? En teoría, todos los modelos monetarios incorporan, aunque sea de manera implícita, la coordinación de las políticas monetaria y fiscal. El argumento es sencillo: cuando un banco central endurece su política para reducir la inflación, las tasas de interés reales suben y el crecimiento se ralentiza. Esto amplía el déficit primario (el déficit que excluye los pagos de intereses sobre la deuda) y aumenta la carga real de la deuda. A menos que el gobierno recorte el gasto o suba los impuestos para equilibrar las cuentas, el aumento de los intereses de la deuda pública inyectará más dinero en los bolsillos de los hogares, lo que a su vez alimentará la demanda agregada. De ese modo, la inflación aumenta hasta que el valor real de la deuda nominal pendiente se ajusta a la tributación futura o a las reducciones de gasto previstas. Por tanto, corregir el desequilibrio sin una consolidación fiscal va directamente en contra del objetivo del banco central de controlar la inflación. Si los bancos centrales intentan imponer la estabilidad de precios sin un marco fiscal creíble, puede producirse una espiral inflacionaria descontrolada: un endurecimiento agresivo aumenta los costos del servicio de la deuda, lo que intensifica la presión inflacionaria, provoca una respuesta monetaria más restrictiva y agrava los desequilibrios fiscales (Bianchi y Melosi, 2019).

El éxito de una contracción monetaria para reducir la inflación depende del compromiso del gobierno con el ajuste de los superávits primarios, lo que se conoce como “respaldo fiscal”. Pero eso no es todo. Una cuestión clave, y a menudo subestimada, es que la eficacia de la coordinación monetaria y fiscal se basa históricamente en un entorno geopolítico relativamente estable y en un orden internacional ampliamente aceptado. 

Evidencia histórica

Académicos y autoridades reconocen cada vez más que los desequilibrios fiscales suelen resolverse mediante una combinación de ajuste fiscal y sorpresas en materia de inflación. Bianchi, Faccini y Melosi (2023) demuestran que las autoridades estadounidenses han recurrido durante mucho tiempo a la coordinación monetaria y fiscal para estabilizar la deuda soberana y la inflación, aunque en distintos grados. En la década de 1970, esta coordinación tuvo que hacer frente a las disrupciones causadas por la crisis petrolera, lo que desencadenó un período de elevada inflación. Sin embargo, en las décadas siguientes y a lo largo de la década de 2010, con una inflación por debajo del objetivo, la coordinación monetaria y fiscal compensó las persistentes fuerzas deflacionarias sin desestabilizar las perspectivas de inflación. La globalización y la cooperación internacional contribuyeron a la estabilidad geopolítica que garantizó el éxito de la coordinación monetaria y fiscal. Pero, tras la pandemia, la coordinación sin precedentes de las políticas monetaria y fiscal para impulsar la recuperación económica contribuyó a una inflación persistentemente elevada, ya que tuvo lugar en un contexto de disrupciones en las cadenas mundiales de suministro y de la guerra de Rusia en Ucrania.

Tal y como han demostrado Smets y Wouters (2024), las disrupciones en el suministro complican la coordinación monetaria y fiscal: el respaldo fiscal se debilita más en respuesta a los shocks de oferta que a los de demanda. Esta asimetría explica por qué la coordinación monetaria y fiscal suele dar mejores resultados durante las expansiones impulsadas por la demanda que van acompañadas de condiciones favorables de oferta —como en la década de 2010— que cuando los grandes desequilibrios fiscales coinciden con shocks de oferta adversos y persistentes. En el primer escenario, una inflación moderada inducida fiscalmente puede proteger contra la presión deflacionaria sin socavar la meta de inflación, incluso cuando la tasa de interés está estancada en cero. Sin embargo, en el segundo caso, los bancos centrales se enfrentan a un difícil dilema. ¿Endurecen la política para defender la estabilidad de precios a costa de una recesión más profunda y una situación fiscal más deteriorada? ¿O bien se adaptan a las consecuencias inflacionarias de las disrupciones en el suministro para mitigar la desaceleración y aliviar la carga fiscal, a costa de la estabilidad de precios? 

Inflación controlada

Hoy en día, las tensiones geopolíticas, el aumento del gasto en defensa, la fragmentación comercial y el debilitamiento de las perspectivas de crecimiento están erosionando la situación fiscal de las economías avanzadas. Esto se suma al envejecimiento de la población, el escaso crecimiento de la productividad y la mayor exposición a riesgos climáticos y geopolíticos. En este contexto, el respaldo fiscal es intrínsecamente más débil, lo que aumenta el riesgo de presiones inflacionarias considerables y persistentes. La deuda es de por sí elevada, por lo que el ajuste fiscal debe ser gradual, y es probable que un ajuste sostenible requiera una tolerancia pragmática hacia una inflación controlada. Esta “inflación fiscal” funciona si es temporal y moderada, y si no genera una pérdida disruptiva y, en última instancia, contraproducente de la credibilidad en la lucha contra la inflación.

Si la deuda pública no está indexada a la inflación, el banco central puede suavizar o retrasar el ajuste de precios. El razonamiento se basa en la posibilidad de que se produzcan importantes correcciones fiscales en el futuro y en la continua revisión de las perspectivas fiscales por parte de los mercados. Por ejemplo, los mercados pueden esperar que un auge de la productividad propiciado por la inteligencia artificial impulse el crecimiento lo suficiente como para reducir la carga de la deuda con tasas impositivas más bajas. En este caso, suavizar el ajuste de precios equivale a apostar por la estabilidad fiscal y de los precios: el banco central gana tiempo, manteniendo hoy la inflación relativamente estable frente al aumento de la deuda, con la esperanza de que no sea necesario incrementarla de manera considerable en el futuro si el crecimiento no se acelera. (Corsetti y Maćkowiak, 2024). El éxito requiere una comunicación eficaz. Las autoridades deben garantizar al público su capacidad para estabilizar la deuda pública —mediante reformas y políticas destinadas a contener las disrupciones en el plano de la oferta— y, al mismo tiempo, lograr aumentos de la productividad plausibles y generalizados. 

Un enfoque más amplio

¿Cómo podría aplicarse este ajuste sostenible en todo el mundo? La experiencia histórica sugiere que países como Estados Unidos y el Reino Unido cuentan con mecanismos que estabilizan la deuda, en parte a través de la inflación. Gran parte de esta capacidad se basa en una combinación de reglas explícitas y directrices no escritas que estructuran el equilibrio institucional de poder. Sin embargo, dicho equilibrio es más complejo en la zona del euro, que carece de una deuda común y de un presupuesto central significativo.

Las fuerzas estabilizadoras pueden tener su origen en la previsión de un aumento de la productividad gracias a las nuevas tecnologías y a un mayor gasto público: ambas medidas podrían impulsar el crecimiento y reforzar la sostenibilidad fiscal a largo plazo. Actualmente los gobiernos se enfrentan al reto de aumentar el gasto en defensa, al tiempo que invierten en I+D+i, prioridades muy diferentes a las de la era de la globalización, pero algunos tipos de gasto en defensa también podrían alimentar las expectativas de innovaciones favorables para el crecimiento.

Aun así, con una deuda elevada, es posible que no resulte eficaz, y menos aún viable, una colaboración de políticas no convencional. En respuesta a la disrupción causada por la fragmentación geopolítica y el desmantelamiento de las redes económicas, los gobiernos pueden dejarse llevar por la tentación de aumentar los ingresos mediante impuestos al comercio o adoptar medidas de represión financiera —con regulaciones más estrictas y controles de capital— con la esperanza de reducir los costos de endeudamiento. Sumadas a las tensiones comerciales, estas medidas probablemente intensificarán la vulnerabilidad a los shocks estanflacionarios, provocando una reacción bidireccional adversa entre las políticas nacionales y las políticas internacionales no coordinadas. Una colaboración ampliada y poco convencional que integre una amplia gama de políticas internas y externas evitaría este riesgo, ya que contribuiría a mantener la economía mundial en la senda del ajuste fiscal sostenible.

Los mercados emergentes se enfrentan a dificultades propias, ya que los acontecimientos geopolíticos provocan una onda expansiva que se extiende a los mercados financieros y reales. Esto podría redefinir la magnitud y la geografía de los desequilibrios mundiales, así como los costos y beneficios de las políticas que favorecen la exportación, la liberalización de la cuenta de capital y los regímenes cambiarios poco flexibles. Muchos gobiernos tendrán que defender la credibilidad, fruto de un arduo esfuerzo, de los regímenes de políticas que les permitieron desarrollar mercados clave para la deuda denominada en moneda local. Si bien esto mejora la contribución potencial de la inflación controlada a la corrección de los desequilibrios fiscales, también induce una respuesta a las crisis que conlleva grandes sorpresas en el terreno inflacionario, lo que podría socavar los avances logrados hasta entonces.

Un bien público mundial

Los grandes desequilibrios fiscales, las tendencias demográficas adversas y los acontecimientos geopolíticos exigen una coordinación más estrecha entre las autoridades monetarias y fiscales. Una mayor coordinación no es del todo indeseable; de hecho, puede contribuir a reforzar la credibilidad de la estabilización fiscal, aunque exige ser sumamente cuidadosos. En las economías avanzadas y emergentes, los gobiernos pueden sobreestimar el alcance de una inflación fiscal razonable, restar importancia a los beneficios de un régimen creíble de metas de inflación y exagerar las ventajas de la ausencia de cooperación en las relaciones económicas internacionales. Si las economías avanzadas hubieran sido capaces de neutralizar las fuerzas geopolíticas subyacentes a las crisis petroleras —sobre todo la influencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo en los precios del crudo—, la gran inflación de finales de los años sesenta y setenta podría haber sido menos grave. A mediados de la década de 1960, al igual que hoy en día, los desequilibrios fiscales ya eran considerables, y la incapacidad de los gobiernos para resolver las disputas con los principales países productores de petróleo dio paso a uno de los episodios inflacionarios más desestabilizadores de la historia. 

La combinación de una elevada deuda pública en las economías avanzadas y la actual reordenación geopolítica resulta inquietantemente familiar y nos recuerda que la estabilidad macroeconómica es, ante todo, un bien público mundial. 

GIANCARLO CORSETTI, es titular de la cátedra Pierre Werner y profesor de Economía del Instituto Universitario Europeo.

LEONARDO MELOSI es profesor de Economía en el Instituto Universitario Europeo e investigador en el Centro de Investigaciones en Política Económica.

Referencias:

Bianchi, F., R. Faccini, and L. Melosi. 2023. “A Fiscal Theory of Persistent Inflation.” Quarterly Journal of Economics 138 (4): 2127–79.

Bianchi, F., and L. Melosi. 2019. “The Dire Effects of the Lack of Monetary and Fiscal Coordination.” Journal of Monetary Economics 104: 1–22.

Corsetti, G. 2025. “The Twilight of Bretton Woods.” Project Syndicate Longer Read, May 9.

Corsetti, G., and B. Maćkowiak. 2024. “Gambling to Preserve Price (and Fiscal) Stability.” IMF Economic Review 72 (1): 32–57.

Smets, F., and R. Wouters. 2024. “Fiscal Backing, Inflation and US Business Cycles.” CEPR Discussion Paper 19791. Centre for Economic Policy Research, London.

Compartí esta noticia !

El fin del relato

Compartí esta noticia !

Desde las últimas elecciones generales vivimos alrededor de un relato del consejero presidencial Durán Barba que le ha reportado muchos beneficios al gobierno.
Partiendo desde el punto de vista de que no votar a Cambiemos significaría volver a un pasado aislado del mundo donde era constante los embargos a bienes argentinos, embargables algunos y otros no, pero lo mismo lo hacían los fondos buitres que sitiaban la economía argentina.
Judicializados por el Juez Griesa, dispuesto a dar una lección a la Argentina aceptó todas las demandas de estos fondos carroñeros y puso como condición que si querían hablar con él, no podían hacerlo directamente sino que debían hacerlo por el nombrado “special master” Daniel Pollack, quién cotizaba en cientos de miles de dólares por minuto su intervención. ¡Buen negocio para ambos!.
Por suerte para nosotros el Juez Griesa ya ha fallecido y hoy su alma, si existe la justicia divina, estaría crepitando en los fuegos del infierno. Sin embargo Griessa tuvo un gesto positivo hacía Argentina al no permitir que los fondos buitres llegaran a declarar un “Default Técnico” que hubiera complicado nuestras negociaciones.
Nuestra vuelta al mundo significó el reconocimiento de todos los reclamos de los fondos buitres, que hasta hoy, la sucesora de Griesa, la jueza Payeska, sigue fallando en todas sus sentencias, en contra de la Argentina..
Analicemos algunos hechos que avalan el título del presente artículo:
1) Existe en la política del Gobierno Nacional la intención de generar un crecimiento inclusivo o es verdad lo que dicen los opositores que este es un gobierno que gobierna para que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres ?. Según el economista egipcio  Mohamed El-Erian, considerado como una de las 100 personas más influyentes del mundo según The Economist, pregona que no es posible un crecimiento económico sin un gran acuerdo político, debido a que ambos están íntimamente relacionados, pues la falta persistente de un alto y suficientemente inclusivo crecimiento económico, genera odio, displicencia e incredulidad hacía la política como canal de soluciones. Hechos alejados de nuestra realidad donde el adversario político ve al otro como un enemigo.
2) Existen algunos hechos auspiciosos en parte de las declaraciones de algunos funcionarios en relación a la filosofía de la mayor parte de los empresarios. Es recordada la frase del ex Ministro de Economía Juan Carlos Pugliese cunado intentó calmar las turbulencias del mercado: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. La Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APyME) salió a decir en un comunicado: ”Se ratifica que los representantes de las grandes empresas de la Argentina, no difieren con las líneas fundamentales de la actual política económica, sino que buscan asegurar como siempre lo han hecho, su máxima rentabilidad a costa del resto de los sectores de la economía” “Los grandes empresarios siempre responderán con el bolsillo, es algo que está en su naturaleza . La lógica del Estado “canchero” es por ende, contraria a cualquier estrategia de desarrollo nacional. El gobierno no puede obligar a los empresarios a invertir en algo que no les reportará utilidad y los tan mentados “brotes verdes” no se hacen sentir y sí, se observa en la bicicleta financiera y en el atesoramiento de dólares que realizan los argentinos en base a la experiencia histórica que tienen.
3) La declinación del prestigio del presidente Macri. Todos los sondeos que se efectúan en estos días muestran una acentuada declinación de su prestigio. Su persistencia en buscar una condena al empresario Lázaro Báez por obras inconclusas, cuando su grupo
empresario “Austral Construcciones” está en la posición 36 de los proveedores del estado y IECSA de su primo Angelo Calcaterra ocupa la posición No.3 en la importancia de asignación de obras. Suena a hipocresía, más aun cuando su prestigio e imagen se halla seriamente comprometida por los “Panamá Papers”, la estafa la Correo Argentino y las figuradas exportaciones de autos a Uruguay para cobrar reintegros. Hoy existe un cambio de humor de los argentinos por la falta de respuestas en materia económica y las apariciones del presidente en la TV dando explicaciones, suenan a deliberadas mentiras que ya no son aceptadas, lo que conlleva a la caída de si imagen. Es por ello que hoy el gobierno cifra sus esperanzas en las próximas elecciones en María Eugenia Vidal que conserva una imagen positiva frente al electorado. Otro factor negativo en la unidad de cambiemos es que el Radicalismo exige cada vez mayor protagonismo en la política gubernamental y hasta se reserva, encabezados por Alfonsín y notorios dirigentes, la posibilidad de presentar su propio candidato a Presidente que compita con Macri. Así se presenta el actual panorama político.
 

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin