Apertura comercial: marcas importadas vuelven a las góndolas y ya cuestan menos que las nacionales
La apertura comercial impulsada por el Gobierno está reconfigurando el mapa de consumo en la Argentina. En las grandes cadenas de supermercados, un aluvión de alimentos importados volvió a ocupar espacio en las góndolas con precios que, en muchos casos, resultan entre 15% y 30% más bajos que los productos nacionales. El fenómeno combina el regreso de marcas históricas, nuevas opciones “low cost” y una presión creciente sobre la competitividad de la industria local, con impacto directo en inflación, producción y empleo.
El regreso de marcas y la diversificación de la oferta importada
Las góndolas argentinas exhiben una transformación visible. Según relevamientos de Infobae y Clarín, productos identificados con banderas de Francia, Alemania y Brasil dejaron de ser una rareza de free shops o tiendas gourmet para competir de igual a igual con la producción nacional en supermercados de primera línea.
El retorno más simbólico es el de la cooperativa uruguaya Conaprole, que volvió a comercializar manteca, dulce de leche y crema luego de haberse retirado de manera progresiva por las trabas cambiarias. En el segmento de dulces, reaparecieron las clásicas galletitas danesas en lata azul, con marcas como Jacobsen Wonderfull y Dan Cake, íconos del consumo de los años 90.
A este regreso se suman cafés italianos como Lavazza y Viaggio, además del chocolate Feastables, impulsado por el youtuber MrBeast. La oferta se completa con conservas, pastas y salsas provenientes de mercados poco habituales para el consumidor argentino, como Ecuador, Albania e Italia, ampliando el abanico de opciones y elevando la competencia por precio y calidad.
Precios y competitividad: por qué lo importado resulta más barato
La principal sorpresa para los consumidores está en el precio. En categorías como conservas, café y lácteos, los alimentos importados se venden entre 15% y 30% por debajo de los valores de productos nacionales comparables. Los relevamientos en góndola muestran diferencias concretas:
- Atún: marcas ecuatorianas como Bulnez y Máxima se ofrecen a valores sensiblemente más bajos que las nacionales.
- Pastas: los fideos Pasta Bella (Albania) cuestan $1.498, frente a los $1.800 de una marca nacional líder como Matarazzo.
- Salsas: el puré de tomate italiano Mazza ($4.094 los 680 g) resulta más económico que la passata nacional Rina ($5.300 los 500 g).
- Galletitas: Traviata ($2.071) supera en precio a las Coquetel brasileñas ($2.000).
La explicación combina varios factores: desregulación del comercio exterior, reducción de costos asociados a aranceles e impuestos a productos importados y economías de escala de países con estructuras productivas más competitivas. Para el Gobierno, este escenario potencia la competencia y actúa como ancla de precios en un contexto de lucha contra la inflación.
Productos frescos, carnes y el impacto sobre la industria local
El fenómeno no se limita a los alimentos procesados. En el Mercado Central se volvió habitual la presencia de naranjas españolas, manzanas chilenas y bananas ecuatorianas, mientras que en carnes las importaciones —principalmente desde Brasil— crecieron 580% interanual en 2025.
Desde la industria alimenticia, la COPAL advierte que la producción local enfrenta una presión tributaria elevada y costos logísticos que reducen su competitividad frente a los productos importados. El ingreso masivo de alimentos más baratos, señalan, puede traducirse en menor utilización de la capacidad instalada, caída de márgenes y riesgos para el empleo en sectores sensibles.
La tensión entre el objetivo oficial de bajar precios y la sostenibilidad del entramado productivo local abre un debate económico e institucional de fondo. Mientras el Ejecutivo celebra la competencia como herramienta antiinflacionaria, las empresas nacionales alertan por el impacto de una apertura acelerada en un contexto de costos internos altos y consumo todavía frágil.
