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El USDA ajusta proyecciones y anticipa menor oferta global de carne vacuna en 2026

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El mercado global de carne vacuna entra en una etapa de reacomodamiento. Según el último informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), la producción mundial disminuiría un 1% en 2026, hasta 61,6 millones de toneladas, lo que marca el primer retroceso tras cinco años consecutivos de crecimiento. El dato no solo corrige estimaciones previas, sino que redefine el equilibrio entre oferta y demanda a escala internacional.

El informe también ajusta a la baja las importaciones globales, que pasarían de 12,01 a 11,68 millones de toneladas, una caída del 2,6% interanual. En ese cruce de menor oferta y demanda más selectiva, el comercio internacional de carne comienza a reconfigurarse.

Menor producción y cambios en los principales jugadores

El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) publicó su informe semestral de producción y comercio mundial de carnes.

En el caso de la carne vacuna, las proyecciones muestran una corrección al alza en comparación con la fuerte caída prevista en el informe anterior, al tiempo que se ajustan a la baja las estimaciones de importación.

A nivel global, se espera que en 2026 la producción de carne vacuna disminuya un 1%, hasta alcanzar 61,6 millones de toneladas, lo que implica un recorte de 685.000 toneladas respecto de 2025, frente a las 913.000 toneladas proyectadas seis meses atrás. Se trata de la primera caída en producción, tras cinco años de crecimiento ininterrumpido.

China retrae compras y se redistribuye la demanda

Los mayores ajustes a la baja se observan en China y Brasil, aunque en este último caso los cambios resultan menos significativos de lo anticipado previamente. Tras un año récord en 2025, se prevé que la producción brasileña disminuya un 2%, hasta 12,4 millones de toneladas, sin que ello modifique su posición como principal exportador mundial, con 4,275 millones de toneladas.

Una dinámica similar se proyecta para Australia, donde la producción caería un 1% hasta 2,9 millones de toneladas, debido a un menor nivel de faena. No obstante, el país se mantendría como segundo exportador mundial, con 2,16 millones de toneladas.

Por el lado de la demanda, el organismo recortó su proyección de importaciones globales de 12,01 a 11,68 millones de toneladas, lo que implica una baja del 2,6% (307.000 toneladas) frente a 2025.

Este ajuste responde principalmente a la revisión a la baja de China, cuyas importaciones se reducen de 3,75 a 3,20 millones de toneladas, una caída del 12,5% interanual.

Un mercado más competitivo y fragmentado

En este contexto, los flujos comerciales atravesarían una reconfiguración producto de la implementación de esta estrategia china de autolimitación de sus compras externas, en contraste con la creciente demanda de Estados Unidos y Europa.

En el caso chino, la decisión de restringir importaciones con el objetivo de proteger la industria local reduce el volumen importado y en consecuencia, su participación en el comercio global al nivel más bajo desde 2020, pasando del 35% alcanzado en 2023 a menos del 27% actual.

Como contrapeso, Estados Unidos muestra un aumento de la demanda, con un crecimiento cercano al 6% que lo llevaría a un récord de 2,626 millones de toneladas, equivalentes al 22,5% del comercio mundial. A ello se suma la Unión Europea, con alrededor de 500.000 toneladas adicionales. En conjunto, EE.UU. y la UE prácticamente igualan la demanda china, concentrando más del 26% del comercio mundial, aunque con un nivel de precios sensiblemente superior.

Este nuevo mapa del comercio mundial, donde las principales fuerzas de la demanda tienden a equilibrarse, encuentra a la Argentina en una posición favorable en términos de su posicionamiento comercial.

Precios, competencia y oportunidades

Mientras Brasil y Australia enfrentan dificultades para administrar las restringidas cuotas arancelarias otorgadas por China, Argentina difícilmente se vea afectada por estas limitaciones. Por el contrario, un rápido agotamiento de los cupos con arancel preferencial por parte de estos proveedores podría impulsar los precios de compra para todo el mercado durante el segundo semestre, generando mayor competitividad y mejores valores para la carne argentina.

En el caso de Europa, a partir del Acuerdo con el Mercosur, Argentina se vería beneficiada por su participación dominante en la Cuota Hilton, además de la reducción de aranceles aplicados sobre la cuota adicional.

En tanto, con Estados Unidos, Argentina goza de un tratamiento especial otorgado mediante la ampliación de la cuota específica por país, lo que posiciona favorablemente frente a un mercado cuya necesidad de abastecimiento externo podría incluso superar el actual récord proyectado por el propio USDA.

En síntesis, frente a una oferta limitada y una distribución más equilibrada de la demanda, se configura un entorno de mayor competencia en el que Argentina podría verse favorecida tanto por su capacidad de abastecimiento como por su participación en cuotas arancelarias clave.

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El agro proyecta US$ 35.375 millones en divisas y refuerza el frente externo del Gobierno

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El sector agroexportador proyecta una liquidación de divisas por US$ 35.375 millones en 2026, según la última estimación de GEA-BCR, lo que implica un aumento cercano a US$ 1.000 millones respecto de la previsión del mes anterior. El ajuste responde a mejores precios internacionales y a un mayor volumen exportable, especialmente de maíz, en un escenario donde el Gobierno busca consolidar la estabilidad cambiaria y fortalecer reservas.

La proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario se conoce en un momento en que la dinámica del ingreso de dólares vuelve a estar en el centro de la estrategia económica, tras un primer trimestre con liquidaciones por US$ 5.735 millones, por debajo de los US$ 6.200 millones del mismo período de 2025.

Más maíz y mejores precios: el ancla de la proyección

En su último informe mensual de estimación de producción nacional, de la Bolsa de Comercio de Rosario elevó sus previsiones para maíz 2025/26 a 67 Mt (+5 Mt vs. marzo) producto de un ajuste en las estimaciones de superficie implantada. Esta mayor oferta se traduce en un aumento en la proyección de exportaciones del cereal a 43 Mt para la campaña (vs. 41 Mt hace un mes), un aumento en el uso forrajero (+0,7 Mt) y un incremento en los stocks finales de la campaña (+2,3 Mt). 

Las 43 Mt de exportaciones de maíz ya representarían un récord para el país, pero cabe mencionar que este número puede sufrir ajustes en los próximos meses de acuerdo a cómo se acomode la oferta en los otros dos grandes países exportadores (EE.UU. y Brasil) hacia la segunda mitad del ciclo argentino 2025/26. 

Por el lado de nuestro país vecino, la CONAB viene ajustando a la baja sus estimaciones de producción de zafrinha, que compite directamente con el maíz tardío argentino; a la vez que prevé un aumento en la demanda doméstica, apuntalado por una mayor producción de bioetanol. 

En cuanto a EE.UU., el USDA prevé una disminución en la superficie sembrada de maíz para la próxima campaña 2026/27 ante los elevados costos de fertilizantes y el impacto en los márgenes. 

De reducirse efectivamente la oferta para la nueva campaña en ambos países competidores y dejando un menor saldo exportable, se podría abrir una oportunidad para que Argentina continúe con un programa de embarques sólido durante prácticamente toda la campaña local, dando margen a elevar la estimación total de exportaciones para el ciclo maicero 2025/26. Sin embargo, este es un elemento para monitorear en el transcurso de la campaña, y la proyección actual se ubica en 43 Mt.

Este ajuste al alza en las estimaciones de las exportaciones de maíz a 43 Mt desde los 41 Mt previstos hace un mes; sumado a un programa de embarques más acelerado de semillas de girasol y precios levemente mayores a los vigentes hace un mes producto del conflicto bélico en Medio Oriente dejan a la actualización en la estimación de liquidación de divisas del agro en US$ 35.375 millones para 2026, lo que significa un incremento de casi US$ 1.000 millones respecto de marzo. 

Normalización del flujo de dólares

En los primeros 3 meses del año el agro liquidó un estimado de US$ 5.735 millones, por debajo de los US$ 6.200 del primer trimestre del año pasado. Una de las explicaciones de esto se encuentra en el programa de eliminación temporaria de retenciones vigente durante septiembre 2025, que dejó como saldo un adelantamiento en el volumen de dólares ingresado durante ese mes y el impacto de un menor ingreso en los meses subsiguientes. 

Sin embargo, se estima que ese fenómeno encontró su fin en marzo, y hacia adelante el flujo de dólares del agro al mercado cambiario se normalizará. La diferencia entre el monto de dólares ingresado al MLC y las exportaciones devengadas informadas por INDEC se encuentran prácticamente equilibradas. Desde mayo 2025, el “saldo a favor” de las exportadoras, es decir la diferencia entre los dólares ingresados al MLC y los despachos al exterior, se fue incrementando hasta llegar a un máximo de US$ 7.700 millones en septiembre, mes de vigencia del mencionado programa de eliminación temporaria de DEX. A partir de allí, ese saldo a favor fue retrocediendo y la estimación de marzo marca un equilibrio, lo que hace suponer que las exportadoras ya agotaron los dólares ingresados bajo el programa. 

Por este motivo, tal como se aprecia en el siguiente gráfico, se estima que el flujo de divisas del agro se incremente notoriamente a partir de abril, manteniéndose por encima del promedio del último lustro para todos los meses que restan del 2026. Entre abril y diciembre se estima que la liquidación de divisas acumule US$ 29.600 millones: US$ 16.500 millones de soja y derivados, US$ 7.500 millones de maíz, US$ 2.200 millones del complejo trigo, US$ 2.400 millones del complejo girasol, US$ 500 millones del complejo cebada, US$ 300 millones de sorgo y US$ 600 en otros cereales y oleaginosas.

Qué mirar en los próximos meses

La proyección de US$ 35.375 millones marca un escenario más favorable para el frente externo, pero su consolidación dependerá de múltiples variables.

Entre ellas, la evolución de la cosecha local, la oferta global de granos, los precios internacionales y la capacidad del sector exportador para sostener el ritmo de liquidación. También será clave monitorear si el flujo de divisas efectivamente se acelera desde abril, como anticipa el informe.

El ingreso de dólares del agro vuelve a ser una pieza central del tablero económico. Su comportamiento definirá, en buena medida, el margen de maniobra del Gobierno en los próximos meses.

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El FMI explicó los motivos por los que espera menos crecimiento y más inflación para la Argentina

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El Fondo Monetario Internacional revisó sus previsiones para la Argentina y proyectó un crecimiento del 3,5% para 2026 —medio punto menos que en octubre— junto con una suba significativa de la inflación esperada, que pasó del 16,4% al 30,4%. El ajuste fue presentado este martes en el último informe de perspectivas globales, en un contexto internacional atravesado por tensiones en energía, conflictos y volatilidad de precios.

Durante la presentación, Petya Koeva Brooks, vicedirectora del Departamento de Investigación, explicó que la revisión responde principalmente a una pérdida de impulso en la actividad económica local hacia la segunda mitad del año pasado, lo que condiciona el arrastre estadístico para este año.

Un escenario global que condiciona

El recorte en las proyecciones se enmarca en un contexto internacional adverso. El FMI identificó un escenario con encarecimiento de la energía, persistencia de conflictos y presión sobre los precios de insumos clave, factores que afectan especialmente a economías emergentes.

En el caso argentino, el organismo destacó una dinámica ambivalente: si bien el país se beneficia por su perfil exportador —en particular de commodities—, ese efecto positivo se ve contrarrestado por el impacto de la inflación interna y el encarecimiento de bienes básicos.

Según lo informado, la mejora en los términos de intercambio no logra compensar la pérdida de poder adquisitivo, lo que limita el dinamismo de la demanda interna.

Qué cambia en las proyecciones

El nuevo escenario plantea dos correcciones centrales: Crecimiento: baja del 4,0% estimado en octubre al 3,5% en 2026. Inflación: sube de 16,4% a 30,4% para el mismo período.

El FMI vinculó el ajuste en el crecimiento a la desaceleración de la actividad registrada en la segunda mitad del año pasado. Ese menor impulso condiciona la recuperación esperada.

En materia de precios, el organismo reconoció que el proceso de desinflación continúa, pero a un ritmo más lento del previsto. La convergencia hacia niveles de un dígito, que se proyectaba meses atrás, quedó postergada.

Expectativas bajo presión

La revisión del FMI introduce una señal relevante para la agenda económica del Gobierno nacional, en un contexto donde las expectativas de estabilización son un activo central.

El organismo no modifica la dirección del proceso —continúa proyectando crecimiento y desaceleración inflacionaria—, pero sí ajusta los tiempos. Ese corrimiento implica mayor presión sobre la credibilidad del programa económico, especialmente en lo vinculado a la velocidad de la desinflación.

Al mismo tiempo, la Argentina se mantiene por encima del promedio regional de crecimiento (2,3% para América Latina), lo que atenúa parcialmente el impacto de la corrección.

Precios persistentes y consumo condicionado

El nuevo cuadro proyectado tiene implicancias directas: Inflación más alta: erosiona ingresos reales y condiciona el consumo. Menor crecimiento: limita la recuperación de la actividad. Costos globales elevados: impactan en insumos, energía y transporte.

El FMI advirtió que el encarecimiento de commodities y factores externos genera un “shock de oferta negativo” que presiona sobre los precios internos.

Señales para economías dependientes del consumo

Aunque el informe no desagrega impactos por provincias, el nuevo escenario macroeconómico tiene efectos indirectos sobre economías regionales como Misiones.

Una inflación más persistente y menor dinamismo económico podrían traducirse en: Menor capacidad de consumo interno. Presión sobre costos productivos. Y mayor dependencia de mercados externos

En provincias con fuerte base agroindustrial, el comportamiento de los precios internacionales y los costos logísticos seguirá siendo una variable clave.

Escenario abierto

El FMI remarcó que la evolución de la economía argentina estará condicionada por factores externos, como los precios de la energía y la dinámica de los conflictos internacionales.

A nivel local, las variables a observar pasan por: La recuperación de la actividad en los próximos meses. La evolución de la inflación y su velocidad de desaceleración. Y el impacto de los precios internacionales sobre la economía doméstica

El nuevo cuadro no altera la dirección general del proceso, pero sí introduce mayor incertidumbre sobre los plazos de estabilización.

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Crece la volatilidad en el mercado de granos en medio del conflicto en Medio Oriente

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La guerra en Medio Oriente empezó a pegar de lleno en el mercado de granos y dejó una señal doble para la Argentina: mientras la volatilidad financiera se acelera en Chicago por la presión geopolítica, el país logra capitalizar una ventana comercial excepcional para el maíz y el girasol, con exportaciones que rompen récords y sostienen el movimiento interno de mercadería. El dato central no es solo productivo, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario. En plena campaña 2025/26, con una oferta abundante y costos logísticos globales más altos por la crisis en el estrecho de Ormuz, la competitividad argentina gana espacio en el comercio internacional, aunque bajo una condición frágil: que el conflicto no deteriore todavía más el transporte marítimo ni profundice el desorden en los precios.

La novedad combina alivio comercial y riesgo sistémico. Por un lado, la cosecha récord y la demanda externa están permitiendo dar salida a volúmenes muy altos, especialmente en girasol y maíz. Por otro, la guerra y la acción de los fondos especulativos transformaron a los futuros agro en un terreno mucho más sensible a cualquier titular. En ese escenario, la Argentina aparece beneficiada por precios competitivos y por una ventana de exportación favorable, pero queda también expuesta a un mercado internacional cada vez más nervioso, donde una noticia diplomática o militar puede mover las cotizaciones con violencia en una sola rueda.

El girasol rompe todos los techos y acelera la comercialización interna

El caso más contundente es el del girasol. La campaña 2025/26 ya muestra una performance histórica en exportaciones y confirma que el complejo encontró una salida externa pocas veces vista. En el primer trimestre se embarcaron 391.000 toneladas de aceite, el mejor arranque aceitero de campaña desde 2005. Pero el dato más disruptivo está en la exportación de semilla de girasol, que alcanzó 421.136 toneladas en lo que va del trimestre: equivale a 12 veces la cifra del año pasado (31.688 toneladas) y casi 17 veces el promedio de los últimos cinco años para esta altura del calendario (25.000 toneladas).

Ese salto no es una curiosidad estadística. Cambia la lógica comercial del cultivo. Cuando se homogeneizan las exportaciones de aceites, pellets y harinas en semilla procesada equivalente, surge que ya se utilizaron 1,12 millones de toneladas de semillas para producir los derivados industriales exportados en lo que va de la campaña. El registro supera en más del doble el promedio del último lustro y es 1,7 veces superior al del año pasado a esta altura.

La magnitud de la demanda externa ya tuvo impacto interno. El mercado doméstico respondió con compras totales por 3,1 millones de toneladas, lo que ubica a la campaña 2025/26 como el segundo registro más alto del siglo, a la par de la 2007/08. En términos comparativos, el ritmo comercial corre 62% por encima del ciclo anterior y 111% más que el promedio de los últimos cinco años. No se trata solo de más exportaciones: se trata de una cadena que encuentra precio, fluidez comercial y ritmo de descarga en un momento donde la oferta es abundante.

Un mercado inusual: hasta un gran exportador compró girasol argentino

Dentro de esa dinámica aparece un dato con peso propio: la producción argentina logró ingresar en destinos que no son compradores habituales. En un hecho sin precedentes dentro del texto base, Bulgaria, uno de los mayores exportadores mundiales de semillas y aceite de girasol, apareció como destino del producto argentino y explicó el 37% de las compras de semilla en bruto.

Ese dato revela dos cosas a la vez. Primero, que la competitividad argentina no solo funciona en mercados tradicionales, sino también en plazas donde normalmente la lógica comercial iría en sentido inverso. Segundo, que el contexto global empuja a los importadores y procesadores a buscar mercadería donde haya precio y disponibilidad, incluso si eso altera esquemas históricos del comercio agrícola. Cuando un exportador estructural pasa a comprar, el mercado está enviando una señal sobre escasez relativa, oportunidades transitorias o reacomodamientos fuertes en la formación de precios.

El maíz aprovecha una ventana de competitividad y apunta a un récord exportador

El maíz ofrece otra foto relevante. La cosecha avanza al 14% a nivel nacional y, solo en marzo, ya se descargaron 3 millones de toneladas en los puertos del Gran Rosario, es decir, 1,4 millones más que en igual momento del año pasado. A la par, la comercialización interna muestra un ritmo firme: ya está comprometido el 30% de las toneladas esperadas para esta campaña, 10 puntos porcentuales por encima del ciclo pasado.

Sobre esa base, el programa exportador del primer mes de campaña se perfila para quebrar marcas. La previsión indica que marzo cerraría con más de 4 millones de toneladas exportadas, un récord para el arranque de campaña del cereal. La explicación central está en la competitividad del producto argentino. Aun con subas en los costos globales de los fletes marítimos, el maíz local sigue siendo presentado como el más competitivo del mundo dentro de la ventana que se extiende hasta el ingreso más fuerte de la oferta brasileña, previsto para junio/julio.

Ahí aparece una lectura política y económica concreta. La Argentina no está aprovechando solo una buena cosecha, sino una combinación excepcional entre volumen disponible, salida exportadora y timing comercial. En un momento de disrupción global, esa ventaja puede ser decisiva para sostener ingreso de divisas, actividad en terminales portuarias y dinamismo en la cadena comercial. Pero también es una ventaja con fecha de vencimiento: depende de cuánto dure la ventana frente a Brasil y de que la crisis internacional no encarezca aún más la logística.

Chicago sube, las primas FOB aflojan y el mercado local se sostiene

El comportamiento de los precios muestra ese equilibrio inestable. En Chicago, los futuros de maíz recibieron impulso por el conflicto en Medio Oriente y por el mayor posicionamiento de los fondos en commodities agrícolas. Desde que el escenario internacional empezó a tensionarse, el contrato de referencia del cereal subió 6%. Sin embargo, al mismo tiempo, las primas FOB del maíz argentino se debilitaron, en parte por la presión de oferta y en parte por el aumento en los costos de transporte marítimo.

El resultado es una especie de compensación. La baja de las primas resta, pero la suba en Chicago más que equilibró ese efecto, permitiendo que el precio de exportación a cosecha se revalorizara US$ 15 por tonelada desde enero. Esa mejora ayudó a sostener los valores en el mercado de futuros local, que promedian entre US$ 182 y US$ 186 por tonelada.

Ese punto es central para entender el momento. La Argentina gana competitividad por precio, pero esa ventaja no surge en un contexto de estabilidad, sino dentro de un mercado global donde sube la tensión, suben los costos y se vuelve más agresiva la operatoria financiera. El beneficio existe, aunque no descansa sobre bases tranquilas.

Ormuz cerrado y fondos especulativos: la nueva fuente de inestabilidad

La otra gran variable del escenario es la guerra. El texto base marca que el estrecho de Ormuz sigue virtualmente cerrado, con una caída del 94% en el tráfico de buques. Esa cifra no impacta solo en petróleo y energía. Repercute también en el costo del comercio internacional, en las expectativas de abastecimiento y en el comportamiento de los capitales especulativos que operan sobre materias primas.

En ese clima, la volatilidad dejó de ser un factor lateral y pasó al centro del negocio. La soja dio la señal más fuerte. Durante el lunes de esta semana, el futuro más operado en Chicago registró la mayor caída diaria desde julio de 2024, con una pérdida de US$ 20 por tonelada en una sola rueda, hasta activar el límite automático del CME. El disparador fue una noticia política: la postergación del viaje de Donald Trump a China.

El mercado venía descontando en precios la promesa de que China sumaría 8 millones de toneladas de soja a sus compras de 12 millones de esta campaña. La postergación del viaje se leyó como una señal bajista porque debilitó el sustento político de ese compromiso. La reacción fue inmediata. Y dejó una enseñanza clave: ya no hacen falta cambios estructurales en oferta o demanda para mover fuerte los precios. Alcanza con un titular de alto impacto geopolítico.

La soja expone el nuevo patrón: subas violentas, caídas bruscas y fondos con poder de fuego

La soja venía de tocar máximos de 21 meses el viernes pasado. Antes del rally comprador, cotizaba por debajo de US$ 390 por tonelada. Luego llegó a operar en US$ 451, una suba del 16% en siete semanas. Después, ante una sola noticia con sesgo bajista, cayó con fuerza. Ese patrón no es anecdótico: muestra que el mercado agro quedó sometido a un nivel de sensibilidad mucho mayor.

El texto remarca que la volatilidad anualizada en las últimas diez ruedas escaló a máximos desde julio de 2023 y que los fondos especulativos tienen un rol central. La posición neta comprada supera los 600.000 contratos entre granos y derivados, tras un aumento del 337% desde fines de enero. Ese volumen de apuestas le da a los fondos un poder decisivo para mover cotizaciones. Una toma de ganancias, un cambio de expectativas o una noticia internacional pueden desatar correcciones violentas en cuestión de horas.

En términos de poder de mercado, eso significa que la formación de precios ya no depende solo de rindes, clima o demanda física. También depende de la velocidad con la que el capital financiero entra y sale de posiciones largas sobre commodities. Para la Argentina, esa dinámica abre oportunidades de precios, pero también complica la toma de decisiones comerciales, porque el margen entre una rueda favorable y una corrección abrupta se achicó mucho.

Qué gana la Argentina y qué riesgo enfrenta

La campaña 2025/26 encuentra a la Argentina en una situación singular. Tiene volumen, tiene competitividad y, por ahora, tiene demanda externa. El girasol exhibe una performance histórica. El maíz se encamina a un arranque récord. Y los precios internacionales, aun con altibajos, siguen ofreciendo respaldo al negocio exportador. En ese plano, los sectores vinculados a la exportación y a la logística portuaria aparecen fortalecidos.

Pero el mismo contexto que habilita esa ventana también impone límites. El cierre virtual de Ormuz, la suba de fletes, la fragilidad diplomática y el peso creciente de los fondos especulativos pueden alterar en pocos días el escenario. Un agravamiento del conflicto podría disparar todavía más los costos logísticos. Un cambio brusco en las expectativas sobre Estados Unidos, China o Medio Oriente puede desarmar posiciones compradas y provocar bajas intensas. Y el ingreso de la oferta brasileña en junio/julio meterá presión sobre la competitividad del maíz argentino.

Un momento de oportunidad, pero sin red de seguridad

Lo que hoy muestra el mercado de granos no es una foto de bonanza lineal, sino una combinación de oportunidad y fragilidad. La Argentina está logrando colocar mercadería en volúmenes excepcionales y aprovechar un contexto favorable para el maíz y el girasol. Sin embargo, esa ventaja se construye sobre un sistema internacional alterado por la guerra, con rutas marítimas bajo presión y precios moldeados por fondos que amplifican cada shock.

Las próximas semanas serán decisivas. Habrá que mirar si el conflicto en Medio Oriente profundiza el bloqueo comercial, si Chicago mantiene el sesgo alcista o entra en una nueva fase de corrección, y si la competitividad argentina logra sostenerse cuando cambie la oferta global. Por ahora, el negocio exportador encontró aire. La pregunta es cuánto dura esa ventana en un mercado que ya no reacciona por ciclos previsibles, sino por sobresaltos.

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La carne vacuna se adelanta al ciclo global y presiona al alza los precios internacionales

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En un contexto global donde todavía no se consolida una suba generalizada de los alimentos, el mercado internacional de la carne vacuna empieza a marcar su propio ritmo. El último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, con datos de la FAO, confirma que los precios de la carne no solo resisten la tendencia bajista de otros productos, sino que ya ingresaron en una fase alcista sostenida.

La clave no está en un shock externo inmediato, sino en fundamentos estructurales: menos oferta proyectada y una demanda firme desde los principales centros de consumo. El interrogante que se abre es si este movimiento anticipa un nuevo ciclo inflacionario global o si se trata de una suba sectorial con impacto acotado.

Un mercado que se mueve antes que los alimentos

En un contexto internacional en el que se anticipa una posible presión alcista sobre los precios de los alimentos el mercado de las carnes, y particularmente el de la carne vacuna, parece adelantarse a estos movimientos impulsado por fundamentos propios.

Si se analiza la evolución del Índice de Precios de los Alimentos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), basado en una canasta de productos alimenticios comercializados internacionalmente, observamos que en febrero registró un promedio de 125,3 puntos. A pesar de la mejora registrada en el último mes, el índice todavía se ubica 22% por debajo de los máximos alcanzados en marzo de 2022 (160,2 puntos), tras el inicio de la guerra en Ucrania, nivel que podría considerarse una referencia potencial hacia la cual podrían volver a escalar los precios en un escenario de suba sostenida de la energía.

Desde entonces, los precios de los lácteos registran bajas promedio del 20%, los cereales del 36%, los aceites del 31% y el azúcar del 27%. En contraste, el Índice de Precios de las Carnes —que incluye carne vacuna, aviar, porcina y ovina— es el único que muestra un aumento durante ese mismo período, acumulando un aumento cercano al 8%.

Dentro del complejo cárnico, la carne vacuna y la carne ovina son las que registran los mayores incrementos, 12,5% y 33,5%, respectivamente. En el caso de la carne ovina, si bien el aumento es más pronunciado, su impacto sobre el consumo global es considerablemente menor en comparación con la carne vacuna.

De acuerdo con el último informe de la FAO, la firmeza en las cotizaciones internacionales de la carne vacuna responde principalmente al sólido nivel de demanda proveniente de China y Estados Unidos.

Esta dinámica sostiene los precios de exportación de los principales proveedores mundiales, especialmente Australia y Brasil, cuyas cotizaciones tienen una incidencia directa en la conformación del índice global de carnes.

Según las últimas proyecciones publicadas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la producción mundial de carne vacuna se reduciría en cerca de 1 millón de toneladas durante 2026, reflejando principalmente el proceso de recomposición de stocks ganaderos en varios países productores. Al mismo tiempo, la demanda internacional continuará expandiéndose, con un comercio global que superaría las 12 millones de toneladas, consolidando el crecimiento del mercado internacional.

Estados Unidos continuará desempeñando un rol clave en este escenario, ampliando su déficit comercial de carne vacuna. Recientes proyecciones del USDA indican que las importaciones estadounidenses podrían superar los 2,5 millones de toneladas en 2026, lo que representaría un incremento del 3,4% respecto de 2025. No obstante, el ritmo de compras observado en el inicio del año muestra un crecimiento aún mayor, con datos acumulados para el primer bimestre que exceden en un 10% los registros del año pasado, dato que supera ampliamente el crecimiento proyectado para todo el año.

En el caso de China, si bien el esquema de cuotas de importación aplicado desde este año intenta moderar el ritmo de compras observado en los últimos años, hasta el momento los valores ofrecidos por los importadores continúan en ascenso, reflejando la firmeza de su demanda. Aun sin datos oficiales de la Administración General de Aduanas sobre el volumen efectivamente ingresado en lo que va del año, las referencias de precios FOB para los principales cortes que China compra a Argentina —según datos de APEA— muestran subas cercanas al 40% interanual.

Una dinámica similar se observa en el mercado europeo. Si bien los volúmenes comercializados se mantienen relativamente estables, los precios continúan consolidando una tendencia alcista. Actualmente, cortes de alto valor comercial como el Ramp & Loin o el bife ancho se negocian desde Argentina a valores FOB de entre USD 21.000 y USD 22.000 por tonelada, lo que implica subas superiores al 30% respecto de los valores registrados a igual fecha del año pasado.

En este escenario, una eventual suba en los precios del gas y del petróleo podría agregar presión adicional al mercado, principalmente a través del aumento de los costos logísticos y de transporte internacional.

No obstante, el impacto sobre el comercio de carne vacuna sería relativamente limitado desde el punto de vista de los flujos comerciales, dado el bajo peso que tienen los países involucrados en el conflicto dentro del mercado global.

Según estimaciones del USDA, en 2025 los países de Medio Oriente —entre ellos Israel, Irán, Irak, Siria, Egipto, Turquía, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes— representaron menos del 5% de la demanda mundial de carne vacuna. A nivel global, esta participación resulta relativamente baja como para generar una disrupción significativa en el mercado internacional.

No obstante, para Argentina la región presenta una mayor relevancia. Destinos como Israel, Qatar y Emiratos Árabes Unidos concentran más del 7% de los embarques totales y cerca del 11% de las divisas generadas por exportaciones de carne vacuna.

Según datos del SENASA, en los dos primeros meses de 2026 los certificados de exportación de carne vacuna hacia Israel y otros países de Medio Oriente totalizaron unas 11.400 toneladas, equivalentes al 12,5% del total certificado. En lo que va de marzo —ya con una escalada del conflicto en la región— la participación de estos mercados en las certificaciones se mantiene prácticamente sin cambios, lo que hasta el momento no evidencia señales de disrupción en el comercio.

Aun así, Ante un eventual debilitamiento de la demanda proveniente de Medio Oriente, Argentina mantiene una posición sólida en tres de los principales destinos del comercio internacional de carne vacuna: China, Estados Unidos y la Unión Europea. Estos mercados concentran más del 55% del comercio global y constituyen actualmente el eje central de la demanda internacional de carnes, lo que otorga a Argentina una base comercial sólida y equilibrada dentro del actual contexto geopolítico global.

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