PROBIÓTICOS

Proponen incorporar en la alimentación una ‘dosis diaria’ de microorganismos vivos

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Durante millones de años de evolución humana, el contacto cotidiano con microorganismos fue una constante: en los alimentos, en el entorno natural y en la relación directa con animales y otras personas. Sin embargo, los cambios en el estilo de vida moderno han reducido drásticamente nuestra exposición a microbios beneficiosos. La urbanización, el uso temprano y o excesivo de antibióticos y antisépticos como la lavandina y los jabones, el incremento de partos por cesárea, una lactancia limitada y una dieta basada en alimentos ultraprocesados han contribuido a empobrecer la diversidad de la microbiota intestinal.

Un creciente cuerpo de evidencia científica respalda la idea de que una alimentación rica en microorganismos vivos puede contribuir a una mejor salud general. Un estudio publicado en la revista Nutrients halló que un mayor consumo de microbios vivos se asoció con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares. Otro trabajo, difundido en la revista mSystems, observó que las personas que consumen alimentos fermentados como yogur, kimchi, kéfir, kombucha o chucrut presentan una microbiota intestinal más diversa, lo que se traduce en una mejor función inmunitaria y metabólica.

“Consumimos cada vez menos microbios, y eso repercute en la diversidad de nuestra microbiota intestinal, con consecuencias en el desarrollo inmunitario y metabólico”, explicó Gabriel Vinderola, doctor en Química, investigador principal del Instituto de Lactología Industrial del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y de la Universidad Nacional del Litoral, y docente de esa casa de estudios.

“Los alimentos fermentados son una fuente accesible de microorganismos beneficiosos y constituyen una vía para reconectar con la naturaleza microbiana que hemos perdido”, destacó por su parte Andrea González, doctora en Nutrición, integrante de Profesionales Expertos en Nutrición Infantil y jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología Doctor Carlos Bonorino Udaondo. “En este sentido, el yogur natural se posiciona como un alimento clave: por su accesibilidad, aceptación cultural, matriz alimentaria versátil y buena densidad nutricional, es una de las formas más efectivas y seguras de incorporar microbios vivos a la alimentación diaria”, insistió.

El yogur se elabora mediante la fermentación de la leche con bacterias vivas, principalmente Lactobacillus delbrueckii subespecie bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Algunos productos también incluyen cepas probióticas adicionales, como cepas específicas de las especies Lactobacillus casei o Bifidobacterium lactis, que han demostrado efectos positivos en la salud digestiva, la regulación inmunitaria y el control del colesterol, entre otros beneficios.

“El yogur es un producto de elevado perfil nutricional por su aporte de calcio, proteínas y vitaminas, pero además incorpora microorganismos vivos y, en algunos casos, determinados probióticos”, afirmó Omar Tabacco, médico pediatra gastroenterólogo, integrante de Profesionales Expertos en Nutrición Infantil y expresidente de la Sociedad Argentina de Pediatría. “Es absolutamente seguro, ya que se produce con leche doblemente pasteurizada y no representa ningún riesgo bacteriológico, ni siquiera si se interrumpe por algunas horas su cadena de frío estando el envase cerrado. De hecho, es una muy buena opción para la vianda escolar por su perfil nutricional y su estabilidad microbiológica”, agregó.

Una revisión publicada en la revista Current Microbiology en 2025 evaluó el impacto de las leches fermentadas en la salud humana y concluyó que su consumo regular mejora la composición de la microbiota intestinal, aumenta la presencia de bacterias productoras de butirato —un ácido graso de cadena corta con propiedades antiinflamatorias— y favorece el equilibrio del metabolismo.

El butirato, producido por ciertas bacterias del colon a partir de la fermentación de fibras y otros sustratos, es clave para la salud intestinal. Ayuda a mantener la integridad de la barrera intestinal, reduce la inflamación y podría incluso tener efectos protectores contra el cáncer de colon. El consumo de yogur se ha asociado con un aumento de estas bacterias productoras de butirato.

A diferencia de otros alimentos fermentados, como el kéfir, que puede contener pequeñas cantidades de alcohol debido a su proceso de fermentación, el yogur resulta más apropiado para la infancia y para poblaciones sensibles. “En nuestro país, el yogur es el fermentado más integrado culturalmente y el más aceptado por los niños”, sostuvo Gabriel Vinderola, quien además integra Profesionales Expertos en Nutrición Infantil, un grupo de trabajo que nuclea a destacados especialistas abocados al estudio de la problemática de la nutrición infantil.

En términos de frecuencia, los especialistas recomiendan incorporar alimentos fermentados de forma diaria o, al menos, entre tres y cinco veces por semana. Una investigación publicada en la revista PeerJ estimó que las dietas occidentales actuales aportan una cantidad considerablemente baja de microbios vivos en comparación con dietas tradicionales más basadas en fermentados naturales.

“Estamos redescubriendo que una parte significativa de la salud depende de mantener un diálogo constante con los microbios que nos rodean y que ingerimos. No se trata solo de lo que evitamos comer, sino de lo que decidimos incorporar: los alimentos fermentados son parte de esa elección activa por una salud más robusta”, señaló Noelia Rodrigues Cambao, médica especialista en Medicina Familiar y en Psiquiatría, también integrante de Profesionales Expertos en Nutrición Infantil.

El impacto positivo de los microbios vivos no se limita al aparato digestivo. Estudios recientes indican efectos beneficiosos en la salud mental, a través del eje intestino-cerebro, en la modulación del sistema inmunológico, en la prevención de enfermedades respiratorias y de la piel, y en la reducción de marcadores inflamatorios sistémicos.

“La microbiota se comporta como un órgano más del cuerpo humano: su alimentación, mantenimiento y diversidad son esenciales desde los primeros años de vida, cuando se forman los cimientos del sistema inmunológico y metabólico”, aseguró Andrea González.

Frente a una preocupante cifra global de desperdicio alimentario que supera el treinta por ciento de los productos elaborados, los especialistas proponen una discusión que gana cada vez más adeptos en el ámbito científico y político: reemplazar la fecha de vencimiento estricta por una fecha de consumo preferente en alimentos fermentados estables, como el yogur, para reducir el descarte innecesario y optimizar recursos.

El concepto de “dosis diaria de microorganismos vivos” está ganando terreno en la investigación nutricional y su promoción podría convertirse en una estrategia de salud pública. Tal como se discutió en el simposio organizado por Profesionales Expertos en Nutrición Infantil y la Universidad Nacional del Litoral, en el marco del encuentro científico Microbiota Buenos Aires 2025, la necesidad de reintegrar microorganismos vivos en la dieta cotidiana es urgente y está respaldada por evidencia robusta.

“Debemos dejar de ver a todos los microbios como amenazas; la mayoría de ellos son nuestros aliados. Alimentarlos, protegerlos e incorporarlos mediante la dieta es una de las formas más simples y efectivas de cuidar nuestra salud”, concluyó Omar Tabacco.

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Probióticos: qué es ciencia y qué es mito según una experta en nutrición

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Presentes en alimentos y suplementos, los probióticos se ganaron la fama de aliados de la salud intestinal y del sistema inmunológico. Sin embargo, entre tantas promesas, todavía hay dudas sobre qué es un hecho comprobado y qué sigue siendo una expectativa.

A continuación, la nutricionista Carolina Chevallier, Gerente Senior de Asuntos Científicos de Herbalife para Centro y Sudamérica, aclara las principales dudas sobre lo que la ciencia ya comprobó —y lo que aún está en estudio— acerca de estos microorganismos.

1. ¿Todo alimento fermentado contiene probióticos?

Para que un alimento sea considerado probiótico, debe contener microorganismos vivos (bacterias) con beneficios comprobados y en cantidad suficiente hasta el momento del consumo. Por eso, no todos los alimentos fermentados tienen probióticos. En muchos casos —como ocurre con el pan o el vino— el proceso de elaboración elimina las bacterias vivas que estaban presentes.

2. ¿Los yogures pueden ser buenas fuentes de probióticos?

Sí, aunque no todos. Todos los yogures son alimentos fermentados que están elaborados con cepas de bacterias lácticas, pero sólo algunos están adicionados con cepas probióticas, es decir que tengan un beneficio a la salud comprobado. Algunos yogures contienen cepas probióticas vivas y activas, y otros no. Por eso es importante diferenciar entre yogur y yogur con probióticos; y verificar en estos últimos si la etiqueta especifica qué cepa o cepas de probióticos contiene y la cantidad, que se expresa como “unidades formadoras de colonias” (UFC).

3. Cuantos más microorganismos diferentes tenga un alimento o suplemento, ¿mejor es?

La presencia de distintas cepas no garantiza una mayor eficacia. Lo que realmente importa es la especificidad y la evidencia científica de cada cepa para una función determinada. Algunas son eficaces para la diarrea asociada a antibióticos; otras, para el estreñimiento o la inmunidad. Combinar demasiadas puede incluso reducir el efecto. Por eso es importante verificar en un alimento o suplemento que presente múltiples cepas, que la evidencia científica que lo respalda, es decir los estudios clínicos, se hayan hecho utilizando la misma combinación y cantidad de microorganismos.

4. ¿Los probióticos pueden influir en el estado de ánimo y la salud mental?

Existen estudios prometedores sobre el eje intestino-cerebro que muestran que ciertas cepas pueden influir en la producción de neurotransmisores y reducir síntomas leves de ansiedad y depresión. Sin embargo, todavía se necesitan más investigaciones para confirmar este efecto, y su uso no reemplaza los tratamientos médicos convencionales.

5. ¿Los probióticos pueden ayudar a fortalecer el sistema inmunológico?

Revisiones científicas muestran que el uso regular de algunas cepas puede estimular la producción de células de defensa y reducir la incidencia de algunas infecciones. Pero es importante verificar específicamente qué cepa, qué cantidad (que se expresa como unidades formadoras de colonias o UFC) y en qué población se realizaron los estudios (como lactantes, niños, enfermos, etc). 

6. ¿Los probióticos ayudan a restaurar la microbiota intestinal después del uso de antibióticos?

Los antibióticos actúan tanto sobre las bacterias que causan enfermedades como sobre las bacterias beneficiosas que participan en la digestión y absorción de nutrientes. Por eso, consumir probióticos después de un tratamiento con antibióticos podría ayudar a acelerar la recuperación de la microbiota intestinal. De todos modos, la recomendación debe ser individual y con orientación profesional.

7. ¿Los probióticos pueden influir en el intestino de forma inmediata?

No. Los efectos no son inmediatos y varían entre personas. Es común que se necesiten varias semanas de uso continuo para notar mejoras. Además, factores como la alimentación, el uso de medicamentos y el estrés influyen en la respuesta.

8. ¿Los probióticos ayudan a bajar de peso?

Si bien existen indicios de que la microbiota intestinal puede influir en el metabolismo, aún no hay consenso científico que respalde que los probióticos generen una pérdida de peso significativa. Los efectos observados suelen ser modestos y dependen tanto de la cepa específica utilizada como del plan alimentario. 

9. ¿Cualquier persona puede consumir probióticos?

En general, los probióticos son seguros para las personas sanas. Sin embargo, no se recomiendan para personas inmunosuprimidas, es decir, con el sistema inmunológico debilitado —como pacientes en tratamiento contra el cáncer, quienes usan corticoides por largo tiempo, han recibido trasplantes o tienen enfermedades que afectan las defensas del organismo—. En estos casos, su utilización debe ser especialmente indicada y supervisada por un profesional. 

10. ¿El uso de probióticos no requiere orientación profesional?

La elección de la cepa, la dosis y el tiempo de uso depende del objetivo —como salud digestiva, inmunidad o salud femenina— y del estado clínico de cada persona. Lo ideal es contar con la orientación de nutricionistas o médicos, que puedan indicar el producto más adecuado y la forma correcta de incorporarlo.

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