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De Iguazú al podio: el hotel Saint George está entre las mejores empresas para trabajar del país

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En una industria donde la experiencia del cliente suele ser el eje de todas las decisiones, el Hotel Saint George eligió correr el foco hacia adentro. Y el mercado -o mejor dicho, sus propios colaboradores- terminó validando la apuesta: tercer puesto en el ranking 2026 de Great Place to Work Argentina, dentro de la categoría de hasta 250 empleados. Un podio que, más que un premio, funciona como una radiografía de una transformación silenciosa en la hotelería del interior. Es la primera vez que un hotel de Misiones conquista ese galardón. 

Desde Puerto Iguazú, lejos de los grandes centros corporativos, una empresa familiar logró posicionarse entre las mejores organizaciones para trabajar del país. No es un dato menor: no se trata de una cadena internacional ni de una estructura multinacional, sino de un hotel con ADN local que hoy supera los 100 colaboradores y que construyó su diferencial desde la cultura organizacional.

La calidad del servicio empieza puertas adentro”, resume Marina González Mareco, responsable de Recursos Humanos del hotel. La frase se traduce en números concretos: el 100% de los empleados considera que Saint George es un excelente lugar para trabajar, muy por encima del promedio del mercado (85%).

Ese diferencial no es casual. La empresa trabajó durante años en consolidar una cultura donde el colaborador no es un recurso, sino el núcleo del modelo de negocio. El resultado es un ecosistema laboral con altos niveles de confianza, pertenencia y autonomía:

  • 99% percibe liderazgo honesto y ético
  • 100% siente que recibe un trato equitativo
  • 98% se siente orgulloso de trabajar en la organización
  • 98% afirma que puede ser auténtico en su espacio laboral

En términos de gestión, esto se traduce en algo más profundo que el clima laboral: es una ventaja competitiva difícil de replicar.

De hotel tradicional a “hotel escuela”

El Saint George no solo crece en infraestructura -con inversiones recientes como una pileta inclusiva para personas con movilidad reducida- sino también en su rol dentro del ecosistema turístico local. La empresa se define como un “hotel escuela”, incorporando jóvenes talentos y ofreciendo primeras experiencias laborales en un sector clave para Misiones.

Ese posicionamiento le permitió también destacarse en rankings específicos: mejor lugar para trabajar para mujeres y para talento joven en el Great Place to Work.

Entendimos que el valor humano hace la diferencia”, explica González Mareco. La decisión estratégica fue clara: pasar de una lógica centrada exclusivamente en el huésped a un modelo que integra cultura organizacional, desarrollo profesional y propósito.

El reconocimiento llega en un momento particular para el turismo. Con una demanda que muestra signos de recuperación pero aún con volatilidad, el hotel no sólo sostiene su operación, sino que continúa expandiéndose.

Actualmente, el Saint George tiene niveles de ocupación elevados en la antesala de Semana Santa. Pero más allá de la coyuntura, la empresa apuesta a una visión de largo plazo: inversión en infraestructura, sostenibilidad ambiental y fortalecimiento del equipo humano.

Seguimos creciendo tanto en infraestructura como en personas”, señala la ejecutiva.

Detrás de esa transformación cultural hay también historias personales que explican el proceso. Marina González Mareco está a punto de cumplir tres años en el Hotel Saint George, un período en el que le tocó liderar -junto a su equipo- la profesionalización del área de Recursos Humanos y consolidar una cultura organizacional que hoy se traduce en resultados concretos.

Nacida y criada en Puerto Iguazú, González Mareco pone en valor ese componente identitario como parte del logro: “Esto lo estamos logrando acá, en casa”, señala. Su mirada evita el protagonismo individual y vuelve una y otra vez sobre la lógica colectiva: “Si no tenés un equipo formado y un trabajo en conjunto, no se logra nada”. En esa definición se condensa buena parte del modelo Saint George.

Para la responsable de Recursos Humanos, el reconocimiento no responde a una acción puntual, sino a una decisión sostenida en el tiempo: construir un entorno donde las personas se sientan escuchadas, valoradas y con posibilidades reales de desarrollo. “Para que el huésped viva una buena experiencia, primero el equipo tiene que estar bien”, insiste, marcando una relación directa entre clima interno y calidad de servicio.

Ese enfoque implicó también un cambio de mentalidad dentro de la organización. El punto de inflexión fue cuando decidieron ir más allá de la infraestructura y poner el foco en el “valor humano”. A partir de ahí, comenzaron a trabajar en la certificación, lograron primero validar sus prácticas y luego escalar hasta ingresar al ranking nacional.

Hoy, con el hotel superando los 100 colaboradores y en pleno proceso de expansión, González Mareco entiende el premio no como un punto de llegada, sino como un nuevo estándar. “Nos pusimos un desafío importante, pero llegar a la meta vale la pena”, resume. En un sector donde la rotación laboral suele ser alta, sostener esa cultura será, quizás, el verdadero desafío hacia adelante.

Sustentabilidad, comunidad y marca empleadora

El Saint George también integra una agenda que combina sustentabilidad y compromiso social. Se posiciona como un hotel consciente, con prácticas orientadas a reducir el impacto ambiental y fortalecer el vínculo con la comunidad local.

Este enfoque amplía su propuesta de valor: no solo vende estadías, sino una experiencia integral que comienza en la cultura interna y se proyecta hacia el huésped y el entorno.

El dato de fondo es quizás el más relevante: por primera vez, un hotel de Puerto Iguazú ingresa al ranking de mejores empresas para trabajar en Argentina. En un país donde la agenda corporativa suele concentrarse en Buenos Aires y algunas grandes ciudades, el logro del Saint George introduce una señal potente.

El talento, la cultura y la gestión ya no son patrimonio exclusivo de las grandes ligas. Desde Misiones, una empresa local demuestra que es posible competir -y ganar- en estándares globales.

En la economía del conocimiento, donde el capital humano es el principal activo, el Saint George entendió algo clave antes que muchos: la experiencia del cliente es, en realidad, el reflejo de la experiencia del empleado. Y en ese juego, hoy está en el podio.

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