Con Trump, Milei y China en escena, Davos 2026 debate el futuro de la economía global
Con una agenda marcada por la fragmentación geoeconómica, el avance acelerado de la inteligencia artificial y la crisis climática, el Foro Económico Mundial (WEF) 2026 inicia este lunes en Davos en un contexto definido como el más complejo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Bajo el lema “Un espíritu de diálogo”, la 56.ª reunión anual convoca durante cinco días a unos 3.000 líderes políticos, empresariales y sociales, con una cifra récord de 64 jefes de Estado y de Gobierno confirmados.
El encuentro se desarrolla en un escenario global atravesado por tensiones entre potencias, desaceleración económica y un debilitamiento del sistema multilateral. En ese marco, el presidente del FEM, Borge Brende, planteó que el foro de este año no representa un ejercicio retórico, sino una instancia de articulación imprescindible frente a un mundo crecientemente fragmentado.
Un foro atravesado por la rivalidad entre potencias
La edición 2026 de Davos se inaugura con una fuerte impronta geopolítica. Entre los principales protagonistas figura el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien asiste con la mayor delegación estadounidense de su historia, en un contexto de renovadas amenazas arancelarias y disputas comerciales, incluida la controversia por Groenlandia que sobrevuela los pasillos del foro.
También participa el presidente argentino Javier Milei, que llega a Davos con el objetivo de consolidar su agenda liberal tras los acuerdos alcanzados con Washington, buscando respaldo político y financiero en un contexto internacional volátil.
En paralelo, China envió una delegación de alto nivel encabezada por el viceprimer ministro He Lifeng, con la intención de posicionarse como “defensor de la globalización” frente al avance del proteccionismo estadounidense. Esta narrativa contrasta con la creciente confrontación geoeconómica que domina el debate global.
En el campo europeo, líderes como Emmanuel Macron (Francia), Pedro Sánchez (España) y Ursula von der Leyen (Unión Europea) llegan con un discurso enfocado en la defensa del multilateralismo y la cooperación internacional, en un intento por preservar reglas comunes en un sistema bajo presión.
Los cinco ejes que estructuran la agenda de Davos
La agenda oficial del Foro Económico Mundial 2026 se articula en torno a cinco desafíos estratégicos, formulados como preguntas que atraviesan todas las sesiones:
- Cooperación en un mundo en disputa: cómo evitar que la rivalidad geoeconómica bloquee las soluciones colectivas.
- Nuevas fuentes de crecimiento: cómo revitalizar la economía global frente a una deuda récord y la desaceleración.
- Inversión en las personas: cómo recualificar a la fuerza laboral ante el avance de la automatización.
- Innovación responsable: cómo desplegar la inteligencia artificial sin perder control ni confianza humana.
- Prosperidad planetaria: cómo crecer económicamente sin exceder los límites ecológicos del planeta.
Estos ejes reflejan una preocupación transversal: la tensión entre crecimiento, tecnología y sostenibilidad en un entorno de alta incertidumbre política y económica.
Riesgos globales y controversias en una cumbre bajo presión
En la antesala del foro, el FEM publicó el Informe de Riesgos Globales 2026, que advierte que la confrontación geoeconómica se convirtió en el riesgo más urgente a corto plazo, desplazando por primera vez en años a las amenazas ambientales como principal preocupación global.
El informe refuerza el diagnóstico de un mundo más fragmentado, con cadenas de suministro tensionadas, disputas comerciales recurrentes y menor capacidad de coordinación internacional.
La cumbre tampoco está exenta de controversias. La invitación al canciller de Irán generó protestas de organizaciones de derechos humanos, sumando un nuevo foco de tensión a un evento ya cargado de frentes abiertos. Este episodio se agrega a un clima general de polarización que condiciona los debates y los márgenes de consenso.
En palabras de Borge Brende, Davos 2026 se desarrolla en un contexto en el que el diálogo dejó de ser un gesto simbólico para convertirse en una “necesidad existencial”, en un sistema internacional donde los mecanismos tradicionales de cooperación muestran signos de agotamiento.


