Rosamonte

El INYM y DyA, un paso más contra el trabajo infantil

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En el marco de las acciones orientadas a sumar conciencia para evitar el trabajo infantil, integrantes del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y la directora de Desarrollo y Autogestión (DyA Argentina), Maró Guerrero, mantuvieron una reunión donde intercambiaron información y acordaron reciprocidad en tareas que tienen el mismo objetivo y que podrían implementarse en forma conjunta.

En la sede del INYM, en la ciudad de Posadas y con la presencia de Patricia Ocampo, directora de la Ong Un Sueño para Misiones, ambos organismos estrecharon lazos en un encuentro el jueves 25 de abril pasado. Maró expuso los proyectos que DyA tiene vigentes en la Argentina, y los integrantes de la Subcomisión de Trabajo Infantil del INYM referenciaron las acciones que la institución lleva adelante, entre ellas la obligación de Declaración Jurada de No Utilización de Mano de Obra Infantil que se le exige a cada operador cuando solicita ser beneficiario de programas de la institución; la campaña (“Evitar el trabajo infantil es responsabilidad de todos”) vigente en redes sociales; afiches informativos en la zona productora; acuerdos con el Ministerio de Trabajo y Empleo de Misiones y con el Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores para capacitar a trabajadores rurales y empleadores  sobre derechos y obligaciones de cada una de las partes, y la participación en la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI).

La Subcomisión de Lucha contra el Trabajo Infantil el INYM se creó por Resolución 401/2016 evidenciando el compromiso que la institución yerbatera asumió entendiendo que no debe haber mano de obra infantil en ninguna actividad, tal lo establecen las leyes vigentes.

DyA es una organización no gubernamental que se originó hace 30 años en Ecuador y se expandió en Latinoamérica con proyectos diseñados y ejecutados con los Estados en diferentes países para lograr eliminar el trabajo infantil y reinsertar a los menores en el sistema educativo.

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La Provincia pondrá 100 millones a una tasa del 14% para financiar la cosecha de yerba

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A partir del próximo lunes, el Gobierno de Misiones pondrá a disposición de pequeñas cooperativas del sector yerbatero una línea de financiación por 100 millones de pesos para la compra de hoja verde.

 

Se trata de recursos que salen del Tesoro provincial para atender, en parte, la difícil situación por la que están atravesando las pequeñas y medianas empresas del sector, que con tasas que están en el orden del 70 % se ven imposibilitadas de tomar fondos del sistema bancario.

 

Como lo viene haciendo desde desde el 2003, este dinero fondeará créditos que se entregará a una tasa del 14 %, con plazos para su devolución de 24 meses y un año de gracia, condiciones que por sus características son únicas en el país.

El paquete de recursos equivale a unos ocho millones de kilos de hoja verde actuales y servirá para comenzar a mover la rueda de la economía yerbatera en momentos en que la necesidad de financiamiento se hace más fuerte que nunca por la crisis económica nacional.  

La presentación formal se concretará el lunes a partir de las 9, en el trascurso de un acto que será presidido por el vicegobernador Oscar Herrera Ahuad, en donde además  se entregarán los primeros préstamos a 24 pequeñas cooperativas distribuidas en toda la provincia.

 

En este momento, la cosecha está a pleno y el objetivo de esta medida es que el productor y el secadero no malvendan la materia prima. Se pueda aguantar con la canchada en los depósitos a la espera de mejores condiciones de venta.

En el sector se estima que falta hoja verde, que habría una caída cercana al 30 % en la producción por lo que se entiende que los precios oficiales  $11,55 para el kilo de hoja verde y  $43,89 para la canchada puesto en secadero, no solo se va a cumplir sino que se podría mejorar en atención a la creciente demanda.

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INYM y RENATRE oficializaron acuerdo para capacitar a cosecheros y empleadores rurales

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Se oficializó hoy el acuerdo entre el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y el Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE) para capacitar a trabajadores rurales y empleadores de yerba mate sobre aspectos técnicos de la cosecha, y sobre derechos y obligaciones de cada una de las partes.
En la sede del INYM, las delegadas del RENATRE en Misiones y en Corrientes, Wilma Andino y Mónica Arnaiz, respectivamente, y el presidente de la institución, ingeniero Alberto Re,  rubricaron el documento que establece como objetivo general “estimular la regularización del empleo rural y registración de empleadores, como asimismo su capacitación en todas las tareas inherentes a la actividad yerbatera”.
El presidente del INYM ponderó la iniciativa “por cuanto constituye la base de una mejora a futuro; lo que hacemos con estas capacitaciones es, además de mejorar prácticas en los yerbales, conocer nuestros derechos y obligaciones, y eso nos permitirá un sector yerbatero donde todos los trabajadores rurales tengan protección social, y donde trabajadores y empleadores estén registrados y unidos en la lucha contra el trabajo infantil”, sostuvo.
Las capacitaciones se brindan en forma teórica y práctica, e incluyen la entrega de un serrucho y tijera de poda, certificados de asistencia y el sorteo de una  motoguadaña entre los participantes.
Ambas instituciones coordinaron una agenda con temas a capacitar, que incluye buenas prácticas de cultivo, régimen de trabajo rural en concordancia con las Leyes 25.191 y 26.727, aspectos relacionados a la aplicación del Convenio de Corresponsabilidad Gremial de la Actividad Yerbatera, y la concientización respecto a la prohibición de utilización de mano de obra infantil.
Lugares y fechas
La capacitación ya comenzó a dictarse, durante el mes de abril, en Jardín América y en Tres Capones, donde los técnicos transmitieron conocimientos con clases teóricas y prácticas en los yerbales a 40 trabajadores, en el caso de la primer localidad, y a 20 cosecheros, en la segunda.
Continuará en San Pedro los días 7, 14, 21 y 28 de mayo con 40 trabajadores; en Santo Pipó los días 9, 16, 23 y 30 de mayo con 20 trabajadores; en Oberá, los día 4, 11, 18 y 25 de junio con 20 trabajadores; en Andresito, los días 6, 13, 19 y 20 de junio con 20 trabajadores; en San Vicente, los días 2, 10, 16 y 23 de julio con 20 trabajadores; en Montecarlo, los días 4, 11, 18 y 25 de julio con 20 trabajadores; y en las localidades de Colonia Liebig, Gobernador Virasoro y Colonia Unión, con fecha a definir y 20 trabajadores en cada lugar.

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¿Qué hacemos con la yerba mate? La deuda de las industrias creció 50 por ciento por las tasas por las nubes

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Cuando se habla de la yerba mate se suele poner el foco en la situación de los pequeños productores, siempre penando miserias por los bajos precios. Sin embargo, del otro lado de la cadena productiva, la situación no es mejor. Las principales industrias yerbateras están sufriendo las consecuencias de una política económica nacional que pasó sin escalas de precios congelados a una inflación descontrolada y tasas financieras por las nubes. En apenas un año creció exponencialmente la deuda de las 20 empresas top del mercado yerbatero, pese a que en la práctica, pocas realizaron grandes inversiones para reconversión o mejoras tecnológicas.
 
No es casualidad que las más grandes sean las más endeudadas. El origen de este pasivo fue la política de yerba mate barata en las góndolas de Buenos Aires, que impuso el entonces secretario de Comercio de Cristina Fernández. Guillermo Moreno obligó a los principales jugadores a abastecer los supermercados de grandes centros urbanos sin poder pasar a los precios finales la gran suba de costos producto de una inflación que nunca cedió desde 2010. Pero desde 2015, la inflación lejos de desacelerarse, acumula un crecimiento de más de 180 por ciento, que lejos estuvo de reflejarse en los paquetes de yerba, que siguen baratos en comparación con otros productos de la canasta básica.
Entre febrero del año pasado y el segundo mes de 2019, la deuda financiera creció 50 por ciento, con unas pocas excepciones de empresas que lograron reducir su exposición financiera.
 
Con una tasa promedio del 50 por ciento, después de la corrida del dólar iniciada en mayo del año pasado, la industria yerbatera no pudo aprovechar el dólar alto y bajar la deuda bancaria. Por el contrario, el incremento de la deuda obedece a intereses que en muchos casos se transformaron en nuevo capital.
 
En total, las empresas yerbateras debían en febrero de 2018, 2.121.609.000 pesos. Ahora deben 3.149.987.116, pese a que unas pocas lograron reducir su exposición financiera.
En la industria advierten que con el nivel de tasas que hay, no se puede pensar en una expansión ni en inversiones, por lo que la deuda es una pesada mochila que no encuentra solución.
 
Los precios de venta no alcanzan a compensar los recursos que necesitan para cubrir el rojo. De todos modos, ninguna de las 20 empresas principales tiene una evaluación negativa, según el Banco Central.
 
Pero entre las primeras, la deuda aumentó 50 por ciento. La correntina Las Marías, debía mil millones y debe 1.500 millones,
 
La situación financiera de las industrias fue uno de los temas bajo análisis en la Mesa Yerbatera convocada por el presidente Mauricio Macri. Pero después de un primer encuentro, el diálogo se frustró y la Nación decidió que la yerba era un tema para resolver en la mesa del Instituto Nacional de la Yerba Mate, donde, para desazón de casi todos, prima la discusión por el precio de la materia prima.
 
Para colmo, las principales firmas que tienen mercados internacionales, tuvieron asumir una nueva retención aplicada por Macri.
El Gobierno nos aplicó una retención de 3 pesos por cada dólar que exportamos. Eso nos ha hecho bajar mucho la rentabilidad y el plan de inversiones que teníamos para seguir creciendo. Hace seis meses pagabamos de luz 100 mil pesos por toda la planta, hoy viene 600 mil pesos, en una localidad donde de las 24 horas, catorce hay cortes de luz y tenemos generadores que tenemos que pagar el combustible a un precio altísimo, para que nuestra producción siga marchando”, explicaba en diciembre Gerardo Vallejos, presidente de la cooperativa Piporé, durante un debate organizado por Economis.
La promesa de un dólar alto para recuperar competitividad se licuó en paralelo al aumento de la inflación. El aumento del dólar generó mayores costos en fletes, envases, combustibles, luz; una tasa de interés del 60 por ciento y más cheques rechazados
A pesar de la crisis, el 2018 fue un año relativamente bueno para el mercado de la yerba mate, con una leve mejora de las ventas respecto al 2017 y un récord de exportación.
El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) confirmó que las exportaciones de la yerba mate crecieron 38,6%, alcanzado así un récord histórico en 2018, mientras que las ventas en el mercado interno totalizaron 261,9 millones de kilos, indicaron desde la entidad. Con todo, no alcanza para aliviar los pasivos.

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¿Qué hacemos con la yerba mate?

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¿Qué hacemos con la yerba mate? El 2018 cerró con un récord de exportaciones y un consumo por el techo en el mercado interno. El último laudo de la Nación fue superior a la inflación acumulada en el año. Pero el productor sigue penando miserias y el sector industrial está a un peso o dos de diferencia de no poder cerrar un balance, con deudas acumuladas por 3.627 millones, 50 por ciento más que en 2017, como consecuencia de las tasas por las nubes para contener la inflación.
Parece eterna la pelea por el precio, pero este último acuerdo tuvo la particularidad de tener a los dos extremos de la cadena acosados por la suba de precios, que dispara los costos de producción y al mismo tiempo le pone techo al consumo con precios que pesan en bolsillos cada día más deprimidos.
¿Cómo salir de la coyuntura? ¿Cómo recuperar el esplendor del bautizado oro verde? Las respuestas son múltiples y este artículo de Economis no pretende darlas todas, sino generar nuevas preguntas y nuevos debates en un sector que tiene dos o tres elementos externos de riesgo: la yerba es hoy un incipiente commodity cuya producción se expande en Paraguay, Brasil y… en Kenia (a modo de prueba). Como toda commodity, compite por precio en un mercado global.
Como punto de partida, el vicegobernador Oscar Herrera Ahuad -candidato a gobernador por la Renovación- sugiere, en tiempos de alta volatilidad financiera, establecer un mecanismo de actualización permanente de costos y precio, para eludir discusiones perennes sobre el valor de la materia primera y evitar que se paralice la actividad. Sería un mecanismo similar al índice de la construcción, que permite, mediante los valores de insumos, determinar un promedio que rige para toda la actividad. Despejado ese debate, se podrán sentar las bases para fortalecer al sector.
“No puede ser que vos tengas un precio anual fijo con una volatilidad cambiaria e inflacionaria del 50 por ciento. Obvio que eso se ajusta solo en las áreas superiores y las intermedias quedan relegadas, porque todas sus variables se ajustan a la base de precio”, argumenta Herrera Ahuad.
Un directivo de una de las principales firmas yerbateras tiene una idea revolucionaria en el contexto actual: fijar el precio en planta y dejar el resto de la cadena al libre mercado. ¿Por qué? “Porque el precio de la materia prima se fija teniendo en cuenta una producción de 2.496 kilos por hectárea y la mayoría hoy produce seis mil por hectárea. Un promedio ideal sería 4.875 kilos por hectárea. Menos que eso es ineficiente y a ese productor hay que asistirlo para que mejore su productividad, no subsidiarlo”, explica. Lo mismo sucede con los secaderos: el precio se fija tomando en cuenta una productividad de dos mil kilos por hora, cuando la mayoría está consiguiendo diez mil kilos/hora. Y eso eleva los costos, encareciendo el producto.
En el sector industrial consideran que sin una reforma impositiva de fondo, la situación seguirá siendo endeble en todo el sector, ya que hay mucha informalidad laboral -en la escala más baja se calcula que hay 4.500 tareferos en negro- e impositiva, en la más alta, ya que un productor con buenos rindes, queda atrapado rápidamente en el impuesto a las Ganancias y termina ganando menos que el que está más abajo en la escala. “No hay una solución sola. Hay que empezar a hacer cambios estructurales”.
El ministro del Agro, José Luis Garay está convencido de que el primer paso es transparentar toda la cadena. El Centro de Transacción Electrónico -como ocurre con el trigo o la soja- permitirá seguir las operaciones online y ahí termina el 90 por ciento de los problemas, sostiene Garay. También advierte que los representantes de cada sector sentados en el Instituto Nacional de la Yerba Mate, deben ser “genuinos”, es decir, elegidos por el voto directo para que voten en defensa de sus intereses, al mismo tiempo que se debe quitar la unanimidad en la definición del precio dentro del organismo. “Que sea por dos tercios o tres cuartos en un directorio de doce”, indica. “Con estas medidas se transparenta el mercado y se termina con la marginalidad, que perjudica al resto”, insiste. Para Garay, la transparencia en el sector y culminar el registro de productores, son pilares fundamentales para pensar en la yerba del futuro. El mapa de la yerba indica que hay 166.737 hectáreas, pero puede haber más no incorporadas.
El presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate, Alberto Re, deja varias definiciones. La primera, contundente, es que la yerba no nos salva”. Lo que quiere decir es que no se puede pensar a la yerba como si fuera la cosecha que esperanza al Gobierno nacional con la lluvia de dólares, sino como la parte de una chacra que debe producir otras cosas.
“Cuando digo que no podemos vivir solo de la yerba, digo que tenemos que analizar el tema yerbatero en un contexto de desarrollo industrial también de las otras actividades agrícolas y forestales”, insiste.
Re lamenta que parezca que el sector yerbatero siempre esté intentando apagar incendios, en lugar de proyectarse a futuro. Pero trae algunos elementos a la mesa. Hay un plan maestro, desarrollado en 2013, con una visión de largo plazo, con algunos puntos que se están cumpliendo y otros todavía en proceso. Sin embargo, pocos recuerdan ese trabajo.
Entre las misiones de ese documento, aparecen ser proveedores confiables y trabajar por condiciones sociales que hagan al desarrollo del productor.
Re reconoce que “falta una mirada integral para alcanzar metas comunes”.
“Vivir (sólo) de la yerba, no es posible. No somos el ombligo del mundo. Y al mismo tiempo, hay que defender una producción que le genera a Misiones, a precios actuales, ingresos por cerca de ocho mil millones de pesos. El tabaco es un tercio de eso”, argumenta.  El presidente del INYM admite que la ley sancionada en 2002 puede revisarse, pero
“La idea del oro verde no es del todo buena. No es petróleo. Ya no estamos solos en el mundo. Hace unos años, en un Congreso de Brasil sobre la yerba mate se planteó que hoy es una commodity y que se globalizó. Varios países plantan y compiten por precios. En Chile, la yerba de Brasil entra más barata que la nuestra y es una competencia agresiva. Es decir, el mercado también fija el precio”.
Por eso, insiste en que es necesario posicionar a la producción yerbatera como una alimenticia, con los mejores estándares de calidad. Pero, advierte, “eso no necesariamente paga más”.
“Para el futuro, es necesario que el colono tenga mayor productividad y defienda el precio asociado en cooperativas”, proyecta. Y alienta. “Es necesario incorporar tecnología y crear nuevos productos a base de la yerba mate. Hay mercados potenciales en bebidas, energizantes, cosmética y hasta en la salud”, explica. “Pero hay que animarse a experimentar e invertir”, pide.
“La publicidad tácita de tener a Messi, Dybala, Ronaldo, Antoine Griezmann, el Papa, Obama o Xi Jinping es invalorable y hay que saber aprovecharlo. Pero entre todos”, sentencia.


No es el único que plantea la necesidad de una concertación. Juan José Szychoski sostiene que la clave del futuro pasa por dejar de lado las ambiciones sectoriales. “De otro modo, las crisis va a ser cada vez peor. Con la modificación del código alimentario, estamos yendo a un producto de mejor calidad, que aumenta lentamente el consumo local e internacional. Pero trabajando juntos podemos encontrar un mercado mayor en el que el único límite es el mundo. Pero lamentablemente caemos en la pelea del día a día”, reflexiona.

Para Szychoski, el pedido de 13,50 pesos para la hoja verde era irracional “para el momento”, pero quizás en un par de meses, si la inflación sigue desbocada, puede ser justo. Pero no quiere decir que el productor no deba recibir un mejor precio, aclara, sino que al plantear precios sin justificaciones técnicas, lo que hace es dispararse hacia arriba los valores en la cadena productiva. “Cuando se comenzó a hablar de ese precio, los supermercados aumentaron para cubrirse y los molinos aumentaron su stock a precio más bajo. ¿Quién pierde?”, argumentó.  Según sus datos, la yerba aumentó en góndola a 120 pesos el kilo porque los supermercados se cubrieron de los 13,50 pesos eventuales, es decir, por expectativas que no se cumplieron, pero que perjudican al consumidor y, en última instancia, al mismo productor si caen las ventas. 

“Debemos ponernos de acuerdo en cosas básicas, no más trabajo en negro, mejorar calidad, nos faltan controles, muchos y buenos. Con eso, tenemos las dos puntas de la cadena solucionadas”, indica.
El candidato a gobernador del Frente Popular, Agrario y Social, Isaac Lenguaza, discrepa con el precio laudado y asegura que los 13,50 pesos eran razonables. “Dos pesos menos es una barbaridad que mata al sector”, cuestiona.
El abogado coincide en que hay que eliminar la unanimidad para fijar el precio en el INYM y sostiene que es necesario un estudio de costos más objetivo, con intervención del Estado provincial. “Después se respetar y controlar. Por eso insistimos en rápida puesta en funcionamiento del Mercado Concentrador para asegurar el precio fijado y si es necesario, que suba el precio en góndola”, sentencia.
El delegado de Agricultura Familiar de la Nación, Jerónimo Lagier, también quiere que el INYM fije el precio de salida de molino porque “la competencia entre marcas por el mercado hace que el precio a salida de molino sea mas bajo. Esto origina el “planchar” el precio”. Considera que si no hay cartelización, toda la cadena puede mejorar su situación.

El precio actual es razonable, implica un 67 por ciento de incremento interanual. Pero es probable que a fin de mayo los secaderos y molinos estén pagando incluso por encima de ese precio, porque hay poca yerba en stock (canchada), entonces van a salir a pagar por encima del valor oficial”, dijo Lagier, miembro de la Asociacion Rural de la Yerba Argentina (ARYA).

Desde la chacra, Cristian Klingbeil, es la nueva camada de la histórica Apam (Asociación de Productores Agrícolas de Misiones) plantea otra revolución para pensar en la yerba de las futuras generaciones. “Hay que eliminar los agroquímicos e ir hacia una producción orgánica, como está haciendo el té, que consigue insertarse en mercados más exclusivos y caros. También plantea que hay que asistir a los pequeños productores, pero con mejor genética y conocimiento para que se puedan equiparar a los más grandes. “No es lo mismo el tratamiento de un secadero al productor de menos de cinco hectáreas que al resto”, explica.
“Hay que buscar darle valor agregado a la yerba tradicional. Hay que buscar nuevos mercados y productos y que la política escuche más a los productores que conocemos lo que pasa en la chacra. El productor tiene miedo a la diversificación porque ya está quemado con planes que no llegan a nada. Quienes tienen yerbales de baja productividad, apenas sobreviven con bajos precios. Por eso debemos ir hacia una producción de mayor densidad, orgánica, que genera mayor valor agregado y se puede cobrar más, al mismo tiempo que protege el ambiente. que todos debemos cuidar”, culmina.

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