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El salvataje de Trump y el impacto productivo en Argentina

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El jueves pasado el Tesoro contaba con U$S317 millones en su cuenta en dólares en el BCRA para intentar mantener al dólar oficial dentro de las bandas cambiarias. Un valor insuficiente si consideramos que en las ruedas previas vendía diariamente en promedio un monto similar. En consecuencia, el Tesoro de los Estados Unidos operó a través de un banco de capitales privados vendiendo dólares para sostener al esquema cambiario.

La intervención directa de los EE.UU en el mercado de cambios argentino para rescatar al esquema diseñado por el gobierno en abril, la enmarcamos dentro de la operatoria del SWAP por U$S20.000 millones ya anunciado. Mañana martes a partir de las reunión de Trump y Milei esperamos contar con más detalles sobre el acuerdo de cooperación entre ambos países.

En el mientras tanto, es válido recordar que el objetivo explícito del país norteamericano es una mayor participación de sus empresas en nuestra economía y frenar un posible avance de capitales chinos. Tal es así, que ya se anunciaron inversiones relativas a la infraestructura que da soporte a empresas de inteligencia artificial. Una señal que busca también generar expectativas positivas respecto a la oferta de dólares en los próximos años. Así el tesoro de EE.UU provee dólares en el corto plazo y las empresas de ese país lo harían en el mediano.

Ahora bien, la presencia de capitales estadounidenses no es una novedad. En los últimos años adquirieron la mayor participación en la inversión extranjera directa que recibió nuestro país, acumulando U$S9.999 millones entre 2021 y el primer trimestre de este año. Así, supero a España (U$S9.043 millones) y en mayor medida a Brasil (U$S6.970 millones). Por su parte, las inversiones con origen en China aún se ubicaron bastante por detrás, en el sexto lugar con U$S3.361 millones.

Al mismo tiempo, si analizamos el stock de la IED en el país, también los Estados Unidos se encuentran en primer lugar con U$S 31.882 millones, 17% del total que asciende a U$S187.029 millones al 31 de marzo pasado. Nuevamente por encima de España (U$S27.379 millones; 15%), Países Bajos (U$S24.054; 13%) y Brasil (U$S13.023 millones; 7%). Respecto al stock también China (U$S4.286; 2%) se encuentra bastante alejada respecto a los primeros puestos.

En consecuencia, de concretarse un aumento en la inversión estadounidense en nuestro país se profundizaría un proceso ya iniciado.

Las expectativas para mañana se concentran principalmente sobre posibles anuncios arancelarios entre ambos países.

La permanencia de la Argentina dentro del Mercosur dificulta un tratado de libre comercio y su eventual negociación demandaría tiempos prolongados o incluso aprobación legislativa en caso de que se decidiera una ruptura con el bloque. Así, el margen es acotado para otorgar concesiones comerciales. Mientras es más factible reducir la tasa arancelaria que aplica los Estados Unidos a nuestro país.

La Argentina tiene un déficit comercial crónico con los Estados Unidos. Entre 2014 y 2023, promedió los U$S3.666 millones anuales en moneda constante. Sin embargo, en 2024, producto de la desaceleración de las importaciones derivada de la recesión, el resultado comercial terminó positivo por primera vez desde 2005, con un saldo de U$S228 millones.

Los Estados Unidos son el tercer socio comercial más importante de la Argentina detrás de Brasil y China. En promedio, se exportaron al país del norte en la última década alrededor de U$S5.700 millones anuales (U$S 6.464 millones en 2024). Los productos argentinos enfrentan una tasa arancelaria base del 10% desde el Liberation Day de abril pasado, la más baja entre las impuestas por la administración Trump. Sin embargo, se encuentra afectada por aranceles específicos, especialmente los gravámenes del 50% sobre el aluminio y el acero.

Si bien muchos de los productos que la Argentina vende al mundo también forman parte de la canasta exportadora de EE.UU. (combustibles, minerales, soja, maíz, etc.), se abren algunas oportunidades.

En 2024, más de la mitad de las exportaciones argentinas a los Estados Unidos correspondieron a combustibles y derivados (U$S2.284 millones, 35,3% del total) —principalmente petróleo crudo—, minerales (U$S762 millones, 11,8%) y aluminio y sus manufacturas (U$S529 millones, 8,2%). También tienen un peso relevante las exportaciones de economías regionales como vinos, miel, cítricos, camarones y langostinos, té y madera, entre otros. Por ejemplo, el 73,6% de la miel exportada en 2024 se destinó a los Estados Unidos y el 57,1% de los limones, por mencionar algunos casos. A su vez, la carne es importante (U$S200 millones en 2024, 3,1% del total exportado). Una eventual reducción arancelaria sería relevante para potenciar estos sectores hacia el tercer mercado interno más importante del mundo con 342 millones de habitantes.

Las ventas de aluminio a los Estados Unidos representaron en 2024 el 54% del total exportado por la Argentina de este producto. Por lo tanto, una eventual rebaja de aranceles tendría un impacto para nada despreciable, especialmente sobre Aluar, cuya facturación depende en más de un 70% de ventas al exterior. Cabe recordar que recientemente el gobierno redujo transitoriamente al 0% las retenciones de las exportaciones de acero y el aluminio a países con aranceles superiores al 45%.

A su vez, la tasa del 50% que enfrentan los productos brasileños en los Estados Unidos abre una oportunidad para la Argentina en caso de que se concreten reducciones arancelarias. Entre los principales rubros de exportación de Brasil que compiten directamente con la oferta argentina se destaca especialmente la carne (unos U$S1.067 millones el año pasado, un 7% del total de las compras norteamericanas), que pasó a pagar una tasa del 76,4% para los envíos que superen la cuota anual de 65.000 toneladas. Esto, a su vez, se da en un contexto en el que el stock de ganado bovino en Estados Unidos se encuentra en mínimos históricos, presionando el precio de la carne. Un aumento de importaciones más baratas podría resultar funcional para los intereses estadounidenses.

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El salvataje da tranquilidad, pero no da para la euforia

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(Idesa) El gobierno de Estados Unidos sorprendió hace unas semanas al manifestar que estaba “listo para hacer lo que sea necesario para apoyar a la Argentina”. La contundencia del anuncio no fue suficiente para tranquilizar a los mercados. Esto motivó un viaje de urgencia del equipo económico para comenzar a implementar el apoyo. La primera acción fue la intervención del Tesoro de los EEUU comprando pesos en el mercado local a cambio de dólares. A esto se suma la confirmación de un swap –intercambio de monedas– por 20 mil millones de dólares para la Argentina y no se descartan otras acciones en el mismo sentido. 

Dentro de las turbulencias que genera la etapa preelectoral, el objetivo buscado se estaría cumpliendo. Las primeras reacciones fueron la baja del riesgo país y la suba de las acciones de las empresas argentinas que cotizan en Nueva York. Lo más importante es que la cotización del dólar en la plaza local se mantiene dentro de la banda cambiaria.  La duda que subsiste es cuán perdurable pueden ser estas tendencias. Planteado de otra manera, si el firme respaldo del gobierno de Estados Unidos justifica la euforia o tiene que tomarse como una oportunidad que, para aprovecharla, demanda acciones complementarias.

Para explorar este tema resulta pertinente identificar cuáles son las principales fuentes de presión sobre el dólar. Según el balance cambiario del Banco Central para enero – agosto del 2025 se observa que:  

  • La demanda para ahorro fue de 17 mil millones de dólares donde la totalidad se produjo desde abril 2025 que se puso fin al cepo para personas humanas.
  • Los servicios de deuda externa (capital más intereses) consumieron 12 mil millones de dólares
  • El gasto en turismo en el exterior fue de 8 mil millones de dólares.

Estos datos muestran que estas tres fuentes de demanda de dólares (ahorro, servicios de deuda y turismo) consumieron 37 mil millones de dólares en los primeros 8 meses del año. Como referencia, la diferencia entre exportaciones e importaciones de bienes generó 12 mil millones de dólares. Bajo estas condiciones, la presión sobre el mercado cambiario es intensa.

Varios factores motorizan las presiones, pero uno decisivo es la desconfianza. No hay dudas de la voluntad del gobierno de cumplir con los pagos de la deuda y sostener el equilibrio fiscal. Pero hay dudas sobre su capacidad para lograrlo. Más dudas hay sobre la posibilidad de avanzar en las reformas estructurales. Esta es la principal razón por la cual el riesgo país no baja y, por lo tanto, no se pueden refinanciar los vencimientos de deuda por medios voluntarios. En igual sentido, la desconfianza lleva a la masiva compra de dólares para ahorro. 

En el corto plazo, la combinación de equilibrio fiscal y apoyo del tesoro de Estados Unidos juegan a favor de calmar al mercado financiero. En el mediano plazo aparece la alternativa de que con los RIGI entren dólares por inversión extranjera directa y exportaciones en sectores como minería, energía e industria del conocimiento. Si, además, se avanza rápidamente hacia una mejor organización del mercado cambiario y monetario, eliminando controles y regulaciones, es factible consolidar la estabilidad.

Para aprovechar la oportunidad el gobierno tiene que mejorar sustancialmente su capacidad de gestión política y técnica. Por un lado, hay que despejar dudas sobre la sostenibilidad del equilibrio fiscal. Por el otro, hay que generar un entorno más favorable para la producción. Cabe advertir que la estabilidad cambiaria no garantiza la creación de empleos que lleven a recomponer la degradada situación social. Por esta razón es muy importante la modernización de las instituciones laborales. Dentro de ella, es clave dar prelación a los acuerdos de empresa por encima de los convenios colectivos de sector, rama u ocupación. 

La ayuda del gobierno de Estados Unidos es una buena noticia que da esperanza, pero no da para la euforia. Es la oportunidad para calmar a los mercados, mejorar el régimen cambiario y monetario y, lo más desafiante, mejorar la gestión técnica y política. Esto depende menos del resultado de las elecciones y de Estados Unidos que de un cambio de estrategia por parte del gobierno a favor del profesionalismo técnico y el diálogo constructivo.

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