The New York Times

Petro rechaza denuncias por narcotráfico

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Gustavo Petro decidió responder de manera directa y política a una acusación que, aun sin notificación formal, amenaza con alterar el delicado equilibrio de su relación con Estados Unidos. Este viernes, el presidente de Colombia negó tener vínculos con el narcotráfico luego de que circularan reportes periodísticos sobre posibles investigaciones en oficinas federales de EE.UU. por presuntas reuniones con criminales y eventuales donaciones a su campaña presidencial. La reacción no quedó solo en una defensa personal: la Embajada de Colombia en Washington se alineó con el mandatario, descalificó la publicación por estar “basado en fuentes anónimas y falto de hallazgos” y remarcó que no recibió ninguna notificación formal de autoridad competente. El dato central, por ahora, no es una imputación ni una actuación judicial confirmada, sino la irrupción de una sospecha en un momento de recomposición bilateral. Y ahí aparece la tensión de fondo: si se trata de un episodio mediático con derivación incierta o de un elemento capaz de volver a desordenar una relación que recién empezaba a salir del conflicto.

Una denuncia sin notificación formal, pero con impacto político inmediato

La secuencia se activó a partir de reportes de medios que retomaron un artículo de The New York Times, según el cual al menos dos oficinas de fiscales federales de Estados Unidos estaban investigando posibles vínculos de Petro con el narcotráfico. El foco, siempre según esa publicación citada en el texto base, estaría puesto en reuniones con criminales y en aportes a su campaña presidencial.

Petro eligió contestar en su cuenta de X y lo hizo con un mensaje que buscó desactivar tanto la sospecha judicial como la narrativa política que podría desprenderse de ella. “En Colombia no existe una sola investigación sobre relación mia con narcotraficantes”, escribió, y atribuyó esa situación a una razón tajante: “nunca en mi vida he hablado con un narcotraficante”. No se limitó a negar. También intentó invertir el sentido de la acusación al recordar que dedicó diez años de su vida a denunciar vínculos entre narcotraficantes y dirigentes políticos, gobiernos locales y nacionales, en lo que definió como una etapa de “gobernanza paramilitar”.

La Embajada de Colombia en Estados Unidos reforzó esa línea. Sostuvo que ninguna autoridad competente de EE.UU. emitió determinación o notificación formal alguna ni confirmó las afirmaciones del reporte. Además, afirmó que las insinuaciones carecen de “fundamento jurídico y fáctico”. En términos institucionales, esa intervención buscó algo más que respaldar al Presidente: intentó fijar la posición oficial del Estado colombiano ante un episodio que, de escalar, puede salirse del terreno mediático y convertirse en un problema diplomático.

La defensa del Gobierno apunta a preservar el canal político con Trump

La reacción del gobierno colombiano no ocurre en el vacío. Llega cuando Bogotá y Washington venían ensayando un acercamiento luego de meses de confrontación. Ese dato modifica la lectura del episodio. No se trata solo de una denuncia sensible sobre el Presidente de Colombia, sino de una perturbación en un vínculo bilateral que el propio Petro venía intentando recomponer con Donald Trump.

Según el texto base, la semana pasada ambos mandatarios mantuvieron una llamada telefónica de casi media hora, la segunda desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025. La conversación giró sobre cooperación energética, lucha contra el narcotráfico y la situación en Venezuela. Esa agenda no es neutra. Muestra que la relación estaba siendo reconstruida sobre temas de alta densidad geopolítica y de seguridad, precisamente aquellos que podrían quedar más expuestos si prosperaran sospechas en torno al Presidente colombiano.

El acercamiento ya había tenido hitos previos. Tras meses de insultos públicos, amenazas de sanciones, fricciones diplomáticas y el fin de la ayuda financiera a Colombia, Trump y Petro hablaron por primera vez el 7 de enero. Ese contacto abrió un canal directo y, casi un mes después, el 3 de febrero, ambos se reunieron en Washington en un encuentro que definieron como “muy buena” y con “aire optimista”.

Ese contexto vuelve especialmente sensible la aparición de versiones sobre investigaciones federales. Porque la novedad no golpea en una etapa de ruptura abierta, donde todo ya estaba roto, sino en una fase de reconstrucción donde todavía no hay demasiados márgenes de confianza acumulada.

El antecedente de las acusaciones de Trump vuelve a cargar de sentido el episodio

Hay otro elemento que explica por qué la reacción fue tan rápida. Trump ya había calificado a Petro como un “líder narcotraficante”, algo que el mandatario colombiano negó repetidamente. Esa acusación no quedó en el terreno de una frase suelta: formó parte de un período de deterioro bilateral con consecuencias concretas en la relación entre ambos gobiernos.

Por eso, aun cuando la Embajada remarca que no existe notificación formal y que el reporte se sostiene en fuentes anónimas, el episodio no puede leerse como una simple controversia de prensa. Tiene un peso político acumulado. Reactiva una línea de ataque que ya había sido usada en el pasado reciente y que puede volver a tensionar la interlocución entre Bogotá y Washington.

Además, el texto base ubica otro antecedente de alto voltaje en el tablero regional: la operación militar estadounidense en Caracas que terminó con la captura de Nicolás Maduro, a quien Washington acusa de narcoterrorismo, narcotráfico y manejo de armas. Maduro niega esos cargos y espera una nueva audiencia judicial en Nueva York la próxima semana. Aunque se trata de un caso distinto, su sola mención en la cronología del acercamiento entre Petro y Trump muestra que la agenda regional de Estados Unidos combina diplomacia, seguridad y expedientes judiciales. En ese marco, cualquier insinuación sobre un líder regional vinculada al narcotráfico adquiere una densidad mayor.

Más que un problema judicial, un riesgo de desgaste político e institucional

Con los datos disponibles, no hay imputación, ni notificación formal, ni confirmación oficial de una investigación. Pero eso no elimina el impacto político. En escenarios de alta polarización, muchas veces el costo no empieza con una resolución judicial sino con la instalación de una sospecha. Y el texto base deja claro que el Gobierno colombiano intenta evitar precisamente eso: que una versión sin validación institucional se convierta en una herramienta de desgaste permanente.

Petro eligió defenderse desde dos planos. Uno personal, al negar cualquier contacto con narcotraficantes. Otro histórico-político, al reivindicar su trayectoria de denuncias contra los vínculos entre crimen y política. La Embajada, en cambio, habló en lenguaje diplomático y jurídico, con el objetivo de marcar ausencia de actos formales y cuestionar la consistencia del reporte. Esa división de roles sugiere una estrategia coordinada: contener el daño interno y, al mismo tiempo, impedir que la cuestión escale en el frente bilateral.

El punto delicado es que, aunque la desmentida oficial logre frenar la narrativa en lo inmediato, la mera circulación del tema ya introduce ruido en una agenda compartida con Washington donde el combate al narcotráfico ocupa un lugar central. Ahí aparece la principal paradoja política del caso: Petro niega cualquier vínculo y su gobierno subraya que no existe notificación alguna, pero el episodio lo obliga a defenderse justamente en el terreno donde buscaba mostrar cooperación con Estados Unidos.

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¿Qué tienen en común el Papa León XIV, Madonna y Justin Bieber?

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El Papa León XIV es pariente lejano de personalidades famosas, como la cantante estadounidense Madonna y el cantante canadiense Justin Bieber. Así lo demostró una investigación conducida por Henry Louis Gates Jr., quien presenta el programa “Find your roots” (Encuentra tus raíces) en la emisora estadounidense PBS, en colaboración con los genealogistas de American Ancestors y del Cuban Genealogy Club de Miami.

El análisis, publicado en el periódico estadounidense The New York Times, logró recuperar hasta 12 generaciones anteriores de León XIV, referentes a sus antepasados nacidos a principios de los años 1500. El extenso árbol genealógico encontró un ancestro materno lejano, que nació en la década de 1590, en común con una serie de figuras famosas.

Según el reportaje, además del parentesco con Madonna y Justin Bieber, el ancestro en común convierte al Pontífice en primo de noveno grado, con diferentes grados de separación, de la actriz Angelina Jolie, del escritor Jack Kerouac, del jugador Pierre y de los políticos Hillary Clinton, de Estados Unidos, y Justin Trudeau, de Canadá.

La investigación también mostró que el Papa, que nació en Estados Unidos, tiene una historia que refleja la de la inmigración estadounidense. Entre los antepasados identificados del Santo Padre, 40 son de Francia; 24 de Italia; 21 de España; 10 de Cuba; 6 de Canadá; 1 de Haití y 1 de Guadalupe. Otros 22 son estadounidenses.

Otro descubrimiento es que 17 ancestros del Papa eran negros. Uno de ellos, el abuelo de León XIV, era Joseph Nerval Martínez, que nació en Haití. Los padres de Joseph habían migrado de Nueva Orleans, en Estados Unidos, al país, pero luego retornaron a la ciudad estadounidense en 1866.

Ocho de esos ancestros negros eran también propietarios de personas esclavizadas. Marie Jeanne, tatarabuela materna del papa, fue esclavizada por François Lemelle, con quien tuvo al menos seis hijos. En 1772, François concedió la libertad a Marie Jeanne y a dos de sus hijas, y, al morir en 1789, le dejó un quinto de sus bienes, que incluían 15 personas esclavizadas.

Otro dato curioso sobre el árbol genealógico del Pontífice es que uno de sus ancestros maternos, Antonio José de Sucre, primo de quinto grado del Papa con cinco generaciones de diferencia, fue un héroe de la Batalla de Ayacucho, en Perú. Amigo de Simón Bolívar, desempeñó un papel crucial en la derrota del colonialismo español en América Latina y se convirtió en el primer presidente elegido constitucionalmente de Bolivia.

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El Efecto Trump en la COP29 ¿Qué pasará con las emisiones cero?

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La elección de Donald Trump impacta a las negociaciones globales sobre el cambio climático, mientras los diplomáticos se preparan para una agenda que favorezca a los combustibles fósiles.

Los líderes mundiales que se reúnen este lunes en Bakú, la capital de Azerbaiyán, para la cumbre climática global se enfrentan a una dura realidad: se espera que Estados Unidos, el país que más gases de efecto invernadero emite, pronto abandone su compromiso en la lucha contra el cambio climático.

Este encuentro sobre el clima es la primera gran reunión de la ONU desde la victoria electoral de Trump la semana pasada, y los diplomáticos internacionales están atentos a cualquier señal de cómo el nuevo presidente abordará las negociaciones multilaterales. Tras su victoria, se prevé que las prioridades de Estados Unidos cambien rápidamente.

Como ocurrió durante su primer mandato, Trump, un conocido escéptico del cambio climático, planea retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, el pacto internacional de 2015 para proteger el planeta, que él ha calificado de “horrendo”. Esto implicaría que el país incumpliría su compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero justo cuando los científicos advierten que las naciones deben reducir rápidamente la contaminación para evitar las peores consecuencias del calentamiento global.

La salida de Estados Unidos del acuerdo también significaría que el país, el más rico del mundo, probablemente abandone sus planes de ayudar financieramente a los países más pobres, que, aunque han contribuido poco al calentamiento global, son los más afectados por los desastres climáticos. La ayuda financiera a las naciones en desarrollo es uno de los temas clave en las negociaciones de la ONU, conocidas como COP29, que se prevé que se extiendan por dos semanas.

En lugar de reducir el uso de combustibles fósiles, como muchos países lo han prometido, la administración de Trump tomará una dirección opuesta. Trump ha prometido “perforar, perforar, perforar”, exportar más gas (aunque Estados Unidos ya es el mayor exportador mundial) y facilitar la quema de carbón, el combustible fósil más contaminante.

“Ya no nos vamos a preocupar por las emisiones”, dijo Myron Ebell, ex miembro del Competitive Enterprise Institute, quien dirigió el equipo de transición en el primer mandato de Trump. “Bajo la administración Trump, Estados Unidos llevará al mundo a un futuro mejor. Cuanto antes olvidemos todo esto sobre la reducción de emisiones, mejor”.

Trump asumirá el cargo el 20 de enero, pero su retorno inminente, junto con las crecientes tensiones geopolíticas, parece estar minando el impulso de la COP29 incluso antes de su inicio. Los líderes de la Comisión Europea, Alemania, Francia, Brasil, China, India, Sudáfrica, Japón, Australia y Papúa Nueva Guinea, así como el presidente Biden, han decidido no asistir al evento. También se han ausentado importantes figuras del mundo financiero, como los directores de Bank of America, BlackRock, Standard Chartered y Deutsche Bank.

Los representantes de la administración Biden en Bakú están ahora en una posición debilitada, con poca influencia sobre cualquier acuerdo. Se esperaba que las naciones desbloquearan miles de millones, e incluso billones de dólares, para la energía limpia y la adaptación al cambio climático a través de un acuerdo, pero ahora esa meta parece más difícil de lograr. La credibilidad de Estados Unidos como socio confiable en la lucha contra el cambio climático está en juego.

“Ya tenemos experiencia del primer mandato de la administración Trump, cuando sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París”, comentó el embajador de Samoa, Fatumanava-o-Upolu III Dr. Pa’olelei Luteru, quien lidera una coalición de pequeñas naciones insulares en las negociaciones climáticas. “Si va a ser lo mismo, entonces estamos extremadamente preocupados”.

El senador Ben Cardin, demócrata de Maryland y presidente del Comité de Relaciones Exteriores, dijo que los líderes mundiales tienen razón al sentirse ansiosos. “Donald Trump retirará el liderazgo de Estados Unidos en el escenario global y hará todo lo posible para ayudar a la industria de los combustibles fósiles”, expresó.

Hace meses, los diplomáticos extranjeros insistieron en que estaban preparados para la posibilidad de una segunda administración de Trump. Sin embargo, esta semana muchos admitieron estar sorprendidos por su victoria decisiva.

“La sorpresa de que Trump haya ganado con un margen tan amplio en el voto popular es una gran interrogante”, dijo Laurence Tubiana, quien fue embajadora climática de Francia durante la creación del Acuerdo de París. Ella lo calificó como “un golpe para la acción climática”.

El equipo de transición de Trump no respondió a las solicitudes de comentarios sobre sus planes para el Acuerdo de París, pero varias fuentes cercanas a su equipo de transición confirmaron que ya se ha preparado una orden ejecutiva para iniciar el proceso de retiro.

Los funcionarios de la administración Biden y los líderes ambientales insisten en que la revolución de la energía limpia es imparable, independientemente de quién controle la Casa Blanca. También aseguran a los aliados globales que los gobernadores y alcaldes de Estados Unidos llenarán el vacío, tal como lo hicieron la última vez que Trump hizo que Estados Unidos fuera el único país en retirarse del acuerdo de París.

“Ya hemos estado en esta posición antes”, dijo la gobernadora de Nuevo México, Michelle Lujan Grisham, demócrata y presidenta de una coalición de 24 gobernadores que enviarán una delegación a Bakú. “Vamos a continuar con nuestros compromisos”.

Muchos argumentaron que las circunstancias son diferentes a las de 2017, cuando Trump decidió retirar a Estados Unidos del acuerdo de París. En ese momento, el acuerdo estaba en sus primeras etapas y la transición global hacia la energía limpia apenas comenzaba. Hoy en día, casi todos los países tienen un plan para reducir las emisiones y la energía limpia es un negocio de gran envergadura. La semana pasada, más de 650 inversores con 33 billones de dólares en activos globales instaron a los gobiernos a implementar políticas alineadas con la prevención de un aumento de temperaturas catastrófico.

Desde entonces, Estados Unidos aprobó una histórica ley sobre el cambio climático. La legislación, conocida como la Ley de Reducción de la Inflación de 2022, está destinando al menos 390.000 millones de dólares a la manufactura de energía limpia, como la eólica, la solar y otras.

Trump ha prometido derogar esta ley, pero esto podría resultar políticamente complicado, ya que aproximadamente el 80% de la inversión en nueva manufactura hasta ahora ha fluido hacia distritos republicanos.

“Las inversiones que esta administración ha estimulado no solo son buenas para la economía, sino que también son bastante estables”, dijo John Podesta, asesor climático de Biden, quien lidera la delegación estadounidense en Bakú. “Si analizamos sector por sector, la nueva generación de energía será limpia”, añadió. “El deseo de desarrollar la próxima generación de energía nuclear sigue allí. Los gigantes de la tecnología siguen buscando acuerdos con energías limpias. Las compañías automotrices siguen invirtiendo en electrificación e hibridación. Todas estas tendencias no van a cambiar de la noche a la mañana por Trump”.

Sin embargo, las matemáticas del cambio climático no perdonan. Sin que Estados Unidos trabaje a nivel nacional para reducir las emisiones y movilizar a otros países, la esperanza de evitar que las temperaturas globales promedio aumenten más de 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales se está desvaneciendo. Ese es el umbral más allá del cual los científicos advierten que los riesgos aumentan considerablemente, con más tormentas destructivas, sequías, incendios forestales, olas de calor y extinción de especies.

La agencia de la Unión Europea que monitorea el calentamiento global informó la semana pasada que 2024 está perfilándose para ser el año más cálido de la historia registrada y el primer año calendario en el que las temperaturas globales han aumentado consistentemente 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales.

Un solo año por encima de 1,5 grados Celsius no significa que se haya alcanzado el objetivo del Acuerdo de París. Según los términos del pacto, para que esto suceda, las temperaturas deben mantenerse a o por encima de 1,5 grados durante un período de 20 años.

Para limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius, los científicos afirman que las naciones deben reducir las emisiones un 40% para fines de esta década. Sin embargo, las emisiones globales de gases de efecto invernadero aumentaron el año pasado a un récord de 57 gigatoneladas y no se espera que disminuyan mucho, si es que lo hacen, en esta década, según un informe reciente de la ONU.

Las consecuencias de este calentamiento ya se sienten en todos los continentes. Solo este año, tres meses de lluvia cayeron en Brasil durante un período de dos semanas, causando inundaciones devastadoras, y lluvias torrenciales provocaron inundaciones repentinas en España que dejaron más de 219 muertos. En Estados Unidos, los huracanes Helene y Milton golpearon rápidamente, matando a más de 230 personas y causando daños por hasta 34.000 millones de dólares, según estimaciones de Moody’s, una agencia de calificación financiera.

“Esta es la nueva normalidad”, dijo Niklas Höhne, científico del NewClimate Institute, un grupo sin fines de lucro. “No desaparecerá. Solo cuando dejemos de emitir gases de efecto invernadero, la temperatura dejará de aumentar y la probabilidad de tales eventos también disminuirá”.

Según algunas estimaciones, comparados con las políticas del presidente Biden, los planes del Trump podrían agregar alrededor de cuatro mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera para 2030. Eso equivale aproximadamente a la cantidad de emisiones que producen anualmente los 140 países con menores emisiones del mundo.

Fuente: The New York Times

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Argentina, un caso de estudio para el NYT

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El New York Times, señaló que debido a que muy pocos argentinos confían en el peso, prefieren ahorrar en otras monedas, incluidos los dólares.

La Argentina fue uno de los países más ricos, hace un siglo. Sin embargo, en las últimas décadas su economía sufrió crisis crónicas, experimentando una inflación anual media del 105% tuvo que intervenir en su divisa local en cinco ocasiones.

La no estabilidad de la Argentina, la volatilidad del mercado interno, como la divisa interna y una gran adhesión al mundo de las criptomonedas, llamaron la atención a los economistas internacionales. Lo que provocó que se realice un análisis de estudio por el The New York Times, al considerarse como un país ideal para la adopción cripto.

Alrededor de un tercio de los argentinos creía que los ahorros guardados en pesos en un banco local, mantendrían su valor durante dos años. El porcentaje más bajo entre los encuestados en 15 países en junio por Morning Consult, una firma de datos con sede en Washington.

Según Ana Lankes del The New York Times, casi el 60 % de los argentinos creía que Bitcoin, una de las criptomonedas más populares, retendría el valor de sus ahorros durante ese mismo periodo, según la encuesta.

De acuerdo a lo relatado por Ana Lankes, uno de los factores de la adhesión de las criptomonedas es la expectativa de que la inflación alcance el 90% para diciembre, el valor del peso que sigue cayendo y los elevados precios de los productos cotidianos, desde el papel higiénico, hasta el atún, haciendo que sea prácticamente imposible ahorrar.

La situación con respecto a la guerra en Ucrania y el desafío de la cadena de suministro global, son factores que impulsan la suba de precios, pero muchos economistas señalan que uno de los problemas de la Argentina son los “años de gasto público excesivo”. Todo esto potenciado por el gobierno que “no recauda suficientes ingresos” para compensar el déficit, el banco central imprime pesos, lo que aumenta aún más la inflación.

Ahora, muchos argentinos recurren a las criptomonedas como una forma de escapar del peso. Alrededor de un tercio de los argentinos dijeron que compraron o vendieron criptomonedas al menos una vez al mes, el doble del porcentaje de personas en los Estados Unidos, según una encuesta separada para Morning Consult.

Pero la criptomoneda, por la inestabilidad también trae riesgos.

Vicente Cappelletti, de 26 años, dijo que había perdido alrededor de U$S1000, alrededor del 10% de sus ahorros, cuando TerraUSD, una de las llamadas monedas estables, una criptomoneda que puede vincularse a monedas como el dólar, cayó en mayo.

Computadoras en una granja criptográfica. 
Más trabajadores en Argentina que en cualquier otro país eligen recibir parte de su salario en criptomonedas. Crédito: Sarah Pabst para The New York Times

Cappelletti, ingeniero industrial, dijo que era fácil perder dinero “si no está al tanto de esto todo el tiempo y no tiene mucha información”. En su caso, vendió todos los ahorros que tenía en criptomonedas por pesos y los puso en un plazo fijo tradicional.

Pablo Sabbatella, quien da clases sobre criptomonedas, señaló que cientos de personas lo contactaron en los días posteriores a la caída de TerraUSD, desesperadas por recuperar su dinero. “La mayoría de la gente, no entiende lo que está haciendo”, dijo.

El valor de Bitcoin ha caído de 65000 dólares en noviembre pasado a unos 24000 dólares en la actualidad. Casi el doble de la caída del valor del peso. Pero muchos argentinos creen que las criptomonedas se recuperarán, a diferencia del peso.

Aún así, para algunos, la criptomoneda ha traído beneficios financieros.

Romina Sejas, trabajaba como camarera y en telemercadeo, hoy se gana la vida como consultora de criptomonedas y dictando talleres sobre monedas digitales. Dirige un mercado en línea con 7000 miembros que pueden usar criptomonedas para comprar casi cualquier cosa, desde botas de montaña, hasta una casa.

Romina creció en una familia de clase trabajadora, sin acceso a Internet. Sus padres no terminaron la escuela secundaria, tampoco tienen cuentas bancarias. “Mi familia solía medir la longitud de los rolos de papel higiénico que teníamos, porque teníamos muy poco”, señaló.

Romina Sejas, quien se desempeñó como mesera y en telemercadeo, se gana la vida como consultora de criptomonedas y dictando talleres sobre monedas digitales. Crédito: Sarah Pabst para The New York Times

El dinero que ha ganado con las criptomonedas, ha transformado su vida. “Estoy estudiando derecho en una universidad privada”, contó. “Hice todos los controles de salud, que nunca hice mientras crecía” añadió.

En todo el mundo, las personas de países emergentes y de bajos ingresos se han convertido en los mayores usuarios de criptomonedas, según varios informes superando a Estados Unidos y Europa.

Las monedas digitales son apreciadas en países donde el dinero local es volátil y donde los gobiernos han dificultado que los ciudadanos compren moneda extranjera.

Tanto El Salvador y la República Centroafricana incluso, han adoptado Bitcoin como otra moneda nacional oficial. Aunque la apuesta no ha valido la pena en El Salvador, y es demasiado pronto para saber si lo hará en la República Centroafricana.

Argentina brinda algunas pistas sobre el atractivo de las criptomonedas.

Los argentinos han mirado por mucho tiempo al dólar como un refugio seguro. Ahorrar en dólares “está tatuado en nuestro ADN”, dijo Daniel Convertini, de 34 años que trabaja en una empresa de transporte privado. “A hacerlo, lo aprendí de mi papá y de mi abuelo, no porque lo leyera en algún periódico económico”.

Se cree que los argentinos tienen más dólares en efectivo o en instituciones financieras extranjeras que casi cualquier otra población, aparte de los estadounidenses, dijo Gian María Milesi-Ferreti, economistas de Brookings Institution.

Hace tres años, el gobierno argentino hizo más difícil comprar monedas estadounidenses. Los argentinos pueden comprar legalmente solo U$S200 por mes y tienen que pagar impuestos por cada transacción.

A cambio, mucha gente ha recurrido al mercado negro en dólares, las calles del centro de Buenos Aires están llenos de cambistas, que ofrecen la conversión a los transeúntes.

Pero las monedas digitales ofrecen una ventaja al no requerir que las personas transporten gran cantidad de billetes.

“Ofrecimos una forma de eludir los controles de divisas mediante la venta de criptodolares”, dijo Julian Fraiese, fundador de Buenbit, un Exchange de criptomonedas argentino que se enfoca en monedas estables vinculadas al dólar. La compañía dijo que había agregado 200000 usuarios en los siete meses posteriores al endurecimiento de los controles gubernamentales sobre los dólares en 2019.

Las máquinas, conocidas en la jerga tecnológica como mineros, son parte del proceso de producción de criptomonedas. 
Estos se encuentran en la llamada granja de criptomonedas en La Plata, Argentina. Crédito: Sarah Pabst para The New York Times

La caída del valor de las criptomonedas se ha cobrado un precio, y las preocupaciones sobre sus riesgos han llevado a un mayor escrutinio regulatorio.

Los riesgos y los controles

Buenbit despidió recientemente a casi la mitad de sus empleados, y días después de que dos bancos argentinos comenzaran a dar a los clientes la opción de comprar y vender criptomonedas, el Banco Central del país prohibió dichos servicios.

Pero debido a que muchos argentinos tienen tan poca fe en la gestión de la economía por parte de su gobierno, la criptomoneda, a pesar de su turbulencia, sigue teniendo una gran demanda.

Más trabajadores en Argentina que en cualquier otro país, incluidos muchos trabajadores independientes en trabajos como desarrolladores de software y traductores, eligen recibir parte de su salario en criptomonedas, según Deel, una empresa de nómina utilizada por más de 10000 trabajadores en 150 países.

“La tecnología es el idioma del mundo por venir”, dijo el reverendo Fabián Báez, un sacerdote que ayuda a organizar clases de tecnología en Buenos Aires que incluye mostrar a los estudiantes cómo abrir una billetera digital para comenzar a coleccionar criptomonedas.

El reverendo Fabián Báez ayuda a organizar clases de tecnología que incluyen mostrar a los estudiantes cómo abrir una billetera digital para comenzar a coleccionar criptomonedas. Crédito:Sarah Pabst para The New York Times

“Prefiero exponerme a los riesgos de las criptomonedas”, dijo Convertini, el empleado de transporte, “que a los riesgos del gobierno argentino”, cerró.

Seguí la nota completa en: The New York Times

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