Fundación Ambiente y Medio y Fundación Vida Silvestre Argentina presentan Naturaleza: el gran rompecabezas, una nueva propuesta audiovisual de Ecoaula Digital orientada a acercar la biodiversidad a niñas, niños, docentes y familias a través de un lenguaje claro, dinámico y cercano.
El curso propone un viaje por distintos paisajes de Argentina para descubrir cómo funciona la biodiversidad y entender que en la naturaleza, todo está conectado. A lo largo de cinco capítulos, el recorrido nos lleva por la ciudad, la selva y el mar, para entender que cada especie, cada ambiente y cada recurso natural cumple un rol dentro de un enorme entramado de vida.
Con una narrativa visual y accesible, Naturaleza: el gran rompecabezas busca despertar la curiosidad, promover la observación del entorno y fortalecer el vínculo con la naturaleza desde ejemplos cotidianos y experiencias cercanas a la vida de las infancias.
Los capítulos abordan temas como la biodiversidad urbana, los distintos niveles de la Selva Misionera, las profundidades del Mar Argentino y la importancia de las acciones humanas en el cuidado de los ambientes naturales. La propuesta pone el foco en comprender el ambiente, invitando a reconocer que pequeñas acciones también pueden ayudar a cuidar el equilibrio de la naturaleza.
Martín Font, director de Comunicación y Educación Ambiental de Fundación Vida Silvestre Argentina comentó: “Desde Vida Silvestre estamos convencidos de que no se puede valorar ni proteger lo que no se conoce y es por ello que cuando apareció la posibilidad de trabajar en conjunto con Fundación Ambiente y Medio en esta iniciativa no lo dudamos. La solución a los problemas ambientales requiere de un profundo cambio cultural. Comenzar a valorar nuestros recursos naturales, sustento de la vida en el planeta y de las posibilidades de desarrollo, debe ser una prioridad de nuestra sociedad. Y es en este sentido que entendemos a la educación ambiental como la base de este cambio, como nuestra principal herramienta para promover un cambio en la forma en que nos relacionamos con el ambiente”.
Luciana Dorigo, directora ejecutiva de Fundación Ambiente y Medio y coordinadora de Ecoaula Digital, agregó: “Este curso nació de una experiencia educativa real en una sala de jardín. Inspirados por el trabajo de una docente y por el entusiasmo de los chicos frente a la naturaleza, entendimos que había una oportunidad enorme para transformar esa curiosidad en una herramienta educativa de calidad. Esto refuerza nuestra convicción de que los mejores contenidos no surgen en una reunión de oficina, sino de lo que sucede todos los días en las aulas. Escuchar a quienes enseñan, comprender qué necesitan y ofrecerles recursos confiables, accesibles y pensados para su realidad cotidiana es una parte fundamental de lo que buscamos hacer desde Ecoaula Digital.”
El curso ya está disponible en www.ecoauladigital.org y en el canal de YouTube de Fundación Ambiente y Medio.
Poco más de 20.000 árboles nativos fueron plantados en el Parque Provincial El Turbio, en la provincia de Chubut, en sectores afectados por los grandes incendios forestales de 2015 y los ocurridos en diciembre de 2025. Esta nueva etapa de restauración busca recuperar parte del bosque andino patagónico dañado por el fuego y fortalecer la resiliencia de estos ecosistemas únicos.
La plantación se realizó el pasado abril sobre unas 20 hectáreas ubicadas en el sector del arroyo El Jara, dentro de una zona de alto valor de conservación cercana a Lago Puelo. Allí, hace apenas algunos meses, un incendio de origen natural arrasó más de 3.100 hectáreas, mientras que en 2015 otro gran incendio había destruido unas 7.000 hectáreas de bosque nativo en el mismo parque.
La iniciativa forma parte del Componente “Restauración de Paisajes Forestales” que lidera Fundación Vida Silvestre Argentina, en el marco del proyecto ProCLIM-AR, en acompañamiento a la actualización e implementación del Programa Integral de Manejo y Restauración de Grandes Áreas Afectadas por Incendios Forestales en las temporadas 2014-2015, una estrategia de recuperación con visión a 30 años impulsada por la Secretaría de Bosques de Chubut; y se realizó con apoyo logístico de la Fundación para Cuidar al Planeta y sus Habitantes, a través del programa Reforestarg.
“Restaurar los bosques que fueron consumidos por los incendios llevará décadas de trabajo y esfuerzo. A través del proyecto ProClim-AR y el compromiso de las autoridades locales buscamos aportar a la generación de condiciones habilitantes a largo plazo y la implementación de actividades en el corto tiempo sobre los territorios de Epuyén, El Turbio y Cholila”, destacó Ariel Medina, especialista en bosques de Fundación Vida Silvestre Argentina. “Asistir a la recuperación forestal a través de la plantación con especies nativas es un paso para restaurar la biodiversidad, proteger el agua y reconstruir el paisaje andino patagónicos que el fuego arrasó”, finalizó.
“Cada uno de los árboles que plantamos en las áreas afectadas por incendios forestales representa una inversión estratégica para el futuro de Chubut y un compromiso con las generaciones que vendrán. Refleja la decisión política del gobernador Ignacio Torres y el trabajo de la Secretaría de Bosques para sostener y fortalecer las acciones de recuperación de nuestros ecosistemas nativos, entendiendo que restaurar el bosque hoy es garantizar mejores oportunidades ambientales, sociales y productivas para mañana”, señaló Abel Nievas, secretario de bosques de Chubut. “Las decisiones adoptadas por el Estado provincial nos permiten dar continuidad al Plan Provincial de Restauración, una política pública estratégica orientada a recuperar áreas de bosque nativo degradadas por el fuego. Este trabajo se ve hoy fortalecido por la ejecución del proyecto ProClim-AR, que desde hace tres años aporta herramientas, financiamiento y capacidad operativa para ampliar el alcance de las acciones de restauración en la provincia”, destacó.
Los 20.000 ejemplares plantados corresponden a coihues (Nothofagus dombeyi), una de las especies emblemáticas de los bosques andino-patagónicos. Los plantines, de aproximadamente un año y medio de edad, fueron producidos en el vivero provincial Lemu, en El Maitén.
Una logística poco común
La logística de la campaña fue uno de los aspectos más llamativos del operativo. Para llegar hasta el área de restauración, el equipo técnico recorrió cerca de 150 kilómetros por tierra desde Esquel hasta Lago Puelo, luego navegó 13 kilómetros en lancha dentro del Parque Nacional Lago Puelo, avanzó en tractor y finalmente realizó una travesía de 30 kilómetros a caballo y a pie hasta el sitio de plantación. El traslado completo demandó casi dos días.
A su vez, el traslado de los 20.000 plantines de coihues demandó un operativo poco común y fue coordinado entre el Servicio Provincial de Manejo de Fuego de la Secretaría de Bosques, el cual realizó el movimiento de los mismos desde el vivero Lemu, localizado en El Maitén, hasta la base de brigada de El Hoyo. A partir de allí, los plantines fueron trasladados con helicópteros, aportados por la Agencia Federal de Emergencias (AFE), destacando la articulación ente organismos del Estado.
Doce pobladores de la zona, acompañados por técnicos forestales trabajaron en la plantación durante diez días. Los árboles fueron distribuidos en pequeños grupos o “bosquetes”, imitando la regeneración natural del bosque y aprovechando troncos quemados y arbustos como protección frente al viento y la radiación solar.
Nievas puntualizó que “esta experiencia demuestra que la continuidad de las políticas públicas, acompañada por nuevas inversiones, una mayor capacidad operativa y el trabajo coordinado entre organismos, permite consolidar acciones concretas para la restauración de nuestros bosques. Asimismo, pone en valor el acompañamiento permanente de las comunidades, instituciones y organizaciones comprometidas con la protección y recuperación del patrimonio natural de todos los chubutenses”.
El proyecto ProCLIM-AR impulsa, entre otras acciones, la restauración del paisaje forestal afectado por los incendios de 2014 y 2015, con foco en poco más de 42.000 hectáreas en las zonas de Lago Puelo, El Turbio y Cholila.
Proyecto ProCLIM-AR
Restauración de Paisajes Forestales (RPF) es uno de los cuatro componentes del proyecto “Promover vías de desarrollo bajas en carbono y resilientes al clima para Argentina – ProCLIM-AR”, que se implementa a través de la Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH, en el marco de un acuerdo de cooperación bilateral entre los gobiernos de Argentina y Alemania, mediante la Iniciativa Internacional sobre el Clima (IKI) que impulsa el gobierno federal alemán a través del Ministerio Federal de Medio Ambiente, Protección del Clima, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear (BMUKN).
La implementación del componente “Restauración de Paisajes Forestales” está a cargo de un consorcio conformado por: Fundación Vida Silvestre Argentina, que asume el rol de liderazgo, la agencia de cooperación alemana para el desarrollo GIZ y Fundación AVINA con el apoyo de ACDI. Por parte del gobierno argentino, participa como punto focal específico la Dirección Nacional de Biodiversidad, Relaciones Ambientales y Cooperación de la Subsecretaría de Ambiente y la Dirección de Producción Sostenible de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. A nivel local, intervienen la Secretaría de Bosques de Chubut y en la provincia de Misiones, el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables.
Un reciente informe técnico, elaborado por un equipo de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, en conjunto con Fundación Vida Silvestre Argentina, pone en evidencia el rol estratégico de los pastizales en Argentina, destacando su contribución tanto a los servicios ecosistémicos como a las actividades productivas. Estos ecosistemas cumplen funciones ambientales clave -como la regulación hídrica o la conservación del suelo-, y también sostienen la producción de alimentos y una parte significativa de la economía del país.
En Argentina, donde los pastizales cubren cerca de la mitad del territorio, su rol es estructural: sobre ellos se apoya una porción relevante de la producción ganadera. Sin embargo, esa importancia contrasta con un dato contundente: menos del 4% de estos ambientes se encuentra bajo algún tipo de protección. Esta realidad se ve reflejada también a nivel mundial, en donde si bien los pastizales cubren cerca del 54% de la superficie terrestre y albergan el 33% de los puntos críticos (hotspots) de la biodiversidad global, poseen una protección efectiva inferior al 10% (significativamente inferior a otros biomas como bosques).
El informe, titulado “Identificación y valoración de servicios ecosistémicos de los pastizales pampeanos”, se enmarca en un proyecto llevado a cabo por Fundación Vida Silvestre Argentina, en conjunto con WWF y financiado por la International Climate Initiative (IKI), y permite dimensionar el valor estratégico de los pastizales más allá de su rol productivo inmediato. En ese sentido, Sebastián Fermani, director de conservación de Fundación Vida Silvestre Argentina señala: “Los pastizales suelen ser subestimados o considerados espacios marginales, pero cumplen funciones clave tanto para los sistemas naturales como para la producción, sosteniendo procesos ambientales fundamentales que impactan directamente en la economía y en la calidad de vida”.
El informe también advierte que esta base productiva está bajo presión. En las últimas décadas, Argentina perdió más de 3 millones de hectáreas de pastizales naturales, principalmente por cambios en el uso del suelo, la intensificación productiva y el manejo inadecuado de estos ecosistemas. Este proceso no solo impacta negativamente en la biodiversidad, sino que compromete la sustentabilidad de los sistemas productivos a largo plazo y la calidad de vida de las comunidades.
“Un horizonte que parece no tener fin, un espacio que a simple vista parece vacío, esconde una economía casi invisible pero vital para el país”,aclara Fermani.
En regiones como la Pampa Deprimida y los Bajos Submeridionales, esta situación adquiere una dimensión aún más crítica. Allí, los pastizales funcionan como reguladores naturales del agua, absorbiendo excedentes y amortiguando inundaciones. Su degradación, por lo tanto, no solo afecta la producción sino también incrementa la vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes.
A nivel global, el valor de estos ecosistemas refuerza esta mirada: los pastizales cubren más de la mitad de la superficie terrestre y almacenan una porción significativa del carbono del planeta, lo que los convierte en aliados clave frente al cambio climático, además de albergar una gran biodiversidad.
En este contexto, la conservación y el manejo sostenible de los pastizales adquieren una relevancia internacional. En el marco de la declaración de las Naciones Unidas, que estableció 2026 como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, se abre una oportunidad para impulsar una agenda que jerarquice estos ecosistemas también a nivel nacional.
Sebastián Fermani enfatiza:“Que las Naciones Unidas hayan declarado 2026 como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores es un llamado de atención a nivel global. En Argentina, donde estos ecosistemas sostienen sistemas productivos y servicios ambientales clave, esta declaración representa una oportunidad estratégica para reconocer su valor y avanzar hacia modelos de manejo que integren producción y conservación.”
En este sentido, se plantea la necesidad de avanzar hacia modelos de manejo que integren criterios de sustentabilidad, promoviendo prácticas que conserven la funcionalidad de los pastizales sin desvincularlos de su uso productivo.
La evidencia es clara: los pastizales son un componente estructural del sistema productivo, clave para la producción, el ambiente y la seguridad alimentaria. Además, son hábitat de una enorme biodiversidad, con especies que, en muchos casos, son propias de estos ecosistemas. Su conservación no solo responde a una agenda ambiental, sino que se vuelve una condición necesaria para sostener las economías regionales y garantizar la producción y las exportaciones en el largo plazo.
Sebastián Fermani, afirma:“Es importante reconocer, valorar y gestionar de manera sostenible estos ecosistemas, promoviendo prácticas que integren producción y conservación”. Y concluye: “El desafío es visibilizar el valor oculto de los pastizales y avanzar hacia modelos de desarrollo que contemplen su preservación como un activo estratégico para el futuro”.
El próximo domingo 31 de mayo, desde las 16 hs., la Plaza Central de Comandante Andresito será escenario de una nueva edición de “Somos la Selva”, el festival impulsado por Fundación Vida Silvestre Argentina que busca celebrar la selva misionera y fortalecer el vínculo entre las personas y la biodiversidad.
Con entrada libre y gratuita, el evento ofrecerá una tarde de actividades recreativas, culturales y educativas pensadas para toda la familia, con el objetivo de acercar a la comunidad al valor ambiental, cultural e identitario de la selva misionera.
“Somos la Selva es un espacio para celebrar el monte, la biodiversidad, la cultura y nuestra interacción con la naturaleza”, señaló Martín Font, director de comunicación de Fundación Vida Silvestre Argentina. El evento nos permite generar un espacio de encuentro con la comunidad donde, desde Fundación Vida Silvestre y las otras organizaciones e instituciones que nos acompañan, podemos destacar la importancia de conservar la naturaleza de Misiones y nuestro país”, destacó.
Esta quinta edición es organizada en conjunto con la Dirección de Cultura de Andresito y contará con espectáculos y propuestas para todas las edades, entre ellas el show infantil de Chispita y Chispón, intervenciones del Ballet Folclórico “Nuevos Aires”, la presentación musical de Atahualpa Sytar y el cierre a cargo del grupo “Che Gurisada”.
Además, distintas organizaciones e instituciones vinculadas a la conservación participarán con espacios interactivos y actividades para compartir con la comunidad el trabajo que realizan en favor de la biodiversidad y la coexistencia con la fauna silvestre. Entre las confirmadas se encuentran el Parque Nacional Iguazú, el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones, el Instituto Misionero de Biodiversidad, Aves Argentinas, Proyecto Yaguareté (IBS-CONICET), el refugio Güirá Oga, Defensores del Yaguareté y Projeto Onças do Iguaçu de Brasil.
“Somos la Selva” ya recorrió distintas localidades de Misiones, consolidándose como un espacio de encuentro entre la comunidad y quienes trabajan diariamente por la conservación y restauración del Bosque Atlántico.
Domingo 31 de mayo de 2026 Desde las 16 hs. Plaza Central de Comandante Andresito Entrada libre y gratuita.
En el Gran Chaco argentino, uno de los ecosistemas más extensos y amenazados del país, Fundación Vida Silvestre Argentina trabaja junto a familias locales para impulsar actividades productivas que contribuyan a la conservación del bosque nativo. La iniciativa busca conservar el bosque nativo a través del fortalecimiento de la actividad apícola como una alternativa productiva que genera mejores ingresos para las familias, promueve el arraigo, sostiene las formas de vida y la cultura local, y representa una salida laboral concreta, especialmente para jóvenes.
Lucía Lazzari, Coordinadora de Biodiversidad de Fundación Vida Silvestre Argentina señaló:“Estamos trabajando en actividades sostenibles que promuevan tanto la conservación de la biodiversidad como oportunidades productivas para las familias que viven y se desarrollan en el Gran Chaco argentino. De esta forma, estamos fortaleciendo la conectividad del paisaje y la funcionalidad de los corredores biológicos, ya que la apicultura es un claro ejemplo de cómo la conservación del bosque puede ir de la mano con el desarrollo local”.
Uno de los ejes de este trabajo es el proyecto de apicultura sustentable que se desarrolla en El Sauzalito, provincia del Chaco, una zona con alto potencial para el desarrollo apícola cuidando el monte y sus especies. Por las características del territorio y su biodiversidad, se impulsa la producción de miel orgánica, lo que permite agregar valor a la actividad y mejorar las condiciones de comercialización.
Las acciones incluyen capacitaciones de iniciación apícola destinadas a nuevos productores y productoras de distintos parajes, promoviendo el trabajo comunitario, el fortalecimiento de redes locales y el espíritu cooperativo, recuperando el concepto de comunidad como base para un desarrollo sostenible en el territorio.
“La apicultura permite generar ingresos sin degradar el monte y, al mismo tiempo, poner en valor la biodiversidad del territorio. Es una oportunidad concreta para fortalecer a las comunidades locales mientras se cuida el bosque nativo”, destacó Lazzari.
La apicultura es una actividad estrechamente vinculada a la conservación del bosque nativo y su biodiversidad, ya que depende directamente de la diversidad floral y del buen estado del monte. En este sentido, estas iniciativas contribuyen a cuidar el ambiente, mantener el bosque en pie y favorecer la conectividad ecológica, al tiempo que fortalecen la economía local.
En este contexto, y en línea con el Día Mundial de las Abejas, Fundación Vida Silvestre Argentina destaca el rol fundamental de las abejas, considerando que su producción depende de ecosistemas sanos y diversos. Así, su cuidado se vincula directamente con la conservación del Gran Chaco y con el sostenimiento de las actividades que dependen del bosque.
Este proyecto se enmarca en una iniciativa regional en los paisajes Pantanal y Chaco, impulsada junto a las oficinas de WWF Brasil, WWF Bolivia y WWF Paraguay, con el objetivo de proteger, gestionar y restaurar la conectividad ecológica del Paisaje Pantanal‑Chaco, fomentando la colaboración, el trabajo comunitario y el abordaje cooperativo entre países y territorios.
A través de este trabajo, Fundación Vida Silvestre Argentina busca demostrar que es posible conservar los bosques del Gran Chaco en articulación con las comunidades locales, fortaleciendo actividades sostenibles que mejoran la calidad de vida y cuidan la biodiversidad.
¿Por qué conservar el Gran Chaco?
El Gran Chaco Americano es la segunda ecorregión boscosa más extensa de América del Sur después del Amazonas y la región de bosques secos más grande del continente. Se extiende por Argentina, Paraguay, Bolivia y una pequeña porción de Brasil, y alberga una gran diversidad de ambientes —bosques, sabanas, humedales y pastizales— que sostienen una extraordinaria biodiversidad y una rica diversidad cultural.
En Argentina, el Gran Chaco constituye la ecorregión más extensa del país, representa aproximadamente el 25% del territorio nacional y concentra cerca del 60% de los bosques nativos. Es un territorio clave para la vida de miles de especies -como el yaguareté- y de comunidades que dependen del monte para su sustento, cultura e identidad.
Al mismo tiempo, es una de las regiones con mayores niveles de deforestación del mundo. En las últimas décadas, el avance de la frontera agropecuaria ha generado una pérdida significativa de bosques nativos, poniendo en riesgo tanto la biodiversidad como los medios de vida locales. Proteger el Gran Chaco es fundamental para preservar sus ecosistemas, sostener a las comunidades y garantizar la conectividad ecológica del paisaje a escala regional.