VIDAL

Se enrarece el ambiente

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Las tibias señales de recuperación insinuadas en el segundo semestre del año 2016, cuando la economía creció 0.5% (1.1% anualizado), fueron seguidas de algunos indicadores todavía menos favorables durante los primeros meses de 2017 (industria, ventas minoristas, confianza del consumidor). De todas maneras, la mejora en salarios y jubilaciones en moneda constante que se daría en el segundo trimestre permitiría que éstos se ubiquen alrededor de 3% por encima del promedio observado el año pasado.

Esto ayudaría a lograr una modesta recuperación del consumo privado que, a finales de año, todavía no mostraba ningún signo en ese sentido. Al revés de lo ocurrido con el PIB mensual, el consumo privado en el segundo semestre cayó 1.4% respecto del segundo trimestre del año pasado.

Respecto de la inflación, y luego del salto observado en febrero, la tasa de marzo volvería a ubicarse alrededor del 2% mensual, un valor todavía alejado de la meta oficial. La información semanal recopilada por FIEL también muestra un aumento en la inflación núcleo, que según nuestro análisis debería desaparecer en pocos meses.

Los cambios de precios relativos bruscos (tarifas, por ejemplo) tienen un impacto negativo pero transitorio sobre la inflación núcleo, según surge de un análisis econométrico de los componentes de la variación mensual de precios.

En ese contexto, el gobierno ha anunciado algunas medidas puntuales que procuran acelerar el ritmo de recuperación: el regreso de las cuotas sin interés (a menores plazos), la simplificación de los requisitos para crear una empresa, con algún apoyo creditico para las nuevas empresas a tasas subsidiadas, o el acuerdo con el sector automotriz.

Algunas de estas medidas tienen aspectos positivos para el mediano plazo (como es el caso de la simplificación de requisitos para crear una empresa), pero en otras se utilizan desgravaciones impositivas como instrumento de política industrial, ignorando la evidencia empírica internacional y local del impacto sobre el bienestar de la sociedad de este tipo de medidas. Además, esto va en contra de uno de los requisitos que debería incluir una reforma tributaria ambiciosa que es ampliar la base imponible para poder bajar alícuotas. Así, por ejemplo, se suman a los generosos incentivos fiscales para el aumento del contenido nacional en los vehículos fabricados en el país, la también generosa desgravación de los aportes de capital a las empresas Pymes, que el Poder Ejecutivo incluyó en el proyecto de Simplificación que acaba de aprobar el Congreso Nacional.

También se han propuesto desde otros ministerios que se otorguen incentivos fiscales a la construcción de viviendas para alquiler. En ese contexto, no sorprende que el sector privado solicite más desgravaciones como la propuesta para los pagos con tarjeta de crédito en hoteles. Perforar la recaudación de impuestos vía desgravaciones de todo tipo atenta contra los objetivos de largo plazo de lograr un desarrollo equitativo porque éstas afectan negativamente la asignación de recursos y porque quienes disfrutan de la rebaja de impuestos son, generalmente, las personas de mayores ingresos. Las urgencias de corto plazo deberían resolverse sin generar daños en el mediano plazo.

 

En el conflicto con los docentes en la Provincia de Buenos Aires, la decisión del gobierno parece haber sido la opuesta. Se eligió avanzar sobre ineficiencias estructurales, como el generoso sistema de licencias, para tratar de mejorar la oferta salarial.

Está por verse si el gobierno bonaerense podrá lograr imponer su propuesta, pero sería el primer caso en el cual se ceden recursos a cambio de reformas estructurales.

En otros casos, se hizo lo contrario (devolución del 15% de la coparticipación a las provincias, devolución de los fondos retenidos por el gobierno anterior a las obras sociales sindicales, mejora en los planes sociales), lo cual generaba dudas de que el resto de los actores acuerde en algún momento una mejora en las normas que regulan su actividad.

Finalmente, los datos fiscales del primer bimestre del año deben ajustarse para poder proyectarlos a mediano plazo porque incluyen ingresos que no se repetirán en el futuro (blanqueo y algunos dentro de rentas de la propiedad) y otros egresos también transitorios (como los pagos de sentencias a jubilados dentro del programa de reparación histórica). Los ingresos tributarios “depurados” habrían aumentando 29% en el primer bimestre del año comparado con el mismo período del año anterior, mientras que los egresos primarios “depurados” lo habrían hecho 34%.

Esto revela las dificultades que existen para reducir el déficit primario estructural. La Argentina necesita cumplir sin dilaciones con su programa fiscal de mediano plazo. El cociente deuda / PIB está influido positivamente por el atraso cambiario.

El acceso al financiamiento permite hacer una corrección gradual, pero esta no puede volver a demorarse porque podría correrse el riesgo de enfrentar, primero, un aumento en los spreads y, luego, dificultades para colocar más deuda neta en un país que carece de colchones significativos en moneda extranjera.

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Sin Misiones en el lote, un grupo de provincias emitió deuda por diez mil millones de dólares

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  • Tras el acuerdo con holdouts, el gobierno de Mauricio Macri retornó al mercado internacional de crédito. La decisión del Tesoro Nacional de financiar el déficit a través de endeudamiento externo fue imitada por las provincias, quienes colocaron bonos por US$ 9.600 millones.
  • Las condiciones de emisión de los gobiernos subnacionales no son las mismas del Tesoro: la tasa de interés en dólares promedio abonada por estas jurisdicciones fue de 8,3% anual tras el cambio de gobierno, contra 6,8% del gobierno nacional. Esto obedece a que la capacidad de repago de las provincias es más acotada que la de la Nación.
  • Además de la situación fiscal de cada provincia, las exportaciones también influyen en su capacidad de endeudamiento externo. Por caso, ante una devaluación el incremento de la carga de la deuda en dólares puede ser acotado si las ventas externas son elevadas.
  • Las exportaciones argentinas rozaron los US$ 58.000 millones el año pasado, pero las mismas estuvieron fuertemente concentradas geográficamente: tres de cada cuatro dólares vendidos al exterior, tuvieron como origen la región pampeana. Es por ello que no llama la atención que esta zona sea la que más acudió a los mercados financieros internacionales para aliviar su situación fiscal. Casi el 80% de las emisiones provinciales, vinieron de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y CABA.
  • El primer caso que destaca es el de la provincia de Buenos Aires, que contrajo deuda externa por aproximadamente US$ 4.500 millones desde el arranque de 2016, más del 45% del total emitido por las 24 jurisdicciones. A pesar de que en el último año las exportaciones que tuvieron origen en esta provincia cayeron (-2,5% anual) continúa siendo el territorio que concentra las mayores ventas al exterior (casi un tercio del total generado por el país): las exportaciones de bienes de Buenos Aires del año pasado superaron los US$ 18.500 millones, cuatro veces mayor al monto de deuda externa emitido por el gobierno de María Eugenia Vidal.
  •     Analizando las siete salidas al mercado de este distrito, el promedio ponderado de la tasa de interés se ubicó en 7,6%, 0,7 puntos porcentuales (p.p.) por debajo del costo medio de todas las colocaciones provinciales.
  • Una situación similar presenta Córdoba, que fue la segunda provincia en importancia de las emisiones provinciales. Las ventas al exterior de esta provincia en 2016 totalizaron los US$ 8.400 millones (14,5% del total exportado en el país), cubriendo más de cinco veces la salida al mercado (US$ 1.500 millones) que realizó en los últimos doce meses. Aquí, las exportaciones vinculadas al sector agropecuario representan aproximadamente el 75% de las ventas externas del distrito (Córdoba y Provincia de Buenos Aires explican casi la mitad de las exportaciones del país de dicho sector), dando cuenta de la capacidad de su fisco de conseguir (indirectamente) recursos ante una suba inesperada del tipo de cambio oficial.
  • En tercer lugar aparece Chubut que emitió US$ 700 millones de deuda en 2016, lo que representó “sólo” el 35% de sus exportaciones. Las regalías por la  venta al exterior de petróleo (esta provincia explica 30% de las exportaciones de crudo del país) operan como garantía sobre la deuda contraída, lo que le permitió colocar a 7,8%, tasa inferior a la media.
  • Mendoza consiguió financiamiento por US$ 500 millones: el principal distrito exportador de vinos (productos diferenciados con baja elasticidad precio demanda) se endeudó el año pasado por poco menos del 40% de sus ventas externas, a una tasa en dólares del 8,4%.
  • También destacan las emisiones de Chaco y La Rioja. Aquí, las tasas de interés logradas fueron superiores a las del promedio. Si comparamos los montos emitidos con el nivel de sus exportaciones, los ratios son más apremiantes que los mencionados anteriormente. Las obligaciones contraídas por Chaco (US$ 250 millones) representaron el 70% del total exportado y pagó una tasa de interés en dólares del 9,4% anual, relativamente baja tras la pesificación forzosa de 2012. La provincia de La Rioja debió pagar la tasa más alta del país (casi 10%) por US$ 200 millones, cifra que iguala sus exportaciones de 2016.
  • Finalmente, el último caso a mencionar es el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La capital del país emitió casi US$ 900 millones, superando ampliamente las divisas comerciales por exportaciones de bienes (alcanzaron US$ 300 millones en 2016). Pese a ello, la tasa a la que colocó se ubicó aún por debajo del promedio de las emisiones sub-nacionales (7,5%, vs. 8,3% anual). La ciudad no cayó en default en 2001-02, sus cuentas públicas lucen robustas y las exportaciones de servicios (turísticos, empresariales, financieros y software) tienen un peso considerable dentro de la jurisdicción.
  • El endeudamiento externo de las provincias funcionó como un paliativo transitorio para cubrir el bache fiscal. Sin embargo, el crédito externo no debería cubrir gastos corrientes sino apuntalar a los sectores transables para elevar la capacidad de repago de la deuda.
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