En vísperas del Día del Amigo, un relevamiento de la consultora Zuban Córdoba y Asociados trazó una radiografía emocional de los vínculos entre la ciudadanía y la política en la Argentina. Con una muestra nacional de 1.300 casos relevados entre el 15 y el 17 de julio de 2025 (margen de error de ±2,71% y nivel de confianza del 95%), el estudio revela una sociedad profundamente polarizada, pero con una mayoría cada vez más crítica del Gobierno de Javier Milei.
El dato más elocuente del trabajo es la caída sostenida en la aprobación presidencial: el 56,8% de los encuestados desaprueba la gestión de Milei, mientras que solo el 42,8% la aprueba. La serie evolutiva muestra un deterioro persistente desde noviembre, cuando la aprobación era del 47,3%.
La imagen personal del mandatario también muestra un desgaste pronunciado: el 57,5% tiene una imagen negativa de Milei, frente al 41,9% que conserva una visión positiva. Su vicepresidenta, Victoria Villarruel, refleja un patrón similar, con un 55,3% de imagen negativa y apenas un 38,6% positiva.
En términos identitarios, la grieta se reformula con fuerza: el 53,6% se define como “anti mileísta”, frente al 28,1% que se identifica con el oficialismo. Esta polarización también se expresa en otros ejes: el 45,2% se declara “anti kirchnerista” y un 34,3% se asume kirchnerista, mientras que el eje peronismo-antiperonismo aparece más equilibrado (39,7% versus 38,7%).
De cara a las elecciones legislativas de octubre, el humor social se inclina con claridad hacia el voto castigo: el 52,8% votará para sancionar al Gobierno, mientras que apenas el 38,3% busca premiarlo. El dato adquiere mayor relevancia al segmentar por voto previo: entre quienes eligieron a Milei en primera vuelta, el 28,4% ya no lo acompañaría; y entre quienes lo hicieron en el balotaje, esa cifra se dispara al 73%. En el caso de los votantes de Sergio Massa, más del 93% anticipa un voto opositor.
Las razones del rechazo al oficialismo son concretas. El 25,5% de los votantes críticos señala la “destrucción del Estado y las políticas públicas” como principal motivo. Otro 25,4% califica al Gobierno como cruel. Un 11,7% enfatiza la falta de mejoras económicas personales, y un 13,1% desaprueba su alineamiento con líderes como Donald Trump y el gobierno israelí.
En contraste, entre quienes valoran al Gobierno, los motivos más citados son el control de la inflación (23,6%), la honestidad y transparencia (19,7%), la reducción del déficit fiscal (17,9%) y el enfrentamiento con la “casta política” (13%).
Uno de los indicadores más contundentes del desgaste es la percepción sobre el propio Milei: el 55,4% de los consultados cree que el presidente ya no representa un cambio y que, por el contrario, se ha convertido en un riesgo para la sociedad. Apenas un 37,8% sostiene que aún encarna una transformación.
Pese a la crisis de representación, el estudio deja una señal positiva: el 68,1% de los argentinos cree que su voto tiene un impacto real en las decisiones del país. Y aunque el desencanto se percibe con claridad, solo el 21,6% consideró la posibilidad de no participar en las elecciones de octubre. El rechazo a Milei crece, pero el vínculo democrático, por ahora, resiste.
El Tedeum sirve siempre para medir la temperatura política. El de este domingo fue una exhibición de las disputas palaciegas. El presidente Javier Milei ignoró el saludo del alcalde porteño Jorge Macri y de la vicepresidenta, Victoria Villarruel y después lanzó un fuerte mensaje desde sus redes sociales para justificar su negativa: “Roma no paga traidores”, escribió Milei en X (ex Twitter), citando un video donde se lo ve esquivando el saludo que intentaba ofrecerle Macri.
Poco después, publicó otro mensaje aún más contundente: “Si se es bueno con los malos (esto es, con quienes traicionan, mienten, calumnian, injurian y ensucian por una mera ventajita), se termina siendo muy malo con los buenos”.
No fue el pico de tensión. El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva pronunció una dura oración en el marco del Te Deum por el 25 de mayo que se celebró en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires, en la que reclamó por la situación que atraviesan los jubilados y criticó “el terrorismo de las redes sociales” y a las fakenews.
Ante la presencia del presidente Javier Milei, integrantes del Gabinete, legisladores y autoridades del gobierno porteño, García Cuerva sentenció: “Venimos a pedirle a Dios que nuestra Argentina se cure y viva. Experimentamos que se está muriendo la fraternidad, la tolerancia, el respeto y si se mueren esos valores se muere el futuro”.
La homilía incluyó pasajes en los que la Iglesia hizo eco del agotamiento que vive la sociedad con la representación política que se tradujo en la baja concurrencia durante los comicios del 18 de mayo. “Años de promesas incumplidas, años electorales que nos hicieron perder las ganas de participar, nos hicieron perder el entusiasmo de involucrarnos, de incumplir con el deber ciudadano de ir a votar porque pensamos que otra vez lo mismo, nada va a cambiar, sentimientos e ideas que afloran cuando se experimenta que nos mintieron muchas veces“, graficó el arzobispo.
“Nuestro país también sangra. Tantos hermanos que sufren la marginalidad y la exclusión, tantos adolescentes y jóvenes victimas del narcotráfico que, en algunos barrios, es un Estado paralelo”, cuestionó, y sumó: “Tantas personas en situación de calle, familias que sufrieron las inundaciones, las personas con discapacidad. Tantas madres que ya no saben qué hacer o cómo evitar que sus hijos caigan en la droga o en las garras del juego”.
Asimismo, también dio lugar a los reclamos semanales que protagonizan los jubilados todos los miércoles frente al Congreso de la Nación: “Y los jubilados que merecen una vida digna, con acceso a los remedios y a la alimentación, herida que sigue abierta y sangra hace años, pero que como sociedad tenemos que curarla pronto”.
“Muchos pueden ser los responsables de esta triste situación, pero la oportunidad que tenemos para resolverla es hoy”, pidió de cara a los funcionarios, y completó: “¿Cuántas generaciones más y hasta cuándo deberán reclamar por jubilaciones dignas? La Argentina sangra en la inequidad entre los que se laburan todos y los que han vivido de privilegios que los alejaron de la calle, de los medios de transporte, de saber cuánto valen las cosas en un supermercado”.
Durante la oración, García Cuerva cuestionó además a “los agoreros de malas noticias” y a lo que definió como “el terrorismo de las redes sociales”. “A pesar de que hoy nos dicen que Argentina no está muerta, hay quienes se burlan de Jesús. Son los haters de aquella época, los que difaman, desprecian o critican destructivamente a una entidad, a una persona o a una obra. Los que odian y justifican su desprecio, el terrorismo de las redes como decía el Papa Francisco. Hemos pasado todos los límites, la descalificación, la agresión constante, la difamación parecen moneda corriente“, sentenció.
“El Santo Padre León XIV decía a los representantes de los medios de comunicación que la paz comienza por cada uno de nosotros, por el modo en el que miramos y escuchamos a los demás, y el modo en el que comunicamos tiene una importancia fundamental. Debemos decir no a la guerra de las palabras y las imágenes”, reclamó.
Por su parte, postuló: “Tenemos necesidad de diálogo, de forjar la cultura del encuentro y frenar el odio. Démonos otro oportunidad, no podemos construir una nación desde la guerra entre nosotros, todo acto de violencia es condenable y quiebra el tejido social”.
Las palabras de García Cuerva llegaron minutos después de que el mandatario ingresara a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires para la ceremonia y evitara saludar al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y a la vicepresidenta Victoria Villarruel, con quienes mantiene una gélida relación.
En otro pasaje de la oración, el arzobispo marcó que lo que le falta a pueblo argentino es “tirar para adelante” más allá de las diferencias existentes. “El que tengo al lado es un hermano, no un enemigo o un ser despreciable a vencer”, sostuvo en una clara referencia a la terminología con la que el mandatario suele descalificar a su adversarios políticos.
“Manos a la obra, pero unidos como pueblo, más allá de las diferencias. Argentina, ponete de pie, vos podes, basta de arrastrarnos en el barro de las calificaciones y la violencia”, reclamó el eclesiástico, y agregó: “Basta de vivir paralizados en el odio y el pasado, de estar con la esperanza por el suelo. Es hora de ponerse de pie, unidos, no a los empujones en un sálvense quién pueda, o a costa de los demás, dejando muchos al costado de la vida”.
Además, de frente al libertario, ubicado en soledad, aseveró: “Es con todos, mirándonos a la cara porque nuestras decisiones y políticas públicas tienen que tener rostros concretos, historias reales que nos tienen que conmover”.
La crítica a la realidad social, marcada por el índice de pobreza que se ubicó en el 38,1% durante el segundo semestre de 2024, también formó parte de la oración que pronunció el arzobispo. “Muchos hermanos tienen hambre de pan, incluso revolviendo basura, buscando qué comer, pero todos tenemos hambre de sentido de vida, hambre de Dios, porque nos hemos acostumbrado a comer el pan duro de la desinformación, el pan viejo de la indiferencia e insensibilidad”, postuló.
“El recordado y querido Papa Francisco decía que el diálogo y todo lo que este implica nos recuerda que nadie puede limitarse a ser un espectador y un mero observador, todos tienen un papel activo en la construcción de una sociedad integrada y reconciliada”, recordó a poco más de un mes del fallecimiento del Santo Papa argentino.
Por último, García Cuerva planteó que “la situación actual” del país “no permite meros observadores de las luchas ajenas”, por lo que elevó un llamado a la responsabilidad personal y social. “Como aquella niña curada por Jesús comencemos y comprometámonos a caminar juntos, dialogando, hermanados, con esperanza. Las nuevas generaciones se merecen que le dejemos un país, curado, reconciliado, con horizonte, no los defraudemos”, concluyó.
Al término de la liturgia de acción de gracias, descendió del altar para saludar al libertario y a las autoridades presentes, no sin antes advertir que algunas frases de su oración podría ser tomadas “de manera aislada para querer alimentar la fragmentación”.