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Camino al 2023: ¿Cómo podemos llevar a más mujeres a liderar en tech?

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Por Giuliana Corbo, CEO de Nearsure. La industria IT viene creciendo exponencialmente, y lo continuará haciendo. Tanto es así, que de acuerdo a la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos de Argentina (CESSI), 5000 puestos de tecnología quedan vacíos al año. Las proyecciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dicen que en Latinoamérica se necesitarán, para el 2025, alrededor de 1.2 millones de desarrolladores.

Pero hay otro dato clave, y es que este crecimiento no es equitativo: es una industria plagada de desigualdades. De acuerdo a un estudio de Chicas en Tecnología, las mujeres, que son mayoría en el sistema universitario argentino, son minoría en las carreras STEM. Sin embargo, egresan más: egresa el 27% de las mujeres que se inscriben, en comparación con el 22% en el caso de los varones. Y el panorama no mejora solo: mientras que la cantidad de estudiantes varones creció un 16% entre 2011 y 2019, hubo una caída del 5% en las estudiantes mujeres. Se pasa de unas 16.200 estudiantes a unas 15.300.

Estas cifras nos quieren decir algo: mientras las mujeres van tomando cada vez más espacios en la mayoría de los ámbitos académicos y científicos; aún en IT hay un contexto que no se revirtió. ¿Cómo podemos lograr que más mujeres lleguen a lo más alto de la tecnología en todos los ámbitos?

El desafío de reconocer el sesgo inconsciente

Los sesgos inconscientes son suposiciones o creencias de las cuales no somos siquiera conscientes. Es por eso que es muy posible que, cuando nos pregunten, nos mostremos muy a favor de que los equipos sean diversos, de que las mujeres tomen cada vez más espacios. Sin embargo, cuando miramos la realidad, notamos que cuesta materializar esta voluntad, en especial en nuestra industria. Esto es porque, a la hora de tomar decisiones como a quién contratar o a quien promover, el principal obstáculo no está en lo que nosotros queremos, sino en nuestros sesgos inconscientes.

El sesgo inconsciente es real. En el mundo de la tecnología, reconocer el sesgo de género es el primer paso para abordar el problema. Las empresas deben analizar detenidamente sus propias ideas preconcebidas y diseñar planes para combatirlas. Las mujeres son cuatro veces más propensas que los hombres a considerar el sesgo de género como un obstáculo para la promoción, según un informe reciente de TrustRadius. Una forma de trabajar esto es mediante la incorporación de procesos de feedback integrales que resultan de la devolución de un superior, un par, una autoevaluación y de otra persona del equipo. Esta es una forma concreta de reducir sesgos, involucrando la opinión de diferentes integrantes del equipo.

El impacto de las mujeres en puestos de referencia

La tutoría tiene un gran impacto en el desarrollo profesional tanto de los mentores como de los aprendices. Un poco más de la mitad de los profesionales de negocios dicen que han tenido un mentor, según una encuesta de la Universidad Olivet Nazarene. Pero el 82% de los hombres encuestados dijeron que habían tenido un mentor masculino, mientras que solo el 69% de las mujeres habían tenido una mentora femenina. Este es un punto claro y concreto en donde las empresas y universidades pueden empezar a mejorar: para atraer a más mujeres al campo de la tecnología y llevarlas al nivel ejecutivo, es fundamental tanto brindar oportunidades de patrocinio y tutoría para mujeres en todos los niveles; como colocar en esos puestos de referencia a mujeres.

En el caso de Nearsure, hemos tenido éxito con los programas de tutoría y por eso creemos que la industria de la tecnología debería comprometerse a brindar oportunidades de crecimiento para personas de todos los géneros a través de este tipo de iniciativas.

Educar a las mujeres sobre carreras en tecnología

Para atraer a más mujeres a puestos de liderazgo tecnológico, primero deben saber que estas oportunidades existen. Eso significa educar temprano sobre las opciones de carrera y aprendizaje disponibles. De esa manera, obtienen tanto el interés como las habilidades para tener éxito en la tecnología desde una edad temprana para sobresalir en carreras STEM.

Por eso, estamos comprometidos con patrocinar eventos y organizaciones que ayuden a las mujeres a insertarse en el sector, por ejemplo las conferencias Jump, organizada por MediaChicas, una organización sin fines de lucro con la misión de acortar la brecha digital de género, y FemIT, organizada por Las de Sistemas, una comunidad transfeminista de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries, que trabajan en la industria de la tecnología. A nivel internacional, también trabajamos con Girls Who Code, que desde el 2012 buscan enseñar a las mujeres jóvenes habilidades informáticas y de programación a través de cursos, campamentos y clubes. También con Girls in Tech, una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es empoderar a las mujeres en tecnología.

Coherencia entre el decir y el hacer: crear una cultura empresarial inclusiva

Tengo la suerte de dirigir una empresa que valora diferentes antecedentes y perspectivas en donde, dentro del equipo de líderes, más del 50% son mujeres. Desde ese lugar entendemos que promover el liderazgo en tecnología es nuestra responsabilidad colectiva.

No depende solo de los empleadores, que son quienes alientan a los empleados, brindan oportunidades de mejora de las habilidades e impulsan la tutoría en sus organizaciones. Y no son solo los aliados masculinos, quienes agregan una voz a las voces de las poblaciones marginadas y subrepresentadas, que con demasiada frecuencia se pasan por alto. Tampoco lo son los educadores, que deberían enseñar a las mujeres más jóvenes sobre su potencial para dedicarse a STEM a una edad temprana. Todos debemos trabajar juntos para cambiar la cultura de adentro hacia afuera.

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En Misiones la brecha salarial entre hombres y mujeres llega hasta el 58 por ciento

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“En el lado oscuro de la brecha salarial, la brecha no explicable, caen el machismo, los prejuicios, las preferencias de los trabajadores, los grados de competitividad, dinámicas laborales que excluyen a las mujeres, derechos inequitativos”. Este párrafo del libro “Economía Feminista” de la economista, Mercedes D’Alessandro podría explicar lo que en el planeta (y en Misiones también) es un secreto a voces, y que el Instituto Provincial de Estadística y Censos puso en números (por primera vez) en su último estudio.
En el marco del mes de la mujer, el Ipec presentó un inédito trabajo sobre la brecha salarial entre los hombres y las mujeres en la provincia, tomando como parámetro, iguales condiciones de formación, igual cargo, misma actividad.
Darío Díaz, doctor en ciencias económicas, director de Metodología y Relevamiento del Ipec y docente universitario, a cargo del relevamiento, explicó en dos modelos, las variables que reflejan la misteriosa desigualdad entre lo que gana un hombre y lo que gana una mujer a favor del primero.
En el primer modelo expone el nivel educativo, la experiencia, el lugar donde trabaja, la categoría y la tecnología ocupacional.
“Las desigualdades surgen especialmente en las habilidades y las oportunidades. Hay una diferencia compensatoria que refiere a la diferencia salarial,  pero hay también otras causas como la discriminación”, dice Díaz.
Se habla de discriminación cuando el mercado ofrece distintas oportunidades a personas similares que solo se diferencian por su raza, sexo o grupo étnico. Refleja el prejuicio de la sociedad contra ciertos grupos.
“Para medir la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres hay que tomar en cuenta que hay muchas mujeres que desearían participar del mercado de trabajo y que no lo hacen, esto puede explicarse por lo que en economía se denomina salario de reserva, es decir, el salario mínimo por el cual estoy dispuesto a trabajar y generalmente ese salario de reserva es alto porque se valoran otras cuestiones como por ejemplo el cuidado de los hijos. Si yo no mido esto, caigo en lo que se denomina sesgo de selección”.
Los datos fueron tomados del segundo trimestre del 2018 sobre 112.555 personas.

Se habla de discriminación cuando el mercado ofrece distintas oportunidades a personas similares que solo se diferencian por su raza, sexo o grupo étnico. Refleja el prejuicio de la sociedad contra ciertos grupos

¿De qué dependen los ingresos laborales de las personas? Díaz explicó que se evalúan los años de formación, la experiencia, si es mujer o si es hombre, concubinato, horas trabajadas, ingresos no laborales, jerarquía ocupacional, y de calificación.
Este primer modelo, expuso que la mujer percibe de ingresos 58,3 por ciento menos que el hombre.  
D’Alessandro por su parte refiere que en todos los estudios y diferentes mediaciones, considerando que tengan similar educación, experiencia, horas trabajadas y demás variables, las mujeres ganan menos que los varones. Las que tienen hijos ganan menos que las que no; las mujeres negras, indígenas, y campesinas, ganan menos que las blancas. Es decir, hay discriminación.

Señorita maestra
El segundo modelo tomado por el Ipec, indica que a los 36 años la mujer llega al mayor nivel de participación en el mercado laboral. A esa edad tiene 59,9 por ciento de probabilidades de estar en ese mercado.
Se tomó en cuenta la realidad entre mujeres que están trabajando o tienen deseos de trabajar, mujeres que tienen hijos menores de cinco años, nivel educativo, y precisó que gana 61,3 por ciento más si es profesional.
Pero hay un área en el que ellas ganan más. Es el área de la educación. Las docentes y trabajadoras del sector ganan 42,0 por ciento más que los hombres.
Mientras que en la administración pública ganan 19,2 por ciento más que las que trabajan en el sector privado.
Este segundo modelo, refleja que la brecha salarial es del 36,9 por ciento. Lo (nuevamente) llamativo es que si se toman en cuenta las variables explicables, sólo debería ser del 15 por ciento, es decir, el otro porcentaje no tienen explicación medible.

 ¿Por qué se sigue indagando sobre los planes de maternidad de las mujeres cuando esa pregunta no se incluye para los hombres? 

¿Por qué hay áreas en dónde aún la mujer no llega? ¿Por qué las mujeres son jefas de recursos humanos o buenas secretarias y los hombres calificados ejecutivos de finanzas? ¿Por qué se sigue indagando sobre los planes de maternidad de las mujeres cuando esa pregunta no se incluye para los hombres? ¿Por qué aún no se logra romper ese techo de cristal que impide a las mujeres ocupar lugares asociados a lo masculino? ¿Por qué la mujer gana menos que el hombre si realiza el mismo trabajo? Tarea para la sociedad, y las empresas.
El tema es tan relevante que motiva transformaciones que llegan desde la política. Desde este año, la paridad de género es una realidad para los cargos legislativos. Pero también se cuela en la campaña: un sondeo de Gustavo Córdoba revela que 48,3 por ciento de los argentinos votará a un candidato que exprese ideas sobre igualdad de género.

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