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Terrorismo a la española

La península ibérica en clave de temor y psicosis social tras una ola de cartas bomba que azotó los cimientos de una sociedad que hace un puñado de años goza de cierta paz y lejanía del terrorismo. Sin embargo, seis cartas incendiarias pusieron a todo un país bajo el resguardo de “papá” OTAN.

Hablamos de una marca registrada del terrorismo: cartas bomba. Esta es una modalidad muy utilizada en células, quizás sin el fin de causar un daño material brutal o de quitarle la vida a muchas personas, pero sí con la tarea de generar terror y miedo. El terrorismo en su pleno significado. Fueron seis las cartas bomba, con destinos primordiales, inclusive, puntos quirúrgicos de la sociedad española. 

El mismísimo presidente de España pudo haber sido víctima de semejante ataque. Pedro Sánchez fue destinatario de un atentado que fue frustrado gracias a una examinación previa del sobre que tenía el objetivo de dañar al máximo mandatario español. Asimismo, el ministerio de Defensa también fue víctima de este asalto explosivo mediante un simple sobre, pero fue desactivado por los sistemas de seguridad. 

Otro sector sumamente sensible es la embajada de Estados Unidos. Este sitio, en cualquier lugar del mundo, es uno de los reductos de ingeniería política en pos de los intereses norteamericanos. A eso, hay que sumarle que se trata de España, un país que forma parte de la OTAN. La carta bomba llegó, pero fue desactivada. Aunque hubo un edificio en donde este atentado si tuvo éxito, en términos del plan de los grupos que se pueden encontrar detrás de eso. La conmoción en Madrid fue absoluta, cuando una de estas cartas explosivas dejó un herido en la embajada ucraniana en España. Occidente se paralizó.

Más allá de esto, ¿Qué hay detrás de esta ola de atentados? Es un evidente signo de terrorismo, de intento de desestabilizar y de causar pánico en los españoles. A tal punto, que, si se traza algunos puntos en común, todo podría apuntar a Rusia. Entendiendo que España representa los intereses europeos anti-Moscú, que Ucrania es un país con el que Rusia tiene una disparidad ideológica de cuajo que tiene carácter histórico, y porque Estados Unidos es el verdadero enemigo de las potencias orientales. Ante esta premisa, es el Estado ruso el primer apuntado para este tipo de casos o atentados y con el terror como motor de los ataques. 

Paralelamente, esto se resignifica aún más cuando ve la estrategia bélica que está utilizando Rusia en Ucrania en este momento. Los ataques ya no son directos, Putin ya no combate contra el ejército ucraniano, sino que la destrucción moral forma parte de la precisa misiva del Kremlin. 

Esto, en pocas palabras, refiere al ataque masivo a centrales eléctricas. Ucrania está a la luz de las velas, con una destrucción casi total de las plantas de generación de energía, a esto se le suma un viejo aliado bélico de Rusia, que azota y fuerte en Ucrania en este contexto: el invierno. 

¿Qué podrían tener en común estos sucesos? Básicamente, Rusia no tiene interés de golpear a los ejércitos, sino de provocar un cisma simbólico, en donde lo psicológico, lo social y lo moral se ven acaecidos ante atentados con carta bomba en España y también con ucranianos que no tienen luz. Rusia no se hizo cargo de esto. Una adjudicación de estos ataques puede simbolizar una mayor internacionalización de la guerra ruso – ucraniana. Más allá de esto, el país conducido por Putin tiene una gran influencia fuera de sus fronteras, desde Estados que pueden operar en favor del gigante euro-asiático, como de mercenarios que trabajan en pos de los rublos del Banco Central de Rusia. 

Sea como sea, hay un gran factor de sentido común: el terror. Esta práctica, a leguas terrorista, provoca una psicosis masiva en España como hace años no se veía. 

Aunque una de las hipótesis no está descartada, es que se trate de alguna organización independentista en España. Esto podría cobrar sentido, aunque con los cabos sueltos, todo apunta a Rusia. Inclusive, podría pensarse en Vox y en la aberrante influencia de la extrema derecha española. Sin embargo, la embajada de Estados Unidos está lejos de ser un punto de crítica extrema para los derechistas de España. ¿Y los fundamentalistas islámicos? ISIS no opera en Europa desde hace tiempo, aunque fue reciente el enjuiciamiento de los culpables de la masacre en París en 2015. Sin embargo, el debilitamiento del DAESH y una guerra propuesta en Siria, principalmente, apunta a un vano interés en España. Al Shabab no sale de Somalia y Boko Haram tiene sus ojos sobre Nigeria. Parece ser que Rusia es el indicado. 

Europa entró en un espiral de conflictividad de la que nunca se hizo cargo por fuera de su continente. Hoy en día, ellos tienen guerra, inflación, desabastecimiento, no tienen luz ni gas, atentados terroristas y una enemistad abrupta. Es correcto afirmar que estamos asistiendo a la descomposición del orden hegemónico mundial en donde Estados Unidos, por un lado, y el BRICS por el otro, se sobreponen como los magnates de la multipolaridad, y desde donde Europa comenzó a ser el conejillo de India.

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