Yerba: productores captan solo 4,5% del precio en góndola y enfrentan su peor crisis desde 2019
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El sector yerbatero argentino atraviesa un momento crítico. Mientras la cosecha de 2024 marcó un récord de producción con 986,7 millones de kilogramos de hoja verde procesada, los pequeños productores enfrentan una situación desesperante: apenas logran captar el 4,5% del precio en góndola, el porcentaje más bajo desde 2019. La desregulación del mercado, la apertura de importaciones y la falta de una política de precios clara han configurado una tormenta perfecta que pone en jaque la rentabilidad de miles de familias que dependen de la actividad y en paralelo, también de la industria, que cerró uno de los peores años con la caída de la demanda interna, destaca un estudio del Centro de Economía Política Argentina.
Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), en 2024 se registró el mayor volumen de cosecha de los últimos cinco años, con un aumento del 27,4% respecto de 2023. Sin embargo, este incremento no se reflejó en una mayor demanda interna: el consumo de yerba mate en el país cayó un 9,3% interanual, alcanzando su nivel más bajo en ocho años. La caída del poder adquisitivo explica esta retracción, que contrasta con el crecimiento de las exportaciones, impulsadas por la demanda de Siria, que absorbió el 70% de los envíos al exterior.
Concentración del mercado
El mercado yerbatero argentino presenta una estructura altamente concentrada. Mientras 12.000 pequeños productores se encargan de la producción primaria, apenas diez empresas molineras y fraccionadoras concentran el 72,7% del negocio. Entre ellas, Las Marías, Liebig y Santa Ana explican el 41% de la producción total. Esta concentración permite a las grandes industrias imponer condiciones de compra que perjudican a los productores.
El deterioro de la relación entre el precio que recibe el productor y el precio en góndola es alarmante. En diciembre de 2024, los productores solo captaron el 4,5% del valor de venta al público, un desplome de 3,6 puntos porcentuales respecto al promedio 2020-2023. Para que los yerbateros recuperen su participación histórica en el precio final, la hoja verde debería pagarse a $363 por kilogramo, lo que implicaría un aumento del 81% respecto a los valores actuales.
Importaciones masivas y su impacto en el precio interno
La crisis del sector se profundizó con la apertura de importaciones de yerba mate, facilitada por el gobierno nacional a través de la Resolución General 5490/2024, que redujo impuestos para la importación de productos de primera necesidad. Esta medida, prorrogada hasta diciembre de 2024, permitió el ingreso de 11,9 millones de kilogramos de yerba proveniente de Paraguay y Brasil, un 80,1% más que en 2023.
Las principales beneficiadas por esta decisión fueron las grandes empresas yerbateras de Corrientes y Misiones, en particular Las Marías y La Cachuera, que concentraron el 70% de las importaciones. El ingreso de yerba a un costo de $1.300 por kilo (valor oficial más impuesto PAÍS) generó un efecto depresivo sobre el mercado interno: la industria usó el producto importado para reducir el precio de la yerba canchada nacional y extender los plazos de pago a los productores.
La eliminación de las regulaciones del INYM mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2023 desbalanceó aún más la cadena productiva. Este decreto derogó artículos clave de la Ley 25.564, despojando al INYM de su facultad para fijar precios y regular la oferta. Además, dejó sin efecto los acuerdos semestrales entre productores e industriales, que permitían establecer un precio de referencia para la materia prima.
Si bien un fallo de la Cámara Federal de Apelaciones de Posadas suspendió la aplicación del DNU en el sector yerbatero, el INYM continúa en una situación de parálisis institucional: el gobierno nacional aún no ha designado a un presidente para el organismo, lo que impide avanzar en la fijación de precios y otras medidas de protección para los productores.
Un déjà vu de los años 90
La historia se repite. La desregulación del mercado yerbatero en los años 90 tuvo consecuencias devastadoras para los productores. En esa década, el precio de la yerba canchada cayó de $930 dólares por tonelada en 1990 a $349 dólares en 2001, una reducción del 62,5%. La hoja verde sufrió un desplome aún mayor, pasando de $202 dólares por tonelada a $42 dólares en el mismo período. Mientras tanto, el precio en góndola se mantuvo estable, beneficiando únicamente a la industria.
Desde la creación del INYM en 2002, los productores habían logrado recuperar el terreno perdido, con aumentos reales del 246% en el precio de la hoja verde y del 255% en la yerba canchada. La desregulación impulsada por el DNU 70 amenaza con revertir estos avances, dejando nuevamente a los pequeños productores a merced de las grandes empresas.
El sector enfrenta una encrucijada. Si no se restablecen mecanismos de regulación que protejan a los pequeños productores, la tendencia hacia una mayor concentración del mercado continuará profundizándose. La experiencia de los 90 muestra que la desregulación sin control solo favorece a los grandes jugadores en detrimento de quienes sostienen la producción. La paradoja es que la mayoría de las industrias cerró el año en rojo por el aumento de los costos y la caída de la demanda interna.
La combinación de caída del consumo, importaciones masivas y debilitamiento institucional del INYM pone en riesgo el sustento de miles de familias. Mientras el precio de la yerba en góndola sigue en alza, los productores reciben cada vez menos, en un escenario que amenaza con replicar las peores crisis del sector.
