Mes: agosto 2022

YPF vuelve a aumentar la comisión de refuerzo para su red de Estaciones de Servicio

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Se trata de una iniciativa y mejora que gestionó la AOYPF, y en esta oportunidad será para los primeros 100.000 litros de cada combustible, lo que generará un impacto porcentual variable, dependiendo de las ventas de cada expendedora.

YPF nuevamente aumentará la comisión de refuerzo para las Estaciones de Servicio de su red, lo que significa un tercer incremento en el año, tras lo hecho en abril y agosto, que permitiría un poco más de espalda financiera para afrontar la difícil situación que atraviesa el sector.

A partir de la tarde del miércoles, la petrolera ya informó una mejora en las comisiones para las Estaciones de Servicio de la red YPF, que será sobre la comisión para los primeros 100.000 litros de cada producto“, confirmaron estacioneros allegados.

Y según pudo averiguar este portal de noticias, al ser sobre los primeros 100.000 litros de cada combustible, “terminará siendo un impacto porcentual variable, dependiendo cuánto venda cada negocio”.

La medida llega días después de que la  Asociación de Operadores de YPF le solicitara a la compañía un incremento de las comisiones para revertir la caída pronunciada de los ingresos de las expendedoras que operan bajo la modalidad de consignación.

“Estamos en el peor momento de rentabilidad de los últimos 10 años, los costos que suben por arriba de la inflación, las lógicas mejoras salariales a nuestros equipos. Las comisiones en pesos actualizadas por estos indicadores están en un piso, y ya son insostenibles, necesitamos despegar los ingresos del precio del surtidor“, expresaron oportunamente sus referentes.

La medida resulta un paliativo a la par del último aumento de precios de la nafta y gasoil, mientras se trabaja en una solución definitiva al problema de la baja rentabilidad y seguir impulsando la transformación de la red.

Vale recordar que días atrás la compañía dispuso la suba de los valores en las pizarras de las bocas de expendio con mayor incidencia en naftas (promedió 8,5 por ciento) que en gasoil (del  6 por ciento), a raíz del mayor tiempo transcurrido desde el último ajuste del primer producto y del incremento del precio del bioetanol durante dicho período (+19 por ciento).

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Recetas para controlar la inflación, en el debate de economistas latinoamericanos organizado por la Universidad Austral

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Convocados por la Facultad de Ciencias Empresariales y el IAE Business School de la Universidad Austral para participar del debate internacional “Programas de Estabilización Económica para Argentina”, ex ministros de economía y ex presidentes de bancos centrales de América Latina dialogaron sobre las medidas que implementaron en sus países durante momentos críticos para estabilizar la economía.

¿Hasta qué punto los gobiernos están dispuestos a sacrificarse en pos de estabilizar la economía? ¿Qué hacer una vez frenado el proceso inflacionario? ¿Qué signos muestran credibilidad ante los organismos de crédito internacionales? Con esos interrogantes y la inflación como eje de partida, los especialistas pusieron foco -a lo largo de dos jornadas- en las experiencias que vivieron en sus países mientras se encontraban afectados por procesos de crisis inflacionaria, tal y como sucede en Argentina en estos momentos.

“Hay que arrojar luz a nuestra inteligencia para generar el bien común a la gente de nuestro país y de la región”. Con esas palabras el rector de la Universidad Austral, Julián Rodríguez, dio por comenzado el foro “Programas de Estabilización Económica para la Argentina”, moderado por el consultor y analista político, Sergio Berensztein, y la economista Marina Dal Poggetto.

Como punto de inicio, los economistas coincidieron en que, para tener una política económica exitosa de estabilización es necesario tomar medidas que tienen costos que muchos gobiernos no quieren pagar para no perder el apoyo de la sociedad. Así lo indicó Mauricio Cárdenas, ex Ministro de Hacienda y Crédito Público de Colombia: “Nada reemplaza para darle credibilidad al marco de política macroeconómica el tener la inflación bajo control, pero esto no viene gratis porque bajar la inflación es traumático y los gobiernos van a estar siempre en contra de una crisis y un posible aumento del desempleo”.

Gianfranco Castagnola, ex Director del Banco Central de Reserva del Perú, recordó que en su país la salida de la crisis se dio, en parte, gracias a que la política y la economía están bien separadas: “Este no fue un proceso fluido, sino bastante convulsionado, pero con un objetivo que las autoridades fiscales y monetarias tenían claro: controlar la inflación y empezar un nuevo modelo económico. El Banco Central y el Ministerio de Economía siempre estuvieron liderados por una tecnocracia muy respetada y con mucho poder político, incluso frente a los presidentes del país, quienes evitaron siempre vulnerar cualquier cosa que sea vista como una perforación al modelo económico o la estabilidad macroeconómica”.

En contraposición, Alfredo Romano, presidente de Romano Group y profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral, sostuvo que en Argentina -que en los últimos 40 años ha tenido la inflación más alta del mundo- “es difícil pensar un gobierno populista llevando adelante una gestión de ese estilo, que apoye la independencia del Banco Central, decida tomar medidas anticíclicas y busque enfriar la economía. La confianza es indispensable y en nuestro país no hay confianza en los políticos, por lo tanto, tampoco la habrá en un nuevo programa económico a partir de 2023 que no baje rápidamente la inflación, cuando a los dos años posteriores la sociedad da su veredicto en las urnas”.

Sobre la posibilidad de que se dolarice la economía en la Argentina, Romano opinó que “la dolarización tiene que venir acompañada de un programa económico. Estoy convencido de que la reforma monetaria es fundamental para generar la credibilidad y el corset necesario para que la política de turno no pueda generar la inestabilidad y volatilidad que genera cuando tiene deseos de emitir para financiar el gasto público y lo que todos conocemos en nuestro país. Hay que hacer reformas para generar la robustez necesaria para que la Argentina crezca en el largo plazo”.

En búsqueda del horizonte
En Argentina la inestabilidad no es sólo económica, sino también política. En la misma línea que Romano, Isaac Alfie, ex Ministro de Economía y Finanzas de Uruguay, sostuvo que la confianza y la credibilidad son muy importantes: “Tener instituciones sólidas, que pasan de gobierno en gobierno, y respetar las reglas del juego son aspectos centrales”.

“Si se compara la volatilidad de la inflación de Uruguay y de Argentina, se puede observar que mientras en Uruguay son raros los años en que la diferencia de tasa de inflación sobrepase el 10%, en Argentina hay diferencias de hasta 2700% de un año a otro. Esa volatilidad argentina hace imposible pensar en negocios y desarrollos a largo plazo”, agregó Alfie.

Sergio Berensztein brindó también su opinión sobre el contexto político nacional y remarcó que “no existe ningún plan de estabilización exitoso si no hay un apoyo determinante del partido de gobierno, así sea parcial, y también de una coalición política amplia y versátil que sostenga a este programa a lo largo de su implementación”.

“El mejor equipo técnico y las mejores ideas pierden importancia y se desvanecen si no hay un apoyo político detrás de ellas”, remarcó el analista y añadió: “Además, los dirigentes deben estar preparados para afrontar las coyunturas críticas como así también tener la flexibilidad y el pragmatismo para ir adaptando el plan, o hacer ajustes más profundos, a medida que estos se vayan planteando con el correr del tiempo”.

El economista Alejandro Werner, director del Georgetown Americas Institute, coincidió en que Argentina necesita mucho más que un plan de estabilización, “también necesita de un plan de reestructuración que va a requerir de un acuerdo político”. Pero también consideró que la sociedad argentina no estuvo dispuesta a llevar a cabo los cambios que había que realizar: “Es muy difícil pensar el cambio de política, si no es generado al principio. Es una combinación entre los marcos normativos, la política económica e ir generando apoyo político a los cambios necesarios”, sostuvo.

Para la economista Marina Dal Poggetto, falta liderazgo político en términos de horizonte “que se acortó con la mira en la próxima elección”. A diferencia de países como Brasil, Perú o Colombia, “la Argentina fue el mal alumno de esta historia”. Dal Poggetto planteó que, mientras los diferentes países de la región solidificaron sus monedas luego de los procesos de estabilización, los equipos económicos locales pecaron de excesos.

Además, sostuvo que “en un contexto de alta inflación como el actual, entrando en una zona de tres dígitos, urge un programa de estabilización y seguimos discutiendo la coyuntura, viendo como un gobierno intenta pasarle la pelota al que viene, y el que viene intenta que se detone la pelota en el actual”. “Argentina tuvo mala suerte. El modelo de la convertibilidad tuvo muy buenos resultados para bajar la inflación. El ancla rígida que utilizó no sobrevivió al shock externo que tuvo la región. Pero la Argentina, en particular a partir del escenario de apreciación del dólar, sumado al uso de esa moneda como medio de ahorro, terminó rompiendo los dos contratos que tenía a la salida del uno a uno: el de la deuda externa y el del sistema financiero”, comentó la economista.

Algunas recetas para Argentina
Edmar Bacha, el economista brasilero que instituyó el Plan Real de Brasil, fue el primero en brindar una serie de lineamientos para la estabilización local: “Debe equilibrar el presupuesto y mantener tipos de interés reales positivos. Además, asegurar que los precios críticos, como tarifas y tipos de cambio, estén en equilibrio, e introducir una unidad de cuenta diaria (factor de ajuste por la inflación) para sincronizar la evolución de salarios, precios, tarifas, tipo de cambio, valores financieros. Finalmente, darle tiempo para el uso generalizado de esta unidad de cuenta y luego convertirla en la nueva moneda estable del país”.

Por su parte, Alfredo Arizaga, ex Ministro de Economía y Finanzas de Ecuador, resaltó el punto en común que tuvieron los programas de estabilización latinoamericanos: la credibilidad y la prohibición de que el Banco Central otorgue crédito al fisco. “Sólo es sostenible si la política fiscal se maneja con responsabilidad y no se cae en una emisión sin control. Esto requiere que no se cometan grandes equivocaciones en otras áreas de políticas públicas que afecten la competitividad”, explicó.

Consultados sobre la dolarización que se implementó el Ecuador, tanto Arizaga como Augusto De La Torre, ex Presidente del Banco Central de ese país, coincidieron en que “lo único que le impide a un gobierno populista dejar la dolarización es la presión popular. La gente mejoró su calidad de vida de manera sustancial en los últimos 20 años y no quiere volver atrás”. “Hoy es más popular que otras instituciones ecuatorianas, y la gente tiene miedo a perderla. Entonces cuando la situación se complica y existe el riesgo de que la dolarización se rompa -y también la gente percibe que hay un riesgo de perderla- se abre un espacio para hacer reformas”, profundizó De La Torre.

Para la economista Diana Mondino, ex Directora General de Standard & Poors para América Latina, la dolarización en la Argentina ya está ocurriendo: “En el sector privado hay contratos de toda naturaleza que se hacen voluntariamente en dólares. Entonces se hace indispensable que esa dolarización sea de la manera más ordenada posible”, consideró.

Al mismo tiempo, Mondino dio una idea para contribuir a la estabilización de la economía “con la apertura de la economía, darle competitividad al sector privado y también realizar una reforma monetaria”.

Por su parte, Martín Uribe, profesor titular de Economía en la Universidad de Columbia e investigador asociado del National Bureau of Economic Research, recordó una ventaja de la dolarización que consideró podría ser de utilidad para Argentina: “Es una forma efectiva de alcanzar independencia del Banco Central”.

“El eje principal debe ser la independencia del Banco Central, que debería empezar desde el primer día de gestión del próximo gobierno, y sin esperar a alcanzar la sostenibilidad fiscal primero por el Tesoro. En nuestro país, quien socava la independencia del BCRA fueron, son y serán los ministros de Economía, una ley ayudaría muchísimo pero no es suficiente. Entonces es el presidente de la Nación debe garantizar la independencia del BCRA, no el Congreso, no los intendentes del conurbano, no los gobernadores”, agregó.

Luis Céspedes, ex Ministro de Economía, Fomento y Turismo de Chile, coincidió con esta línea: “Los elementos que generan un marco de estabilidad son: la autonomía del Banco Central, con un objetivo claro y preciso que le de credibilidad. Pero también una institucionalidad fiscal sólida, con criterio que permitió que la política monetaria no compita con la política fiscal; apertura comercial, instituciones financieras sólidas y el imperio de la ley. Todo ello, en el caso chileno, generó dinámicas de crecimiento que apoyaron la disminución de la inflación”.

Finalmente, sobre una posible vuelta a la convertibilidad, el exdirector del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Horacio Liendo, manifestó que, si bien el país tuvo un período de gloria con el régimen de convertibilidad y esto rebrota la idea de volver a usar ese viejo instrumento, la situación actual es diferente a la de 1991. “Hoy no hay reservas suficientes para producir ese canje, el BCRA tiene pasivos no monetarios muchos más importantes que los monetarios, además hay una brecha cambiaria de más del 100%, un fenomenal atraso tarifario que evolucionó menos que la inflación, y esta no es una economía generalmente indexada”, profundizó.

“Es necesario generar una reforma de la carta orgánica del BCRA para volver a situarlo con las restricciones que tenía en la época de la convertibilidad, es decir, baja capacidad para financiar al sector público y baja capacidad para darle descuentos al sistema financiero. El BCRA fue vaciado por sus dos vertientes. Por el lado de la emisión monetaria, porque se lo obligó a emitir una gran cantidad de dinero desde el 2001 en adelante y cuando acumulaba reservas, se le sacaban reservas y se las reemplazaba por un crédito que no tiene ninguna forma de comercialización”, afirmó.

Liendo propuso, entonces, que el BCRA reciba la instrumentación de ese crédito en la forma de título público y que pueda utilizarlo para hacer una política monetaria de expansión o contracción de la cantidad de pesos que hay circulando, colocando esos títulos”, concluyó Liendo, en el marc

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Alberto Fernández afirmó que es “insostenible jurídicamente” la imputación contra Cristina Kirchner

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El presidente Alberto Fernández sostuvo hoy que es “insostenible jurídicamente” la imputación contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en la causa conocida como Vialidad y dijo que la exmandataria es “inocente”, por lo que el pedido de 12 años de prisión y de inhabilitación perpetua para cargos públicos constituye un “error estrepitoso”.

Fernández subrayó que tiene la “certeza” de que la vicepresidenta “es una mujer inocente y honesta” y aseguró que “no ha participado en nada” de lo que la acusan en la causa por presunto direccionamiento en la obra pública de Santa Cruz.

En diálogo con TN, el mandatario dijo que es “insostenible jurídicamente” la imputación y advirtió que la acusación “partía de una premisa insólita que decía que ella, como Presidenta, no pudo no saber lo que pasaba” con las licitaciones de Vialidad en Santa Cruz.

Para Fernández, “este juicio es un disparate jurídico respecto de Cristina” y señaló que el fiscal Diego Luciani “dijo un sinfín de disparates jurídicos”.

En esa línea, explicó que un jefe de Estado está “muy alejado de una licitación pública” del tipo de las que se investigan en el juicio, y cuestionó que el pedido de pena de los fiscales Luciani y Sergio Mola considere que la exmandataria “tuvo responsabilidad de haber mandado un presupuesto donde estaban las obras que iban a Santa Cruz”.

“¿Entonces todos los diputados y senadores son parte de una asociación ilícita?”, razonó entonces el Presidente a modo de crítica, y en ese sentido añadió: “No se puede trabajar el Derecho Penal como se está trabajando en la Justicia federal argentina”.

En cuanto a la posibilidad de conceder un indulto a la titular del Senado, contestó que el senador Oscar Parrilli emitió un posteo reciente en Twitter en el que remarcaba “para CFK ni indulto ni amnistía: justicia” y subrayó que ese mensaje ” fue retuiteado por Cristina”, con lo cual “la que no quiere pensar en un indulto es Cristina”, amplió.

“No tendríamos que estar hablando de indulto”, agregó luego ya que, desde el punto de vista legal, todavía “no hay ninguna condena” contra la vicepresidenta, más allá de que desde algunos medios “han logrado establecer una condena mediática”, reprochó al referirse incluso a la señal televisiva a la que concedió la entrevista.

“Hace varios años ha habido una acción mediática en la que quisieron poner a Cristina en el lugar donde la puso el fiscal Luciani”, repasó.

“Tengo una gran tristeza de ver lo que está pasando en la Justicia”, afirmó Fernández, expresó que “la lógica del escrache y del insulto no se soporta más” y contó que “quiero estar cerca de Cristina porque la están lastimando”.

“Ni Cristina ni yo no queremos defender acto de corrupción, no nos une la búsqueda de impunidad, nos une la búsqueda de justicia”, formuló.

Fernández apuntó a “exigirle a la Argentina tener un sistema judicial realmente independiente y con jueces probos, y conocer sus patrimonios”

Según el jefe de Estado, “la vehemencia que ponen a investigarla a ella, a (Julio) De Vido, a Lázaro Báez, no es la vehemencia que ponen para investigar a los otros” y ejemplificó a “fiscales que van a jugar al fútbol a la a casa de (Mauricio) Macri, a jugar al padel a Olivos”

“Cuando asumí dije que iba a terminar con los sótanos de la democracia, y eso lo cumplí, porque no hay un operador del Estado hablando con jueces o fiscales, y es uno de los grandes orgullos que tengo”, resumió.

Fernández, por otro lado, enunció que “la corrupción ha sido un mal endémico”, dijo que él nunca robó y que tiene los mismos bienes o incluso menos que antes de asumir en el cargo y declaró: “En mi Gobierno puse todo mi empeño para que nadie robe y hoy no tenemos cuestionamientos”.

Consultado sobre la convocatoria de actos y marchas en respaldo de la vicepresidenta, Alberto Fernández se mostró de acuerdo y manifestó que el Frente de Todos tiene que “generar una gran movilización para defender la democracia, los derechos humanos y reclamar una Justicia independiente”.

“No me preocupa que la gente salga a la calle”, sostuvo el mandatario, anticipó que mañana hablará con los “compañeros” del Consejo Nacional del PJ, que preside, para definir los pasos a seguir sobre la organización de una movilización con esos objetivos, y finalmente remarcó que “estar en la calle no significa ser violento”.

Además, afirmó que su principal “prioridad política es mantener unido al Frente de Todos” y dijo que hará “lo que tenga que hacer para que eso ocurra”, tras lo cual resaltó que el objetivo común de la coalición oficial es “garantizar que en 2023 no vuelvan a ganar los mimos tipos que nos dejaron un país miserable”.

También aseguró que “nunca estuvo peleado” con la Vicepresidenta, aunque pueden haber tenido “diferencias” y que “a veces somos los dos vehementes”.

Consultado sobre si se presentará a la reelección, aclaró que es “lo último” en lo que piensa, al explicar: “Mi preocupación es ver cómo empezamos a contener la inflación y cómo ordenamos la distribución del ingreso. Esas son las dos prioridades”.

También criticó al expresidente Mauricio Macri y señaló que “tendría que estar rindiendo cuentas”.

“No me importa lo que hace Macri, quiero que explique ante tribunales por qué hizo lo que hizo con la deuda, con los parques eólicos, con el Correo, el cúmulo de denuncias que hay sobre él que hasta el día de hoy la Justicia no ha investigado. Qué hizo con los peajes”, agregó, para manifestar que “la justicia aún no ha investigado”.

“El Presidente soy yo, eso nunca estuvo en discusión”, contestó al descartar “el análisis político que hacen en los medios y consultoras” sobre su coexistencia con la Vicepresidenta en la gestión del FdT, y aseguró que nunca pensó en renunciar: “Tengo una responsabilidad con la gente, con el pueblo”, reafirmó.

En el aspecto económico, admitió que la salida de Martín Guzmán del ministerio de Economía “generó una crisis por la forma en que se fue”, y subrayó que “el modo en que tomó la decisión le hizo mucho mal a la Argentina” porque, reprochó, “avisó cuando ya había hecho todo”.

Al referirse a las circunstancias vividas tras la renuncia de Guzmán, añadió: “Buscamos recuperar un orden que se había quebrado en el Gobierno, soportamos una corrida cambiaria impresionante, motivada por algunos para debilitarnos como Gobierno, y la pudimos sobrepasar”, valoró .

En cuanto al clima social, indicó que la macroeconomía “esta bien” y enumeró “un 6% de crecimiento económico en el primer semestre, la ocupación de la capacidad productiva entre un 65% y 70%, la creación de 1,2 millones de puestos de trabajo y el empleo registrado que crece mucho”, aunque admitió que “hay una inflación sin resolver que afecta ingreso mucha gente que gana entre 80 mil y 100 mil pesos”.

Por último, recordó que “siempre dijo” que la dirigente social Milagro Sala “no tenía por qué soportar el proceso en estado de detención”, y remarcó que “todos somos inocentes hasta que se pruebe la culpabilidad”.

“Hasta el día de hoy Milagro no tiene una sentencia firme, su sentencia está en situación de revisión en la Corte Suprema”, indicó el Presidente, y añadió: “Lleva más de 7 años detenida, y el delito que le imputan es administración fraudulenta, que tiene un máximo de 6 años”.

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El ‘Capitán Condón’ que lideró la guerra contra el sida y la sobrepoblación en Tailandia

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BANGKOK , Por Seth Mydans, New York Times— Mechai Viravaidya vio a Tailandia en serios problemas dos veces —primero, por una explosión demográfica desastrosa y luego por la epidemia del sida— y respondió a ambas crisis de la misma manera: con condones y su carisma considerable.

A principios de la década de 1970, cuando la población de ese país estaba aumentando a un ritmo insostenible y la familia promedio era de siete hijos, el control de la natalidad era algo que los tailandeses no hablaban y mucho menos practicaban.

Así que Mechai decidió abordar este tema que nadie más tocaba al encabezar una campaña a nivel nacional para difundir y desmitificar el uso de los anticonceptivos.

“Ese no era un trabajo para las personas inteligentes, listas, respetables, aristócratas”, señaló en una entrevista del mes de junio.

Aunque en realidad, Mechai, quien ahora tiene 81 años, es todo eso: hijo de dos médicos y educado en el extranjero, esposo de una ex secretaria privada del rey y, con el correr de los años, ministro de gobierno, líder de organizaciones y senador.

Pero también es desinhibido, modesto y siempre dispuesto a montar un espectáculo para convencer a la gente.

Según él, su objetivo con la campaña de planificación familiar era hacer que los condones solo fueran un artículo más que la gente comprara en el supermercado, junto con jabón, pasta de dientes y pescado seco. Para lograrlo, sabía que sería bueno que las personas asociaran los condones con cosas positivas, con algo que las hiciera sonreír.

“Si eso lo logro inflando condones o llenándolos de agua”, comentó, “está bien, lo haré”.

Una foto de Mechai con un preservativo alrededor del pulgar durante una campaña para promover el sexo seguro y la planificación familiar.
Una foto de Mechai con un preservativo alrededor del pulgar durante una campaña para promover el sexo seguro y la planificación familiar. Credit…Lauren DeCicca para The New York Times

Mechai se encontraba cerca de las oficinas de la Asociación de Desarrollo Comunitario y Población en Bangkok, una organización fundada hace casi 50 años para combatir la pobreza en Tailandia, en la cual un eje fundamental era la planificación familiar.

Mechai recorrió todo el país, pueblo por pueblo, con una gama infinita de trucos e ideas publicitarias para asociar los condones con la diversión. Una de sus principales atracciones era llenarlos con agua hasta que se rompieran.

“¿A ver quién puede inflar el condón más grande?”, les decía a las multitudes. “¿Quién puede hacer que explote?”.

Abrió lo que denominó “supermercados” de planificación familiar en las estaciones de autobuses para distribuir anticonceptivos, convenció a los monjes budistas para que bendijeran los condones y difundió los videos de las ceremonias. Con el fin de educar a los tailandeses más jóvenes, elaboró un alfabeto de sexo seguro en inglés que incluía las letras B de “birth control” (control de natalidad), C de condón y V de vasectomía.

Además del espectáculo, detrás de esta campaña había una infraestructura importante. Mechai movilizó y brindó capacitación a una red de 350.000 maestros y 12.000 líderes comunitarios de los pueblos.

Además, no limitó a los condones sus esfuerzos de planificación familiar. En Bangkok, ofreció vasectomías masivas gratuitas en un patio de armas cerca del palacio para celebrar el cumpleaños del rey.

Algunos encontraron sus métodos ofensivos, o al menos no muy decorosos. Un columnista de un periódico, tratando de formular un insulto, sugirió que la gente empezara a llamar a los condones “mechais”.

La idea tuvo éxito, y Mechai enmarcó una copia del artículo para colgarla en su pared.

Eso se sumó a una mayor publicidad, el arma principal de su arsenal, y los resultados de su campaña fueron espectaculares. La tasa de crecimiento poblacional de Tailandia disminuyó de por encima del 3 por ciento en 1974 al 0,6 por ciento en 2005, y la cantidad promedio de hijos por familia descendió de cinco a menos de dos.

El Banco Mundial calificó la campaña de Mechai como “uno de los programas de planificación familiar más exitosos y eficaces del mundo”.

En 1970, Tailandia y Filipinas tenían poblaciones similares de 36 millones de habitantes.

“Ahora, nosotros tenemos 70 millones y ellos, 107”, mencionó Mechai en una entrevista, pero en realidad estaba subestimando la población de Filipinas, que es de más de 110 millones de habitantes. Mechai añadió que, si Tailandia no hubiera abordado el problema de la sobrepoblación, también estaría enviando millones de ciudadanos a buscar empleo en otros países.

“Si no hubiéramos intervenido, esto habría provocado un profundo detrimento a la economía de Tailandia y la calidad de vida”, afirmó.

Cuando la pandemia del sida comenzó a abrumar a Tailandia a fines de la década de 1980, Mechai usó este mismo truco de publicidad, convencimiento y teatralidad para combatir la enfermedad.

Al igual que con su primera campaña de condones, al principio se aventuró él solo, ya que el gobierno no quería respaldar una campaña de sexo seguro por temor a que esto dañara la lucrativa industria del turismo sexual.

Así que, Mechai recurrió al Ejército, una institución poderosa lejos del alcance del gobierno civil que acordó transmitir anuncios recurrentes sobre el sexo seguro en sus 300 estaciones de radio y cinco canales de televisión.

Luego, en 1991, un nuevo primer ministro, Anand Panyarachun, se adhirió a la prevención del sida y nombró a Mechai ministro de Información y Turismo. Entonces, todos los ministros del gobierno fueron exhortados a desempeñar alguna función en la educación sobre el sida.

“Había condones por todas partes en las calles, por todas, todas partes”, mencionó Mechai en una conferencia de TED en la que explicó su enfoque. “En los taxis, te daban condones, en el tráfico, los policías también te los daban”.

Además, Mechai —pese a su maestría de la Universidad de Harvard o tal vez debido a ella— se tomó la responsabilidad de convertirse en el símbolo reconocible que, según él, todos los programas de mercadotecnia necesitan para tener éxito. Se hizo llamar el “Capitán Condón” y acudió a las escuelas y los centros nocturnos para promover el sexo seguro.

La Organización Mundial de la Salud calificó la estrategia de Tailandia para la crisis del sida como “la respuesta más rápida a este problema que hayamos visto”. Naciones Unidas aseveró que el programa de Mechai había logrado reducir un 90 por ciento los nuevos contagios y el Banco Mundial calculó que había salvado 7,7 millones de vidas entre 1991 y 2012.

Mechai nació en Bangkok en 1941. Su madre, Isabella MacKinnon Robertson, era escocesa y su padre, Samak Viravaidya, tailandés; ambos eran médicos y se habían conocido cuando eran estudiantes en la Escuela de Medicina de la Universidad de Edimburgo.

Como creció hablando tailandés e inglés, hizo su bachillerato y universidad en Australia y, en 1964, obtuvo el título de licenciatura en comercio por la Universidad de Melbourne.

Según Mechai, el hecho de sentirse cómodo tanto entre tailandeses como entre occidentales ha aumentado su capacidad de vender los beneficios de sus programas —y cabildear para conseguir financiamiento— en diferentes culturas y solicitar con éxito importantes subvenciones de fundaciones, organizaciones de desarrollo y gobiernos extranjeros.

Al regresar a Tailandia en 1966, Mechai primero pensó en convertirse en médico como sus padres. “Cuando mi padre suturaba algún dedo amputado, yo le ayudaba a sostener la banda de hule del torniquete y entonces me di cuenta de que eso no era para mí”, afirmó.

Atraído por el amplio abanico de temas que abordaba, se incorporó a la Junta Nacional de Desarrollo Económico y Social del gobierno, donde trabajó durante ocho años como economista.

Al mismo tiempo, encontró otras salidas para sus energías, al escribir una columna en el periódico, presentar un programa nocturno de radio e impartir un curso universitario de inglés a tiempo parcial.

Su afición a la interpretación también le llevó a actuar, y apareció en una popular y emotiva serie de televisión, Star-Crossed Lovers, en donde hacía de un oficial del ejército japonés que se enamora de una estudiante universitaria tailandesa durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1971, se casó con una amiga de la infancia, Thanpuying Putrie, con quien tiene una hija. Su esposa es prima del rey Bhumibol Adulyadej, padre del actual rey, y trabajó durante muchos años como su principal subsecretaria privada. A Mechai le encanta contar que su madre fue la doctora que trajo al mundo a su futura esposa.

Como economista del gobierno, recorrió el país y vio con sus propios ojos la pobreza y los trastornos sociales y económicos a los que después dedicó toda su vida.

“Había niños por todas partes”, comentó acerca de las poblaciones tailandesas. “Este era el gran problema. Entonces me di cuenta de que estaba equivocado al pensar que el gobierno podía hacer todo, por lo que decidí actuar por mi cuenta”.

En 1974, dejó el gobierno para fundar la Asociación de Desarrollo Comunitario y Población, la cual prosperó y se diversificó para atender una gama de problemas económicos y sociales, desde el desarrollo rural hasta la protección del medioambiente.

En los años posteriores, su camino profesional lo llevó a entrar y salir del gobierno en puestos como vocero del gabinete, viceministro de Industria y tres periodos como miembro del Senado entre 1987 y 2006.

Además de su trabajo en materia de planificación familiar y sexo seguro, desde hace muchas décadas ha enfocado su activismo en el desarrollo de la economía en las zonas rurales de Tailandia. En la década de 1990, fundó el Proyecto de Desarrollo de Aldeas, el cual tiene por objetivo alentar la iniciativa empresarial y crear actividades generadoras de ingresos en el área rural de Tailandia.

Ha instalado pequeñas fábricas en el campo para convencer a los trabajadores de que dejen las fábricas de explotación laboral de Bangkok y regresen a sus lugares de origen, lo cual es parte del esfuerzo para combatir la migración urbana que ha debilitado la economía de las zonas rurales.

Mencionó que, ahora, su mayor orgullo es el centro comunitario Mechai Bamboo School en la zona noreste de Tailandia, cuyo objetivo es “reestructurar la educación rural” al convertir a la escuela en un centro de aprendizaje permanente y una entidad colaboradora en la vida de su comunidad.

Según Mechai, se trata de un internado con 180 alumnos que incluye a estudiantes sin documentos y con discapacidades, y que amplía el concepto de educación a un conjunto de habilidades para la vida.

“La escuela pretende formar buenos ciudadanos que sean honestos, estén dispuestos a compartir y acepten y practiquen realmente la igualdad de género”, dijo Mechai.

Sus programas de divulgación ofrecen asistencia a los ancianos del pueblo, dan consejos nutricionales a las mujeres embarazadas y ayudan en la agricultura a pequeña escala.

Mechai dijo que más de 100 pequeñas escuelas rurales han comenzado a seguir su ejemplo para involucrarse más en sus comunidades.

Aunque ahora tiene una edad en la cual la mayoría de la gente disminuye el ritmo, Mechai no tiene pensado dejar de atender lo que, según él, son las principales preocupaciones de su vida: “Combatir las desigualdades sociales y económicas con la reducción de los nacimientos, los fallecimientos por sida, la pobreza, la dependencia financiera y la ignorancia”.

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¿Es posible una Rusia sin Putin? No por ahora

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Oleg Kashin (@KSHN) es periodista y autor de Fardwor, Russia! A Fantastical Tale of Life Under Putin.. ¿Qué es más fácil de imaginar, que Vladimir Putin declare de pronto el fin de la guerra a Ucrania y retire sus tropas, o que una Rusia sin Putin revise sus políticas, termine la guerra y empiece a construir relaciones con Ucrania y Occidente sobre una nueva base pacífica?

Es una pregunta difícil de responder. La guerra en Ucrania es, hasta cierto punto, fruto de la obsesión personal de Putin, y no es muy probable que acceda voluntariamente a ponerle fin. Lo cual nos deja con la otra posibilidad: Rusia sin Putin, y donde todas las esperanzas de una Rusia pacífica pasan por un cambio de poder en el país.

Eso también parece bastante improbable. Tras seis meses de guerra, no parece que el poder de Putin sea menos sólido que en tiempos de paz. Sus índices de aprobación son altos, y no tiene ni un solo opositor en Rusia cuya voz se pueda oír. De sus dos principales sucesores potenciales —Mijail Mishustin, el primer ministro, y Alekséi Navalny, líder de la oposición—, uno está atado por su lealtad al presidente y el otro está en la cárcel. Para que uno de los dos llegue al poder, Putin tendría que marcharse. Pero, salvo por un repentino cambio de opinión o una urgencia médica, no se irá a ninguna parte. El sucesor de Putin podría ser perfectamente Putin.

Es una perspectiva deprimente, que a muchos les resulta difícil aceptar. ¿Por qué no hay nadie entre la élite en el poder que, ante un presidente que está llevando su país a la ruina y los graves perjuicios que les está causando la guerra a ellos mismos, presione por la destitución de Putin?

¿Dónde están los valientes demócratas o funcionarios que, por el bien de su clase y de su país, se las ingenien para expulsar al presidente? Esas preguntas, a las que se suele dar voz en Occidente, son más un lamento que un aliciente para el análisis. Pero la respuesta está ahí, al alcance de la mano.

Durante años, los críticos dentro y fuera de Rusia han recurrido sobre todo a un tema para impulsar la oposición contra Putin: la corrupción. Por un tiempo ese enfoque logró algunos avances, sobre todo en manos de Navalny, cuyos videos, muy bien producidos, en los que documentaba la corrupción de la élite dirigente —incluido Putin—, parecieron hacer mella en la popularidad del presidente.

Sin embargo, la corrupción es el pegamento que mantiene unido el sistema, no el catalizador para derribarlo. Al sustentar su poder en el latrocinio de sus subordinados, Putin no estaba tratando de asegurar la comodidad y el bienestar de estos, precisamente. Es más probable que quisiera atar a la clase dirigente a un sistema conspiratorio de responsabilidad compartida, y garantizar así su solidaridad absoluta. En estas condiciones de complicidad, nadie podría dar el paso y desafiar al presidente.

Para ser estrictos, no es del todo correcto llamar corrupción a dicho sistema. La corrupción conlleva una desviación de la norma, mientras que en la Rusia de Putin la norma es precisamente que los funcionarios vivan de un dinero de origen dudoso. Si se siguiera la ley al pie de la letra, casi todos los ministros o gobernadores rusos podrían acabar en la cárcel. Sin embargo, en la práctica, Putin siempre ha aplicado la ley a discreción. Cada vez que uno de sus subordinados influyentes era acusado de corrupción, lo que ante todo se preguntaba la gente era cuál sería el motivo político oculto por el que lo habían detenido.

Así fue en el caso del exministro de Desarrollo Económico, Alekséi Ulyukayev, quien fue acusado de aceptar sobornos tras su enfrentamiento con Ígor Sechin, el influyente director ejecutivo del gigante petrolero ruso Rosneft y amigo de Putin. También ocurrió con varios gobernadores, entre ellos Nikita Belij, quien durante un tiempo lideró un importante partido de la oposición, y Serguéi Furgal, cuya victoria en unas elecciones contravino los deseos del Kremlin y fue puntualmente acusado, no de corrupción, sino de asesinato.

Lo que se llama corrupción en Rusia sería más correctamente descrito como sistema de incitación y chantaje. Si eres leal y el presidente está satisfecho contigo, tienes derecho a robar, pero, si eres desleal, te mandarán a la cárcel por robo. No es de extrañar que en las últimas décadas solo unas pocas personas de dentro del sistema de Putin hayan hablado públicamente contra dicho sistema. El terror siempre es más persuasivo que cualquier otra cosa.

La guerra tenía el potencial de alterar radicalmente este cálculo. La clase dirigente, que debe la adquisición de su riqueza a su posición en el poder, se las está viendo ahora con una nueva realidad: sus propiedades en Occidente han sido o bien confiscadas o bien sometidas a sanciones: se acabaron los yates y las villas, y no hay lugar al que escapar. Para muchos funcionarios y oligarcas cercanos al gobierno, esto significa el derrumbe de todos sus planes vitales y, en principio, cabe suponer que no hay ni un solo grupo social en Rusia más descontento con la guerra que los cleptócratas de Putin.

Pero hay un inconveniente: intercambiaron sus derechos como actores políticos por esos mismos yates y villas. La intriga fundamental de la política rusa está vinculada a ese hecho. La aventura militar de Putin ha tenido un devastador efecto en la vida del poder establecido, en el que siempre se ha apoyado. Pero las élites, impedidas por su dependencia del poder para mantener su riqueza y su seguridad, no se ven en condiciones de decirle no a Putin.

Eso no significa que su descontento no salga a la luz. El ministro de Finanzas, Antón Siluanov, habló públicamente sobre las dificultades de cumplir con sus obligaciones en las nuevas circunstancias. Alekséi Kudrin, presidente del órgano que audita las finanzas del Estado y muy próximo al Kremlin, explicó en una reunión con Putin que la guerra había llevado la economía de Rusia a un callejón sin salida. E incluso el presidente del monopolio militar-industrial del Estado, Serguéi Chemézov, escribió un artículo sobre la imposibilidad de llevar a cabo los planes de Putin. Sin embargo, sin un peso político que las respalde, esas opiniones no merecen interés para Putin, ni entrañan ningún peligro para él.

Es cierto que de las guerras suele salir una nueva élite entre los oficiales y generales, que podría amenazar el gobierno del presidente. Pero esto no está pasando todavía en Rusia, posiblemente porque Putin está intentando impedir que sus generales adquieran demasiada fama. Los nombres de las personas que están al mando de las tropas rusas en Ucrania se mantuvieron en secreto hasta finales de junio, y la propaganda sobre los “héroes” de guerra prefiere publicar reportajes sobre los que han perdido la vida y ya no pueden manifestar ambiciones políticas. En cualquier caso, Putin se ha rodeado de su personal de seguridad predilecto, cuya lealtad hacia él está fuera de toda duda.

Dada esta situación, los funcionarios de Rusia no pueden hacer mucho más que esperar. Podrían intentar realizar por su cuenta alguna maniobra discreta, que incluyera negociar al margen con Occidente, pero, hasta ahora, no hay indicios de que haya corredores humanitarios para las élites rusas. Aunque alguien —por ejemplo, un oligarca cercano a Putin, como Roman Abramovich— lograra llegar a Occidente, lo único que le esperaría allí serían bienes confiscados y sospechas. Comparado con eso, incluso la paranoia de Putin podría ser preferible.

Si los miembros de la élite dirigente son incapaces de derrocar a Putin, ¿quizá podrían hacerlo las clases medias profesionales, entonces? Pero las perspectivas ahí también son sombrías. Para quienes salgan a criticar la guerra, es muy instructivo observar la suerte que corrió Marina Ovsyannikova, productora del Canal 1 de la televisión estatal. Tras protagonizar una protesta de gran calado —durante la emisión en directo de un popular programa noticioso de la noche, apareció detrás de la presentadora sosteniendo un cartel que decía: “Paren la guerra”—, huyó del país para evitar la detención, dejando a su familia en Moscú.

Vagó durante meses por Europa, sometida a numerosas acusaciones, y no importó lo impresionante que fuera su protesta: sigue siendo, ante todo y sobre todo, un engranaje en la máquina de propaganda de Putin. Regresó a Rusia, donde fue detenida y multada varias veces, acusada de difundir información falsa, y su casa fue registrada. Sus antiguos compañeros de los medios y, en general, la clase media profesional, seguramente entiende que no tiene sentido imitar sus actos. Que es mejor esperar a que pase la guerra, tranquilamente en sus trabajos, que arriesgarse a la ruina y la infamia.

En el ámbito popular, las cosas no son mejores. Las prometedoras manifestaciones iniciales contra la guerra han sido completamente sofocadas por la amenaza del encarcelamiento. Las declaraciones públicas críticas, y más aún los mítines o las manifestaciones de protesta, son ahora imposibles. El régimen, ejerciendo la represión, tiene la situación interna bajo absoluto control.

El factor que sí amenaza gravemente la fuerza de Putin hoy es el ejército ucraniano. La única posibilidad de producir un cambio en la situación política de Rusia son las pérdidas en el frente, como bien atestigua la historia rusa. Tras la derrota en la guerra de Crimea de mediados del siglo XIX, el zar Alejandro II se vio obligado a introducir reformas radicales. Lo mismo ocurrió cuando Rusia perdió la guerra con Japón en 1905, y lo que en gran medida impulsó la perestroika en la Unión Soviética fue el fracaso en la guerra de Afganistán. Si Ucrania logra infligir un gran número de pérdidas a las fuerzas rusas, podría desencadenarse un proceso similar.

Sin embargo, a pesar de todo el daño causado hasta ahora, ese giro de los acontecimientos parece muy lejano. Por ahora y en el corto plazo, es Putin —y el miedo de que sin él las cosas irían peor— quien gobierna Rusia.

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