Año: 2025

El déjà vu argentino: tierra, desregulación y un país que insiste en tropezar

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La historia argentina tiene una particularidad inquietante: vuelve. No como una repetición mecánica, sino como un ciclo que se reactiva con nuevos nombres, nuevos discursos y viejas consecuencias. La discusión actual sobre la tierra -su propiedad, su uso, su regulación- no es una novedad en la agenda nacional. Es, más bien, un regreso. Y los antecedentes no son alentadores. Los 90 desreguladores provocaron un intenso éxodo rural y el derrumbe de las expectativas de los productores agrarios, agobiados por bajos precios y la presión de las grandes industrias.

En el paquete de reformas que impulsa el gobierno de Javier Milei aparece, nuevamente, la idea de “liberar” el mercado de tierras para inversores extranjeros. Una apertura que remite inevitablemente a la década de los noventa, cuando la economía se desreguló bajo la promesa de eficiencia, inversiones y crecimiento, y terminó produciendo un profundo deterioro de la rentabilidad de los productores, un marcado éxodo rural y una inédita concentración de tierras en pocas manos.

Misiones fue uno de los territorios donde ese proceso se vivió con mayor crudeza. Durante la última década del siglo pasado, la provincia experimentó un fuerte éxodo rural como consecuencia de la crisis del agro -especialmente en la yerba mate y el tabaco- combinado con políticas liberales que desarticularon los mecanismos de regulación y protección. Pequeños productores y asalariados rurales migraron hacia las ciudades misioneras o directamente hacia Brasil en busca de empleo, dejando atrás chacras inviables, cooperativas debilitadas y comunidades fragmentadas. La concentración de tierras avanzó, mientras el entramado social del campo se erosionaba. Ese fenómeno, advierten hoy múltiples actores, está volviendo a repetirse. Y en forma mucho más acelerada.

El economista y ex rector de la Universidad Nacional de Misiones, Javier Gortari, lo describió con precisión en uno de sus trabajos al analizar el impacto de la desregulación sobre la cadena yerbatera: “En el caso de la producción de yerba mate, con la disolución de la CRYM y sin intervención estatal, creció el número de plantaciones al tiempo que la demanda se mantenía estable y el precio de la materia prima comenzaba una abrupta carrera descendente. Se produjo, entonces, una concentración de la renta yerbatera en los sectores mecanizados, industriales y supermercadistas, así como también una acelerada descapitalización de los productores pequeños y medianos, de muchas cooperativas y de la mayoría de los secaderos.
La desregulación de la actividad trajo aparejado un aumento de la producción. A partir de 1997, el mercado evidenció signos de saturación: frente a una oferta de materia prima en expansión por la puesta en producción de las nuevas plantaciones, se produjo una drástica caída de los precios pagados al productor primario. La presión económica sobre este sector se potenció por el incremento de los costos de comercialización”.

Ese proceso que describe Gortari no fue solo conceptual: tuvo una traducción directa y mensurable en los precios. Los datos oficiales de la década del noventa muestran con claridad el derrumbe del valor de la materia prima, en contraste con la evolución de la yerba elaborada.

Entre 1990 y 2000, el precio promedio del kilogramo de hoja verde pasó de 0,19 pesos/dólares a 0,07, una caída de más del 63%. La yerba canchada también registró un retroceso significativo, desde 0,31 en 1990 a 0,34 en 2000, luego de haber alcanzado picos a mediados de la década y comenzar un sendero descendente desde 1996–1997.

En sentido inverso, la yerba mate elaborada mantuvo valores sustancialmente más altos durante todo el período: pasó de 0,88 en 1990 a 2,46 en 2000, con máximos cercanos a 2,84 en 1995. La brecha entre el precio percibido por el productor primario y el valor final del producto en góndola se amplió de manera sostenida, confirmando empíricamente la concentración de renta dentro de la cadena yerbatera.

Los datos -elaborados a partir de estadísticas del INDEC y del entonces Ministerio del Agro y la Producción- refuerzan la advertencia central de Gortari: la desregulación, lejos de generar un mercado más equilibrado, profundizó la asimetría entre eslabones, deterioró la rentabilidad del productor y sentó las bases de una crisis estructural que, con distintos matices, vuelve a emerger en el presente. En términos de poder adquisitivo, el valor que hoy percibe el productor por la hoja verde vuelve a ubicarse en niveles comparables a los peores años posteriores a la disolución de la CRYM.

El productor sólo logra captar 16,4% del precio de venta en góndola. El promedio de los últimos 10 meses (17,0%) representa el peor momento desde 2019 del ratio entre lo que recibe el productor y el precio de góndola por kilo. 

En la misma línea, el diputado del Partido Agrario, Cristian Castro, aporta una lectura cuantitativa que refuerza la idea de ciclo histórico y deterioro estructural de la rentabilidad. Según su análisis, si se mide la ecuación del productor en términos relativos -es decir, la relación entre el precio de la hoja verde y el precio de la yerba en góndola- la rentabilidad del eslabón primario se redujo alrededor de un 42% en el período reciente. “Ese indicador muestra con claridad cómo se achica la participación del productor dentro de la cadena”, señala. Sin embargo, advierte que el cuadro es aún más crítico cuando se ajustan los valores por inflación: en términos reales, descontando el IPC acumulado, la caída de la rentabilidad del productor oscila entre el 60% y el 70%, un nivel comparable -e incluso superior- al registrado en los peores años posteriores a la desregulación de los noventa. Para Castro, esta combinación de precios atrasados, costos crecientes y pérdida de poder adquisitivo explica por qué la crisis actual no es solo coyuntural, sino la reaparición de un patrón ya conocido.

El Consejo de Mayo y la tierra como mercancía

En este contexto reaparece el llamado “Consejo de Mayo”, que recomienda liberar la adquisición de tierras por parte de privados extranjeros, derogando o vaciando de contenido las restricciones vigentes. Para el Gobierno nacional, estas limitaciones “atentan contra la inversión productiva” y deben ser removidas para dinamizar el mercado rural.

Según la lectura oficial, la eliminación de los topes permitiría ampliar la competencia, facilitar emprendimientos vinculados a producciones extensivas, infraestructura y energías renovables, y atraer capitales que hoy -según ese diagnóstico- encuentran obstáculos normativos. Sin embargo, la propuesta aún no especifica si se mantendrán mecanismos de monitoreo, qué organismo quedaría a cargo del relevamiento de operaciones ni cómo se garantizaría el control federal sobre un recurso estratégico como la tierra.

A este eje se suma otro punto sensible: la eliminación de la prohibición que impide cambiar el uso productivo de la tierra durante 30 a 60 años tras un incendio, una ley impulsada en su momento por Máximo Kirchner. El oficialismo sostiene que ese plazo “desincentiva la actividad económica” y dificulta la recuperación de áreas afectadas. Para las provincias forestales y con alta biodiversidad, la medida abre interrogantes profundos sobre el incentivo implícito a la especulación y el cambio de uso del suelo.

El paquete vinculado a tierras y recursos naturales no se limita, además, a la apertura del mercado rural. Incorpora un capítulo específico sobre la explotación de recursos estratégicos, especialmente en un escenario de expansión de la minería y de creciente demanda global de minerales críticos. El Consejo de Mayo plantea avanzar hacia un esquema de “libre explotación”, lo que en términos prácticos implica revisar regulaciones provinciales y nacionales que, según el documento, generan distorsiones entre jurisdicciones y encarecen los proyectos.

Misiones: un territorio con memoria

En Misiones, la discusión no es abstracta. Tiene historia, nombres propios y consecuencias visibles. Sonia Melo, subsecretaria de Tierras de la provincia, lo plantea sin rodeos: “Esto, la verdad, es un retroceso. Un retroceso que perjudica literalmente a los productores, a la zona rural. En Misiones siempre estuvo la discusión de si era una provincia latifundista o no. Y no lo es”.

Melo remarca una diferencia estructural que muchas veces se pierde en el debate nacional: “Nosotros tenemos productores con 50 hectáreas, 100 hectáreas. No son productores como en el sur, que tienen miles de hectáreas. Y si a eso le sumás que estás ampliando o permitiendo la extranjerización, va muy en detrimento de la familia rural misionera”.

La funcionaria recuerda que las leyes vigentes no surgieron de la nada, sino de procesos de lucha social: “Las legislaciones que hoy están vigentes son producto de luchas del campesinado, de luchas de la gente por la tenencia, la seguridad y la regularización de la tierra. Permitir esto, abrir el grifo para la extranjerización, no hace más que un retroceso muy importante y muy perjudicial”.

En su relato aparece un concepto central: el arraigo. No como consigna ideológica, sino como política pública concreta. Melo recuerda casos como el de Pozo Azul, donde familias que habían quedado a la deriva tras el quiebre de empresas forestales se asentaron, produjeron y, con intervención del Estado provincial, lograron regularizar su situación: “Hoy tenemos un municipio con familias asentadas, familias productoras bien consolidadas. Eso no fue espontáneo: fue una decisión política”.

Pozo Azul fue un ejemplo de la regularización de la tierra con cientos de familias productoras viviendo en lo profundo de Misiones.

La advertencia es clara: los procesos que hoy se discuten pueden reeditar el mapa social de los noventa. “No sé si esta crisis no es peor que la de los 90. En aquel momento vimos la explosión de municipios como Garupá, Posadas, Eldorado, San Vicente, con familias rurales empujadas a los cascos urbanos. Eso vuelve a estar en juego”.

Datos que incomodan

Los números refuerzan la preocupación. Datos oficiales correspondientes al período 2022–2023 indican que alrededor del 11,07% de las tierras rurales de Misiones están en manos extranjeras, lo que ubica a la provincia como la segunda más extranjerizada del país, solo por detrás de Salta. El dato, además, contempla únicamente tierras registradas, dejando fuera superficies no regularizadas o en proceso de mensura.

El fenómeno no es homogéneo. En Puerto Iguazú, el porcentaje asciende a 38,8%, uno de los niveles más altos del país.

Gran parte de esa tierra está en manos de empresas forestales extranjeras, especialmente vinculadas al sector celulósico. El caso de Alto Paraná, hoy parte del Grupo Arauco (Chile), es emblemático: extensiones masivas de tierra, influencia directa sobre la dinámica económica local.

Florencia Gómez, especialista en tierras, va un paso más allá y pone el foco en el diseño jurídico del proyecto: “A través del Consejo de Mayo, el Gobierno impulsa una reforma legal hecha a la medida de grandes capitales extranjeros, como los de Elon Musk o Joseph Lewis, o de cualquier persona humana o empresa foránea que pretenda adquirir tierras rurales en la Argentina”.

Según Gómez, la reforma implica una derogación encubierta de la Ley 26.737: “En apenas nueve artículos, y bajo el título de ‘inviolabilidad de la propiedad privada’, se vacía de contenido el espíritu original de la ley”.

El cambio central, explica, está en quiénes quedan fuera de la regulación: “Se limita a regular la adquisición por parte de Estados extranjeros. Quedan liberadas de toda limitación las personas humanas extranjeras y las empresas privadas extranjeras, cuando la principal vía histórica de extranjerización es justamente a través de personas jurídicas”.

Las consecuencias potenciales son profundas: “Se elimina la limitación cuantitativa. Podría darse un escenario donde millones de hectáreas pasen a manos extranjeras sin violar formalmente la ley”.

Gómez recuerda el caso de Lago Escondido como antecedente y advierte sobre la posible privatización de accesos a bienes públicos como lagos y ríos. También señala la eliminación del Consejo Interministerial de Tierras Rurales, debilitando el federalismo, y la supresión de salvaguardas jurídicas que podrían exponer al Estado argentino a litigios internacionales.

La iniciativa también suprime la limitación basada en la nacionalidad del comprador. Bajo el nuevo marco, podría darse un escenario extremo, pero legalmente posible, donde un gran número de ciudadanos extranjeros adquiera tierras en pequeñas parcelas, sumando una superficie descomunal. Por ejemplo, un millón de personas extranjeras comprando cien hectáreas cada una implicaría la transferencia de 100 millones de hectáreas, en un país cuya superficie continental ronda los 278 millones. La puerta quedaría abierta para una fragmentación y extranjerización masiva sin freno.

Finalmente, el proyecto elimina el artículo 11 de la ley vigente. Este artículo establecía que, a los fines de los Tratados Bilaterales de Inversión (suscritos mayoritariamente en los años 90), la adquisición de tierras rurales no sería considerada una “inversión” protegida por esos acuerdos, por tratarse de un recurso natural no renovable aportado por el país receptor. Su eliminación podría exponer al Estado argentino a demandas internacionales ante tribunales como el CIADI si intentara regular en el futuro.

Paralelamente, la propuesta crea nuevas excepciones para entidades que presenten un “plan de inversiones en plazos razonables”, comprometiéndose a respetar las leyes locales. Esto contrasta con las excepciones originales de la Ley 26.737, pensadas para casos personales y de arraigo, como extranjeros residentes, cónyuges o padres de hijos argentinos.

Jaime Ledesma, ingeniero forestal y ex subsecretario de Tierras, sintetiza el debate desde una perspectiva estratégica: “La tierra es un recurso natural, finito, estratégico y soberano. No es un simple activo financiero”.

Para Ledesma, la Ley 26.737 fue un avance con amplios consensos y su desarticulación implica una definición política clara sobre el modelo de desarrollo: “Limitar la extranjerización no es un obstáculo a la inversión privada. Es una garantía de soberanía y de desarrollo sostenible”.

Bosques, agua y suelo -advierte- serán los ejes de las grandes tensiones del futuro. “Descuidarlos hoy es hipotecar el mañana”.

La discusión que vuelve no es meramente jurídica ni económica. Es política en el sentido más profundo: define quién controla el territorio, con qué objetivos y a qué costo social. La historia reciente muestra que cuando la tierra se transforma exclusivamente en mercancía, el precio lo pagan los pequeños productores, las economías regionales y el entramado social del interior.

La Argentina ya transitó ese camino. Y las huellas todavía están ahí.

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Cuba busca revivir su industria cinematográfica pese a la crisis

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Escribe Dariel Pradas / Inter Press Service – En medio de la crisis eléctrica de Cuba, con apagones diarios, anticipados o no, transcurre en la capital la edición 46 del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, donde han confluido miles de espectadores, decenas de debates culturales y una vieja aspiración de resucitar la industria cinematográfica de esta nación caribeña.

El 4 de diciembre, una vez restablecido el suministro de energía tras un apagón masivo en la víspera que dejó sin luz el occidente de Cuba, quedó inaugurado el certamen cinematográfico, aunque la generación de electricidad todavía era inestable e insuficiente, en un país con un déficit que sobrepasa la mitad de la demanda.

La dirección del festival, que concluye el domingo 14, destinó generadores eléctricos de respaldo para las principales salas de cine utilizadas en el certamen, pero aun así no ha podido evitar que varios cortes impidieran la proyección de algunas películas, provocando reajustes en la cartelera.

“Si pusieron plantas (generadores), deberían ser más confiables. Al menos, si se quiere ofrecer una buena experiencia, pero ya me he perdido más de dos películas entre los apagones y la rotura del proyector en el cine Acapulco (ocurrió el lunes 8)”, dijo a IPS Mario García, un informático habanero.

No obstante, según Lilian Morales, directora del sector Industria del festival, el mayor desafío económico para concretar en Cuba un festival de cine con adecuados estándares de calidad, no recae tanto en los gastos para soluciones ante la crisis eléctrica o para logística, publicidad u otros –que siguen siendo altos–, sino en mantener operativas las salas de cine.

“Si el festival no tiene una red de (salas de) cines, no sirve de nada. La que tenemos cuesta cara, porque, además, son salas que ya en ninguna parte del mundo existen: demasiado grandes, con una tipología de los años 40 o 50 (y hasta más de 1000 butacas), por lo que los proyectores necesarios son de alta potencia”, dijo a IPS.

En las redes sociales, muchos cubanos critican la ejecución de un evento tan demandante en medio de las finanzas paupérrimas del país, mientras que otros la celebran por el poder de convocatoria, el fomento de la cultura o, simplemente, porque “mata” el aburrimiento.

Otros pocos, en cambio, ven en este festival, fundado en 1979, una oportunidad de conseguir apoyo o financiamiento para completar sus propios filmes inacabados, o encaminar guiones que, de no existir el certamen, quizás quedarían engavetados para siempre.

Realizadores audiovisuales presentan sus proyectos en el Mercado Latinoamericano de Cine (Mecla) Isla, abierta durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana. La reinauguración de Mecla ofrece oportunidades a realizadores cubanos y latinoamericanos de financiar sus películas. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Oportunidades de hacer cine

“Industria del cine en Cuba, no hay. El problema del cine es que es un pensamiento que se codifica a partir de la visualidad y el sonido, y donde intervienen muchas personas y especialidades. Eso lleva su tiempo”, dijo a IPS Yasmany Castro, realizador cubano de 33 años.

Castro fue de quienes presentaron su proyecto –de un documental, en su caso– en el Mercado de Cine Latinoamericano (Mecla) Isla Abierta, entre el 7 y el 11 de diciembre, espacio que el festival retomó en la presente edición tras décadas inactivo, con el objetivo de incentivar el intercambio entre creadores y productoras audiovisuales, algunas de estas, procedentes de Rusia, China, Indonesia, Namibia y otros países.

“La idea es poder tener un espacio propio para poder desde aquí irradiar hacia otros lugares y también atraer otros mercados audiovisuales, no solamente con la intención de comercializar cine, sino de atraer coproducciones a Cuba, y que Cuba vuelva a ser un destino fílmico en la región como ya lo fuimos”, dijo Morales,

La función de Mecla es “totalmente comercial”; y ofrece la posibilidad de realizar negocios entre empresas audiovisuales o incluso que los realizadores atraigan financiamientos para sus proyectos, los cuales podrían ser distribuidos, al concluirse, en mercados extranjeros, agregó la directora de Industria, cuyo departamento gestiona esta iniciativa.

“Queremos recuperar esa alianza entre Cuba y México que existió en la época de oro del cine mexicano. Unir la creatividad entre los países de Latinoamérica, hacer coproducciones, nos beneficia porque nuestras historias serían mejores”, dijo Rigoberto Veloz, director del mexicano Festival Internacional de Cine Tequila, de Jalisco.

Desde finales de la década de 1980 hasta la caída del campo socialista en 1991, Mecla existió con ese mismo nombre y el propósito de “hacer llegar el cine cubano hacia todo el circuito de países” del campo socialista.

En ese contexto, la crisis económica que brotó en Cuba en la década de 1990 deprimió la producción cinematográfica, entonces en manos del Estado.

Después, con el apoyo de estudios y mercados extranjeros, empezaron a proliferar filmes fuera de esa industria estatal, una alternativa que ha ido creciendo y volviéndose inevitable ante el declive de los presupuestos dedicados al cine.

En 2019, cineastas, técnicos y realizadores del séptimo arte en Cuba pudieron alcanzar un estatus legal y obtener licencias de rodaje, poseer cuentas bancarias, aplicar a fondos de financiamientos del exterior, entre otros derechos y responsabilidades, con la publicación del Decreto-Ley 373 del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente.

A esa norma se acogieron miles de creadores y se crearon decenas de productoras audiovisuales privadas, que luchan hoy por subsistir pese a la casi inexistencia en Cuba de fondos públicos de promoción de cine nacional y que las salas de cine, todas de propiedad estatal y con precios bajos topados, no sirven para recaudar en taquilla el coste de un filme.

Según Castro, el centralismo histórico del cine cubano, subvencionado siempre por el Estado –y en ocasiones, censurado–, ha creado un estado de dependencia que, al desplomarse el sistema económico en la isla, también colapsó la industria.

Hoy esa industria desea y debe renovarse y atemperarse a los tiempos actuales, así como a nuevos paradigmas del mercado cinematográfico.

“El cine actualmente no puede resolverse con la cuestión de la taquilla”, se refirió Castro al debate sobre si subir o no el precio de la entrada a las salas de cine para solventar mejor los gastos en la producción.

“Ni aquí, ni afuera”, añadió.

Cartel promocional del Mercado Latinoamericano de Cine, (Mecla) Isla abierta durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana. La conformación de una industria cinematográfica nacional depende también de cómo se inserten los filmes cubanos en mercados internacionales. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

El desafío de una industria cinematográfica nacional

“El problema de la taquilla es que tú tienes que tener un distribuidor primero que mueva por todos los cines la película, que la venda”, dijo a IPS el cubano Luis Tejera, director de Aracne Digital Cinema, empresa española dedicada a posproducción digital y restauración cinematográfica.

Pero llegar a la taquilla en ese país ibérico es bastante complicado, y muchas veces las películas mueren y no se recupera el dinero nunca, además de que las distribuidoras cobran muchísimo por insertarlas en el mercado, agregó Tejera.

En Argentina, por ejemplo, sucede algo muy parecido: es complicado estrenar en las salas de cine, competir con una industria hollywoodense que se traga la taquilla y no hay certeza de que el público asista, dijo a IPS Miranda Ciriano, productora en Boogieman Media, empresa argentina de diseño y comunicación centrada en la industria del entretenimiento.

El éxito en taquilla tampoco es tan determinante como antes. La “ganancia” yace también en vender la película a televisoras o plataformas de streaming (en directo), pero no es tan sencillo. Normalmente, películas de cines nacionales no tan internacionalizados, deben ganarse antes el reconocimiento en festivales del mundillo.

“Lo que produce las películas al estar en festivales, es el famoso prestigio. Eso forma parte inclusive del mundo de la distribución”, dijo a IPS Sofía Riso, coordinadora de La Burbuja Sonido, empresa de posproducción argentina, especializada en arreglos de sonido.

Por su parte, Federico Feuring, agente de ventas de Tauro Digital, otra empresa argentina de posproducción de sonido, planteó a IPS que, para evitar que queden desamparados proyectos cinematográficos nacionales por culpa de las lógicas comerciales, siempre es positivo cierto apoyo del Estado, pero tampoco una intervención total.

Es una lógica que ha desaparecido en Argentina con el gobierno del ultraderechista Javier Milei, quien eliminó muchos subsidios para el fomento del cine, y que ha limitado la diversidad de autores y visiones en el cine de esa nación suramericana, según coincidieron los entrevistados de ese país.

Ellos, junto a Tejera, son cuatro de los seis miembros del jurado de los premios de posproducción del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, cuyas empresas, sumando a la mexicana Estudios Churubusco, patrocinan con un total de más de 60 000 dólares, capitalizados mediante la edición de imagen, sonido, marketing y otros servicios de posproducción.

La experiencia de países como Argentina y España, con industrias cinematográficas mucho más consolidadas, todavía parece lejana de la realidad cubana, que tiene redes de distribución irrentables en el territorio nacional, y sin casi acceso a plataformas internacionales.

Sin embargo, según Tejera, el mayor problema de la producción de cine en Cuba es, meramente, la financiación.

“El cine pasa a un segundo plano. Si no hay luz u otras cosas básicas, ¿crees que con un país así se va a invertir en cine? ¿Si tiene otros problemas gigantescos que tiene que solucionar?”, opinó.

Pero que no se incentive la producción y el consumo de cine cubano no solo es un golpe a la cultura del país, sino también es renunciar a una industria que puede ofrecer entretenimiento, empleos y, por qué no, grandes ingresos.

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Con otra caída en septiembre, Misiones tiene el menor volumen de empleo privado de los últimos 55 meses

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La merma de los puestos de trabajo en el sector privado formal no se detiene y Misiones volvió a registrar una caída durante septiembre. La baja fue del -1,2%, la más alta del país junto con Tierra del Fuego, y provocó la pérdida de unos 1.203 empleos en la provincia en comparación con agosto.

En el mes analizado, Misiones contabilizó 100.395 trabajadores en el sector privado formal en la serie desestacionalizada. Se trata del menor volumen de empleo de los últimos 55 meses y deja a la provincia al borde de perforar el piso de los 100 mil puestos de trabajo, algo que no ocurre desde febrero de 2021, cuando aún se transitaba la recuperación posterior a la pandemia.

La comparación interanual también arroja un resultado negativo. Frente a septiembre de 2024, el empleo formal privado en Misiones cayó 2,9%, lo que equivale a 3.072 puestos menos, ubicando a la provincia como la quinta con mayor contracción del país.

Si el análisis se extiende al período de la gestión de Javier Milei, el deterioro resulta aún más marcado. Entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025, Misiones perdió 8.407 empleos formales privados, una baja acumulada del 7,7%, que constituye la quinta más pronunciada a nivel nacional.

En el plano regional, las cuatro provincias del NEA mostraron retrocesos en el empleo. En ese contexto, Misiones encabezó la caída, seguida por Corrientes (-1,0%), Formosa (-0,5%) y Chaco (-0,4%).

A nivel nacional, el empleo privado formal registró una baja mensual desestacionalizada del -0,2%, la cuarta consecutiva, con una pérdida de 10.606 puestos en septiembre. En lo que va de la era Milei, la contracción acumulada alcanza el 2,4%, lo que implica la desaparición de 154.382 empleos en todo el país.

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Moderada recuperación del empleo en América Latina

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Inter Press Service – América Latina y el Caribe experimenta una recuperación moderada del empleo, según el más reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que a la vez advierte sobre la persistencia de la informalidad y la desigualdad.

Según el “Panorama Laboral 2025 de América Latina y el Caribe”, en la primera mitad del año la tasa de participación laboral promedio en la región fue de 63 %, la de ocupación alcanzó casi 60 %, y la de desocupación sigue descendiendo y se ubicó en seis por ciento, una de las más bajas de los últimos 15 años.

Esto significa que la cantidad de personas que están activamente trabajando o buscando empleo se mantiene estable, en relación con el año anterior, y que una mayor proporción ha logrado insertarse en el mercado laboral.

La fuerza laboral de la región se cifra en aproximadamente 350 millones de personas, según la Comisión Económica de para América Latina y el Caribe (Cepal).

En ella, la tasa de participación expresa el porcentaje de la población en edad de trabajar que está activa en el mercado laboral, es decir, que está empleada o buscando activamente empleo, mostrando la oferta de mano de obra disponible.

La tasa de ocupación laboral es el porcentaje de personas en edad de trabajar que tienen un empleo, y la de desocupación el de las personas que no tienen empleo, pero están disponibles y buscando activamente uno.

La OIT señala, en paralelo, que la informalidad, aunque se redujo ligeramente en el primer semestre de 2025 (46,7 %), sigue siendo uno de los rasgos más persistentes en la región, alcanzando a casi una de cada dos personas ocupadas.

Pero “la región no puede conformarse con cifras que parecen positivas en promedio”, advirtió la directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe, Ana Virginia Moreira Gomes.

“Necesitamos políticas activas que promuevan el trabajo decente, con igualdad y protección”, dijo Moreira Gomes, y apuntó que “la OIT sigue comprometida con acompañar a los países en este camino, en un mundo laboral que cambia rápidamente”.

Los desafíos para mujeres y jóvenes también persisten en la región. Pese a que el desempeño de las mujeres en el mercado laboral ha sido más positivo que el de los hombres en los últimos años, este avance sigue siendo insuficiente.

Los hombres, con 75 %, tienen una tasa de participación 22 puntos porcentuales mayor a la de las mujeres (53 %), al igual que en la tasa de ocupación (71 y 49 %, respectivamente). La desocupación en las mujeres supera en dos puntos porcentuales la de los hombres.

Las personas jóvenes (15 a 24 años) registran una tasa de desocupación casi tres veces la de los adultos. La incidencia de la informalidad entre jóvenes (56 %) es mayor que entre adultos (43 %).

Recuerda el informe de la OIT que “detrás de estos porcentajes hay millones de historias reales. Cada punto en los indicadores laborales representa a personas que trabajan, buscan empleo o quedan al margen del mercado laboral”.

“El acceso a un empleo decente no solo determina ingresos: impacta en la salud, la educación, el bienestar y las posibilidades de desarrollo de toda la población”, subraya el documento.

El informe también destaca marcadas disparidades entre países. Por ejemplo, la tasa de desocupación supera el promedio regional en Colombia (aunque descendió de 11,1 a 9,7 % entre 2024 y 2025), al igual que en Argentina, Costa Rica, Chile y Uruguay, dentro de una decena de países seleccionados para el estudio.

Las mujeres y las personas jóvenes siguen siendo las más afectadas por la informalidad, el desempleo y el trabajo precario.

El informe también analiza cómo está cambiando el mundo del trabajo, con especial atención al trabajo en plataformas digitales. Uno de los hallazgos muestra que, entre quienes trabajan en estas plataformas, a mayor nivel educativo corresponden mayores ingresos.

“El empleo se está transformando: aunque hay avances en los indicadores generales, hay que mirar debajo de la superficie. Los datos muestran grandes disparidades entre países y grupos”, apuntó el economista Gerson Martínez, autor principal del informe.

El Panorama se produce poco después de la 20.ª Reunión Regional Americana de la OIT, celebrada en octubre de 2025, en la cual las autoridades de la región reafirmaron -a través de la Declaración de Punta Cana- su compromiso con el trabajo decente, la formalización y la reducción de desigualdades estructurales.

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El próximo secretario general de la ONU gustará a EEUU o será vetado

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Escribe Thalif Deen / Inter Press Service – Cuando en los años 80 se extendió el rumor de que un subsecretario general de la ONU, formado en dos prestigiosas universidades, Oxford y Cambridge, tenía intención de presentarse al puesto de secretario general, el implicado lo desechó de inmediato a IPS.

«No creo que nadie en su sano juicio quiera ese puesto», sentenció.

Un comentario que sirve de anticipo al desastre que se avecina en la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

El próximo año y en medio de una aguda crisis financiera, la ONU deberá buscar -y encontrar- un nuevo secretario general, que asumirá el cargo a partir de enero de 2027.

El actual secretario general, António Guterres, se enfrenta a la difícil tarea de luchar por la supervivencia de la ONU, con una Casa Blanca abiertamente hostil, que obliga al organismo mundial a reducir drásticamente su personal, recortar la financiación y trasladar varias agencias fuera de Nueva York, su sede desde su creación en 1945.

En resumen: el próximo secretario general heredará una ONU prácticamente devastada.

En su discurso ante la Asamblea General en septiembre, el presidente estadounidense, Donald Trump, comentó: «¿Cuál es el propósito de las Naciones Unidas? Ni siquiera se acerca a alcanzar [su] potencial».

Para avalar su consideración de que la ONU es una organización obsoleta e ineficaz, se jactó: «Puse fin a siete guerras, traté con los líderes de todos y cada uno de estos países, y nunca recibí una llamada de las Naciones Unidas ofreciéndome ayuda para cerrar el acuerdo».

Sea quien sea el elegido, el nuevo jefe de la ONU tendrá que cumplir fielmente las reglas básicas de la administración Trump, abandonando prácticamente lo que representa la ONU, incluida la igualdad racial y el empoderamiento de género.

«Las políticas de diversidad, equidad e inclusión que se adoptaron para abordar las injusticias históricas y estructurales están siendo vilipendiadas como injustas», critica Volker Türk, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

En su libro de 345 páginas titulado «Unvanquished: A US-UN Saga (Invicto: una saga entre Estados Unidos y la ONU)», publicado en 1999, el ex secretario general Boutros Boutros-Ghali (1992-1996),  señala que Washington lo acusó de ser «demasiado independiente» de Estados Unidos, pero que al final hizo todo lo que estuvo en su mano para complacer a los estadounidenses.

Pese a ello, cuando se presentó a la reelección, Estados Unidos, que predica el concepto occidental de la regla de la mayoría, ejerció su veto a pesar de que Boutros-Ghali recibió 14 de los 15 votos del Consejo de Seguridad, incluidos los votos de sus otros cuatro miembros permanentes (China, Francia, Reino Unido y Rusia), el llamado P5.

En una circunstancia así, la tradición dictaría que Estados Unidos, el único en desacuerdo, se abstuviera en la votación y respetara los deseos de la abrumadora mayoría del Consejo de Seguridad. Pero Washington no lo hizo.

A diferencia de la mayoría de sus predecesores y sucesores, el egipcio Boutros-Ghali se negó a seguir ciegamente el juego a Estados Unidos, a pesar de que en ocasiones cedió a la presión estadounidense en un momento en que Washington se había ganado la mala fama de intentar manipular al organismo mundial para proteger sus propios intereses nacionales.

Jesselina Rana, asesora de la ONU en el Centro en Nueva York de Civicus, la alianza mundial de organizaciones de la sociedad civil,  dijo a IPS que ciertos Estados miembros incumplen abiertamente las normas internacionales fundamentales y se utiliza el veto para socavar los principios mismos sobre los que se fundó la ONU.

Con ese contexto, «¿serán suficientes las reformas estructurales para restablecer la confianza en la institución?», inquirió.

También se preguntó si la Iniciativa ONU80, lanzada por Guterres en marzo, con el objetivo de reconstruir la confianza en el multilateralismo, puede hacerlo cuando ha resultado un proceso opaco y que ha carecido de una participación significativa de la sociedad civil.

«Un proceso de selección del secretario general responsable y transparente requiere un apoyo más firme y explícito de los Estados miembros», dijo Rana.

A su juicio, un proceso abierto e inclusivo con la sociedad civil y basado en el liderazgo feminista reforzará la capacidad de la ONU para navegar por las difíciles condiciones geopolíticas actuales y ayudará a restablecer la confianza en el multilateralismo, argumentó.

Rana remarca que después de 80 años de liderazgo masculino, el próximo secretario general debería ser una mujer con una trayectoria demostrada en materia de igualdad de género, derechos humanos, paz, desarrollo sostenible y multilateralismo.

Felix Dodds, profesor adjunto del Instituto del Agua de la estadounidense Universidad de Carolina del Norte y miembro asociado del Instituto Tellus de Boston, que ha escrito extensamente sobre la ONU, dijo a IPS que el organismo está atravesando tiempos difíciles, probablemente los más difíciles desde la Guerra Fría.

A su juicio, quizá no sea mala idea trasladar algunas agencias de la ONU. Citó como ejemplo el caso del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), que ya lo hizo en gran medida cuando tuvo como administradora a Helen Clark (2009-2017).

Para el académico, estar más cerca de las personas a las que se ayuda, quizá sea una cuestión de reducción de costes, pero también puede ser algo que se debería haber considerado antes.

«Pero el nuevo secretario general tendrá que ser alguien que Trump apruebe, ya que él tiene derecho de veto», señaló.

Dodds señaló que «la única opción realista» entre los candidatos que se mencionan es la actual secretaria general de ONU Comercio y Desarrollo (Unctad), la costarricense Rebeca Grynspan.

«Ha demostrado ser una buena funcionaria y ha dirigido bien la Unctad, al igual que lo hizo con Costa Rica cuando era vicepresidenta», dijo.

Pero reconoció que «es posible que volvamos a considerar a un hombre.

Es evidente que el nuevo secretario general que asuma el cargo el primer día de 2027 tendrá ante sí una tarea abrumadora. Sea quien sea, tendrá que hacer concesiones al P5 sobre el tamaño y el alcance de la ONU.

Y los recortes actuales de presupuesto y personal pueden ser solo los primeros de una serie.

«El resultado puede ser una ONU con un mandato más claro sobre lo que va a hacer. Por supuesto, las partes interesadas deben defender a la ONU como un organismo fundamental para los asuntos multilaterales, PERO al mismo tiempo deben proponer reformas que sean sencillas y refuercen el ámbito en el que trabajan», analizó Dodds.

En la nueva etapa, a su juicio, habrá que ser realistas en los ámbitos que se reforman para que sean aquellos que las partes interesadas y los gobiernos pueden trabajar juntos.

En última instancia, dijo, «la fuerza motriz debería ser una ONU más eficaz que cumpla con su cometido sobre el terreno». «¿Lo consiguen las propuestas de reforma?», se preguntó.

«La organización siempre ha trabajado en un mundo de presiones políticas. Estoy de acuerdo en que el organismo debe ser un lugar para el diálogo y la protección de los más vulnerables. ONU80 ofrece una oportunidad para el diálogo sobre propuestas realistas. La pregunta es: ¿cuáles son en las diferentes áreas?», concluyó Dodds.

Stephen Zunes, profesor de Política y Estudios Internacionales en la estadounidense Universidad de San Francisco, donde es coordinador del programa de Estudios sobre Medio Oriente, explicó a IPS que, tras las guerras napoleónicas, el Consejo de Europa mantuvo en gran medida la paz hasta que las potencias centrales decidieron que ya no les convenía.

El resultado, recordó, fue la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

La Sociedad de Naciones estableció entonces un marco para mantener la paz hasta que las potencias del Eje decidieron que ya no les convenía. El resultado fue la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), afirmó.

«Ahora nos encontramos en una encrucijada similar, en la que el sistema de las Naciones Unidas se ve desafiado tanto por Rusia como por Estados Unidos, que, como han demostrado las invasiones de Iraq y Ucrania, ya no se sienten limitados por la prohibición de la guerra de agresión», analizó.

Para Zunes, «los ataques más recientes de Estados Unidos contra la ONU son especialmente perjudiciales, dada la importancia de las contribuciones financieras de Estados Unidos para el funcionamiento de la ONU y la capacidad de Washington en las últimas semanas para impulsar resoluciones en el Consejo de Seguridad de la ONU que aparentemente legitiman las ocupaciones militares ilegales de Israel y Marruecos sobre sus vecinos».

Los miembros de la ONU deben estar dispuestos a arriesgarse a la ira de la administración Trump defendiendo la Carta de las Naciones Unidas y los principios básicos del derecho internacional, afirmó.

«Está en juego nada menos que el futuro del organismo mundial y la paz y la seguridad internacionales», subrayó Zunes.

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