Día: 28 enero, 2026

Microconstrucciones en madera: cómo sumar metros sin grandes obras

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Si bien la madera también se utiliza en proyectos de gran escala -como viviendas de alta gama y edificios-, en este caso el foco está puesto en las microconstrucciones y ampliaciones, donde su versatilidad, rapidez y eficiencia permiten resolver refacciones y obras pequeñas sin grandes intervenciones.


Frente al encarecimiento de la construcción tradicional y a la dificultad de acceder a una vivienda más grande, cada vez más familias optan por microconstrucciones en madera para sumar metros cuadrados sin afrontar obras largas, costosas ni invasivas. Estudios de trabajo, oficinas de jardín, cuartos adicionales, quinchos o pequeños módulos habitacionales se multiplican como respuesta concreta a una demanda creciente.

Estas soluciones, construidas mayoritariamente bajo sistemas de obra seca, permiten ampliar una vivienda existente en plazos significativamente más cortos, con menor generación de residuos y mayor previsibilidad de costos. La madera, además, aporta confort térmico, eficiencia energética y un entorno interior saludable, cualidades cada vez más valoradas por quienes buscan mejorar su calidad de vida.

“Las microconstrucciones en madera no son una moda pasajera, sino una respuesta eficiente a un contexto económico y social que exige soluciones más rápidas, flexibles y sustentables”, señalan desde CADAMDA, la Cámara de la Madera. “Hacia 2026, esta tendencia seguirá creciendo de la mano de la industrialización de la construcción y de una mayor profesionalización del sector”.

En este escenario, el sistema wood frame se posiciona como una de las alternativas más utilizadas para este tipo de proyectos, por su rapidez de montaje, precisión y excelente desempeño estructural y térmico. A su vez, a nivel global, el avance de tecnologías como el mass timber y la prefabricación industrial anticipan una evolución del modelo constructivo en madera, con mayor escala, calidad y eficiencia.

Además de sus ventajas constructivas, la madera es un material renovable que contribuye a la reducción de la huella de carbono del sector, alineándose con las nuevas demandas ambientales y con una mirada de largo plazo sobre cómo construir mejor, con menos recursos.

Desde CADAMDA destacan que el crecimiento de las microconstrucciones en madera también plantea desafíos y oportunidades: formación técnica, normas de calidad, desarrollo industrial y mayor difusión de los beneficios de construir con madera en contextos urbanos y residenciales.

“Sumar metros sin grandes obras hoy es posible, y la madera tiene un rol clave en ese camino”, concluyen desde la entidad.

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La importación de carne porcina creció 165% y pone en jaque a un sector clave del agro

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La economía argentina inició 2026 con una tensión creciente entre la producción agroindustrial local y el avance de la mercadería importada. En ese contexto, la cadena porcina enfrenta uno de sus momentos más delicados: las importaciones de carne de cerdo crecieron un 165% interanual, un salto que amenaza con quebrar el equilibrio de un sector que había logrado consolidarse como uno de los más dinámicos del agro.

El problema no es únicamente coyuntural. A la presión de costos internos —que crecen muy por encima de los precios de venta— se suma un ingreso masivo de producto extranjero, principalmente desde Brasil, que fija un techo artificial en el mercado doméstico y erosiona la rentabilidad de las granjas locales.

Un golpe que también alcanza a Misiones

El impacto no se limita a las grandes provincias productoras del centro del país. Misiones, que participa del entramado porcino a través de la COFRA (Cooperativa Frigorífica de Leandro N. Alem), también se ve afectada por este escenario. La cooperativa misionera integra producción primaria, faena y agregado de valor, y depende de un mercado interno estable para sostener empleo, inversiones y encadenamientos regionales.

La pérdida de competitividad del cerdo nacional pone en riesgo ese esquema federal, donde la producción porcina cumple un rol estratégico para la diversificación agroindustrial y la generación de trabajo en economías regionales.

Durante 2025, la Argentina importó 53.000 toneladas de carne porcina, en su mayoría provenientes de Brasil. El salto es significativo: son 33.000 toneladas más que en 2024 y más del doble del promedio histórico de 24.000 toneladas anuales que se mantenía relativamente estable desde 2012.

Para los productores, este aluvión importador llega en el peor momento posible, cuando los márgenes ya están severamente comprometidos por la suba de insumos y la presión fiscal.

El “efecto tijera”: costos récord y precios atrasados

Desde la Federación Porcina Argentina advierten que el sector atraviesa un clásico “efecto tijera”. En el primer tramo de 2026, el precio del cerdo en pie subió apenas 12% interanual, mientras que la inflación acumuló 31,5%.

En paralelo, los principales costos del negocio se dispararon:

  • Maíz: +40%
  • Soja: +70%
  • Tipo de cambio oficial: +40%

Históricamente, el precio interno encontraba su límite en la capacidad de consumo local. Hoy, ese límite lo impone la carne importada, configurando —según el sector— una competencia desigual que desarticula la formación de precios.

La bondiola, de motor de rentabilidad a señal de alarma

Un punto crítico es la bondiola, tradicionalmente el corte que equilibraba la ecuación económica del cerdo. De acuerdo con análisis sectoriales, este producto permitía compensar el bajo valor de otros cortes y sostener la rentabilidad de la media res.

Ese esquema se quebró. Actualmente, la bondiola importada representa cerca del 50% del volumen comercializado en el país. Además, productores denuncian que parte de esa mercadería ingresa congelada desde Brasil y luego es descongelada para venderse como “fresca” en góndola, presionando aún más los precios locales.

Mientras los importadores obtienen márgenes elevados por contenedor, el productor nacional enfrenta dificultades para rotar stock sin recurrir a promociones que terminan de licuar la rentabilidad.

Desde la Federación Porcina insisten en que la salida no pasa por subsidios, sino por corregir distorsiones estructurales. Entre los reclamos centrales figuran:

  • La puesta en vigencia del Protocolo con China, pendiente desde hace más de dos años, que permitiría exportar subproductos (patitas, cabezas, menudencias) con alto valor en Asia y hoy considerados descarte en el mercado local.
  • La derogación de la resolución de 2011 que autoriza la Ractopamina, un promotor de crecimiento prohibido de hecho en la producción argentina, pero que facilita el ingreso de carne importada producida con ese aditivo.

Ambas medidas permitirían valorizar el animal completo, mejorar la competitividad y generar divisas genuinas.

El contexto actual también impacta en las decisiones de inversión. Los productores acumulan saldos técnicos de IVA de inversiones que no pueden recuperar, enfrentan un acceso limitado al crédito y operan con reglas que cambian con frecuencia.

La producción porcina requiere horizontes de 5 a 10 años para amortizar instalaciones de alta tecnología. Hoy, esa previsibilidad está ausente, incluso en proyectos cooperativos y regionales como los que se desarrollan en Misiones.

El diagnóstico del sector es claro: la cadena porcina argentina es eficiente y moderna, pero está siendo asfixiada por una apertura comercial desordenada, que prioriza el negocio financiero del importador por sobre el desarrollo productivo federal y el agregado de valor en origen.

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Las recetas virales de TikTok que también pueden salvar el planeta

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En los últimos años, TikTok ha convertido recetas en fenómenos virales. La baked feta pasta, el salmon rice bowl de Emily Mariko o los panes caseros hechos en sartén han acumulado millones de visualizaciones. Más allá del entretenimiento, estos vídeos breves han puesto el foco en gestos cotidianos, conectándolos con algo más profundo: cocinar de forma consciente en un mundo marcado por el consumo acelerado y las soluciones inmediatas.

Una receta viral no es solo contenido efímero. Cada ingrediente, cada técnica y cada decisión en la cocina tiene un impacto en la forma en que consumimos energía, gestionamos recursos y entendemos nuestra relación con el entorno. En este contexto, la gastronomía se convierte en una puerta de entrada accesible a la sostenibilidad y a la transición energética, mientras TikTok actúa como altavoz de prácticas que empiezan en casa y dialogan con desafíos globales.

Cocinar también es una decisión energética

Cuando se habla de transición energética, solemos pensar en paneles solares, aerogeneradores o grandes infraestructuras, sin embargo, el sector energético también atraviesa la cocina. En una vivienda es posible reducir el consumo eléctrico eligiendo electrodomésticos eficientes o planificando su uso en las horas más baratas de luz, pero existen otros gestos igual de relevantes y mucho más accesibles:

  • Planificar un menú semanal evita desperdicios y reduce compras impulsivas.
  • Si la superficie lo permite, crear un pequeño huerto en casa disminuye la dependencia de cadenas de suministro largas y energéticamente costosas.
  • Aprender a hacer conservas o tener un sistema de compostaje frena el desperdicio de alimentos y convierte restos orgánicos en fertilizante para las plantas.

Estas prácticas tienen una gran ventaja: acercan la sostenibilidad y la transición energética a la vida diaria, sin necesidad de grandes inversiones ni conocimientos técnicos.

Gastronomía y energía a gran escala

En distintos lugares del mundo ya existen proyectos que entienden la alimentación como punto de partida para una transición energética más justa y humana. Estas iniciativas no solo reducen la huella de carbono, sino que también evidencian problemáticas sociales y culturales como el acceso a la energía y su coste (por ejemplo, el precio del gas natural, que influye directamente en la producción y preparación de alimentos), factores que condicionan los modelos actuales de consumo.

  • World Central Kitchen (WCK) La ONG del chef español José Andrés, combina la preparación de alimentos para causas sociales con sistemas energéticos sostenibles. Su labor demuestra que cocinar puede además de alimentar, generar impacto ambiental positivo y salvar vidas. Desde zonas de guerra hasta catástrofes naturales, su premisa es clara: nadie debería morir de hambre.
  • Arca Tierra, en México, impulsa huertos comunitarios basados en la tradición de las milpas. El proyecto prioriza la cultura culinaria y agrícola local, ofreciendo una alternativa de abastecimiento frente a la demanda masiva y los modelos industriales intensivos en energía.

La dicotomía entre querer y poder ser sostenibles

A pesar del creciente interés por hábitos sostenibles y la constante presencia del discurso ecológico, existe una brecha evidente entre la intención y la posibilidad real de aplicarlos. Muchas personas no pueden adoptar estas prácticas por razones económicas, falta de infraestructura o acceso limitado a tecnologías verdes. 

Esta fragilidad del sistema se hace especialmente visible en situaciones cotidianas como por ejemplo, en los cortes de luz, que evidencian la dependencia de redes poco resilientes y la dificultad de avanzar hacia modelos más sostenibles y accesibles para todos.

  • Paneles solares, cocinas inteligentes o alimentos ecológicos, siguen fuera del alcance de numerosos hogares.
  • La vida moderna, basada en cadenas de consumo rápidas y globalizadas, dificulta integrar hábitos sostenibles en la rutina diaria. Cuando se proponen alternativas, a menudo resultan caras.
  • La desigualdad en infraestructuras limita el acceso a energía limpia, transporte eficiente o mercados locales de alimentos frescos.

Las políticas públicas, aunque bienintencionadas, suelen verse frenadas por la burocracia, generando un desfase entre discurso y acción. El resultado es claro: muchas personas quieren ser sostenibles, pero el sistema limita sus opciones.

Proyectos que apuntan al futuro energético

Cuando los cambios individuales no son suficientes o no están al alcance de todos, la transición energética necesita apoyarse en proyectos colectivos que unan alimentación, energía y justicia social. En distintos puntos del mundo, estas iniciativas demuestran que avanzar hacia modelos más sostenibles también implica garantizar el acceso a los recursos básicos, incluso en contextos extremos o de alta vulnerabilidad.

  • La Bóveda Global de Semillas de Svalbard en Noruega, protege millones de semillas y asegura la diversidad alimentaria frente a desastres climáticos o conflictos futuros.
  • La empresa Avangrid, en Estados Unidos, utiliza cabras y ovejas para controlar la vegetación en parques solares y líneas eléctricas, reduciendo emisiones y mantenimiento mecánico mientras fertilizan y cuidan el suelo.
  • Los huertos solares en Alaska combinan energías renovables con producción local de alimentos en climas extremos, demostrando que la innovación puede adaptarse a cualquier territorio.

Estos proyectos demuestran que la sostenibilidad y la transición energética no son conceptos abstractos reservados a grandes cumbres internacionales, sino procesos que se construyen desde lo cotidiano hasta lo estructural. Desde una receta replicada en casa hasta iniciativas colectivas que garantizan el acceso a recursos básicos, la forma en que producimos y consumimos alimentos está estrechamente ligada a cómo entendemos la energía y su uso responsable.

En un mundo acelerado y desigual, cocinar deja de ser solo un gesto doméstico para convertirse en un punto de partida, pequeño pero significativo, de un cambio más amplio que conecta hábitos individuales, inversión colectiva y justicia energética.

Fuente: papernest.es

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El Gobierno Nacional eliminó el uso del libro de movimientos de carne que existía desde 1982

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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación eliminó, a través de la Resolución 40/2026, el histórico libro de movimientos de carne, un registro físico y manuscrito que durante más de 40 años obligó a todas las plantas frigoríficas del país a completar, día por día, el ingreso, la salida y el stock de carne del establecimiento.

En 2026, toda esa información —que se asienta en un libro gigante y de uso obligatorio— quedará integrada automáticamente dentro del Sistema Integral de Faena (SIF/SIGICA), sin la necesidad de duplicar tareas.

Esta actualización responde a un pedido histórico del sector y trae beneficios concretos para la actividad. Por un lado, reduce de forma drástica la carga administrativa: muchas plantas necesitaban destinar personal exclusivamente a completar el libro todos los días. Por otro, elimina un costo innecesario, ya que los libros físicos eran caros y debían renovarse periódicamente.

Pero, sobre todo, permite que la información esté ordenada, sistematizada y en un solo lugar, mejorando la calidad de los datos y simplificando la gestión interna de los establecimientos.

La medida se enmarca en el proceso de modernización normativa impulsado por el Gobierno Nacional y prepara a toda la cadena para la incorporación de nuevas herramientas y sistemas que permitan seguir mejorando la competitividad del sector.

Normativas que se derogan a través de la presente medida:

●             Resoluciones de la ex Junta Nacional de Carnes (JNC) Nros. 127/73, 455/73, 936/81 y 152/83.

●             Resolución N° 400/01 de la ex Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación.

●             Disposición N° 1988/05 y Resoluciones Nros. 4/08 y 43/08 de la ex ONCCA.

●             Resolución N° 586/15 del entonces Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca.

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El mayor reto de la comunicación no es la tecnología, es el talento

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La comunicación estratégica no está fallando por falta de ideas ni por ausencia de tecnología. Está fallando cuando las organizaciones intentan interpretar un entorno radicalmente nuevo sin haber desarrollado las habilidades humanas necesarias para hacerlo. En 2026, el verdadero cuello de botella no está en las plataformas ni en los mensajes, sino en las personas que deben leer la cultura, procesar datos y tomar decisiones en tiempo real. Las empresas no adquieren esas capacidades por decreto: las adquieren cuando invierten de forma consistente en el desarrollo de su talento

El mayor error hoy es creer que la comunicación falla por falta de ideas, cuando en realidad falla por falta de habilidades actualizadas. Equipos que no aprenden al ritmo de la cultura y la tecnología quedan rápidamente fuera de la conversación, aunque tengan talento y experiencia”, explica Carla Mucharraz, Directora de Talento Humano de another para México, LATAM y Estados Unidos

Durante años, el desarrollo profesional se estructuró alrededor de roles fijos y trayectorias predecibles. La especialización profunda funcionaba en contextos estables, pero empieza a mostrar límites en un entorno donde la inteligencia artificial, los datos y las dinámicas culturales evolucionan de manera simultánea. Hoy, quienes trabajan en comunicación necesitan combinar criterio cultural, comprensión tecnológica y capacidad analítica, habilidades que no se improvisan y que requieren aprendizaje continuo

Este cambio tiene un respaldo estructural. El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial señala que una proporción significativa de las habilidades laborales actuales se transformará en los próximos años, impulsada por la adopción acelerada de tecnologías como la inteligencia artificial. La empleabilidad y la vigencia profesional ya no dependen únicamente del rol que se ocupa, sino de la capacidad de las personas para actualizar y ampliar sus habilidades a lo largo del tiempo, algo que solo es posible cuando las organizaciones crean las condiciones para hacerlo. 

Bajo este panorama, los modelos de talento basados enupskilling y reskilling dejan de ser iniciativas de capacitación para convertirse en decisiones estratégicas. No se trata únicamente de formar perfiles más técnicos, sino de habilitar a las personas para moverse entre disciplinas, aprender nuevas herramientas y adaptarse a escenarios cambiantes. Como plantea el estudio We’re all techies now: Digital skill building for the future, la alfabetización digital y la capacidad de aprender de forma continua se han vuelto transversales, incluso en funciones que históricamente no eran consideradas tecnológicas. 

La presión no viene solo desde dentro de las organizaciones. En 2026, las audiencias son más exigentes, menos pacientes y más conscientes del valor de su tiempo. De acuerdo con losinsights de Google sobre tendencias digitales, la inteligencia artificial está transformando la forma en que las personas buscan, exploran y toman decisiones, priorizando experiencias claras, útiles y fáciles de comprender. Para los equipos de comunicación, esto implica traducir complejidad en soluciones relevantes, una tarea que exige habilidades humanas bien desarrolladas, no solo herramientas avanzadas. ​ 

Aquí es donde Talento Humano adquiere un rol decisivo. Las empresas pueden invertir en tecnología, procesos o estructuras, pero es el desarrollo de las personas lo que convierte esa inversión en valor estratégico. Equipos con habilidades actualizadas permiten anticipar escenarios, leer señales culturales con mayor precisión y tomar decisiones con más velocidad y claridad. En la práctica, fortalecer al talento humano se refleja en una comunicación más oportuna, menos reactiva y con menor margen de error en un contexto marcado por la aceleración tecnológica, la fragmentación de audiencias y la presión constante por responder en tiempo real. 

Las organizaciones que entienden el upskilling y el reskilling como una inversión sostenida en sus personas logran algo más que eficiencia: construyen equipos capaces de adelantarse, no solo de contener. Cuando el talento humano crece, la comunicación deja de ser reactiva y se vuelve verdaderamente estratégica”, concluye la experta de another, agencia independiente con importante presencia en LATAM. 

En 2026, no desarrollar habilidades tiene consecuencias claras: profesionales desactualizados, equipos que reaccionan tarde y decisiones estratégicas tomadas sin contexto suficiente. La pregunta de fondo ya no es si una organización está invirtiendo en tecnología o procesos, sino si está invirtiendo lo suficiente en las personas que deben convertir esa inversión en valor real

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