Día: 12 febrero, 2026

Canasta Básica: la suba del 4,3% de enero hizo que el Salario Mínimo alcance solo para 18,2 días

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La Fundación COLSECOR presentó el informe de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que contempla precios registrados en 29 localidades medianas y pequeñas de 6 provincias del interior del país.

De este trabajo, cuya frecuencia es mensual, se desprende que en enero de 2026 un adulto necesitó $181.767 para cubrir sus necesidades básicas alimentarias. Ese valor determina la línea de indigencia. La suba intermensual fue del 4,3%, cifra que también representa el incremento acumulado en el año. En tanto, el interanual (enero 2025 – enero 2026) se ubicó en 32,6%.

El proyecto es realizado junto a Cooperativas de Servicios Públicos, y los resultados indicaron que para una familia tipo (cuatro integrantes) la Canasta Básica fue de $561.659, mientras que en el caso de un núcleo familiar integrado por dos y tres personas, los valores ascendieron a $272.650 y $447.146 respectivamente. Para hogares conformados por cinco integrantes, el total ascendió a $590.741.

Al analizar el informe, el economista Gerardo Sánchez, asesor de la Fundación Colsecor, señaló que “con el aumento intermensual del 4,3% de enero, se registra por tercer mes consecutivo subas por encima del 4%, lo que ratifica la dificultad en el proceso de desinflación de alimentos que se había empezado a observar a fines del año pasado”

Sobre esta suba, Sanchez detalló: “A diferencia de los dos meses anteriores, el aumento fue más generalizado entre los productos.   Durante noviembre y diciembre la carne vacuna explicó la mayor proporción del aumento, un 70% y 66%, respectivamente. Mientras que en enero esto fue del 40%, ya que se sumaron registros de fuertes subas en otros bloques. Entre estos estuvieron, por orden de impacto, “frutas y verduras” (sobre todo en manzanas, peras y papa), “pan y harinas” (en el que se destacan por su aumento la harina y los fideos), los “lácteos” (en particular la leche) y el pollo que aumentó casi un 15% intermensual, explicado por la suba de la carne vacuna, al ser uno de los principales sustitutos”.

Relación entre la CBA y el Salario Mínimo, Vital y Móvil

El informe incorpora también la evolución de la relación entre la Canasta Básica Alimentaria y el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM). En enero, con un salario mínimo de $341.000, el ingreso alcanzó para cubrir solo 18,2 días de alimentación básica de un hogar tipo. De este modo, se observa que el SMVM continúa sin cubrir el mes completo de alimentación básica.

Comparación con otras mediciones del país

El informe que presenta mensualmente la Fundación Colsecor compara también los resultados con otras mediciones de la Canasta Básica que se realizan en nuestro país. Esta se efectúa al mes anterior, para contar con los datos de los otros registros al momento de efectuar este informe.
De esta forma, en enero, la Canasta Básica presentada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) para un adulto equivalente fue de $261.125, mientras que en el Gran Buenos Aires (INDEC) alcanzó los $190.780. La medición de la Fundación Colsecor se ubicó en $174.280, en Tucumán se registró un total de $172.695 y en Mendoza, $157.263.

Canasta Básica Alimentaria

El proyecto que impulsa la Fundación Colsecor desde junio de 2021 se propone generar información y profundizar el conocimiento sobre pequeñas y medianas localidades de nuestro país. A través de esta iniciativa, coordinada por la socióloga Natalia Calcagno, cada lugar puede conocer el nivel de ingresos que necesita un habitante para cubrir sus necesidades básicas, valor que determina la línea de indigencia.

Para medir la Canasta Básica Alimentaria se registran los precios del conjunto de alimentos que establece el INDEC. La medida de referencia utilizada por el instituto se define por los requerimientos calóricos mensuales de un adulto equivalente, hombre de 30 a 60 años de actividad moderada.

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El reemplazo humano por la Inteligencia Artificial ¿una profecía autocumplida?

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“La verdadera pregunta no es qué puede hacer la IA, sino qué estamos dispuestos a dejar de hacer nosotros” dice Matías Nahon, Consultor en Fraude Corporativo.

La creciente adopción de la inteligencia artificial (IA) en Argentina ha generado inquietudes sobre la posible prescindibilidad humana en el ámbito laboral. Aunque la IA promete mejoras en eficiencia y productividad, también plantea desafíos significativos, como la automatización de tareas que tradicionalmente realizaban las personas, lo que podría conducir a la pérdida de empleos y a una transformación profunda del mercado laboral.

En Argentina, el 11% de las empresas ya han incorporado tecnologías de IA en sus operaciones y un 28% adicional planea hacerlo en el corto plazo(*). Sin embargo, el 41% de los trabajadores argentinos percibe que sus empleadores están rezagados en la adopción de estas tecnologías, lo que indica una brecha entre la disponibilidad del potencial de la IA y su implementación efectiva. Ya se observan casos concretos de reemplazo de tareas humanas: en la atención al cliente plataformas como Mercado Libre emplean chatbots para consultas, en el sector financiero se utilizan algoritmos para evaluar créditos y detectar fraudes, y en la industria manufacturera los robots automatizan líneas de producción. Incluso en sectores más especializados, como el legal, se recurre a sistemas de IA para revisar contratos y realizar investigaciones, funciones que antes dependían exclusivamente del análisis humano.

Si bien estas transformaciones pueden aumentar la productividad, también generan riesgos sociales al eliminar puestos de trabajo y perpetuar desigualdades si no se implementan de forma ética. La falta de transparencia en los algoritmos y el uso indebido de datos personales son desafíos adicionales que deben abordarse para garantizar que la IA beneficie a la sociedad en su conjunto.

Para mitigar estos riesgos, es esencial que el gobierno, las empresas y la sociedad civil trabajen en conjunto para desarrollar políticas y regulaciones que promuevan un uso ético y responsable de estas tecnologías. La educación y la formación continua serán claves para que la fuerza laboral argentina pueda adaptarse a nuevas oportunidades en un entorno laboral en constante cambio.

En resumen, aunque la IA tiene el potencial de transformar positivamente diversos aspectos de la sociedad, es fundamental enfrentar de manera proactiva los desafíos asociados para evitar la prescindibilidad humana y asegurar que la tecnología sea una herramienta al servicio del bienestar colectivo porque por más que la inteligencia artificial haya aprendido a imitar nuestro lenguaje con una fluidez asombrosa, todavía no sabe qué está diciendo. Comprender no es juntar palabras. Comprender es situarlas en un mundo. Es entender por qué esa palabra y no otra. Qué la precede, qué la atraviesa, qué la vuelve necesaria. Una IA puede generar texto. Pero no puede preguntarse por qué lo hace. Y ahí reside una diferencia crucial.

El algoritmo puede sonar convincente, pero no piensa

Lo que hoy llamamos “inteligencia” artificial no nace de la experiencia, ni de una intención, ni de una conciencia. Nace de la estadística. De la correlación entre millones de fragmentos previos que fueron procesados para producir una frase probable. Probable, no verdadera. Verosímil, no comprendida. Esa distinción suele diluirse porque el resultado suena convincente, ordenado, incluso elegante. Pero el estilo no equivale al pensamiento.

En el trabajo cotidiano con estos sistemas, el límite aparece una y otra vez. Se les pide profundidad y entregan extensión recortada. Se les señala una tensión conceptual y la simplifican. Se les solicita análisis y devuelven resumen. No fallan por falta de información, sino por ausencia de criterio. Porque el criterio no es una regla ni una fórmula: es una capacidad activa de lectura del mundo. Es saber qué importa, qué sobra, qué debe decirse otra vez y qué no. Ese tipo de juicio no se automatiza porque no se calcula. Está tejido en la experiencia, en la memoria, en la sensibilidad frente a lo singular.

La inteligencia humana no se define solo por procesar datos, sino por la capacidad de detenerse ante ellos, evaluarlos y asumir las consecuencias. En esa pausa —ese margen entre estímulo y respuesta— nace la responsabilidad. Y ese margen no puede codificarse.

El problema no es que la inteligencia artificial se equivoque. El problema es que dejemos de percibir sus errores como errores. Que confundamos coherencia con verdad, fluidez con comprensión, automatización con sabiduría. Cuando eso ocurre, el riesgo ya no es técnico: es existencial. No porque la máquina piense, sino porque nosotros delegamos el acto de pensar.

Este desplazamiento del juicio ya se percibe en ámbitos concretos: sistemas de scoring que reemplazan evaluaciones humanas, algoritmos que ordenan currículums sin comprender trayectorias vitales, modelos predictivos que reproducen sesgos históricos bajo la apariencia de neutralidad. En contextos como el argentino, donde las instituciones arrastran fragilidades estructurales, automatizar decisiones no corrige desigualdades: las cristaliza.

La verdadera pregunta, entonces, no es qué puede hacer la IA, sino qué estamos dispuestos a dejar de hacer nosotros. Cuánta interpretación cedemos en nombre de la eficiencia. Cuánta responsabilidad delegamos para no cargar con la incertidumbre. Defender el juicio no es rechazar la tecnología, sino resistir la tentación de convertirla en criterio.

Mientras exista alguien capaz de decir “esto no alcanza”, “esto no cierra”, “esto no lo acepto”, habrá un margen de humanidad que ningún algoritmo puede ocupar. Ese margen —frágil, invisible, irrenunciable— es el lugar del juicio. El único que no puede simularse. El único donde todavía decidimos.

(*) Los datos surgen de la encuesta global C-Suite Outlook de The Conference Board (TCB), donde participaron directivos argentinos, a través de la organización empresarial IDEA).

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Entre latidos y amor: la ciencia del corazón en el Día de los Enamorados

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En el Día de los Enamorados solemos hablar del corazón como símbolo del amor, pero hoy sabemos que esa relación también tiene una base biológica concreta. El corazón real, el que late todos los días sin descanso, responde de manera positiva a los estímulos afectivos. Los besos, los abrazos, las caricias y las palabras cariñosas no son solo expresiones románticas o familiares: son señales que el cuerpo interpreta como seguridad, bienestar y conexión, y esa información se traduce en beneficios para el sistema cardiovascular, tal como muestran múltiples investigaciones en el campo de la psico cardiología y la neurociencia afectiva.

Cuando una persona vive momentos de afecto, el organismo reduce la activación de los mecanismos del estrés y favorece un estado de mayor equilibrio interno. Estudios en fisiología del estrés han demostrado que los vínculos emocionales positivos ayudan a disminuir la liberación sostenida de hormonas como el cortisol y la adrenalina, lo que se asocia con cifras de presión arterial más favorables y menor sobrecarga para el corazón. En términos simples, el corazón trabaja en un entorno más sano. Esto no reemplaza hábitos saludables ni controles médicos, pero suma un componente protector que la ciencia hoy puede medir.

Los besos, por ejemplo, generan cambios inmediatos en el organismo. Investigaciones en neurobiología del vínculo han observado que durante un beso afectuoso se activan áreas cerebrales vinculadas al placer, la calma y la conexión emocional. Esto favorece la liberación de sustancias como la oxitocina y las endorfinas, asociadas al bienestar y a la regulación del estrés. A nivel cardiovascular, distintos trabajos clínicos han mostrado una tendencia a la disminución de la presión arterial y una mejor regulación del pulso después de interacciones afectivas de este tipo. En parejas con vínculos cercanos y expresivos, se han observado perfiles de presión más favorables a lo largo del tiempo.

Una vida sexual activa y satisfactoria ha demostrado también el mismo efecto en diversos estudios. El sexo constituye una forma de actividad física moderada que en personas sin contraindicaciones médicas, contribuye al bienestar general y a la salud del corazón.

Los abrazos también tienen un impacto medible. Estudios experimentales sobre contacto físico afectivo muestran que el contacto sostenido estimula receptores en la piel que envían señales directas al sistema nervioso central, promoviendo la activación de los mecanismos de relajación del organismo. Se ha visto que un abrazo de al menos 20 segundos puede ayudar a disminuir la respuesta fisiológica al estrés y favorecer un descenso transitorio de la presión arterial de entre 5 y 10 mmHg. Para dimensionarlo: investigaciones epidemiológicas indican que reducciones de apenas 5 mmHg en la presión sistólica, mantenidas en el tiempo, se asocian con descensos significativos en el riesgo de eventos cardiovasculares mayores. Pequeños cambios, repetidos a diario, generan efectos acumulativos relevantes.

Además, durante un abrazo el ritmo cardíaco tiende a estabilizarse. Estudios que analizan la variabilidad de la frecuencia cardíaca —un marcador del equilibrio del sistema nervioso sobre corazón— muestran mejoría de este parámetro en contextos de cercanía emocional. Es un ajuste fino, casi imperceptible para la persona, pero significativo desde el punto de vista fisiológico cuando se repite en la vida cotidiana.

Las caricias suaves también cumplen un rol. Investigaciones en neurociencia sensorial describen fibras nerviosas específicas sensibles al tacto afectivo, conectadas con regiones cerebrales que regulan la emoción y el estrés. Su activación contribuye a reducir la actividad del sistema nervioso que acelera el corazón y favorece el predominio del sistema que promueve el reposo y la recuperación. En ese contexto, los vasos sanguíneos se relajan con mayor facilidad y la presión circula en condiciones más favorables.

Las palabras cariñosas y el apoyo emocional completan este circuito. Grandes estudios poblacionales han mostrado que las personas que se sienten queridas, valoradas y acompañadas tienden a tener mejor control de la presión arterial, menor frecuencia cardíaca en reposo y mayor adherencia a hábitos saludables. El organismo responde a la calidad de los vínculos como si recibiera una señal constante de seguridad.

Entre los mediadores biológicos de estos efectos se encuentra la oxitocina, ampliamente estudiada por su papel en el apego y la confianza. Trabajos en fisiología cardiovascular muestran que esta hormona participa en mecanismos de regulación del estrés, en la mejoría de la función vascular y la modulación de la inflamación. Su liberación durante interacciones afectivas forma parte de una red de respuestas que ayudan al corazón a trabajar en un entorno más equilibrado.

Lo más alentador es que estos beneficios están al alcance de todos. No se necesitan situaciones extraordinarias: un beso al despedirse, un abrazo al reencontrarse, una caricia durante una conversación, una palabra dicha con ternura. Son gestos simples que, como muestran distintas líneas de investigación, influyen en variables biológicas reales cuando forman parte habitual de la vida cotidiana.

Cuando hablamos de cuidar el corazón pensamos en alimentación saludable, actividad física, descanso y controles médicos. A todo eso hoy podemos sumar algo profundamente humano y respaldado por la ciencia: el afecto expresado de manera cotidiana. En este Día de los Enamorados, el mensaje es claro y optimista: demostrar cariño no solo fortalece los vínculos, también ayuda al bienestar de nuestro corazón. Porque cada gesto de amor, por pequeño que parezca, también puede ser un gesto de salud.

En el marco del día de los enamorados, desde la Fundación Cardiológica Argentina, brazo a la comunidad de la Sociedad Argentina de Cardiología, se destaca además la importancia del amor propio como parte del cuidado integral de la salud cardiovascular. 

Enamorarse de uno mismo implica adoptar hábitos saludables, atender el bienestar emocional, reducir el estrés, y escuchar las señales del cuerpo, conductas que la evidencia científica asocia con un mejor funcionamiento del corazón. 

Lejos de tratarse solo de una consigna, el autocuidado constituye un factor protector medible. Personas que priorizan su salud física y emocional presentan en promedio mejores valores de presión arterial, mejor frecuencia cardiaca en reposo y mayor adherencia a conductas preventivas. En este sentido el cuidado del corazón comienza tanto en los vínculos afectivos como en la relación que cada persona establece consigo misma.

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Decomisan seis kilos de cocaína en diversos allanamientos en Misiones

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A raíz de las tareas investigativas llevadas a cabo por la  Unidad de Investigaciones de Delitos Complejos y Procedimientos Judiciales “Misiones” , el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional de Posadas con intervención de la Procuraduría de Narcocriminalidad, ordenó que se realicen 14 allanamientos (13 en las ciudades misioneras de Posadas, Garupá y San José, y uno en la localidad formoseña de Gran Guardia).

Los procedimientos se ejecutaron con la colaboración permanente del Centro Internacional de Análisis del Delito Complejo en la Triple Frontera y con apoyo de personal del Escuadrón 11 “San Ignacio”, Escuadrón 50 “Posadas”, Escuadrón 9 “Oberá”, Escuadrón 8 “Alto Uruguay”, Escuadrón 12 “Bernardo Irigoyen”, Unidad Operaciones Especiales en Monte “Bernardo Irigoyen”, Unidad de Inteligencia Criminal “Misiones”, Unidad de Procedimientos Judiciales “Eldorado” y la Unidad de Procedimientos Judiciales “Formosa”.

Como resultado de las inspecciones, se secuestraron 29 kilos 684 gramos de clorhidrato de cocaína (que estaban distribuidos en paquetes rectangulares), 59 gramos de la misma sustancia fraccionada en dosis, como así también marihuana fraccionada, 56.131.300  pesos argentinos, 36.249 dólares estadounidenses y 3.695 reales brasileños, ocho armas de fuego, ocho vehículos, tres motocicletas, balanzas de precisión, máquinas contadoras de billetes, dispositivos electrónicos y documentación de interés para la causa.

Como resultado del operativo, se logró la detención de siete personas, mientras que tres ciudadanos quedaron supeditadas a la causa.

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Coninagro: el trigo y la yerba mate pierden poder de compra mientras soja y hacienda se fortalecen

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Un nuevo informe de Coninagro confirma la creciente heterogeneidad del agro argentino: mientras el trigo y la yerba mate registran un marcado deterioro en su capacidad de compra frente a insumos y costos productivos, la soja y la hacienda muestran una mejora significativa en su relación insumo-producto.

El relevamiento compara enero de 2026 contra enero de 2025 y también frente al promedio de los últimos cinco años, y revela fuertes contrastes entre cadenas productivas.

Trigo: fletes récord y caída frente al gasoil

En el caso del trigo, el deterioro es evidente. La cosecha récord del cereal coincidió con un debilitamiento de su precio internacional, afectando directamente el poder adquisitivo del productor.

Uno de los datos más preocupantes es el costo logístico: para un traslado de 300 kilómetros, el flete representa hoy el 21% del valor del trigo, el nivel más alto de los últimos años. Además, en comparación con el promedio de los últimos cinco años, el productor necesita 55% más de trigo para adquirir la misma cantidad de gasoil.

Frente a los insumos, el cereal perdió 10% interanual respecto de la urea y 8% frente a la bolsa de semillas de 40 kilos. Solo muestra una leve mejora coyuntural frente a la cosechadora (-3%), aunque en el mediano plazo el deterioro alcanza el 35%.

El informe advierte que esta brecha entre precios de venta y costos genera un escenario de vulnerabilidad, obligando a replantear decisiones de siembra, financiamiento y manejo de recursos en un contexto de alta volatilidad.

Soja: mejora de rentabilidad y recuperación del poder de compra

En contraste, la soja atraviesa un momento favorable. Se requiere 25% menos de oleaginosa para adquirir glifosato, camionetas y cosechadoras, y 19% menos para cubrir gasoil y fletes.

En la comparación de cinco años, los granos en general mejoraron su relación frente a glifosato, urea, inmuebles, camionetas y construcción, aunque perdieron contra fletes, maquinaria, hacienda, semillas y salarios rurales.

Dentro del complejo agrícola, la soja aparece como el mejor desempeño relativo, mientras que el trigo es el más afectado. El maíz, por su parte, mejora frente al gasoil y cosechadora, pero empeora frente a semillas y urea.

Hacienda: fuerte recomposición de precios

La ganadería también muestra señales positivas. Durante 2025, la hacienda aumentó en promedio 75%, consolidando una mejora real en el poder de compra del productor.

En diciembre pasado se necesitaron 34% menos kilos de novillito para adquirir un kilo de semillas de alfalfa que un año antes, pasando de casi 4 kilos a aproximadamente 2,7 kilos.

La hacienda hoy permite comprar más inmuebles, alambre, camionetas, pasturas y materiales de construcción, aunque pierde frente a la compra de terneros.

Yerba mate: el peor desempeño relativo

La situación más crítica es la de la yerba mate. Tras un muy mal 2024 y 2025, el sector acumula una pérdida del 30% en su poder de compra respecto del promedio de los últimos cinco años.

En el inicio de 2026, los registros siguen débiles: solo mejora frente a fitosanitarios (tomando la media desde 2020), pero pierde frente a gasoil, salario rural y camionetas.

El informe deja en claro que no hay un “campo” homogéneo: mientras algunos complejos productivos recuperan margen y capacidad de inversión, otros enfrentan una creciente presión de costos que erosiona rentabilidad y competitividad.

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