Mes: febrero 2026

Murió un iguazuense que combatía para Ucrania durante un ataque ruso con drones y misiles

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Cristian Airala, de 27 años, nacido en Puerto Iguazú, murió mientras combatía como voluntario en el ejército de Ucrania, tras un ataque con drones y misiles lanzado por fuerzas rusas cerca del frente de batalla en la región de Járkiv. En la misma ofensiva fallecieron dos soldados colombianos que integraban su unidad.

Airala se desempeñaba en una unidad de asalto que se dirigía hacia una zona asignada cuando fue detectada y atacada. Utilizaba la chapa de guerra “Machete” y contaba con experiencia previa en el Ejército Argentino, donde se había formado también como instructor de tiro, según confirmaron personas de su entorno y compañeros de combate.

El ataque ocurrió en un sector del frente donde, de acuerdo con testimonios de los propios combatientes, se registran enfrentamientos de alta intensidad, incluso cuerpo a cuerpo, entre fuerzas ucranianas y rusas. Un compañero de unidad relató que el grupo avanzaba hacia su objetivo cuando comenzó una secuencia de hostigamiento con drones, seguida por una ofensiva más amplia con misiles.

La operación se desarrolló en condiciones extremas: en la zona, las temperaturas oscilan entre los 20 y los 30 grados bajo cero, un factor que agrava tanto las dificultades operativas como los riesgos sanitarios en el frente. Según el mismo testimonio, las bajas fueron inmediatas y el ataque no se limitó a un único impacto, sino a una sucesión coordinada de agresiones aéreas, una modalidad que se volvió habitual en ese sector del conflicto.

La unidad en la que combatía Airala estaba integrada por voluntarios de distintos países de América Latina, entre ellos paraguayos, colombianos y brasileños, además de argentinos. Su muerte se suma a una lista creciente de ciudadanos argentinos fallecidos mientras combatían para Ucrania desde el inicio de la invasión rusa a gran escala, hace más de tres años y medio.

Si bien no existen cifras oficiales sobre la cantidad total de argentinos muertos en el conflicto, diversos episodios confirmados en los últimos meses dan cuenta de la magnitud del fenómeno. A fines de octubre pasado, tres argentinos murieron durante un ataque ruso con drones en la región de Sumy, también en el noreste ucraniano. Las víctimas fueron José Adrián Gallardo, de 53 años; Ariel Achor, de 25; y Mariano Franco, de 47, quienes participaban de su primera misión de asalto en la denominada “línea cero”, el punto de mayor contacto con las fuerzas rusas.

Meses antes, en julio, un ataque con drones rusos provocó la muerte de Emmanuel “Coca” Vilte, de 39 años, quien combatía junto a las fuerzas ucranianas desde 2022 y había participado de la contraofensiva lanzada por Kiev en el este del país.

Los argentinos que llegan a Ucrania lo hacen como voluntarios, mediante un alistamiento formal en las fuerzas armadas ucranianas, y suelen ser asignados a unidades de asalto, consideradas entre las más expuestas y riesgosas del frente de batalla.

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Productores tabacaleros piden intervención urgente por el bloqueo en la CTM

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Productores tabacaleros nucleados en las tres entidades representativas del sector en Misiones firmaron este viernes, en San Vicente, un petitorio dirigido al Gobierno provincial y a la Justicia Federal y de Instrucción para que intervengan ante la imposibilidad de vender su producción en la Cooperativa Agroindustrial de Misiones (CTM), ex Cooperativa Tabacalera de Misiones. Desde el lunes, un grupo mantiene un piquete en el acceso a la planta que impide el normal inicio del acopio.

La solicitud cuenta además con el acompañamiento de empresas del sector, que advirtieron que el bloqueo les impide, bajo coacción, ejercer la libertad de comprar, vender y trabajar. Según expresaron, la situación afecta de manera directa a la gran mayoría de los productores que buscan comercializar su cosecha.

En el documento, los firmantes remarcan que el acuerdo de precios fue alcanzado el pasado 28 de enero por consenso entre las partes —empresas y productores— y cuenta con el aval del 99% de los tabacaleros de la provincia, unos 13.700 en total. En contraposición, señalaron que apenas unas 40 personas sostienen el piquete en desacuerdo con el valor fijado.

El precio acordado establece un valor de $4.602 por kilo de tabaco Burley para la calidad más alta, denominada B1F, en boca de acopio. A ese importe se suman durante el año otros pagos que integran el valor final del producto, como retornos, caja verde, obras sociales, fondo de garantía por contingencias y planes de desarrollo productivo, todos ellos canalizados a través del Fondo Especial del Tabaco (FET), financiado por el impuesto que pagan los consumidores de productos elaborados con esa materia prima.

La mayoría de los productores advirtió que necesita una solución inmediata para iniciar el acopio, a más tardar, el próximo lunes. La demora, sostienen, genera perjuicios económicos severos que ponen en riesgo el sustento de sus familias y complica la compra de ropa y útiles escolares ante el inminente inicio del ciclo lectivo.

Además, los productores afectados alertaron sobre las consecuencias estructurales del conflicto. “La imposibilidad de vender en nuestra propia tierra empuja a las familias a migrar hacia Brasil, debilitando nuestra economía y nuestra soberanía productiva”, señalaron en el petitorio, en el que reclamaron una intervención urgente de las autoridades competentes para destrabar el conflicto y garantizar el normal funcionamiento de la actividad tabacalera en Misiones.

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La industria textil responde a Caputo: “El problema no es la competitividad, sino la competencia fraudulenta”

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La Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) salió al cruce de las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien afirmó públicamente que no compra ropa en la Argentina porque “es un robo”. Desde la entidad que nuclea a la cadena textil nacional advirtieron que ese tipo de afirmaciones simplifican un problema complejo y pueden derivar en diagnósticos incompletos que profundicen los desequilibrios del sector.

FITA sostuvo que el precio de la indumentaria no surge del costo industrial textil tomado de manera aislada, sino de la interacción de múltiples eslabones de una cadena productiva extensa, cada uno con estructuras de costos propias, condicionadas por un contexto macroeconómico que impacta sobre toda la economía. Reducir la discusión a una comparación directa de precios finales, remarcaron, invisibiliza factores clave como impuestos, logística, financiamiento y regulaciones.

En ese marco, la entidad señaló que las rebajas impositivas y los procesos de desburocratización implementados en los últimos años beneficiaron principalmente a las importaciones, mientras que la producción nacional continúa enfrentando una elevada carga tributaria, altos costos operativos, deficiencias logísticas y serias limitaciones de acceso al financiamiento para sostener la inversión y el empleo.

A esta situación se suma, según FITA, el crecimiento exponencial de plataformas internacionales como Shein y Temu, que comercializan productos en el mercado local sin pagar aranceles ni cumplir con las mismas obligaciones que la industria argentina. Esta asimetría competitiva, advirtieron, profundiza las distorsiones del mercado y debilita a toda la cadena productiva local.

Desde la federación remarcaron que la industria textil argentina “siempre compitió” y que el sector no se opone a la apertura comercial. De hecho, FITA acaba de suscribir una declaración conjunta con sus pares del Mercosur y de Europa para trabajar en la implementación del acuerdo birregional y promueve una negociación sectorial para avanzar en una mayor apertura comercial con Estados Unidos. El problema, subrayaron, no es la apertura en sí, sino el ingreso de productos subfacturados que impiden una competencia leal.

Según datos del sector, más del 70% de las importaciones textiles ingresan al país a valores significativamente inferiores a los antecedentes históricos, en muchos casos sin cubrir siquiera el costo de la principal materia prima. La ausencia de valores de referencia facilita prácticas de subfacturación que distorsionan los precios, perjudican a quienes compiten desde la formalidad y erosionan la producción nacional.

FITA alertó que estas prácticas se reflejan en una caída de la actividad cercana al 37% y en niveles de utilización de la capacidad instalada inferiores al 30% en el sector textil. “El problema actual no es la falta de competitividad, es la competencia fraudulenta”, afirmaron desde la entidad, que reclamó el cumplimiento de las normas vigentes de comercio exterior y el restablecimiento de condiciones de competencia justa como paso indispensable para recuperar producción, empleo y desarrollo industrial en la Argentina.

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La construcción rebotó en diciembre y creció 6,4% en 2025

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La contrucción rebotó un 3,8% en diciembre con respecto a noviembre, y finalizó 2025 con un crecimiento acumulado del 6,3%. En 2024, el sector había registrado un pésimo desempeño al contraerse un 27,4% tras acusar el golpe que significó el ajuste económico del Gobierno.

La actividad de la construcción cerró diciembre de 2025 con una mejora interanual del 2,9%, según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC). Sin embargo, el dato, presentado como señal de recuperación, esconde un escenario mucho más frágil: el crecimiento se apoya en una base de comparación extremadamente baja y no logra traducirse en un repunte sostenido del empleo ni en una reactivación homogénea de los insumos clave.

En el acumulado de 2025, el ISAC mostró una suba del 6,3%, pero la dinámica mensual revela un comportamiento errático. La serie tendencia-ciclo apenas avanzó 0,2%, una señal de estancamiento más que de expansión genuina. En términos reales, la construcción se mueve sin impulso, sostenida más por ajustes estadísticos que por un plan de obra o inversión consistente.

El consumo de insumos refuerza esta lectura desigual. Mientras algunos rubros exhiben fuertes subas interanuales —como los artículos sanitarios de cerámica (+40,0%) o el hierro y acero para la construcción (+29,7%)— otros materiales básicos continúan en caída profunda. Los ladrillos huecos retrocedieron 20,7%, el yeso 12,3% y los pisos y revestimientos cerámicos 11,1%, reflejando una actividad parcial, concentrada y sin derrame generalizado. .

El frente laboral confirma la fragilidad del sector. Si bien en noviembre se registró una suba interanual del 2,9% en los puestos de trabajo privados, el acumulado de enero a noviembre de 2025 sigue mostrando una caída del 0,4%. La construcción produce algo más, pero emplea menos, una combinación que anticipa mayor precarización y baja intensidad de obra.

Los permisos de edificación, otro termómetro clave, crecieron 13,6% interanual en noviembre, aunque el acumulado anual apenas subió 6,1%. La mejora existe, pero no alcanza para compensar la parálisis previa ni para activar una verdadera expansión del sector privado.

En síntesis, la construcción muestra signos de vida, pero lejos de una recuperación sólida. Sin obra pública significativa, con inversión privada selectiva y empleo todavía rezagado, el sector avanza a baja velocidad y sin un horizonte claro de crecimiento sostenido.

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La industria encadenó su sexta caída interanual al hilo y cerró 2025 con una baja de casi 4%

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La industria manufacturera encadenó su sexta caída interanual consecutiva en diciembre, al arrojar un retroceso del 3,9% versus el mismo mes de 2024. De este modo, los datos volvieron a reflejar que se trata del sector más afectado por el modelo económico impulsado desde el Gobierno.

Así lo informó el INDEC este viernes a través de la publicación de su Índice de Producción Industrial (IPI). Al mirar la serie desestacionalizada y la tendencia-ciclo, puede observarse que la actividad del sector cerró el año pasado en mínimos desde mediados de 2024.

La serie desestacionalizada registró una baja mensual del 0,1%, mientras que la tendencia-ciclo se mantuvo prácticamente estancada. En otras palabras, la industria dejó de caer fuerte, pero tampoco logra crecer de manera sostenida. El nivel de actividad permanece por debajo de los picos previos y sin una señal clara de cambio de ciclo.

El análisis sectorial expone un mapa preocupante: 10 de las 16 divisiones industriales registraron caídas interanuales. Los retrocesos más profundos se dieron en textiles (-25,7%), prendas de vestir y calzado (-16,7%), automotores (-19,4%) y maquinaria y equipo (-14,8%), sectores intensivos en empleo y clave para el entramado productivo nacional.

Incluso dentro de los rubros que lograron crecer, el desempeño es heterogéneo. Alimentos y bebidas apenas avanzaron 0,8%, mientras que yerba mate, té y café retrocedieron 4,5%, un dato especialmente relevante para las economías regionales. La industria vinculada al consumo masivo muestra signos de agotamiento, presionada por la caída del poder adquisitivo.

La industria automotriz y la metalmecánica continúan entre los sectores más golpeados, reflejando tanto la debilidad del mercado interno como la falta de un esquema de inversión y financiamiento que permita sostener niveles de producción competitivos.

En síntesis, la industria argentina cerró 2025 sin colapso, pero también sin recuperación real. El leve crecimiento anual no alcanza para revertir la pérdida de empleo, la caída del consumo y la contracción de sectores estratégicos. Más que un rebote, el panorama industrial describe una economía que se mueve en un piso bajo y con señales de agotamiento estructural.

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