Día: 10 marzo, 2026

Ranking Forbes: Paolo Rocca supera a Marcos Galperin y vuelve a liderar las mayores fortunas argentinas

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El empresario industrial desplazó al fundador de Mercado Libre en el listado global de multimillonarios. Seis argentinos integran la lista, con patrimonios que en conjunto superan los US$ 26.000 millones.

La edición 2026 del World’s Billionaires List publicada por Forbes volvió a incluir a seis empresarios vinculados con Argentina entre las mayores fortunas del planeta. En conjunto, acumulan patrimonios superiores a los 26.000 millones de dólares, distribuidos en sectores clave como industria siderúrgica, tecnología, energía, infraestructura, finanzas e inmobiliario.

La principal novedad del ranking es el cambio en el liderazgo entre los argentinos: Paolo Rocca, presidente del Grupo Techint, superó a Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre, y se convirtió en el empresario más rico del país según la publicación.

Paolo Rocca, al frente del ranking argentino

Aunque figura en el ranking como empresario italiano por su origen familiar, Rocca reside en Argentina y lidera uno de los conglomerados industriales más importantes de América Latina.

Con un patrimonio estimado en US$ 7.300 millones, ocupa el puesto 528 a nivel global.

El crecimiento de su fortuna está ligado al desarrollo del Grupo Techint, fundado en 1945, que opera en áreas estratégicas como acero, ingeniería, construcción, energía, petróleo, gas y servicios industriales. El conglomerado factura más de US$ 22.000 millones anuales y emplea a unas 52.000 personas en distintos países.

En los últimos años, el grupo reforzó su presencia en el desarrollo energético argentino, especialmente en Vaca Muerta, además de participar en grandes obras de infraestructura.

Galperin, segundo entre los argentinos

El segundo lugar lo ocupa Marcos Galperin, con una fortuna estimada en US$ 7.200 millones y el puesto 542 del ranking global.

Fundador de Mercado Libre en 1999, Galperin transformó la compañía en el mayor ecosistema tecnológico de América Latina. La empresa opera en 18 países y cuenta con más de 100.000 empleados.

Su plataforma financiera Mercado Pago supera los 78 millones de usuarios activos mensuales, mientras que el sistema logístico del grupo gestionó 2.400 millones de envíos durante 2025.

A comienzos de 2026, Galperin dejó el cargo de CEO para asumir como presidente ejecutivo de la compañía, en un contexto de reorganización estratégica.

Energía, aeropuertos y finanzas completan el ranking

En el tercer lugar entre los argentinos aparece Alejandro Bulgheroni, con una fortuna de US$ 5.100 millones y el puesto 837 mundial. El empresario controla el 25% de Pan American Energy Group, la petrolera privada más grande del país y accionista de Axion Energy.

El grupo tiene presencia en producción de hidrocarburos, refinación, energías renovables y proyectos de litio, además de inversiones agroindustriales y vitivinícolas.

La cuarta posición corresponde a Eduardo Eurnekian, con US$ 4.800 millones y el puesto 891 global. Su holding Corporación América administra 53 aeropuertos en el mundo, además de operar en sectores como energía, biocombustibles y construcción.

Más atrás figura Eduardo Costantini, fundador de Consultatio, con US$ 1.300 millones y el puesto 2858 del ranking. Su grupo desarrolla proyectos inmobiliarios de gran escala en Argentina, Uruguay y Estados Unidos.

El listado se completa con Delfín Jorge Ezequiel Carballo, con una fortuna estimada en US$ 1.000 millones. Fue uno de los socios históricos en la expansión del Banco Macro y participó también en el desarrollo de la empresa energética Genneia.

Diversificación sectorial

Las principales fortunas argentinas reflejan una fuerte diversificación de sectores. Mientras Techint lidera en industria pesada e infraestructura, Mercado Libre domina el universo tecnológico regional. En paralelo, Pan American Energy consolida su presencia en energía y Corporación América en infraestructura aeroportuaria.

El ranking también muestra la creciente importancia de energía, tecnología y servicios financieros digitales como motores de generación de riqueza en América Latina.

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Netflix vuelve a elegir a las Cataratas del Iguazú como escenario

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Entre el 11 y el 20 de marzo, la ciudad de Puerto Iguazú será escenario del rodaje de “El Futuro es Nuestro”, una ambiciosa serie internacional que se emitirá en la plataforma Netflix. Se trata de una producción a gran escala realizada por la reconocida productora argentina K&S Films, una de las compañías audiovisuales más prestigiosas de Latinoamérica, y cuenta con el acompañamiento del Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones (IAAviM).

La serie está basada en la novela “The World Jones Made” del escritor estadounidense Philip K. Dick y propone una historia ambientada en un futuro distópico. En un mundo devastado por el colapso ecológico, una coalición de países sudamericanos intenta contener el hambre y la violencia. La aparición de un líder religioso que anuncia la caída del nuevo gobierno desata una crisis política y social que alterará el orden establecido. Frente a ese escenario, un ex detective será quien intente salvar lo que queda del mundo antes de que sea demasiado tarde.

El rodaje en Misiones comprenderá ocho jornadas de filmación y movilizará un importante despliegue logístico diario con más de 100 técnicos, elenco, extras y equipamiento especializado, además de camiones y unidades de producción que ya se encuentran en la provincia para el inicio del rodaje. 

Las locaciones confirmadas en Puerto Iguazú incluyen el Barrio 2000 Hectáreas, la Comunidad Yryapú y el Camino al Salto El Turista, entre otros espacios que aportarán el marco natural y territorial que requiere la historia.

Paisaje, comunidades y logística: las claves para elegir Iguazú

El Supervisor de Locaciones de la producción, Mariano Cukar, explicó que la elección de Puerto Iguazú respondió principalmente a las características del entorno natural y social que plantea la historia.

Según señaló, el guion requería “una comunidad que resiste en medio de la naturaleza en un contexto de crisis climática”, y, en ese sentido, destacó que Puerto Iguazú reúne paisajes naturales, presencia de comunidades y condiciones logísticas que facilitan el trabajo de una producción de gran escala, con conectividad aérea, infraestructura de alojamiento y servicios disponibles. 

El equipo también trabajará en espacios habitados por comunidades, lo que implica una articulación previa con sus integrantes. Cukar explicó que el desafío en estos casos “es dialogar con los vecinos y organizaciones para explicar el proyecto, coordinar las necesidades del rodaje y generar un intercambio que resulte beneficioso para ambas partes, incluyendo oportunidades laborales y colaboraciones con la comunidad local”. 

Articulación con el IAAviM y trabajo con el sector local

El desarrollo del rodaje en la provincia contó con el acompañamiento del IAAviM a través de su Comisión de Filmaciones. En este sentido, Cukar destacó que el Instituto fue un punto de contacto clave para iniciar las gestiones en la provincia. “Nos abrieron un montón de puertas y nos dieron contactos en distintos municipios donde empezamos la búsqueda de locaciones”, explicó; y agregó que el IAAviM funciona como un vínculo directo que permite acceder rápidamente a las áreas locales capaces de acompañar las necesidades del rodaje. 

En ese marco, la producción también articula con servicios y profesionales del sector audiovisual local. Entre otras tareas, el trabajo de casting y gestiones vinculadas a la participación de menores fue realizado por profesionales de Puerto Iguazú, y se suman integrantes locales en áreas de producción, realización y arte, especialmente en la construcción de decorados para algunas de las escenas.

Además, el Supervisor de Locaciones remarcó la importancia de contar con equipos y servicios acostumbrados a trabajar en producciones audiovisuales: “Siempre es un plus poder filmar en un lugar donde hay gente que tiene oficio, que conoce los tiempos y las necesidades de un equipo de filmación”, señaló. 

Una productora con trayectoria internacional

La serie es producida por K&S Films, compañía con más de veinte años de trayectoria que ha participado en algunas de las producciones más reconocidas del cine y las series latinoamericanas. Entre sus títulos, se encuentran “Relatos Salvajes”, nominada al Oscar y ganadora del BAFTA a Mejor Película Extranjera; “El Clan”, premiada en el Festival de Venecia; y “El Ángel”, presentada en el Festival de Cannes, entre muchas otras producciones destacadas. 

En el ámbito de las series, la productora ha realizado proyectos para plataformas internacionales como Netflix y Amazon Prime Video, incluyendo títulos como las dos temporadas de “El Reino” y de “División Palermo” -ganadora del Emmy a Mejor Comedia Internacional-, y la adaptación de “El Eternauta”, protagonizada por Ricardo Darín, entre otras.

El rodaje de “El Futuro es Nuestro” comenzó en octubre de 2025 en Buenos Aires y, luego de su paso por Misiones, su finalización está prevista para mayo de 2026 en Uruguay.

Misiones, cada vez más presente en la pantalla internacional

La llegada de esta producción reafirma el posicionamiento de Misiones como uno de los territorios elegidos para rodajes audiovisuales, gracias a la singularidad de sus paisajes, la diversidad de sus escenarios naturales y el crecimiento del sector audiovisual local.

En esa misma línea, el 1 de abril se estrenará también en Netflix la película “El último gigante”, rodada en Cataratas del Iguazú durante 2025, dirigida por Marcos Carnevale y protagonizada por Oscar Martínez y Matías Mayer, una producción que también contó con el acompañamiento del IAAviM.

Sergio Acosta, presidente del IAAviM, se mostró satisfecho por un nuevo desembarco de Netflix y remarcó que “cuando estas producciones lleguen al público internacional, los escenarios de la provincia tendrán un papel central en la construcción visual de sus historias, proyectando la riqueza natural y cultural de Misiones a audiencias de todo el mundo”.

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Guerra en Irán abre riesgo de un shock energético global

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La guerra abierta tras los ataques ordenados el 28 de febrero por Donald Trump y Benjamin Netanyahu contra Irán, y la posterior respuesta de Teherán con el bloqueo del estrecho de Ormuz, provocó una de las mayores sacudidas del mercado energético mundial en décadas. En apenas días, el precio del barril saltó de US$60 a casi US$120, antes de estabilizarse cerca de US$90, en medio de la jornada más volátil registrada en la historia del mercado petrolero.

La magnitud del movimiento reavivó una comparación inevitable: la crisis petrolera de 1973, cuando el embargo de los países árabes tras la guerra del Yom Kippur cuadruplicó los precios del crudo y alteró el equilibrio económico mundial. Hoy el detonante vuelve a ser geopolítico, pero el alcance potencial del shock podría ser incluso mayor si se prolonga el bloqueo de la principal arteria energética del planeta.

La incertidumbre política amplificó la tensión financiera. El propio Trump intentó calmar a los mercados con declaraciones contradictorias, afirmando primero que la guerra está “prácticamente terminada” y luego que la decisión final sobre el conflicto “está en su mente”. Mientras tanto, el G7 comenzó a discutir medidas extraordinarias, entre ellas la posible liberación de 300 millones de barriles de reservas estratégicas para frenar la escalada de precios.

El interrogante que domina los mercados es claro: ¿se trata de un episodio de volatilidad temporal o del inicio del mayor shock petrolero de la historia moderna?

El estrecho de Ormuz, el punto crítico del sistema energético mundial

El núcleo de la crisis no está únicamente en el enfrentamiento militar, sino en la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz, considerado el principal cuello de botella energético global.

Por ese paso marítimo circula aproximadamente: Una quinta parte del consumo mundial de petróleo. 25% del crudo transportado por mar. 30% del comercio global de gas natural licuado (GNL)

Hasta el 27 de febrero transitaban 37 petroleros diarios por la zona. Tras el inicio del conflicto, el número cayó prácticamente a cero.

La interrupción tiene efectos directos sobre el sistema energético mundial. Si el bloqueo se prolonga, varios productores del Golfo podrían verse obligados a cerrar temporalmente pozos petroleros porque los buques cargados no pueden salir y el almacenamiento se satura.

Ese escenario tiene riesgos técnicos. A diferencia de un grifo doméstico, cerrar un pozo petrolero puede afectar la presión del yacimiento, lo que dificultaría recuperar su producción original.

La Guardia Revolucionaria iraní anunció que no permitirá el paso de petróleo mientras continúen los ataques contra su territorio. Desde Washington, Trump respondió con amenazas de represalias si se interrumpe el flujo energético.

La combinación de presión militar y control del comercio energético convirtió el estrecho en el centro de gravedad de la crisis.

Una estrategia de guerra asimétrica con impacto económico global

Más allá del frente militar, analistas interpretan el bloqueo como una forma de coerción económica estratégica.

Irán no puede competir con Estados Unidos e Israel en capacidad militar convencional, pero sí puede alterar el sistema energético mundial. Al atacar infraestructuras y cerrar rutas marítimas, eleva los costos económicos del conflicto para las potencias y para los principales consumidores globales.

La lógica es clara: convertir una desventaja militar en poder de negociación.

Esta estrategia busca presionar a actores externos —desde los países del Golfo hasta grandes importadores asiáticos— para que impulsen un alto el fuego o limiten la escalada del conflicto.

Sin embargo, el movimiento también tiene riesgos. Golpear la infraestructura energética regional podría reforzar la alineación de los países del Golfo con Washington, generando efectos geopolíticos contrarios a los intereses de Teherán.

Sectores económicos bajo presión: transporte, industria y alimentos

El impacto del shock energético se extiende rápidamente a múltiples sectores de la economía global.

El primero en sentir el golpe es el transporte, especialmente la aviación. El combustible para aviones en Singapur subió 72%, alcanzando niveles récord. Desde finales de febrero se registraron 37.000 vuelos cancelados.

Pero el efecto no se limita a los combustibles.

Gran parte de las cadenas industriales dependen directa o indirectamente del petróleo: La petroquímica utiliza derivados del crudo para plásticos, fertilizantes y fibras sintéticas. La industria pesada consume grandes cantidades de energía en procesos como acero, cemento o aluminio. La agroindustria depende de fertilizantes y transporte intensivo en energía.

Por eso los analistas describen el fenómeno como una onda expansiva económica: comienza en la energía, pasa por la logística y termina afectando los precios al consumidor.

Las economías más expuestas al shock

La crisis no golpea a todos por igual. Los efectos se distribuyen según el perfil energético de cada economía.

Entre los más vulnerables aparecen: Países productores del Golfo, que dependen del comercio marítimo para exportar. Grandes importadores asiáticos, como China, India, Japón y Corea del Sur. Europa, cada vez más dependiente del gas natural licuado desde la guerra en Ucrania. Economías emergentes importadoras de combustible, con monedas más débiles.

Irak representa un caso extremo: su producción cayó cerca de 70%, pasando de 4,3 millones a 1,3 millones de barriles diarios.

Arabia Saudita intenta desviar parte del crudo por un oleoducto hacia el puerto de Yanbu en el mar Rojo, pero esa ruta alternativa no alcanza para absorber toda la producción.

El impacto político: inflación, elecciones y presión social

El precio del petróleo tiene una dimensión política inmediata. Afecta el costo del transporte, los alimentos y la energía doméstica, por lo que suele convertirse en un indicador directo del costo de vida.

En Estados Unidos, el aumento de los combustibles puede complicar el panorama político de Trump. El país celebrará elecciones de medio mandato en noviembre, y el control de la inflación es uno de los pilares del discurso económico del gobierno.

La experiencia histórica muestra que los shocks petroleros tienden a reducir las probabilidades electorales de los oficialismos, especialmente si se prolongan durante meses.

La crisis energética, por lo tanto, podría trasladarse desde los mercados a la arena electoral.

América Latina entre oportunidades y riesgos

Para América Latina, el efecto del aumento del petróleo es desigual.

Los exportadores de crudo podrían beneficiarse de precios más altos. Entre ellos aparecen: Brasil, Guyana, Argentina y Colombia.

En el caso argentino, la mejora del saldo energético externo se vincula con el desarrollo de Vaca Muerta, que amplió la producción hidrocarburífera.

Otros países enfrentan escenarios más complejos. México importa grandes volúmenes de combustibles refinados, lo que diluye el beneficio de ser productor. Economías importadoras como Chile, Perú o varios países del Caribe podrían sufrir presiones inflacionarias.

Bolivia, por ejemplo, mantiene subsidios a los combustibles que se vuelven más costosos cuando sube el precio internacional del crudo.

El G7 prepara una respuesta coordinada

Ante la volatilidad del mercado, los países del G7 anunciaron que están listos para actuar “de forma urgente” para estabilizar los precios.

Entre las opciones en discusión figura la liberación de reservas estratégicas de petróleo y otras medidas de coordinación energética internacional.

Las decisiones dependerán de la evolución del conflicto y de datos más precisos sobre el impacto real en el suministro global.

La prioridad declarada es evitar una escalada sostenida del precio del crudo, que podría empujar a la economía mundial hacia una nueva ola inflacionaria.

Un sistema energético bajo presión geopolítica

Más de medio siglo después de los shocks petroleros de los años 70, la economía global vuelve a enfrentarse a una crisis energética impulsada por un conflicto en Medio Oriente.

El peso relativo del petróleo en la economía mundial es menor que entonces, pero sigue siendo una pieza central del sistema productivo.

Si el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolonga, el impacto podría ir mucho más allá de los mercados financieros: inflación, tensiones industriales, conflictos políticos internos y realineamientos geopolíticos.

Por ahora, el sistema energético global permanece en una fase de incertidumbre. Los mercados reaccionan a cada declaración política, cada movimiento militar y cada señal sobre el tráfico marítimo en el Golfo.

El verdadero alcance del shock todavía está en disputa.

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INTA evalúa estrategias para frenar dos plagas clave del maíz en Misiones

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Las plagas cogollero (Spodoptera frugiperda) y chicharrita (Dalbulus maidis) se consolidaron en los últimos años como dos de las principales amenazas para la producción de maíz en América Latina y particularmente en las regiones subtropicales. Frente a este escenario, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) realizaron un ensayo en la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul, en Misiones, con el objetivo de evaluar estrategias de manejo que permitan reducir su impacto y mejorar la productividad del cultivo.

El trabajo analizó el efecto combinado del manejo nutricional del cultivo y la aplicación de insecticidas sobre el rendimiento del maíz de la variedad Bautista INTA durante la campaña agrícola 2024–2025. En el estudio se evaluaron cuatro esquemas de fertilización y dos insecticidas en un diseño experimental factorial con repeticiones, lo que permitió comparar el desempeño de diferentes combinaciones tecnológicas en condiciones locales de producción.

Una amenaza creciente para el cultivo

El cogollero del maíz es una de las plagas más agresivas del cultivo. Sus larvas se alimentan de las hojas y del ápice de las plantas en las primeras etapas de desarrollo, lo que puede generar pérdidas significativas de rendimiento. Estudios citados en el informe indican que en América Latina esta plaga puede provocar reducciones de hasta 73% en la producción cuando no se controla adecuadamente.

Por su parte, la chicharrita del maíz representa un riesgo adicional debido a su capacidad para transmitir patógenos responsables del llamado “achaparramiento del maíz”, una enfermedad que puede provocar caídas de rendimiento de entre 50% y 90% en situaciones severas.

En ese contexto, el manejo integrado del cultivo aparece como una herramienta clave para minimizar las pérdidas productivas.

Fertilización y control químico: una estrategia combinada

Los resultados del ensayo mostraron que la combinación de fertilización y aplicación de insecticidas permitió mejorar la expresión del potencial productivo del maíz. En comparación con las parcelas testigo sin fertilización, todos los tratamientos nutricionales evaluados generaron incrementos significativos en el rendimiento del cultivo.

Los aumentos de productividad oscilaron entre aproximadamente 195% y 256% respecto al testigo sin fertilizar, lo que confirma la fuerte respuesta del maíz a la reposición de nutrientes en suelos con limitaciones de nitrógeno y fósforo, una situación frecuente en sistemas productivos de Misiones.

Sin embargo, el estudio no encontró diferencias estadísticas significativas entre la fertilización tradicional —basada en nitrógeno y fósforo— y los tratamientos que incorporaron potasio, silicio u otros complejos orgánicos con micronutrientes. Aun así, estas últimas alternativas mostraron una tendencia numérica hacia mayores rendimientos.

Diferencias en el control de plagas

En cuanto al manejo químico, los investigadores evaluaron dos alternativas: deltametrina y una combinación de insecticidas con tecnología Plinazolin.

Los resultados indicaron que el tratamiento basado en Plinazolin mostró mayor eficacia de control y una mayor residualidad frente a las plagas evaluadas. Esto se reflejó en una menor incidencia de chicharritas y una reducción más marcada de los daños causados por el cogollero.

No obstante, al analizar el rendimiento final del cultivo, no se detectaron diferencias estadísticamente significativas entre ambos insecticidas, lo que sugiere que ambos productos permitieron mantener niveles productivos similares bajo las condiciones del ensayo.

El clima también condiciona los resultados

Uno de los factores que influyó de manera determinante en los resultados de la campaña fue el clima. El informe señala que durante el período crítico del cultivo se registró un marcado déficit hídrico que afectó la fijación y el llenado de los granos.

Como consecuencia, los rendimientos obtenidos en el ensayo fueron significativamente inferiores a los registrados en campañas anteriores en la misma localidad. Por ejemplo, el rendimiento promedio se ubicó en torno a 3.356 kg por hectárea, muy por debajo de los valores históricos cercanos a 7.600 kg por hectárea para la variedad evaluada en condiciones más favorables.

Resultados preliminares con valor para el manejo local

Los investigadores del INTA destacan que los resultados obtenidos constituyen una base importante para mejorar las estrategias de manejo del maíz en la región. La combinación de fertilización adecuada y control químico oportuno permitió reducir el impacto de las plagas y mejorar el rendimiento del cultivo.

Sin embargo, también subrayan que se trata de resultados preliminares y que será necesario continuar evaluando estas estrategias en diferentes campañas y ambientes productivos para validar su efectividad en el largo plazo.

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El complejo maicero argentino: entre la primarización y la oportunidad industrial

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El maíz es uno de los cultivos más estratégicos de la agricultura mundial por su enorme versatilidad productiva. Puede utilizarse como alimento humano, insumo forrajero para la producción de carnes, materia prima para biocombustibles o base de industrias químicas y bioplásticas. Sin embargo, en el caso argentino, el potencial industrial del cereal permanece en gran medida subexplotado.

Según el informe sectorial “El complejo maicero argentino: entre la primarización y la oportunidad industrial”, elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el país se ubica como el cuarto productor mundial de maíz, con una producción estimada en 53 millones de toneladas en la campaña 2025/2026, por detrás de Estados Unidos, China y Brasil.

No obstante, el principal problema del complejo maicero argentino no radica en su escala productiva, sino en el bajo nivel de industrialización del grano, lo que reduce el desarrollo de cadenas de valor, limita la generación de empleo y disminuye el ingreso de divisas asociadas a productos de mayor elaboración.

Un perfil exportador de materia prima

El rasgo distintivo del maíz argentino es su fuerte orientación hacia la exportación directa. En promedio, alrededor del 68% de la producción se destina al mercado externo sin procesamiento, lo que ubica al país entre las economías con mayor perfil primario dentro de los principales productores mundiales.

De hecho, entre los grandes productores globales, solo Ucrania supera a Argentina en proporción de maíz exportado sin industrializar, una situación que resulta llamativa si se considera que el país europeo atraviesa desde hace años un conflicto bélico que afecta su capacidad industrial.

Mientras tanto, en economías como Estados Unidos, China o Brasil, una mayor proporción del cereal se incorpora a procesos productivos internos vinculados a la producción de alimentos, carnes y energía.

El maíz como base de la industria cárnica

En muchos países, el maíz funciona como el principal insumo para la alimentación animal, lo que permite potenciar el desarrollo de la industria cárnica.

En Argentina, sin embargo, el crecimiento del sector ganadero y avícola ha mostrado un desempeño más moderado en comparación con competidores internacionales como Brasil o Estados Unidos. Este fenómeno limita el uso interno del maíz como insumo productivo y reduce las posibilidades de generar mayor valor agregado dentro del país.

El caso brasileño resulta particularmente ilustrativo: mientras en la década de 1970 Argentina y Brasil tenían niveles de producción de carne similares, hacia 2025 el país vecino supera ampliamente a la Argentina en volumen y exportaciones, apoyado en un fuerte desarrollo de cadenas agroindustriales integradas.

Biocombustibles y energía: una oportunidad desaprovechada

Otro de los principales destinos industriales del maíz a nivel global es la producción de etanol, un biocombustible renovable que permite generar energía con menor impacto ambiental.

En Argentina, sin embargo, la industrialización del maíz con fines energéticos es limitada. En las últimas campañas, solo alrededor del 9% de la producción se destinó a la categoría de alimentos, semillas e industria, donde el principal componente es justamente el etanol.

Este porcentaje se ubica muy por debajo de países como Estados Unidos o China, que destinan volúmenes muy superiores a la transformación industrial del cereal.

En el caso argentino, los polos de producción de etanol se concentran principalmente en Tucumán, Salta, Jujuy, Córdoba, Santa Fe y San Luis, aunque el volumen procesado continúa siendo relativamente bajo en comparación con el potencial productivo del país.

Entre la primarización y la oportunidad industrial

El diagnóstico que surge del análisis es claro: Argentina cuenta con una producción maicera competitiva a escala global, pero no logra traducir ese liderazgo agrícola en desarrollo industrial.

La mayor parte del cereal se exporta como materia prima, lo que deja al país en los eslabones iniciales de la cadena global de valor. En contraste, otras economías utilizan el maíz como plataforma para impulsar industrias de alimentos, energía y biomateriales.

En ese contexto, especialistas coinciden en que el desafío estratégico del complejo maicero argentino consiste en profundizar su industrialización, ampliar los encadenamientos productivos y fortalecer el mercado interno, con el objetivo de generar más empleo, más innovación tecnológica y una mayor captura de valor dentro del país.

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