Día: 24 abril, 2026

Gastón Mesa asumió como subsecretario de Relaciones Gremiales del ministerio de Trabajo de Misiones

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La ministra de Trabajo y Empleo de Misiones presentó al nuevo subsecretario de Relaciones Gremiales, Gastón Mesa, quien se incorpora al equipo.

Durante el encuentro, se puso en valor el trabajo que viene llevando adelante el Ministerio en la generación de políticas públicas orientadas al empleo, el fortalecimiento del vínculo entre los distintos actores del mundo laboral y la promoción de condiciones de trabajo en toda la provincia.

Se destacó el rol estratégico de la Subsecretaría de Relaciones Gremiales como espacio de articulación entre trabajadores, sindicatos, empresas y el Estado, consolidándose como un ámbito clave para el diálogo y la construcción de acuerdos.

Al asumir sus funciones, Gastón Mesa expresó: “Vengo para ser un nexo con los trabajadores, las empresas y el Estado. En este nuevo camino, lo que predomina y nos va a sacar adelante en esta provincia va a ser el diálogo, las buenas relaciones y construir puentes para estar en el territorio, fortaleciendo a todo el sector”.

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¿El inbound marketing dejó de ser una metodología de atracción y pasa a ser un ecosistema?

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Durante años, el inbound marketing se entendió como un sistema ordenado: atraer, convertir, cerrar. Un recorrido claro, medible y, sobre todo, lineal. Sin embargo, ese modelo hoy empieza a quedarse corto frente a un consumidor que ya no avanza en etapas, sino que navega en ciclos.

El cambio no es menor, es estructural. Hoy, los consumidores no siguen un recorrido lineal; operan dentro de lo que Google define como el messy middle, un espacio donde alternan entre exploración y evaluación antes de tomar una decisión. Como detalla el estudio Decoding Decisions: Marketing in the Messy Middle.

Este proceso no responde a etapas secuenciales, sino a un entorno dinámico donde la comparación, la validación y el contexto influyen simultáneamente en la decisión final. Lejos de avanzar en pasos ordenados, el usuario entra y sale de un bucle continuo que redefine cómo se construye la elección.

Esta lógica se refuerza en la propia explicación de Google sobre el messy middle, donde el recorrido se entiende como una interacción constante entre exploración y evaluación más que como un trayecto lineal. En este contexto, el modelo tradicional de funnel pierde capacidad explicativa: la decisión ya no ocurre en etapas, sino en interacción permanente

A esta complejidad se suma la fragmentación de los puntos de contacto. De acuerdo con Marketing Statistics Every Team Needs to Grow in 2026, los consumidores pueden interactuar con entre seis y ocho piezas de contenido antes de tomar una decisión, lo que diluye cualquier intento de estructurar el proceso bajo una secuencia rígida. Cada interacción no empuja necesariamente hacia adelante; muchas veces reinicia, valida o cambia la dirección del recorrido.

Y, como señala el análisis The consumer decision journey, una parte significativa de la decisión ocurre fuera de la interacción directa con la marca, en un entorno donde influyen recomendaciones, contenido, comparaciones y validación externa. Esto desplaza el control del proceso hacia un ecosistema donde la marca ya no es el único actor relevante.

En conjunto, estos factores confirman un cambio estructural: el inbound marketing ya no puede operar como un funnel, porque la decisión ya no ocurre dentro de él.

La decisión se construye en un entorno mucho más amplio, donde intervienen contenidos, comunidades, algoritmos y experiencias distribuidas. El consumidor no avanza: se mueve, regresa, compara y valida en tiempo real.

Esto redefine por completo el rol del inbound marketing. Ya no se trata de guiar al usuario a través de etapas, sino de estar presente -y ser relevante- en los momentos que realmente importan. La diferencia no está en empujar al consumidor hacia la conversión, sino en facilitar su decisión cuando está listo para tomarla. En otras palabras, el inbound deja de ser una metodología de atracción y se convierte en un ecosistema de decisión.

Como explica Teresa Velasco Basurto, Social Media Director de another: “El inbound ya no puede pensarse como un funnel porque el usuario no se comporta de forma lineal. Hoy se mueve entre plataformas, valida en comunidad y toma decisiones en momentos que no siempre coinciden con la planificación de la marca. El reto es construir un ecosistema que acompañe ese proceso, no intentar controlarlo.”

Este ecosistema de decisión se construye a partir de tres capas que operan de forma simultánea: contenido relevante, comunidad que valida y datos que permiten entender el comportamiento en tiempo real.

La oportunidad no está en generar más puntos de contacto, sino en conectar mejor los que ya existen. Cuando contenido, comunidad y datos operan de forma integrada, la marca deja de interrumpir y empieza a acompañar,” añade la experta de another, agencia de comunicación estratégica con importante presencia en LATAM. ​

Esto tiene una implicación directa para las marcas. La eficiencia ya no se mide por cuántos leads entran al funnel, sino por la capacidad de influir en la decisión dentro de un entorno donde todo compite al mismo tiempo. En un ecosistema saturado de información, la relevancia de marca se construye desde la coherencia, no desde la frecuencia.

Y en ese entorno, no gana quien empuja más fuerte, sino quien logra estar presente en el momento correcto, con el mensaje adecuado y dentro de la conversación que ya está sucediendo.

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Afirman que la logística gana margen cuando deja de pensar en paquetes

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En un mercado donde la última milla suele llevarse toda la atención, hay empresas que están corriendo el eje hacia otro lado. WiGou es una de ellas.

Con una operación montada en un depósito de 2.000 metros cuadrados en Boedo, hoy despacha entre 2.500 y 3.000 paquetes diarios y trabaja con más de 110 clientes activos.

La clave del modelo está en cómo se estructura el negocio. La compañía divide su operación en tres unidades: última milla, fulfillment y distribución específica de productos financieros.

Y es justamente el fulfillment -almacenamiento, armado y despacho- el que explica gran parte de la rentabilidad, con márgenes cercanos al 48%, muy por encima del reparto tradicional.

“Ahí está el verdadero negocio. La última milla es necesaria, pero el salto está en todo lo que pasa antes, en cómo gestionás el stock, los pedidos y los errores”, explica Santiago Rey, CEO y Founder de WiGou.

Ese diferencial cambia la lógica. En lugar de competir solo por precio o velocidad en la entrega, la empresa se posiciona en la gestión integral del pedido. Recibe el stock, lo organiza, lo procesa y lo envía. En ese esquema, cada error evitado vale más que cada minuto ganado.

El sistema se apoya en desarrollo propio. La operación combina cross docking con almacenamiento y un software de ruteo que permite reorganizar entregas en tiempo real.

En un rubro donde los imprevistos son parte de la rutina, la capacidad de reacción pesa tanto como la planificación.

También hay una decisión estructural que impacta en los números: no tener flota propia. La empresa ajusta la cantidad de vehículos según la demanda diaria, pudiendo operar con decenas de unidades sin cargar con costos fijos.

“Si necesito 90 autos los tengo y si necesito 40 también. No tiene sentido inmovilizar capital en una estructura que no sabés si vas a usar mañana”, resume Rey.

El esquema comercial acompaña esa lógica. WiGou cobra por unidad y no por peso, con tickets promedio de entre $7.000 y $8.000.

Eso le permite simplificar la estructura de precios y adaptarse mejor a vendedores de ecommerce, desde pequeños emprendedores hasta compañías con mayor volumen.

Además, la empresa utiliza herramientas específicas para distintos perfiles. Para quienes manejan bajo volumen, están desarrollando un sistema de prepago que permite operar sin contratos complejos. Para los más grandes, el foco está en escalar procesos sin perder trazabilidad.

Hoy, la estructura incluye 20 empleados y una red de unos 90 conductores. Hacia adelante, los planes pasan por ampliar la capacidad operativa —con un posible salto a un depósito de 12.000 metros cuadrados—, sumar inversores y exportar su sistema de gestión a otras empresas de la región.

En un sector históricamente rígido, la apuesta no pasa solo por la tecnología. Tampoco por la velocidad. “Lo que más molesta no es que un envío llegue tarde, es no saber qué está pasando. Si resolvés eso, ya estás jugando otro partido”, plantea Rey.

La operación funciona, pero el foco está en convertir la logística en un servicio más previsible, más claro y con menos fricción. Ahí es donde, hoy, se están jugando los márgenes.

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Con el auge de la IA, el robo de identidad digital se posiciona como la principal amenaza empresarial

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El panorama global de riesgos asociados a la ciberseguridad atraviesa una aceleración sin precedentes, con ataques cada vez más sofisticados, dinámicos y centrados en la identidad digital como principal vector de ingreso a las organizaciones. Así surge del informe Annual Threat Dynamics 2026: Cyber threats in motion” de PwC, que analiza la evolución de las amenazas, los actores involucrados y las tendencias que están redefiniendo el riesgo cibernético en un contexto atravesado por la inteligencia artificial y la creciente influencia de factores geopolíticos.

El estudio identifica un cambio estructural en la forma en que operan los atacantes: en lugar de vulnerar sistemas desde el exterior, optan cada vez más por “iniciar sesión” utilizando credenciales comprometidas, tokens de sesión y accesos federados, lo que les permite eludir los mecanismos tradicionales de defensa perimetral.

Hoy, si bien continúa siendo muy relevante el riesgo de que un atacante rompa las defensas, también hay que considerar como relevante el escenario de que ingrese como un usuario legítimo. En un entorno donde la identidad, la inteligencia artificial y la geopolítica se combinan, las organizaciones necesitan repensar la ciberseguridad como un eje estratégico del negocio y no solo como una función técnica”, destacó Diego Taich, Socio de PwC Argentina de la práctica de Consultoría en CiberSeguridad, Gestión de Riesgos & IT.

En este contexto, la identidad se consolida como el principal campo de batalla. El crecimiento de los ecosistemas en la nube y las plataformas SaaS amplía la superficie de ataque, donde una única identidad comprometida puede habilitar accesos en cascada a múltiples sistemas y entornos. A su vez, las técnicas de ingeniería social evolucionan en sofisticación, incorporando deepfakes generados por inteligencia artificial, suplantación de identidades y campañas de phishing multietapa dirigidas tanto a usuarios como a sistemas automatizados.

El informe también destaca el rol central de la IA en la aceleración de las amenazas. Los actores maliciosos la están incorporando como parte estructural de sus operaciones, utilizándola para automatizar tareas de reconocimiento, generar ataques más convincentes y escalar campañas a gran velocidad. En paralelo, la reducción del tiempo entre la aparición de nuevas capacidades de IA y su uso con fines maliciosos incrementa la presión sobre las organizaciones. Sin embargo, la IA también representa una oportunidad clave para la defensa, permitiendo mejorar la detección temprana, automatizar respuestas y fortalecer la toma de decisiones basada en inteligencia a gran escala.

En este escenario, el riesgo cibernético deja de ser un problema exclusivamente tecnológico para integrarse de manera directa con la estrategia del negocio y el contexto geopolítico. El informe señala que factores como conflictos internacionales, tensiones comerciales y procesos electorales influyen en el comportamiento de los actores de amenazas, que combinan espionaje, fraude, sabotaje e influencia en sus operaciones. 

Los datos del informe muestran que el cibercrimen con motivación financiera es el principal vector de ataque en el ámbito empresarial. En sectores como Construcción, este tipo de amenazas representa el 77% de los incidentes, mientras que en Hotelería y Ocio alcanza el 73% y en el sector Automotriz, el 71%, impulsado principalmente por el robo de credenciales, el fraude digital, el ransomware y los ataques dirigidos a entornos en la nube y plataformas SaaS. 

Esta tendencia refleja cómo los atacantes priorizan industrias con ecosistemas digitales complejos, alta dependencia tecnológica y múltiples integraciones, donde una única identidad comprometida puede generar impactos en cascada sobre la operación, la reputación y la continuidad del negocio. A su vez, se observa una convergencia entre distintos tipos de riesgos, incluyendo crimen financiero, amenazas internas, compromisos en la cadena de suministro y vulnerabilidades en procesos digitales, con ataques que pueden impactar simultáneamente en múltiples áreas de una organización.

El análisis también muestra que los actores de amenazas operan con creciente sofisticación, combinando herramientas y técnicas a lo largo de diferentes capas —identidad, nube, dispositivos y aplicaciones— y adaptándose con rapidez a los cambios tecnológicos y del entorno.

En un escenario donde las amenazas evolucionan a gran velocidad, la diferencia ya no está en quién tiene más controles, sino en quién puede adaptarse más rápido. Integrar la ciberseguridad con la estrategia del negocio y anticipar los riesgos del entorno global será clave para sostener la resiliencia en el tiempo”, señaló Taich.

En este contexto, PwC advierte que las organizaciones que logren fortalecer su resiliencia serán aquellas que gestionen la identidad de forma estratégica, validen la confianza de manera continua y alineen la ciberseguridad con sus decisiones de negocio y su lectura del entorno global.

El informe concluye que, en un entorno donde las amenazas evolucionan constantemente, la seguridad debe abordarse como un sistema dinámico de alto rendimiento, capaz de adaptarse a la velocidad de los riesgos y anticiparse a un escenario cada vez más complejo.

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Retenciones: un informe proyecta más producción, dólares y recaudación si el Gobierno elimina los DEX

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La discusión sobre los derechos de exportación volvió a meterse en el centro de la agenda económica con un dato que incomoda el esquema fiscal vigente: un ejercicio de simulación proyecta que la eliminación total de retenciones al agro, en un plazo de dos años hasta 2028, no solo expandiría la producción y las exportaciones, sino que también podría mejorar la recaudación del Estado en el mediano plazo. El estudio, presentado en el ámbito de la Bolsa de Comercio de Rosario, plantea un interrogante político de fondo: ¿puede el Gobierno resignar ingresos de corto plazo para reconfigurar su base fiscal a futuro?

Según proyecciones al ciclo 2035/36 basadas en el modelo AGMEMOD Argentina, la eliminación gradual de las retenciones —con un cronograma de dos años hasta su desaparición total en 2028— no solo expandiría la producción y las exportaciones, sino que además podría revertir el impacto fiscal negativo en el corto plazo. El dato clave introduce tensión en la discusión: el Estado nacional comenzaría a recaudar más que en el escenario actual a partir de 2029/30.

El marco económico: entre presión fiscal y competitividad

El análisis compara dos escenarios. Por un lado, un esquema base que mantiene constantes los derechos de exportación (DEX). Por otro, una simulación con reducción progresiva hasta su eliminación. La diferencia no es menor: en el escenario sin retenciones, el área sembrada alcanzaría las 43,4 millones de hectáreas en 2036, frente a 41,1 millones del esquema vigente. La producción total escalaría a 182,6 millones de toneladas, lo que implica un salto de 16,7 millones respecto al escenario base.

La clave está en los incentivos. Sin retenciones, mejora la rentabilidad del productor, se acelera la inversión y se amplía la frontera productiva. En términos concretos, el modelo traduce una decisión tributaria en más superficie cultivada, más tecnología aplicada y mayor volumen exportable. La soja lidera esa expansión, seguida por el maíz.

Exportaciones: más volumen, más divisas

El impacto externo es directo. En 2036, el complejo agroindustrial exportaría 14,1 millones de toneladas adicionales respecto al escenario con retenciones. En valor, la diferencia asciende a US$ 6.400 millones anuales: US$ 50.500 millones sin DEX frente a US$ 44.100 millones con el esquema vigente.

El complejo soja explica la mayor parte de ese salto, con más de US$ 5.200 millones adicionales. La lógica es lineal: menos carga tributaria en origen mejora precios relativos, incentiva producción y amplía saldos exportables.

Pero el dato relevante no es solo el volumen. Es la capacidad de generar divisas en un país donde la restricción externa condiciona toda la política económica.

Recaudación: el punto de quiebre fiscal

El núcleo del debate está en el impacto fiscal. El modelo plantea una secuencia que desafía el argumento tradicional: la pérdida inicial de recaudación por retenciones se compensa con otros impuestos.

Hay dos mecanismos. Uno directo: mayor rentabilidad amplía la base del Impuesto a las Ganancias y del impuesto a los Débitos y Créditos. Otro indirecto: la expansión productiva derrama sobre la economía y genera más actividad gravada.

El resultado es escalonado. A nivel nacional, el punto de equilibrio llega en el cuarto año tras la eliminación. Para 2036, el Estado recaudaría US$ 296 millones más que en el escenario con retenciones.

En las provincias, el efecto es más inmediato. Como los DEX no son coparticipables, no pierden ingresos directos y sí capturan el crecimiento vía Ingresos Brutos y Sellos. En 2036, sumarían US$ 989 millones adicionales.

Cuando se consolida Nación + provincias, el quiebre fiscal aparece antes: en 2028. Solo 2027 muestra una pérdida neta de US$ 153 millones. A partir de allí, la recaudación supera al escenario base, con una diferencia de US$ 1.286 millones anuales hacia 2036.

El agro presiona, el Gobierno administra tiempos

El informe se conoció en paralelo a señales políticas del sector. Desde la Bolsa de Comercio de Rosario se insistió en que la baja de retenciones debe formar parte de una estrategia de desarrollo más amplia y coordinada entre sector público y privado.

La posición introduce una variable clave: el ritmo de la reforma dependerá de la “caja” fiscal. El Gobierno, según se planteó en ese ámbito, avanzaría en reducciones en la medida en que sostenga el superávit. Es una lógica incremental, no disruptiva.

En ese esquema, el agro se posiciona como actor de presión con respaldo técnico. El argumento es claro: menos impuestos hoy pueden traducirse en más recaudación mañana. La tensión está en el timing.

Una transición con costos acotados y beneficios diferidos

El estudio plantea un punto de quiebre fiscal temprano: en 2028, apenas un año después del inicio de la reforma, la recaudación consolidada ya superaría al escenario base. Para 2036, el diferencial positivo alcanzaría US$ 1.286 millones anuales.

El presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, Pablo Bortolato, se mostró confiado este viernes en que el Gobierno baje las retenciones a las exportaciones de productos agrícolas “en la medida que vaya teniendo caja”, es decir, que mantenga el superávit fiscal que consiguió a costa de un fuerte ajuste en salud, educación, obras públicas y pago de haberes jubilatorios. “El planteo que hizo históricamente la Bolsa siempre apunta a las bajas de retenciones”, dijo el titular de la institución.

En el tradicional Remate del primer lote de soja, el presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario llamó a sostener una agenda estratégica de desarrollo articulada entre el sector público y el privado, y destacó los avances concretos en infraestructura logística, la reducción de derechos de exportación y el rol social de la producción.

Luego del acto oficial, Bortolato dijo a la prensa que la eliminación de los derechos de exportación a los productos agrícola sobre los que aún pesa el gravamen sería la solución al desarrollo nacional. Para eso, la Bolsa presentó un estudio que “muestra claramente que una baja de retenciones en cuatro años como mucho, menos también si tenemos en cuenta el desarrollo que empieza en las provincias, la cadena se daría vuelta y empezaría a crecer todo”, e incluso el Estado recuperaría su capacidad recaudatoria para suplir esa caída de ingresos por derechos de exportación.

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