Día: 15 mayo, 2026

Hipertensión: por qué medir la presión a tiempo puede cambiar la historia

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Por el Dr. Pedro Forcada (MN 65.979/ MP 223825), Coordinador del área del laboratorio vascular no invasivo de DIM CARDIOVASCULAR de DIM Centros de Salud. La hipertensión arterial sigue siendo uno de los principales factores de riesgo cardiovascular a nivel global, y sin embargo continúa siendo, en muchos casos, una enfermedad silenciosa. En el marco del XXXII Congreso de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), realizado recientemente en Rosario y que reunió a más de 2.000 profesionales, se presentaron avances clave en prevención, diagnóstico y tratamiento, con un mensaje claro: detectar a tiempo sigue siendo uno de los mayores desafíos.

Uno de los hitos del encuentro fue la presentación del Consenso de Hipertensión 2025, elaborado en conjunto por las principales sociedades científicas del país. Este trabajo conjunto refuerza la necesidad de abordar la enfermedad desde una mirada integral, en un contexto atravesado por dos grandes factores: el aumento del sedentarismo y la epidemia de obesidad.

Diversos estudios y discusiones durante el congreso pusieron el foco en el impacto del descenso de peso y la actividad física como herramientas concretas para reducir la presión arterial. En este sentido, el cambio de hábitos no solo es recomendable, sino determinante. Pero incluso antes del tratamiento, el desafío es el diagnóstico.

En este contexto, la incorporación de herramientas no invasivas para evaluar el sistema cardiovascular permite avanzar hacia un abordaje más preciso. Técnicas como la cardiografía por impedancia y la evaluación hemodinámica no invasiva, áreas en las que Argentina presenta un desarrollo destacado, ofrecen información clave para personalizar tratamientos y mejorar resultados.

Durante el congreso también se avanzó en la elaboración de un Consenso Nacional en estas tecnologías, lo que marca un paso importante hacia su integración en la práctica clínica habitual.

A nivel local, centros como DIM Centros de Salud vienen trabajando desde hace más de dos décadas en la detección precoz de aterosclerosis, entendiendo que anticiparse al daño cardiovascular es fundamental para cambiar el curso de la enfermedad. La hipertensión no siempre da síntomas. Pero sus consecuencias sí. Por eso, medir la presión arterial, incluso en personas sin diagnóstico previo, sigue siendo una de las herramientas más simples, accesibles y efectivas para cuidar la salud cardiovascular.

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Científicos japoneses construyeron el mapa genético de la stevia y detectaron los genes que dictan el dulzor

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La stevia es una planta originaria de Sudamérica cuyas hojas producen compuestos naturales que endulzan hasta 300 veces más que el azúcar común. Se usa como edulcorante natural en alimentos y bebidas en todo el mundo.

Un equipo de científicos de la Universidad de Toyama, en Japón, descubrió qué determina el sabor de la stevia y por qué algunas variedades endulzan mejor que otras. El hallazgo fue publicado en la revista científica New Phytologist y abre una puerta concreta hacia variedades de estevia con mejor sabor.

La stevia es una planta cuyas hojas producen compuestos naturales llamados glucósidos de esteviol. No todas las variedades saben igual: algunas tienen un sabor limpio y parecido al azúcar, mientras que otras dejan un retrogusto amargo que muchos consumidores rechazan.

Durante años, los científicos sabían que ciertos compuestos —como el rebaudiósido D y el rebaudiósido M— eran los más deseables por su sabor superior, pero desconocían qué los controlaba.

El equipo liderado por el profesor Tsubasa Shoji, del Instituto de Medicina Natural de la Universidad de Toyama, se propuso resolver ese misterio con herramientas de vanguardia.

Los genes que dictan el dulzor

Los investigadores construyeron primero un mapa completo del ADN de la stevia, conocido como genoma de referencia, que les permitió identificar los genes involucrados en la producción de los compuestos dulces. Luego usaron una técnica llamada secuenciación de ARN de núcleos individuales, que analiza qué genes están activos en cada célula de la hoja de manera separada, como si leyeran el estado de cada célula una por una.

También aplicaron espectrometría de masas por imágenes, una herramienta que permite ver dónde se acumulan exactamente los compuestos químicos dentro del tejido de la hoja.

Con esos datos, identificaron un grupo de genes llamados UGT76G, que producen enzimas capaces de pegar moléculas de glucosa a los glucósidos de esteviol e influir directamente en el sabor final de la planta.

“Identificamos un grupo de genes glicosiltransferasas UGT76G que juegan un papel clave en la mejora del dulzor. Estas enzimas unen moléculas de glucosa a los glucósidos de esteviol en la hoja, lo que influye en el equilibrio de compuestos asociados con perfiles de sabor más dulces y limpios”, afirmó el doctor Shoji.

El estudio también mostró que pequeñas diferencias genéticas entre variedades, llamadas haplotipos, explican por qué estos genes funcionan de manera distinta en cada planta de stevia.

Esas diferencias determinan el equilibrio entre los compuestos asociados con un sabor más dulce y limpio y los que generan el retrogusto amargo característico de algunas variedades.

Una célula que guarda el secreto

El descubrimiento más llamativo del estudio fue que un gen específico, el UGT91D4, no está activo en toda la hoja, sino solo en grupos muy concretos de células.

Ese gen funciona únicamente en células del mesófilo —el tejido interior de la hoja donde ocurre la fotosíntesis— y en células de la epidermis, que es la capa exterior que protege la hoja.

Esa actividad tan restringida explica por qué el rebaudiósido D y el rebaudiósido M, los compuestos de mayor calidad, se producen solo en cantidades limitadas en la planta.

El sabor de la stevia, entonces, no depende solo de qué genes tiene la planta, sino también de en qué células exactas esos genes se activan. “El perfil de sabor de la stevia no está determinado solo por sus genes, sino por el lugar exacto donde esos genes se activan”, resaltó el científico Shoji.

Ese hallazgo cambia la forma en que la ciencia entiende la biosíntesis —es decir, la fabricación natural— de los compuestos dulces en esta planta.

Los resultados tienen consecuencias directas para la industria alimentaria, ya que los fabricantes de alimentos y bebidas podrían desarrollar variedades de stevia con sabor más limpio y menos amargor.

El estudio fue financiado por la Sociedad Japonesa para la Promoción de la Ciencia y por la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología, lo que refleja el interés institucional en mejorar los edulcorantes naturales a escala industrial.

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