#8M “Los reclamos y las consecuentes legislaciones no alcanzan”

Documento de la Federación de Colegios y Consejos Profesionales de Misiones. La cuestión de Género para la Federación de Colegios y Consejos Profesionales, tiene diferentes dimensiones de análisis y reflexiones.

La lucha de las mujeres para que se las reconozca como sujetos de derecho tuvo lugar hacia fines del siglo XVIII, cuando tomaron conciencia,  como grupo humano, de la opresión, marginación y exclusión a las que estaban siendo sometidas por el colectivo de varones, en el seno de la sociedad patriarcal. A grandes rasgos, las mujeres organizadas comenzaron a ampliar su reclamo, pasando por las demandas del derecho al voto y el acceso a la educación, como bases para lograr la independencia económica  y, en consecuencia, el derecho a insertarse en el mercado laboral. A medida que estos derechos fueron reconocidos por los Estados, las mujeres daban un paso más en sus reivindicaciones. En los últimos años, los movimientos feministas y de mujeres concentraron sus reclamos en los derechos civiles, los derechos sexuales y reproductivos, la lucha contra la violencia de género y la igualdad de género en todos los ámbitos de la vida.

De la mano de estas demandas, existieron acontecimientos que marcaron hitos en la visibilización de los derechos de la mujer. El 8 de marzo de 1975 Naciones Unidas declaró el Día Internacional de la Mujer, en reconocimiento a la lucha del colectivo de mujeres por su participación, en pie de igualdad con el varón, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. Cuatro años más tarde, se aprobó la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) constituyendo el primer tratado internacional referido específicamente a los derechos humanos de las mujeres. Dicha convención se convirtió en la piedra angular de los demás instrumentos jurídicos nacionales e internacionales que se establecieron para la defensa y garantía de estos derechos.

                La lucha iniciada por las primeras feministas permitió que las mujeres continúen reivindicando hasta el día hoy sus derechos con mayor fuerza y convicción y desde los más diversos espacios profesionales, políticos,  científicos, culturales y sociales.

La situación actual.

Desde lo profesional nos toca como a toda mujer que trabaja fuera del hogar, los mismos compromisos y desafíos. La administración del hogar, el cuidado y educación de los hijos y la convivencia saludable con la pareja.  Hay que valorar la evolución en las últimas décadas porque estas responsabilidades son cada vez más compartidas por el género masculino.

Reconocemos también a las mujeres que optan cuidar el hogar exclusivamente y tienen plenitud  con este  desempeño. La búsqueda de SER de la mujer implica múltiples esfuerzos y también sacrificios. El aprendizaje de esa lucha por ser, está basada en la íntima convicción del valor del desarrollo personal, la identificación con un oficio, profesión o tarea cuyo desempeño provee satisfacciones económicas  y fundamentalmente de autonomía, libertad e identidad. Dejar de  ser la señora de, la hija de, ya es una partida ganada.

Paridad de género.

La paridad  de género es todavía una deuda pendiente. “Los reclamos y las consecuentes legislaciones no alcanzan”. Se logra poco. El cambio es cultural y evidentemente lleva tiempo. Observar en las palestras públicas la disparidad, da cuenta de lo que falta. Se predica mucho y se obtiene poco. Paridad no es igualdad porque no somos iguales varones y mujeres, significa las diferencias que dan enormes oportunidades a la complementariedad.

Cuando la rebelión surge por autonomía, la resistencia es denigrante y hasta trágica. Las últimas estadísticas de  violencia de género y femicidios, muestran estas resistencias. “Haces lo que yo digo o te destruyo”, “sos mía o de nadie más” la destrucción no es solo física como extrema, es moral, económica, emocional y social. Es  increíble el nivel de conceptos de propiedad, superioridad  y dominación machista. Las limitaciones que se imponen  de no acercamiento, el endurecimiento de  sanciones  no alcanzan, el lema “Ni  Una Menos” es una demostración de lo que falta.

Desafíos.

El desafío es cómo modificar la cultura patriarcal, machista y de privilegios, instituidos en centurias en estos varones. Las mujeres debemos ser los pilares del cambio. En nuestros hogares se cimenta la cultura de paridad, en y con las diferenciaciones de sexo que enriquecen las relaciones humanas. El respeto por el otro, el diálogo y la compresión como caudales de convivencias armónicas. Las mujeres hemos logrado mucho, pero aún faltan grandes esfuerzos por más equidad, justicia y libertad. Las leyes y slogan no impide este continuo avasallamiento a los Derechos Humanos Universales: la Vida y la Libertad.

Como mujeres profesionales nos duele la violencia de género. El abuso de niños por todos aquellos que debieran protegerlos, cuidarlos y amarlos. La complicidad familiar, por las razones que fueren, económicas, culturales o miedos no excusa el atroz atropello a la inocencia.

También  las diferenciaciones que se marcan en algunas profesiones sobre todo aquellas que tienen el quehacer en las construcciones, ingenieras y arquitectas, deben afrontar las segregaciones porque todavía algunos estamentos sociales las consideran excluyentes del género. Iguales obstáculos se tiene en la política.

Son caminos y procesos que se deben transitar.

Todas estas cuestiones nos motivaron, como mujeres profesionales a generar debates dentro y fuera de nuestra Federación y nos desafían a nuevas construcciones culturales que lleven a mejores niveles de dignidad a la mayor cantidad de niños y mujeres, como cuestiones básicas de desarrollo humano. Creemos que es el mejor camino para seguir creciendo y lograr plenitud y fecundidad en SER,  cambiando nuestro entorno para un mejor futuro de autonomía, dignidad y libertad.

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