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Caen exportaciones pero crece el superavit comercial a costa de una fuerte baja de importaciones
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En el mes de marzo, Argentina continuó, por séptimo mes consecutivo, con un saldo positivo de balanza comercial. El superávit fue de USD 1.183 millones, un 113,5% por encima del mismo mes del año pasado, que arrojó un déficit de USD 554 millones. Antes del comienzo de esta “buena racha” de superávit comercial, el país atravesó 20 meses ininterrumpidos de saldos negativos.
Estos números son explicados, principalmente, por la caída de las importaciones, que con USD 3.953 millones significaron una caída interanual del 33,7%. La desaceleración de la economía, junto con la inflación, propiciaron esta caída abrupta de los bienes importados, pero la depreciación de la moneda no generó el impacto esperado en las exportaciones que, a pesar de la subida del dólar, tuvieron una caída interanual del 5% con USD 5.136 millones contra los USD 5.406 millones.
En ese contexto, no hay buenas noticias para algunos productos misioneros. Después de un año récord en materia de exportaciones, en el primer trimestre, la yerba registra una caída de 7 millones de dólares en ventas -16 contra 23-, con una caída global del 30 por ciento en comparación con 2018, especialmente explicado por el freno de los envíos a Brasil.
El tabaco en rama sin elaborar también sufrió una caída: en el primer trimestre de 2018 se exportó por 50 millones de dólares y ahora solo por 30.
En marzo la pasta para papel también sufrió una caída, con ventas por 66 millones de dólares, diez menos que en el mismo mes del año pasado, con una caída del 13,2 por ciento. En el trimestre, se acumulan ventas por 218, contra 252 del año pasado, una caída del 13,5 por ciento.
Sin embargo, en el NEA, las exportaciones fueron de 250 millones de dólares y se incrementaron 12,7%, consecuencia de la suba en los complejos forestal (15,0%), arrocero (118,2%) y textil (80,0%); pero se destaca la caída de 30,4% en el complejo yerba mate.
En 2019 retornará el superávit comercial, según Ecolatina
Marzo arrojó un superávit comercial de bienes de casi USD 1.200 millones. De esta forma, más que revirtió el déficit de USD 550 millones alcanzado en igual mes del año pasado. Lamentablemente, esta dinámica positiva obedeció al desplome de las importaciones (-33,7% i.a.) ya que las exportaciones también se contrajeron en la comparación interanual (-5,0% i.a.).
Si bien en momentos de escasez de oferta de divisas lo más relevante es el valor exportado –la cantidad de dólares genuinos que ingresa al país-, cabe destacar que la caída respondió a la baja de los precios (-5,2% i.a.) ya que las cantidades crecieron levemente respecto de marzo 2018 (+0,3% i.a.). En este punto, vale señalar el deterioro de los envíos a Brasil (-13% i.a.), ya que el resto de los principales destinos mostraron un avance. El retroceso constante de las expectativas de crecimiento de nuestro principal socio comercial es una mala noticia, dado que obliga a fortalecer nuevos destinos y mercados en un contexto interno recesivo; es decir, añade un foco de conflicto más en momentos de demanda interna anémica.
Por su parte, en el acumulado anual, la balanza comercial de bienes muestra un saldo positivo mayor a USD 2.000 millones, dando vuelta el rojo de USD 2.400 millones alcanzado en el período enero-marzo del año pasado. Al igual que en el dato mensual, esta evolución favorable responde íntegramente al retroceso de las importaciones (-28% i.a.), ya que las exportaciones caen 2,3% i.a. en relación al comienzo de 2018.
Para el acumulado anual, proyectamos un superávit comercial de bienes cercano a USD 8.500 millones. Este resultado sería la consecuencia de envíos al exterior que crecerían alrededor de 7% en 2019, impulsados por una cosecha récord y el excedente exportable que está dejando un consumo interno deprimido sumado a un tipo de cambio más competitivo a lo largo del año, y un retroceso de 12% i.a. de las importaciones consecuencia de la recesión que pesa sobre la demanda interna. Considerando la importante necesidad de dólares genuinos que posee nuestro país (fundamentalmente, para el pago de intereses de la deuda), este resultado positivo es una buena e importante noticia.
No obstante, la política errática del gobierno nacional, la falta de previsibilidad sobre la evolución del tipo de cambio real –que una vez más parece ser una variable secundaria en un año electoral- y que parte del objetivo fiscal se intente alcanzar a través de una mayor carga impositiva para los exportadores y un freno a las mejoras en infraestructura (doble golpe a la competitividad no cambiaria) no aportan perspectivas optimistas de cara al corto plazo: en cuanto la actividad económica comience a recuperarse, reaparecerán los viejos problemas y el déficit comercial no tardará en volver a manifestarse.

