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Las exportaciones misioneras siguen rompiendo récords: alcanzaron el mayor volumen de su historia

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En julio las exportaciones con origen en Misiones alcanzaron los USD  52 millones con una suba del 8,2% interanual. Con este resultado, las  exportaciones totales del período enero-julio 2026 alcanzaron los USD 325 millones, 4,3% más que en igual período del año anterior y con un nuevo récord,  al tratarse del mejor período enero-julio de la historia. 

Las cantidades exportadas alcanzaron los 429 mil toneladas, con un crecimiento del 7,1% interanual, lo que marca el mayor volumen desde 2007.  

Exportaciones de Misiones: nuevo récord histórico

Exportaciones acumuladas entre enero y julio de cada año, en millones de dólares.
Fuente: Politikon Chaco en base a INDEC

Misiones lidera las exportaciones del NEA

Exportaciones acumuladas enero-julio de 2026, en millones de dólares FOB.
Fuente: Politikon Chaco en base a INDEC

Misiones obtiene el mayor valor por tonelada del NEA

Precio promedio de las exportaciones durante enero-julio de 2026, en dólares por tonelada.
Fuente: Politikon Chaco en base a INDEC

Qué exporta Misiones

Distribución de los USD 325 millones exportados entre enero y julio de 2026.
Fuente: Politikon Chaco en base a INDEC

En el plano regional, Misiones consolida su liderazgo en el NEA siendo la provincia con el  mayor monto exportado medido en USD, explicando el 44,5% del total regional. En términos de desempeño, Chaco (+40,1%) y Corrientes (+13,5%) mostraron las mayores alzas, aunque partiendo de pisos mucho más bajos, seguidas luego por Misiones con su +4,3%.  Formosa, por su parte, registró una baja del 0,7%. A su vez, Misiones exhibe, por lejos, el mejor rendimiento de sus exportaciones: el precio promedio en la provincia fue de USD 758 por tonelada, mientras que la media regional se ubicó en USD 558/Tn

Características de las exportaciones de Misiones 

En el período acumulado, el 48% de las exportaciones misioneras fueron de manufacturas  agropecuarias (MOA) totalizando USD 155 millones; con un crecimiento del 5,8% interanual y  el mejor registro para este período desde 2014. Por su parte, las manufacturas industriales (MOI) totalizaron USD 89 millones (27% de participación) con una caída interanual del 5,3%; mientras que las exportaciones de productos primarios (PP) crecieron 13,9%  interanual y alcanzaron los USD 80 millones, para explicar el 25% del total. 

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Sturzenegger dijo que el riesgo país de Milei es de “80 puntos” y anticipó décadas de prosperidad

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El ministro de Desregulación y Modernización del Estado, Federico Sturzenegger, introdujo una lectura alternativa sobre el riesgo soberano argentino durante su exposición en el Council of the Americas 2026: sostuvo que, si se toma como referencia un bono con vencimiento dentro del actual mandato presidencial, el riesgo asociado a la Argentina de Javier Milei sería de apenas 80 puntos básicos, muy por debajo del indicador soberano que se ubica por encima de los 500 puntos.

La interpretación del funcionario se apoya en el bono AO27, emitido durante la gestión de Luis Caputo y cuyo vencimiento se encuentra dentro del período presidencial de Milei. “El bono que emitió ‘Toto’ y que vence dentro del mandato de Milei tiene un riesgo país de 80 puntos básicos”, afirmó Sturzenegger ante empresarios, inversores y dirigentes políticos reunidos en Buenos Aires.

La diferencia entre ambas referencias no es un detalle técnico menor. Mientras el riesgo país tradicional busca reflejar el diferencial de rendimiento de la deuda argentina frente a instrumentos considerados de bajo riesgo, Sturzenegger utilizó la cotización de un título con vencimiento anterior al final del mandato para argumentar que el mercado estaría asignando un riesgo mucho menor a la capacidad de pago en ese horizonte específico.

El planteo apunta, en definitiva, a una discusión sobre las expectativas. Para el ministro, el mercado no estaría valorando de manera homogénea el riesgo argentino, sino que existiría una brecha entre la percepción general sobre la deuda soberana y el precio de determinados instrumentos. Esa lectura es consistente con la tesis oficial de que la mejora fiscal, la reducción de la inflación y la transformación de la matriz productiva están modificando progresivamente el perfil financiero del país.

Sturzenegger también puso el foco en la expansión económica y aseguró que la Argentina atraviesa un proceso de crecimiento “inédito”, aunque con diferentes velocidades según sectores y regiones. Según sus proyecciones, si se incorporan las expectativas del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central hasta el final del mandato, la economía podría acumular un crecimiento cercano a los 13 puntos porcentuales durante la primera gestión de Milei.

“Le gana por goleada a las presidencias anteriores”, sostuvo el ministro, al comparar esa trayectoria con los resultados registrados durante administraciones anteriores. La diferencia que destacó no está solamente en el volumen del crecimiento, sino también en su composición: según Sturzenegger, se trata de una expansión liderada por las exportaciones y acompañada por una transformación de la estructura productiva.

El funcionario señaló particularmente el peso creciente de la energía. A la tradicional contribución del complejo agroexportador se sumaron las exportaciones de petróleo, en un proceso que, según su interpretación, permitiría que la economía argentina reduzca su dependencia de los ciclos de cosecha y avance hacia una matriz exportadora más diversificada.

Esa transformación también tendría una dimensión territorial. Sturzenegger anticipó una fuerte migración interna hacia las provincias vinculadas con la producción energética, petrolera y minera. En particular, estimó que durante las próximas tres décadas al menos dos millones de personas podrían instalarse en Neuquén, impulsadas por la expansión de Vaca Muerta y las actividades asociadas al desarrollo hidrocarburífero.

El dato plantea uno de los desafíos menos visibles de la nueva etapa económica: el crecimiento de los sectores exportadores no solamente modifica las cuentas externas, sino que puede alterar la geografía económica del país. El flujo de trabajadores hacia las zonas de mayor productividad obliga a pensar en vivienda, rutas, servicios públicos, escuelas, salud, transporte e infraestructura urbana antes de que el crecimiento demográfico se transforme en un cuello de botella.

En ese punto, Sturzenegger identificó cuatro condiciones que, a su juicio, serán determinantes para sostener el ciclo expansivo: derechos de propiedad, infraestructura, financiamiento y apertura económica. La combinación de esos factores debería permitir que el aumento de la inversión y la productividad se traduzca en una expansión prolongada.

“Vamos a tener muchas décadas de prosperidad si mantenemos este rumbo”, afirmó el ministro, condensando en esa frase la principal apuesta de largo plazo del Gobierno. El desafío, sin embargo, consiste en transformar las reformas regulatorias en capacidad productiva y evitar que la expansión quede concentrada exclusivamente en enclaves vinculados con recursos naturales.

Las 12 reformas con las que Sturzenegger busca explicar el cambio

El ministro aprovechó el escenario del Council of the Americas para enumerar las reformas que considera centrales en la estrategia de transformación económica. Con una metáfora que utilizó para definir el trabajo de su cartera, sostuvo: “Nosotros somos plomeros: nos metemos en las bases de los edificios, limpiamos los caños”.

Entre las medidas que destacó ubicó la modernización laboral, la modificación de la Ley de Glaciares, los cambios vinculados con la propiedad intelectual de semillas y una reforma del mercado de capitales que calificó como “extraordinaria”. También mencionó el nuevo esquema para la licitación de rutas, que según explicó se encuentra en proceso de definición por parte del Ministerio de Economía.

El listado incluyó además el tratado de comercio e inversiones con Estados Unidos, el proyecto de Ley de Propiedad Privada y una reforma de la Ley de Sociedades. La lógica que atraviesa estas iniciativas, según Sturzenegger, es reducir restricciones, mejorar los incentivos a la inversión y ampliar el espacio para que el sector privado pueda asignar capital.

En el caso de la Ley de Glaciares, el ministro vinculó la modificación con el potencial minero argentino y sostuvo que el marco anterior limitaba una capacidad exportadora que comparó con la experiencia chilena. La minería aparece así como una de las piezas estratégicas de la nueva matriz productiva junto con petróleo, gas y agroindustria.

La reforma laboral constituye otro de los pilares. Para el Gobierno, la reducción de costos y rigideces regulatorias debería facilitar la incorporación de trabajadores al sector privado formal. El desafío será que esa flexibilización se traduzca efectivamente en mayor empleo registrado, productividad y salarios reales, especialmente en una economía donde una parte sustancial de la fuerza laboral continúa fuera del mercado formal.

El mismo razonamiento se extiende al mercado de capitales. Una economía que pretende financiar grandes proyectos de infraestructura, minería y energía necesita desarrollar mecanismos capaces de canalizar ahorro doméstico y capital extranjero hacia inversiones de largo plazo. La reducción del riesgo soberano sería, en ese esquema, una condición relevante para abaratar el costo financiero de las empresas y ampliar el horizonte de inversión.

La exposición de Sturzenegger se inscribió en una jornada donde el Gobierno buscó mostrar una imagen coordinada frente al empresariado. Antes del cierre de Milei participaron el viceministro de Economía, José Luis Daza; el canciller Pablo Quirno y el jefe de Gabinete, Diego Santilli. El mensaje común fue que la estabilización constituye solamente la primera fase de un proceso cuyo objetivo final es modificar la estructura productiva argentina.

La discusión sobre los “80 puntos” introduce, sin embargo, una cuestión que excede la retórica política: qué precio le asigna realmente el mercado al riesgo argentino en los distintos horizontes de vencimiento. Si la mejora fiscal y la acumulación de activos productivos logran consolidarse, la compresión del riesgo podría convertirse en uno de los principales mecanismos para acelerar la inversión. Si, en cambio, las expectativas no se traducen en resultados sostenibles, la brecha entre determinados bonos y el indicador soberano podría terminar siendo solamente una fotografía de mercado.

Por ahora, Sturzenegger eligió mirar la película completa. Su argumento es que la combinación de reformas, exportaciones, inversión y apertura puede generar un ciclo de crecimiento que trascienda al actual Gobierno. El verdadero test será convertir esa expectativa en infraestructura, empleo formal, nuevas empresas y oportunidades concretas en las regiones que están llamadas a convertirse en los nuevos motores de la economía argentina.

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La industria no logra despegar: la mitad de las fábricas tiene pedidos por debajo de lo normal

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La industria argentina llega al tercer trimestre de 2026 atrapada en una combinación que explica buena parte de las dificultades para consolidar una recuperación: faltan pedidos, la demanda interna sigue siendo el principal límite para producir más y las empresas no anticipan una expansión significativa de la producción ni del empleo durante los próximos meses.

La Encuesta de Tendencia de Negocios de la Industria Manufacturera difundida este miércoles por el INDEC muestra que el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) se ubicó en -17,2% en julio, todavía profundamente instalado en terreno negativo.

El dato representa una mejora frente al -19,6% registrado en mayo y al -17,8% de junio, pero permanece lejos de alcanzar terreno positivo. El gráfico de la página 3 permite observar además que la confianza industrial no registró un solo mes por encima de cero desde el inicio de la serie, en enero de 2025.

La explicación aparece en los propios componentes del indicador: las expectativas de producción arrojan un balance de -3,1%; la cartera de pedidos, un contundente -46,9%; y los stocks de productos terminados, +1,5%.
Es decir, las fábricas no parecen enfrentar principalmente un problema de capacidad para producir. El punto crítico está en conseguir quién compre esa producción.

La mayor cautela aparece cuando los industriales son consultados por sus trabajadores.

Para agosto-octubre, 78,8% espera mantener sin cambios su dotación, pero 17,1% anticipa una reducción y apenas 4,1% proyecta aumentarla.

En julio, 49,7% de las empresas industriales declaró que su nivel de pedidos se encontraba por debajo de lo normal. Otro 47,5% lo consideró normal y apenas 2,8% afirmó estar por encima.

El balance resultante es de -46,9%, con un indicador de difusión de apenas 26,5%.

La magnitud del desequilibrio resulta significativa: por cada empresa que informa pedidos superiores a lo habitual hay casi 18 que los ubican por debajo.

El balance de pedidos permanece en niveles cercanos a -50 puntos durante prácticamente todo 2026. No se trata, por lo tanto, de una caída circunstancial de julio, sino de una debilidad que se mantiene en el tiempo.

El cuadro exportador tampoco compensa la fragilidad doméstica. El 37,1% considera que sus exportaciones están por debajo de lo normal, frente al 57,3% que las ubica en niveles normales y sólo 5,6% por encima. El balance exportador resulta negativo en 31,5%.

El diagnóstico adquiere mayor claridad cuando el INDEC pregunta directamente qué impide producir más.

Para el 52,9% de los industriales, la demanda interna insuficiente es el principal factor que limita su capacidad de aumentar la producción. Tres meses antes había sido señalada por el 51,8%, por lo que el problema incluso ganó participación.

Muy lejos aparece en segundo lugar la competencia de productos importados, con 10,2%, aunque su incidencia disminuyó frente al 11% de tres meses atrás.

Después se ubican la incertidumbre económica, con 7,4%; la demanda externa insuficiente, 4,5%; los problemas financieros, 4,2%; la escasez de materias primas, insumos o componentes, 3,8%; y la falta de equipos adecuados, 2,5%.

Solamente 6,6% de las empresas asegura no tener ningún factor que limite su capacidad para producir más.

La industria enfrenta problemas financieros, competencia importada e incertidumbre. Pero ninguno tiene, individualmente, una magnitud comparable con el debilitamiento del mercado interno.

Hay otro dato con relevancia para el debate sobre la apertura comercial.

La competencia de productos importados es mencionada por 10,2% de las empresas como principal limitante para incrementar la producción. Es el segundo factor individual más señalado después de la demanda interna.

Sin embargo, la comparación trimestral obliga a introducir un matiz: hace tres meses esa respuesta alcanzaba al 11% de los industriales.

Por lo tanto, el informe no muestra una aceleración reciente de esa percepción. Sí confirma que los productos importados se instalaron entre las principales variables que los empresarios industriales consideran al explicar sus restricciones productivas.

La combinación entre demanda interna insuficiente y competencia importada concentra 63,1% de las respuestas.

Los inventarios agregan otra pieza al cuadro industrial. El 64,7% considera adecuado su nivel de productos terminados, mientras 18,4% afirma tener stocks por encima de lo adecuado y 16,9% por debajo. El balance es ligeramente positivo, en 1,5%.

Ese dato adquiere otra dimensión cuando se lo contrapone con la cartera de pedidos: mientras prácticamente la mitad de las industrias tiene pedidos inferiores a lo normal, existe una leve mayoría relativa de empresas con inventarios por encima antes que por debajo de lo adecuado.

No hay una señal generalizada de faltantes de producto terminado. La restricción está principalmente en la salida comercial.

La percepción general de los industriales sigue siendo negativa. Apenas 6,6% considera buena la situación empresarial actual, mientras 65,3% la califica como normal y 28,1% como mala.

El balance entre respuestas positivas y negativas alcanza así -21,6%. También permanece deteriorado el frente financiero.

El 23,6% considera mala la situación financiera de su compañía, contra sólo 9,8% que la califica como buena. Dos tercios -66,6%- responden que es normal. El balance financiero resulta negativo en 13,9%.

Más complicado aparece el acceso al crédito: 31,4% lo considera difícil y apenas 6,1% fácil. El restante 62,6% lo define como normal. El balance crediticio se hunde así hasta -25,3%.

El panorama hacia adelante ofrece pocas señales de un cambio de velocidad.

Consultados sobre lo que ocurrirá entre agosto y octubre, 70,9% de los industriales espera mantener sin modificaciones su volumen de producción.

Otro 16,1% prevé reducirlo y sólo 13% espera aumentarlo. El balance de expectativas productivas queda así en -3,1%.

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El peso argentino está 19% sobrevaluado frente al dólar: qué revela el Índice Big Mac sobre el atraso cambiario

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Argentina vuelve a aparecer en una discusión conocida, aunque esta vez el termómetro no surge de las reservas, el comercio exterior ni de las cotizaciones financieras. Surge del precio de una hamburguesa.

La última actualización del Índice Big Mac, elaborado por The Economist y correspondiente a julio de 2026, estima que el peso argentino está sobrevaluado un 19% frente al dólar cuando la comparación se ajusta por las diferencias de ingreso entre países.

El resultado aporta otra señal a uno de los debates centrales de la economía argentina: cuánto se encareció el país en dólares y hasta qué punto el tipo de cambio acompaña el aumento que acumularon los precios internos.

La particularidad es que el indicador ofrece dos fotografías diferentes.

Si se observa únicamente el precio de mercado, Argentina todavía aparece como un país ligeramente más barato que Estados Unidos. Un Big Mac cuesta US$5,91 en Argentina frente a US$6,22 en Estados Unidos, una diferencia del 5%.

Pero esa comparación cambia cuando se incorpora una variable decisiva: el ingreso por habitante.

Según el cálculo de The Economist, por la diferencia de PIB per cápita entre ambos países, la hamburguesa debería costar en Argentina 20,2% menos que en Estados Unidos. Como la brecha real es de apenas 5%, el resultado es que el peso argentino aparece sobrevaluado en 19%.

Argentina se encareció en dólares

El dato no significa que el dólar necesariamente deba subir 19% ni constituye una proyección sobre el futuro del tipo de cambio. Pero sí ofrece una referencia interesante para medir cuánto se modificaron los precios relativos de la economía argentina.

El Índice Big Mac nació en 1986 como una manera sencilla de representar la teoría de la paridad del poder adquisitivo (PPA). La idea es que, a largo plazo, los tipos de cambio deberían tender hacia niveles que permitan que una misma canasta de bienes tenga precios similares entre diferentes países.

En Argentina, la señal resulta particularmente significativa por el fuerte movimiento de los precios internos. El propio análisis que acompaña al índice advierte que el país pasa de una ligera subvaluación en la comparación directa a una sobrevaluación cuando se incorpora el nivel de ingresos, un fenómeno asociado al avance de los precios domésticos.

En términos simples: Argentina puede seguir siendo algo más barata que Estados Unidos en dólares, pero resulta cara para el nivel de ingresos que genera su economía.

Y esa diferencia es relevante.

Porque el problema de un país que se encarece en dólares no se limita al turista argentino que encuentra más conveniente viajar al exterior. También impacta sobre empresas que deben competir con productos importados, industrias exportadoras cuyos costos se pagan en pesos pero se traducen a dólares y economías regionales que venden su producción en mercados internacionales.

El contraste regional

Argentina no es, sin embargo, la economía con mayor sobrevaluación de América Latina según este indicador.

El caso extremo es Uruguay. Allí un Big Mac cuesta US$8,94, 43,7% más que en Estados Unidos. Cuando se ajusta la comparación por PIB per cápita, el peso uruguayo aparece 77,4% sobrevaluado frente al dólar.

Le sigue Colombia, donde el peso aparece sobrevaluado 63,6% ajustado por ingresos. Costa Rica registra 38,1% y México, 25,4%.

Argentina, con su 19%, aparece después de ese grupo.

En niveles inferiores se encuentran Honduras, con 7,7%; Chile, con 6,1%; Nicaragua, con 5,9%; y Perú, prácticamente en equilibrio, con una sobrevaluación de apenas 0,5%. En sentido contrario, Brasil conserva una mayor competitividad cambiaria: el real aparece subvaluado alrededor de 6%, mientras que el quetzal guatemalteco registra una subvaluación del 9%.

La comparación con Brasil resulta especialmente significativa para Argentina por tratarse de su principal socio comercial y de un competidor directo para numerosas actividades industriales.

Mientras el Índice Big Mac ubica al peso argentino 19% por encima de su valor de equilibrio ajustado por ingresos, el real brasileño aparece 6% por debajo.

No constituye por sí sola una medición de competitividad bilateral, pero la diferencia ilustra dos estructuras de precios que se mueven en direcciones distintas.

La otra cara del dólar barato

Una moneda apreciada tiene beneficios evidentes para determinados sectores de la economía. Abarata en términos relativos los bienes importados, los viajes internacionales, la maquinaria y determinados insumos provenientes del exterior.

Pero también tiene costos.

Una moneda sobrevaluada encarece al país para el turismo receptivo y resta competitividad a las exportaciones, mientras que una moneda subvaluada produce el efecto inverso: vuelve al país relativamente más barato para extranjeros y mejora las condiciones de quienes venden al exterior.

La discusión adquiere una dimensión particular para provincias exportadoras como Misiones.

Yerba mate, té, madera y productos forestales compiten en mercados internacionales y tienen una parte importante de sus costos determinada dentro de la economía argentina. Si esos costos aumentan en dólares más rápido que los precios internacionales de los productos, los márgenes se comprimen aunque las exportaciones continúen creciendo en volumen.

Por eso, detrás de la curiosidad estadística de una hamburguesa aparece una discusión mucho más profunda: qué dólar necesita una economía que busca estabilizar sus precios sin perder capacidad para producir, exportar y competir.

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El Reglamento Europeo contra la Deforestación redefine las reglas de la exportación forestal

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La Comisión Europea dio un nuevo paso en la aplicación del Reglamento contra la Deforestación (EUDR) al introducir ajustes específicos en el alcance de los productos y en las normas técnicas del Sistema de Información. El movimiento apunta a facilitar la implementación de una norma que sigue generando debate en toda la cadena forestal y maderera europea. En ese marco, la madera permanece plenamente incluida dentro del alcance regulatorio, un punto central para productores, industriales, comerciantes y operadores logísticos del sector.

Ajustes normativos y resistencia sectorial

La actualización llega en un momento en que la industria reclama definiciones más claras y menos fricción administrativa. En Alemania, grupos de propietarios forestales como AGDW y Familienbetriebe Land und Forst criticaron el proyecto de ley nacional para implementar la EUDR y reclamaron cambios en el régimen de sanciones, las facultades de inspección y los mecanismos de reporte. Su objeción principal es que la norma, tal como fue concebida, puede trasladar sobre los productores una carga operativa desproporcionada, con efectos difíciles de absorber para pequeñas y medianas estructuras forestales.

En paralelo, la asociación alemana del comercio de la madera advirtió sobre el riesgo de restricciones al suministro en un mercado que todavía no recupera plena estabilidad. Según su diagnóstico, productos como las correas para techos, la madera maciza estructural y la madera aserrada para construcción se mantuvieron por debajo de los niveles de precios de 2021. La observación no es menor: en un contexto de costos elevados, márgenes ajustados y demanda irregular, cualquier exigencia adicional sobre trazabilidad y documentación puede amplificar las tensiones ya existentes en la cadena.

Comercio exterior y precios

A la presión regulatoria se suman señales mixtas del comercio exterior europeo. Entre febrero y abril de 2026, las exportaciones extracomunitarias de madera aserrada de coníferas de la UE alcanzaron 1.490 millones de euros, con una suba interanual de 5,3%. El avance se explicó por valores unitarios más altos, capaces de compensar una reducción de los volúmenes embarcados. Es una dinámica que sugiere firmeza en la formación de precios, aunque no necesariamente un aumento equivalente en la demanda física.

Más pronunciado fue el crecimiento de las exportaciones de troncos de madera dura y de madera no conífera en bruto, que aumentaron 57,5% en el mismo período. China y Vietnam se consolidaron como los principales destinos de ese flujo, reforzando el papel de Asia en la absorción de materias primas forestales europeas. El dato confirma que, aun en un entorno de mayores exigencias normativas, el comercio internacional sigue siendo un componente decisivo para el equilibrio del mercado.

El cuadro general deja una conclusión clara: la EUDR ya no se discute solo como una regulación ambiental, sino como una variable estructural del negocio forestal y maderero europeo. Entre ajustes técnicos, cuestionamientos sectoriales y movimientos de precios y exportaciones, la cadena entra en una etapa en la que cumplimiento, competitividad y abastecimiento quedan cada vez más entrelazados.

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