Cambie: un proyecto pionero en Sudamérica para prevenir sobredosis de heroína
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Lourdes* maneja con cuidado las jeringas. Las esparce sobre una mesa metálica, las selecciona y las prepara. En poco tiempo llegará alguien a inyectarse heroína.
En un esfuerzo innovador por abordar el consumo de heroína y reducir los riesgos asociados, un proyecto pionero en Sudamérica está marcando la diferencia en Bogotá, Colombia. Se trata de “Cambie”, la primera sala de consumo supervisado de heroína y otras drogas inyectables en la región.
En lugar de centrarse únicamente en la abstinencia, Cambie adopta un enfoque de reducción de daños. Esto significa que busca minimizar los efectos negativos del consumo de drogas, como las sobredosis y la transmisión de enfermedades, al tiempo que conecta a los usuarios con servicios de atención médica y social.
La transmisión de enfermedades se asienta en el hecho de que, al compartir jeringas, las personas que usan drogas tienen más riesgo de contraer enfermedades graves como el VIH o la hepatitis C.
La sala se instaló hace menos de dos años, inspirada en las iniciativas de consumo supervisado que abrieron en Europa en los 80, cuando los consumidores de drogas inyectables integraron los grupos de mayor riesgo de infección por la epidemia de VIH/SIDA.
Desde entonces, este tipo de salas proliferó en países como Suiza, Países Bajos, Alemania o Luxemburgo. Augusto Pérez Gómez, investigador y psicoterapeuta en el área de alcohol y drogas, afirma que hoy hay cerca de 100 salas así por el mundo.
A Latinoamérica no llegaron hasta 2018, cuando se creó una en Mexicali, en el norte de México. Apoyados en esta experiencia y otras similiares en Canadá, Cambie se lanzó a emprender la primera en Colombia y Sudamérica a mediados de 2023.
“Surge como respuesta a las necesidades de las personas que inyectan sustancias en un contexto de insalubridad, pobreza, violencia y barreras estructurales”, dice la web de la iniciativa.
El papel clave de los pares
Uno de los elementos distintivos de Cambie es la participación de “pares”, personas con experiencia en el consumo de drogas que ahora trabajan para proteger a otros usuarios. Estos pares desempeñan un papel fundamental en la prevención de sobredosis, la educación sobre prácticas de consumo más seguras y el apoyo a quienes buscan tratamiento.

Lourdes Camargo* (seudónimo utilizado para proteger la identidad de la persona) es una de las pares que trabaja en Cambie. Con años de experiencia en el consumo de heroína, Lourdes comprende los desafíos que enfrentan los usuarios y puede establecer una conexión genuina con ellos. Su trabajo incluye preparar jeringas esterilizadas, supervisar inyecciones y detectar signos de sobredosis.
“He visto a personas morir por sobredosis”, dice Lourdes. “Es una experiencia traumática, pero me motiva a seguir trabajando para proteger a otros usuarios y evitar que pasen por lo mismo”.
El día a día de un par
Me levanto a las 6.00 am y, cuando llego a la sala sobre las 10.00 am, ya hay varios usuarios haciendo fila fuera esperando entrar.
Apenas ingresan, se les llena una planilla con varios datos, como la hora a la que ingresan, un código que les identifique y cuándo y cuál fue la última sustancia que consumieron.
Luego se les pregunta por la parte del cuerpo donde van a inyectar, qué kit de jeringas piden, qué sustancia consumirán y cuánto.
Se sientan en los cubículos. A través de espejos vigilamos que no se ponen cianóticas, moradas, los primeros síntomas de una sobredosis.
Si no ocurre nada, se les da un refrigerio. Pueden quedarse en la sala si quieren.
Muchos, en habitabilidad de calle, se les ofrece dormir en los cubículos si no hay mucho flujo de usuarios.
Les acompañamos hasta que puedan retirarse de la sala por sus propios medios.
Si hay sobredosis, se activa el protocolo. Se baja a la persona de la silla y entre todos colaboramos: uno pone la naloxona, otro mide el tiempo.
Si se reponen, viene un momento difícil porque los dolores que produce la abstinencia son terribles. Las personas pueden ponerse muy agresivas.
A veces también toca asistirles con la inyección si no tienen una buena técnica.
Si vienen y dicen querer desintoxicarse y rehabilitarse, también les ayudamos con toda la gestión.
No es fácil. Lidias con un alto porcentaje que no vive en situaciones adecuadas.
No es bonito cuando vienen tras recibir una puñalada en una de las muchas situaciones violentas a las que se exponen.
A nosotros nos acompañan psicólogos porque son todas situaciones de vida que a uno le tocan muy duro

Naloxona: un aliado vital
Cambie también ha implementado la distribución comunitaria de naloxona, un medicamento que puede revertir rápidamente una sobredosis de opioides. Esta iniciativa ha sido fundamental para salvar vidas y reducir el número de muertes relacionadas con sobredosis en la comunidad. Daniel Rojas, uno de los líderes del proyecto, no habría sido posible sin una de las iniciativas “rompedoras” de Cambie: la distribución de naloxona a nivel comunitario.
“Antes solo se administraba a nivel intrahospitalario. Aunque fue controvertido al inicio, que apostáramos por dar naloxona a pares, familiares, amigos, sirvió para revertir las sobredosis es mucho más fácil”, dice Rojas.

Más allá de la sala de consumo
Cambie es más que una sala de consumo supervisado. También es un centro de recursos donde los usuarios pueden acceder a información, apoyo y tratamiento para la adicción. El proyecto trabaja en estrecha colaboración con otras organizaciones y agencias gubernamentales para garantizar que los usuarios reciban una atención integral y personalizada.
En Colombia es una problemática particularmente delicada. Rojas denuncia que los datos sobre el consumo de heroína, las sobredosis y muertes que producen son escasos y, muchas veces, subregistrados. También pide no obviar los efectos que dejan la desigualdad y violencia crónicas en Colombia entre los consumidores.
“Hay muchos en condiciones de vulnerabilidad extrema, lo que aumenta el riesgo de infecciones por heridas. Muchos migrantes, sin papeles, tampoco tienen acceso a hospitales y servicios básicos, además de exponerse a la hostilidad de fuerzas de seguridad, vendedores y otros actores del mercado de opioides”, añade Rojas.
Si estas salas son la solución no es algo para lo que existan respuestas.

Fuente: BBC
