Josefina Espindola y su pasión por la mecánica: “Entregué el último auto, y a las dos horas fui a tener a mi bebé”
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Josefina Espíndola tenía 14 años cuando le dijo a su papá, un mecánico experimentado, que ella quería empezar a interiorizarse en el rubro de la mecánica. Fue así que en plena adolescencia decidió iniciar la secundaria en una escuela técnica, y se cambió del colegio Santa María a la Industrial. Un viaje de ida. “Se lo planteé a mi papá y él me dijo que empezara a ver el taller y ahí empecé un turno con el taller y otro en la escuela”.
Con una trayectoria que se remonta a su infancia, Jose (como le gusta que la llamen), siempre estuvo rodeada de herramientas y motores. Su padre, quién a los 15 años puso su primer taller en San Vicente, le enseñó los secretos del oficio y siempre la alentó a aprender de todo.
“Ya viene de mi abuelo, desde los orígenes, va pasando de generación en generación, mi papá tiene 50 años en la mecánica, al ser mujeres sus cuatros primeras hijas, siempre nos dijo que debíamos tener ciertas herramientas, debíamos aprender a soldar, a cortar tornos, nos hizo parte de su mundo, tanto que mi hermana mayor fue la primera mujer en correr karting”, relató Josefina.

Si bien todas finalizaron sus estudios y se formaron profesionalmente, la experta en mecánica siempre estuvo convencida de que su lugar era el taller. Hoy a sus 30 años es dueña y operadora principal del taller familiar, con una clientela leal y una reputación sólida. A pesar de que al inicio fue difícil asegura que no se ve en otro lugar que no sea rodeada de herramientas y autos.
Jose es madre de una niña de 2 años. Asegura que logra equilibrar su vida familiar y laboral con éxito. Apasionada por lo que hace, durante todo su embarazo no dejó de trabajar un solo día: “Trabajé desde que me enteré del embarazo hasta el último día, tenía 40 semanas y 5 días, antes de dar a luz estaba trabajando, entregué el último auto, y a las dos horas fui a tener a mi bebé. El lunes me dieron el alta y el martes a la tarde volví a trabajar, en la oficina”, detalló.
Dejar a su bebé al cuidado de alguien más y no poder estar para su hija no era una opción, pero tampoco dejar el taller por lo que sin pensarlo mucho trasladó las cosas de su niña al taller, y así empezó la crianza. Aunque fue todo un desafío, al igual que ella en su momento, la niña crece feliz rodeada de amor, herramientas y motores. “Se adapta bien, pero también es una niña, la llevó al jardín y trato de que ella elija lo que quiere”.
El buen ambiente impacta de manera positiva en el taller, con una demanda de aproximadamente 50 autos por semana, con reservas anticipadas en las que el 60% de los clientes son mujeres. “Esto se da porque estamos al frente gente laburadora que no se abusa de alguien que quizás no entiende mucho”.
El taller cuenta con tres colaboradores y en épocas escolares dan pasantías a los chicos de las escuelas técnicas. “Todos los secretarios que tuvimos, fueron saliendo y armando sus talleres, porque nosotros vemos que no podes tenerlo toda la vida siendo un secretario. La idea es que ellos salgan y creen”.
Jose sostuvo que el rubro de la mecánica es un sector en el que está en un aprendizaje constante, y aunque a ella le fascina ensuciarse desarmando motores y utilizando herramientas, en la actualidad la inyección electrónica es lo que está en auge. “Es lo que se viene, es donde hay que ponerle fuerte porque constantemente van modificando, hay nuevas computadoras, nuevas maneras de trabajar. Es una mecánica más limpia, distinta a lo que era hace años atrás. A lo que apostamos es a tener algo bien armado en lo que sea solamente inyección electrónica”
Señaló que a nivel personal la visión a futuro es continuar en el sector, más allá del sentimiento familiar, porque le gusta y apasiona lo que hace. Con la convicción de brindar un servicio de primer nivel, cuidando no solo el servicio sino también la atención y la imagen, sabiendo que especializarse constantemente es la clave para poder lograr mantener el legado por varias generaciones más.
