Nace una esperanza: nuevo cachorro de yaguareté en el Parque Nacional Iguazú
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La cámara trampa apenas alcanzó a captarlo: un pequeño yaguareté, fugaz y curioso, cruzó el camino del Poço Preto, sorprendiendo a un ciclista en el Parque Nacional do Iguaçu, del lado brasileño. Todo indica que se trata de uno de los cachorros de Angá, una hembra monitoreada hace tiempo. Horas antes, otro registro mostraba al cachorro de Anaí, una yaguareté que nunca antes había sido vista con crías. Dos avistajes breves, pero contundentes. Son señales de vida, exploración y crecimiento. Y en un contexto de alerta por la disminución de la población de la especie, cada uno cuenta.
Desde el Proyecto Onças do Iguaçu celebraron con entusiasmo. El hallazgo es mucho más que una anécdota silvestre: es una chispa de esperanza. Porque mientras los cachorros exploran la selva, los números advierten que su mundo se achica.
Un nuevo censo binacional presentado recientemente en Posadas muestra una leve pero significativa caída en la población de yaguaretés en la Selva Misionera. Según el relevamiento conjunto del Proyecto Yaguareté (CeIBA-CONICET) y el Proyecto Onças do Iguaçu (ICMBio), quedan entre 64 y 110 individuos, con una media estimada de 84. Son nueve menos que en 2022. La cifra se mantiene dentro de los márgenes naturales de fluctuación para grandes carnívoros, pero preocupa. “Después de años de estabilidad, vemos una caída. Y no podemos ignorarla”, advirtió Agustín Paviolo, investigador del CONICET.
El monitoreo se realizó mediante 267 estaciones de cámaras trampa en más de 570.000 hectáreas protegidas en ambos países, convirtiéndolo en el censo más amplio desde 2005. En el lado brasileño, los resultados fueron más alentadores: 27 ejemplares registrados, dos más que hace dos años. Allí, la clave fue el trabajo comunitario: más de 350 visitas anuales a fincas rurales permiten prevenir y mediar en los conflictos con la fauna.
El yaguareté es mucho más que el mayor felino de América. Es una especie paraguas: donde él sobrevive, el ecosistema también. Su retroceso no es solo una pérdida faunística, sino una alarma ambiental. “Es el termómetro de la selva”, define Lucía Lazzari, de Fundación Vida Silvestre.
Pero su supervivencia enfrenta múltiples amenazas. Entre las principales, los científicos señalan la fragmentación del hábitat, la caza furtiva, los atropellamientos en rutas y los conflictos con comunidades rurales. La Facultad de Agronomía de la UBA estima que el Bosque Atlántico perdió el 83% de su superficie original y que los fragmentos actuales son demasiado pequeños para especies como el yaguareté.
“Donde faltan yaguaretés es porque sobran balas”, resume Nicolás Lodeiro Ocampo, de la Red Yaguareté, aludiendo al impacto de la caza. El ambientalista advierte sobre zonas de desaparición local, como el Valle del Cuña Pirú y Salto Encantado, donde hace tres años no se registran ejemplares.
Desde el gobierno de Misiones aseguran que las alertas ya estaban contempladas y que se trabaja en respuestas concretas. El ministro de Ecología, Martín Recamán, confirmó el avance de un proyecto de recría en la Reserva de la Biósfera Yabotí, con infraestructura específica y una inversión inicial superior a los 500 millones de pesos. El plan contempla recintos para cría, madres, machos y cruza, así como caminos, energía, agua y más guardaparques.
Además, Misiones avanza en el ordenamiento territorial de las 2.000 hectáreas que rodean al Parque Nacional Iguazú, una zona crítica por la interacción entre fauna silvestre y zonas urbanizadas. También se implementó un sistema único en el país de control de velocidad por tramos para reducir atropellamientos, aunque aún falta una legislación nacional que lo respalde.
Otra herramienta destacada es el seguro contra daños del yaguareté, destinado a productores rurales. “Aumentaron las denuncias, incluso en Iguazú. Antes se los mataba, hoy se los denuncia. Eso nos permite actuar, colocar collares GPS, hacer seguimiento. Es un cambio cultural”, explicó Recamán.
A pesar de los avances, los expertos coinciden en que las políticas deben profundizarse. “No hay programa de convivencia con la ganadería en los planes nacionales. Sin medidas reales en zonas de interfaz, no hay futuro para el yaguareté”, reclamó Lodeiro. También alertó sobre la caza desde Brasil en áreas limítrofes, como Yabotí, que aún no ha tenido respuesta a nivel nacional.
El análisis de la FAUBA suma otra preocupación: la fragmentación del monte impide el flujo genético y favorece especies invasoras. “El Corredor Verde funcionó como contención, pero ya no alcanza”, sostuvo el investigador Luis Sangel Polo Perdomo.
La próxima estimación poblacional se hará en 2026, pero el presente exige decisiones. Restaurar corredores, aplicar la Ley de Bosques, ordenar el uso del suelo, generar incentivos para una producción sustentable y ampliar la educación ambiental ya no son opciones: son urgencias.
