Crisis comercial entre Brasil y EE.UU.: Lula descarta represalias y propone acción en la OMC
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Lula rechaza represalias unilaterales por los aranceles de Trump y convoca al BRICS: “No me voy a humillar”
El presidente de Brasil descartó aplicar contramedidas inmediatas ante el nuevo arancel del 50% impuesto por EE.UU. y planteó una respuesta conjunta del bloque BRICS. La disputa con Washington expone tensiones geopolíticas, judiciales y comerciales.
En un giro que tensa aún más las relaciones entre Brasil y Estados Unidos, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva rechazó aplicar aranceles recíprocos tras la reciente decisión del presidente estadounidense Donald Trump de imponer gravámenes del 50% a productos brasileños, pero anunció que promoverá una respuesta multilateral coordinada dentro del BRICS.
Desde la residencia presidencial en Brasilia, Lula fue categórico: “No me voy a humillar. El día que mi intuición me diga que Trump está listo para hablar, no voy a dudar en llamarlo. Pero hoy mi intuición dice que él no quiere hablar”.
La medida de la Casa Blanca incluye un 10% como arancel recíproco por políticas industriales brasileñas y un adicional del 40% en represalia por el juicio que enfrenta Jair Bolsonaro, expresidente brasileño acusado de conspirar para desconocer los resultados electorales de 2022.
Más allá de lo comercial, la escalada tiene fuertes implicancias políticas y judiciales. Trump justificó abiertamente el 40% adicional al declarar que el encarcelamiento de Bolsonaro es “una persecución política” y “una amenaza al orden democrático occidental”.
En respuesta, Lula calificó la situación como la peor crisis diplomática entre ambos países en dos siglos y denunció una injerencia sin precedentes: “La Corte Suprema de Brasil no le importa lo que dice Trump, y no debería importarle. Bolsonaro debería enfrentar otro juicio por haber provocado esta intervención. Es un traidor a la patria”.
Simultáneamente, la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) abrió una investigación contra Brasil por prácticas comerciales presuntamente desleales hacia empresas estadounidenses que operan en territorio brasileño.
Lula prioriza una estrategia multilateral: “No podemos actuar solos”
A pesar del endurecimiento del tono, el mandatario brasileño descartó tomar represalias inmediatas. En su lugar, anunció que comenzará consultas con China, India, Sudáfrica y Rusia, los otros miembros del BRICS, con el objetivo de diseñar una acción colectiva que podría incluir una denuncia formal ante la OMC.
“Todavía no hay coordinación entre los BRICS, pero la habrá. Es como la negociación colectiva: ningún país por sí solo tiene poder de negociación frente a Estados Unidos”, expresó Lula, quien construyó su liderazgo político desde los sindicatos metalúrgicos del ABC paulista.
La idea de una respuesta conjunta gana terreno dentro del bloque en momentos en que se multiplican las tensiones comerciales con Washington, especialmente en temas como subsidios, regulaciones climáticas y gobernanza digital.
Aunque Lula no descarta un encuentro informal con Trump durante la próxima Asamblea General de la ONU en Nueva York o en las negociaciones climáticas de noviembre, anticipó que cualquier conversación debe darse en condiciones de respeto mutuo.
“Lo que Trump hizo con Zelensky fue una humillación. Lo que hizo con Ramaphosa también. Un presidente no puede estar humillando a otro. Respeto a todos y exijo respeto”, dijo en referencia al trato del estadounidense hacia los líderes de Ucrania y Sudáfrica, respectivamente.
En este marco, Brasil busca evitar quedar aislado, pero también evitar escalar un conflicto que pueda afectar sus exportaciones agrícolas, mineras e industriales, especialmente en sectores donde mantiene una fuerte dependencia del mercado norteamericano, como carne bovina, jugo de naranja, acero y mineral de hierro.
El impacto económico de los nuevos aranceles aún no ha sido cuantificado oficialmente, pero el 50% adicional puede afectar de forma directa a sectores de alto valor agregado como la industria del acero, productos agroindustriales procesados y autopartes.
Además, la investigación de la USTR puede derivar en la suspensión de beneficios arancelarios bajo el Sistema Generalizado de Preferencias, lo cual elevaría el costo de exportar hacia Estados Unidos para empresas brasileñas medianas y pequeñas.
Desde el sector privado, la Confederación Nacional de la Industria de Brasil (CNI) expresó “preocupación por el deterioro de las relaciones comerciales” y solicitó “un canal urgente de diálogo institucional que evite mayores represalias”.
La estrategia de Lula apunta a preservar la autonomía de la política judicial interna, fortalecer el eje sur-sur y reposicionar a Brasil como un actor global con capacidad de articulación multilateral. La decisión de no replicar los aranceles por el momento también refleja una lectura pragmática: en medio de un escenario económico volátil, una guerra comercial con EE.UU. podría golpear el crecimiento brasileño y minar la confianza de los inversores.
La alternativa de presentar una denuncia conjunta ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) —ya explorada por Lula— implicaría un proceso largo, pero brindaría legitimidad internacional a las demandas del país sudamericano. En paralelo, el conflicto pone a prueba la cohesión política del BRICS, que se encuentra en pleno proceso de ampliación y redefinición geoestratégica.
