El vuelo de los sachecitos: cuando los residuos se transforman en abrigo

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En Oberá los desechos encuentran un segundo destino. Donde otros ven basura, un grupo de emprendedores y voluntarias trazan la ruta de la economía circular. Pilotos Sachecitos no es solo un taller: es un acto de rebeldía contra la cultura del descarte y una apuesta concreta a los negocios con impacto social y ambiental.

La iniciativa nació del impulso de Ariel Vergallo, un vecino que, junto a su esposa ya fallecida, comenzó a recolectar sachets de leche y yogur para convertirlos en pilotos impermeables. Hoy, ese legado se multiplica gracias al compromiso de Lucía Mabel Artui y un grupo de mujeres de la Fundación Educación Ambiental NEA, que articulan con instituciones educativas y comunitarias para que cada residuo recupere sentido.

“Yo estoy acompañando, en realidad, el que generó el proyecto. Ariel se acercó a mi oficina a principio de año y me dijo que no podía seguir, que le faltaba materia prima. Entonces lo vinculamos con escuelas y cooperativas para que los sachets lleguen limpios y secos, listos para transformarse. De esa manera, evitamos que un residuo termine en la basura y le damos una segunda vida”, relató Artui en diálogo con Open1017.com.

De la basura al aula

El proceso es artesanal y paciente. Cada sachet se abre, se lava, se seca y luego se plancha con calor para crear una superficie firme. Con unos 40 envases se logra un piloto, resistente como cualquier prenda de alta gama. La tela de paraguas reciclada completa la confección, cosida con precisión.

“Un piloto está a la venta por 15.000 pesos, y no tiene nada que envidiar a los de marca. Pero lo más importante es que una parte se vende para sostener el taller y otra se dona a las instituciones que más recolectan. Es un círculo virtuoso: los chicos participan juntando sachets, y después reciben los pilotos como premio”, explicó Artui.

De esta forma, la propuesta combina negocio y solidaridad. Se trata de un modelo híbrido que garantiza sostenibilidad económica sin perder la esencia social: cada pieza confeccionada es también un recordatorio de que los residuos pueden convertirse en oportunidades.

El proyecto captó la atención del Ministerio de Acción Cooperativa, cuya titular, Liliana Rodríguez, junto al intendente Pablo Hassan, recorrió el taller para conocer el impacto directo en la comunidad. La iniciativa se enmarca en la política provincial de visibilizar prácticas sustentables y potenciar el compromiso ciudadano con el ambiente.

“Lo manual tiene un valor enorme: cada piloto es una historia, un gesto colectivo. Pero con la articulación del Estado y el municipio podemos escalarlo y multiplicar el impacto”, subrayó Artui.

En un mundo donde el consumo rápido acelera el deterioro ambiental, experiencias como Pilotos Sachecitos demuestran que el futuro de los negocios está en el equilibrio: producir con propósito, crecer con impacto positivo y, sobre todo, inspirar.

Cada piloto impermeable no es solo una prenda contra la lluvia misionera, sino un símbolo. Un recordatorio de que la innovación no siempre requiere de grandes inversiones tecnológicas: a veces basta con mirar un envase vacío y atreverse a imaginarlo volviendo a proteger lo más frágil, lo más valioso: la infancia.

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